El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




martes, 24 de abril de 2012

La pureza de la raza humana


            Prácticamente, la totalidad de los seres humanos realizan muchas buenas acciones y algunas, muchísimas menos, que no lo son tanto. Me atrevo a calificar como bueno y no tan bueno, siguiendo el catálogo de la conciencia social, según el pensamiento social, en el que unas acciones son buenas y otras malas, sin más, sin hacer un seguimiento de dichas acciones, sin conocer las causas por las que se realizan determinadas acciones, sin valorar, en absoluto, el momento físico y emocional de cada persona.
Y a pesar de que la mayoría de las acciones de una persona, son buenas, y muy pocas no tan buenas, el mundo, en general, convertido en juez para, supongo, preservar la pureza de la raza humana, juzga y critica lo que ellos determinan que son malas acciones. Sin importar nada, si medir las consecuencias, sin valorar las causas, incluso en muchísimas ocasiones critican levantando falsos testimonios, porque “han oído, que alguien ha dicho, que parece ser que fulanito ha hecho tal y cual cosa”.
¿Qué trabajo costaría resaltar las buenas acciones conocidas, la buena disposición, los buenos sentimientos? Hacer esto supondría que la persona que se atreve a juzgar, al menos se fijaría en las buenas acciones, llenando su cuerpo energético de energía de “alta frecuencia”, y enviando esa buena energía a la persona criticada.
Pero no, aunque alguien realice cien buenas acciones y una mala, el mundo entero, se le va a echar encima por esa única mala acción, juzgándole, criticándole; en lugar de aplaudir las cien buenas y colaborar para que no vuelva a repetir su mala acción.
¿Sabrán los jueces y críticos, que sólo se juzga y se critica aquello que se conoce? Por eso no comentan las buenas acciones, porque están muy lejos de conocerlas y de practicarlas.
Si eres uno de esos jueces que ha venido al mundo con la misión de preservar la pureza de la raza humana y su moralidad, busca dentro de ti todo aquello que no sea tan puro, busca en tu interior todo aquello que se desvíe de esa moralidad que criticas, colócate en el lugar de la persona juzgada, en la misma situación, en las mismas condiciones, en el mismo estado emocional, con las mismas presiones, y luego, si crees que sirve de algo, juzga.

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