El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 4 de junio de 2012

Acercarse a Dios


            En la Tierra se dan las condiciones necesarias para que todos sus habitantes sean felices y vivan en la abundancia. Y, entonces, ¿Por qué los seres humanos no son felices?, ¿Por qué existe la miseria?
El que los seres humanos no sean felices, sólo es causa de su ignorancia, ignorancia que es como un velo que le impide conocer su verdadera identidad, su auténtica naturaleza y sus propias capacidades. La ignorancia limita al ser humano a lo finito, a la materia, a su cuerpo, y todo lo que desea: el amor, la salud, la riqueza, etc., lo hace a través de lo que conoce, su finitud.
La razón de la miseria, no es más que el egoísmo humano, que también es fruto de la misma ignorancia. La Tierra proporciona los suficientes productos para el sustento de todos los que la habitan, e incluso con el montaje social, en el que para todo es necesario el dinero, también se dispone del necesario para proporcionar vivienda, vestido, salud, enseñanza y alimento a toda la población humana; pero esos recursos monetarios en vez de ser utilizados para la preservación de una vida digna, se utilizan para la destrucción de la misma vida.
¿Cuál sería la solución? Es fácil, el abandono de la ignorancia y la recuperación del conocimiento de lo que el ser humano es, la recuperación de la divinidad, la recuperación de la comunión con Dios. Quien se acerca a Dios, ya no siente que los que le rodean sean diferentes a él.
El ser humano común es como una marioneta, movido por los hilos de sus deseos, de sus creencias, de sus hábitos, de sus emociones, de sus pasiones; y todos esos hilos le hacen moverse al capricho de esas tendencias. ¡Pobre ser humano! que vive en la ignorancia, manteniendo prisionera a su alma, inmóvil por tantas ataduras, amordazada por la coraza de la que se ha provisto el corazón para no ver el sufrimiento ajeno. Este hombre común limita sus intereses a sí mismo y a las cosas materiales que le rodean.
Se han de romper las ataduras para acercarse y encontrar a Dios, ya que el ser humano que encuentra a Dios se identifica con el mundo entero. Dios ha conferido a todos los seres el poder para romper esas ataduras. Pero para usar ese poder se ha de utilizar la voluntad, (otro bien escaso en la generalidad humana), para trabajar en la expansión de la conciencia, y pasar así de la finitud de la materia a la infinidad del Universo, a la infinidad de Dios.
Meditación, oración y/o silencio, son las herramientas que permiten al ser humano la expansión de su conciencia y acceder a la llave que abra la coraza de su corazón, para penetrar en él y en el de todas las criaturas.
El ser humano es infinito, no tiene limitaciones. Las limitaciones que cree tener sólo son ilusiones, como su misma vida, un sueño. Sólo ha de despertar y a partir de ahí, el ser humano se torna libre, es ser humano es feliz.    


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