El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 9 de agosto de 2012

De hijos y de padres


            Los hijos a los que se refiere esta entrada no son, básicamente, hijos pequeños, preadolescentes, adolescentes o menores de edad. Sólo es referida a los mayores de edad.
            Es curioso. Las personas que vienen a terapia, parece que se van llegando por grupos y por temporadas. En esta última temporada, está llegando un grupo de personas jóvenes, con problemas de relación con sus padres, problemas relacionados, de manera primordial, con la vida que a los hijos les gustaría vivir. Y esa vida que los hijos anhelan vivir, se encuentra totalmente enfrentada a la vida que los padres desean que vivan sus hijos.
            Son muchos los padres que ponen sus esperanzas, sus aspiraciones, sus ilusiones e incluso sus frustraciones, en sus hijos. Quieren para sus hijos, lo que ellos desde su educación, desde su evolución, desde su carácter, desde su cultura y desde sus creencias, creen que es lo mejor para ellos; y los hijos, que tienen su propio carácter y sus propias creencias, necesitan para su  propia evolución, vivir su propia experiencia y su propia vida, y no vivir lo que otros, aunque sean sus padres decidan para ellos.
            Si se da esta situación, es claro que la evolución no parece ir más allá de la materia, y eso supone un doble sufrimiento: Sufrimiento de los padres que ven truncadas las esperanzas que tenían depositadas en sus hijos, como una continuación de ellos mismos, y sufrimiento de los hijos, que no pueden vivir su propia vida, y si lo hacen es a costa del sufrimiento de sus padres.
            Es necesario, en este punto una reflexión por parte de los padres: ¿Qué es lo que realmente desean para sus hijos?, ¿Qué sea millonario triste o deprimido, o pobre pero totalmente feliz y libre de sufrimiento? Ya sé que entre estos extremos hay miles de matices intermedios, pero nos vale el ejemplo. Cada caso es un universo en sí mismo.
            Se supone que lo que desean los padres para sus hijos es su felicidad. Es a partir de esta premisa que los padres han de reflexionar en lo que su hijo cree que necesita para ser feliz, y aceptarlo, y respetarlo. El amor, es respeto, es libertad, es ayuda y servicio. Y si los padres creen que su hijo se equivoca, han de seguir prestándole su apoyo, en todo cuanto necesite, cuando el hijo solicite su ayuda.
            Pero tienen que saber que el hijo, aunque parezca que haya fracasado en su elección, no es tal. Sólo es su propio aprendizaje, su propia experiencia.
            Los padres han de permitir que los hijos se equivoquen, han de permitir que vivan sus vidas, no la vida que ellos decidan.
            Los hijos también tienen su punto de reflexión. Han de escuchar y valorar aquello que le presentan sus padres, hablarlo con ellos, y exponer, con amor, cual es su plan de vida y porqué. Si no fuera aceptado y decide llevarlo a cabo, que lo haga perdonando y bendiciendo a sus padres, ya que en la evolución de sus progenitores, han de vivir esa experiencia, que una vez aprendida, les lleve a todos a aceptar y respetar la decisión de unos y otros.
            Nunca es tarde. El tiempo no existe.


           

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