El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 19 de septiembre de 2013

Desamor?


            Es más que posible que todos nos hayamos enamorado en algún momento de nuestra vida. El estado de enamoramiento es ese estado en que todo parece tener un color y una luminosidad distinta, es el estado en el que se coloca en la cara una sonrisa, que parece eterna, es el estado en el que se produce un cambio en el nivel de conciencia, se empiezan a encontrar significados donde antes no se veían, el encuentro con el ser amado parece un encuentro divino, el sentido de la vista se vuelve más atractivo: da la impresión de que se perciben más y mejor los colores, las texturas, las formas, el mundo es más hermoso. El ingenio se acentúa, y los enamorados pueden sorprenderse con expresiones artísticas que, por momentos, no reconocen como propias; y sobre todo: el ego se disipa. Los enamorados pasan por el mundo como si estuviesen en una película, se olvidan de sí mismos. La vida parece fluir de un modo más suave, se observan coincidencias sorprendentes: es la sincronicidad. La vida se adapta al paso de los enamorados, lo cual refuerza el Amor y contribuye a profundizar aun más en el estado de enamoramiento.
Pero llega un momento, por desgracia antes que después, en que el ego, posiblemente reviviendo experiencias de esta o de otras vidas, no se lo cree, y comienza a aparecer algo que se denomina “miedo”, miedo a que eso no dure, miedo del qué dirán, miedo a perder la libertad, miedo a dar más de lo que recibe, miedo, miedo, miedo. Y es ese miedo el que le gana la batalla, de forma irreversible e inevitable, a la fe creada en torno a la magia de la relación amorosa, que era precisamente la que mantenía el nivel de conciencia elevado. Y el Amor, al volver al nivel de conciencia ordinario, se torna apego, se torna deseo.
La persona deja de ser creativa y se vuelve rutinaria, miedosa y desconfiada. Desde su nuevo punto de vista, en una conciencia disminuida, y debido a que ha olvidado completamente su reciente vivencia en un plano superior de la conciencia,  cree continuar viviendo el amor como amor verdadero, pero ya es simplemente un conjunto muy limitado de emociones. La magia se pierde y lo que antes eran dos almas en una fundidas con Dios, ahora son vacío interior, preguntándose una a la otra: ¿De verdad me quieres?, y ¿Me querrás siempre?
            ¿Por qué donde antes parecía que había un amor increíble, este ha desaparecido?, ¿Por qué el amor ha dado paso al miedo? Pues por una razón obvia, no era amor, era necesidad de amar, necesidad de compañía, necesidad de seguir los dictados de la sociedad, era apego, era deseo de formar una familia. El Amor nunca desaparece, por eso, el amor que se acaba, no es amor. El desamor no existe, porque el Amor perdura para siempre.
            Una relación puede acabar, porque nada de la materia es eterno. Pero sin que el Amor disminuya ni un gramo. ¿Qué como puede ser?, es fácil. Siempre nos encontramos con las personas con las que tenemos que realizar algún trabajo o algún aprendizaje, nos encontramos con las personas que nos deben algo o a las que debemos nosotros. Solo es la Ley del Karma. El encuentro de la pareja también es eso.
Y cuando la relación acaba, y cuando llega ese momento en el que se sabe que la relación ha concluido, que el trabajo conjunto ha finalizado, los miembros de la pareja, deben apoyarse utilizando el amor como base. Donde existe Amor, no se utilizan como armas arrojadizas, ni los niños, ni el dinero, ni las propiedades. Todo se hace desde la mutua comprensión y desde el respeto.
            Cuando una pareja se separa y sus relaciones son broncas, es que ni existe ni ha existido jamás el Amor. Es el pan nuestro de cada día.

           

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