El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 1 de mayo de 2011

Igualdad

            Si te sientas con tranquilidad y analizas la vida que llevas, es muy posible que llegues a la misma conclusión que vamos llegando, paulatinamente, unos cuantos, aunque cada vez somos más, de que la vida tal como la estamos viviendo en la actualidad no parece tener ningún sentido.
            Y si no, analízala. Nacemos con dolor, no sólo para la madre, sino también para el bebé, y durante los primeros años de vida, somos unos seres totalmente indefensos, que para subsistir, dependemos total y absolutamente de los demás. Durante esta etapa de la vida vamos aprendiendo, siempre por imitación. Aprendemos aquello que vamos observando. Y ya empiezan a prender en nosotros ciertas creencias, que suelen ser las creencias de nuestros educadores.
            Si nos detenemos en nuestro análisis un momento, llegaremos a otras conclusiones, entre ellas seguro que adviertes la desigualdad, la tremenda desigualdad que existe entre unos nacimientos y otros, entre unas vidas y otras. Mientras unos nacen con todas las comodidades a su disposición, otros nacen en la mayor de las miserias. Mientras unos llegan al mundo siendo deseados y queridos, otros llegan a un mundo de caos, de rabia, de discusiones, no siendo queridos en absoluto. Mientras unos reciben amor, otros reciben indiferencia, otros severidad, otros malos tratos, otros, incluso abusos de sus educadores. ¡Cuántas diferencias!
            Esas desigualdades, como norma, se van a mantener a lo largo y ancho de la vida de la persona. Se van a mantener si la persona acepta que es distinto; pero desaparecerán en cuanto la persona acepte la igualdad como norma de vida.
            Si seguimos con el análisis de la vida, llega la etapa escolar, la universidad o el trabajo. Este siempre llega, antes o después. Después de una etapa, más o menos larga de trabajo, llega la jubilación, y un tiempo después, la muerte. Durante todo este tiempo, es posible que las personas se enamoren y se casen, una o varias veces, que tengan hijos y hasta nietos. Habrán realizado muchas vacaciones y visitado otros lugares distintos al de su nacimiento, habrán disfrutado o sufrido, habrán sido felices o desdichados, habrán tenido mucho dinero o poco; pero el final, para todos, siempre es el mismo: la desaparición.
            Y todo esto ¿Para qué?
            Si crees que la vida existe una vez, y que al morir ya no hay más, es posible que si tu vida está siendo una vida feliz, esperes la muerte con satisfacción, ¿o no?.
            Pero, lo creas o no, el nacimiento no es el principio de la vida, ni la muerte es el final. Y la vida, cada una de ellas, si que tiene un objetivo: LA IGUALDAD y el amor que esa igualdad genera.
             Las desigualdades que existen no son tal, sólo son creaciones de nuestras propias creencias, y permanecerán mientras creamos que somos distintos. Estamos aquí para sentirnos iguales y amarnos en esa igualdad. Mientras te sientas superior o inferior a otro, manifestarás completamente esa creencia en tu vida, viviendo la desigualdad. Y te sientes desigual cuando tratas de dominar, cuando tratas de imponer tus credos, cuando juzgas, cuando tienes miedo, cuando no respetas.
            Cuando te sientas igual, será fácil para ti compartir si tienes más, y pedir ayuda si tienes menos. Cuando te sientas igual será fácil para ti aceptar la desigualdad de los otros, porque tu creencia de igualdad te va a llevar a respetar las desigualdades de los demás. Cuando te sientas igual ya no te verás como víctima ni culpabilizarás a los otros de lo que pase en tu vida, sabrás que es tu propia creación. Cuando te sientas igual no tendrás necesidad de acaparar y repartirás todo con todos los que son tus iguales.
            Fuimos creados iguales, a imagen y semejanza de Dios. Han sido nuestras mentes las que han aceptado las diferencias. Estamos aquí, tratando de recordar cuál es el camino de vuelta a casa, pero ese retorno no va a ser hasta que no seamos conscientes de nuestra divinidad y de que todos los que nos rodean son nuestros hermanos.
            Mientas mantengas tu costumbre, ya de muchas vidas, de vivir creyéndote distinto a los demás y tratando de proteger lo que dices que es tuyo, volverás una y otra vez a vivir una vida como la que estás viviendo, feliz o no, pero seguro que no completa. Si quieres vivir una vida completa, empieza a desvincularte del “yo” y el “tú”, de lo “mío” y de lo “tuyo”, empieza a desidentificarte de tu cuerpo. Empieza a sentir que eres un ser divino igual a todos los seres divinos que comparten contigo esta encarnación, empieza a sentir que eres digno de todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario