El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 3 de enero de 2013

La Nueva Religión (III)


(Continuación de la Nueva Religión II)
A la nueva religión, a la religión del Amor, no hay que apuntarse, ni bautizarse, ni circuncidarse, ni aceptar públicamente a Dios y a su profeta. Y no hay que hacer ninguna pantomima, porque la nueva religión crecerá en la persona, a medida que la persona vaya aprendiendo a Amar.
No nacemos en pecado, de entrada, porque el pecado no existe, pero aunque existiera, ¿Que pecado podría haber cometido un bebé que sale por primera vez al mundo?, ¿Cómo va a ser él, el responsable de lo que pudieron hacer unos personajes de ficción en un mundo imaginario?
La auténtica desgracia, es que el 99’9% de los niños, no tienen un modelo. Sus padres, maestros y educadores no saben lo que es el Amor, por lo que difícilmente pueden enseñarlo. Por lo tanto, nos toca a los mayores, aprender primero, para enseñar después.
Aquí empieza nuestro trabajo: Desprendimiento de lo viejo y aceptación de lo que Es.
Nuestro trabajo es un trabajo de sanación que se ha de realizar aceptando. ¿Aceptando qué?, aceptando el dolor, aceptando el sufrimiento, aceptando el miedo, aceptando a las personas tal cual son, aceptando a la vida.
¿Cómo hacerlo?: Piensa en algo que te haga sufrir, que te de dolor, que te avergüence; puede ser inseguridad, impaciencia, pereza, etc., y cuando lo hayas elegido busca dentro de ti, de manera honesta, la razón de cuál es el motivo real. Si te das cuenta de lo que es, te ablandas, lo toleras, lo perdonas y lo amas, pero no juzgues esa razón, sólo acéptala, ya que si la juzgas, ese nuevo juicio y esa nueva crítica estarán, también, basadas en el miedo y volverás a generar algo de lo que también tendrás que desprenderte. Sólo acéptalo.
¿Qué es lo que hay debajo de nuestra necesidad de juzgar?, sólo miedo, miedo a enfrentarnos con nuestra propia oscuridad, casi me atrevería a decir que es miedo a vivir, es falta de Amor.
No juzgues nada, las cosas son como son y no hemos de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en como pensamos nosotros que han de ser.
La conciencia social, políticos, religiosos, los estándares  de salud y de belleza nos dan modelos y normas de cómo deberían ser las cosas, o de cómo deberíamos comportarnos. Tratan de definirnos lo que es bueno, lo que hay que hacer, lo que está bien visto.
Pero nosotros estamos intentando contactar con el Amor, y el Amor no está interesado en definir que es bueno y que no lo es, porque el Amor sólo está interesado en la realidad.
El instrumento del Amor es el corazón y el corazón está interesado en todo lo que es, sólo en lo que es, no es lo que se juzga como bueno o como malo; y si nos abrimos a vivir desde el corazón nos liberamos del juicio de manera inmediata, y aceptamos quienes somos, sin más. No quienes queremos ser, o quien quiere la sociedad que seamos, aceptamos quienes somos.
¿Cómo sanar los miedos que anidan en nosotros?
Todos los miedos, todos los traumas, todos los sufrimientos, son experiencias del pasado, y eso es lo que hay que sanar, ¿Cómo?: volviendo al pasado, volviendo a esa experiencia, pero de una manera amorosa, es decir, revivir la situación, pero estando centrados en el corazón, no dándole vueltas a la mente: Para eso, siéntate en soledad y en silencio. Trae a tu mente la situación y obsérvala como si estuvieras viendo una película, sin plantearte nada, para evitar ningún tipo de emoción. Y así simplemente observando lo que sucede, se crea una especie de separación entre el suceso y la persona, y es esa separación la que hace a la persona dueña de la realidad, pudiendo aceptar el suceso completo, sin volver a enjuiciarlo, ya que la persona comprende desde el corazón,  que para todo hay una causa, es una experiencia más para el alma, y no tiene por que quedar grabada en la mente.
Si por cualquier circunstancia, sintieras malestar, sintieras incomodidad, rabia o cualquier otra sensación o emoción: perdona a las personas que aparecen en tu recuerdo y bendice a esas personas y a la situación, y hazlo tantas como fueran necesarias, hasta que realmente sientas que fue un aprendizaje, que fue una experiencia necesaria en tu vida. Hasta que la observes de manera imparcial, como si no fuera un episodio de tu vida.
Puedes utilizar la siguiente fórmula para perdonar y bendecir:
PERDONAR:
·         Sube las manos a la altura de los hombros, con los brazos al lado del cuerpo, cómodamente relajados, las palmas al frente.  
·         Lleva la atención al corazón.
·         Visualiza a la persona o personas que quieres perdonar delante de ti:
o   Lleva la atención a tu corazón sintiendo que sale un rayo de luz, igual que de las palmas de tus manos, y repite en tu interior:
o   Yo te perdono, cualquier cosa mala que me has hecho, voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras, hechos y omisiones, incluso aunque ya no te acuerdes de lo que es.
·         Y después dile:
o   Y tú, perdóname por todo el daño que te he hecho, voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras, hechos y omisiones, incluso aunque ya no me acuerde de lo que es.
BENDECIR:
·         Mantén las manos arriba y la atención en la luz que sale de tu corazón y de tus manos.
·         Piensa en un momento feliz que te haga revivir una emoción o sentimiento de alegría o felicidad, (puede estar relacionado con cualquiera, o con cualquier situación).
·         Siente la emoción de ese momento feliz.
·         Visualiza nuevamente a la persona, personas o a la situación que quieres bendecir delante de ti, y repite en tu interior, sintiendo esa energía que sale de tu corazón y de las palmas de tus manos:
o   “Yo te bendigo con paz, con amor, con alegría, con serenidad, con abundancia y prosperidad......”. Bendice con todo lo bueno que deseas, como si fueras tu mismo”.
Cuando somos capaces de relacionarnos con todos los papeles y todas las escenas que hemos ido interpretando en nuestra vida, quedamos libres para vivir desde el corazón. Es entonces cuando estamos preparados para ser felices.
Es con las personas más cercanas a nosotros, nuestros amigos, nuestra familia, nuestra pareja, con los que tenemos que comenzar nuestro trabajo. Para eso podemos aplicar la Regla de Oro: “No quieras para los demás lo que no desees para ti”. Es fácil aplicar la Regla de Oro en desconocidos, porque como sólo estamos con ellos un ratito, podemos colocarnos la máscara de las visitas y tratarles con amabilidad, con respeto, y hasta con amor. Con los extraños, el trabajo que se ha de realizar es de pensamiento, no hacer juicios de valor en nuestra mente, ni realizar ninguna crítica mental, aceptarlos sin más. Habremos avanzado en nuestro trabajo cuando consigamos estar delante de cualquier persona, sea la que sea, sea como sea: rico, pobre, limpio, sucio, hombre, mujer, etc., y mantengamos la mente en silencio.
El trabajo de acción, se realiza con los nuestros: familia, amigos, compañeros de trabajo. ¿Recordamos que es el Amor Divino?: El Amor Divino es aceptación de uno mismo, es aceptación del otro tal cual es, es dar a cambio de nada, es aquello que te hace feliz haciendo que los demás sean felices, es comprensión total, es alegría, es colaboración, es amar sin juzgar, sin culpar, sin criticar; es ver a Dios en tu pareja.
Reflexiona, ¿Es este el Amor el que repartes a los tuyos?, ¿Es así como te relacionas con ellos? La prueba de la madurez del carácter es vivir bajo estas premisas, es conseguir que la familia, amigos y conocidos sean felices a tu lado.
(Continuará)
Capítulo II, (Parte III) del libro Vivir desde el corazón es más fácil.
 

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