El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 10 de abril de 2014

Encadenados


            Todos conocemos la esclavitud, situación por la que una persona pertenece a otra. Desde la antigüedad, hasta nuestros días, hay personas que por una u otra razón pertenecen a otra que la explota.
            Pero esa esclavitud, conocida por todos, podríamos decir que es, a simple vista, una esclavitud física. Se esclaviza a la persona para su explotación. Incluso en la actualidad existe este tipo de esclavitud, y no es pequeño el número de esclavos, ya que se cifra entre doce y veintisiete millones el número de seres humanos esclavizados.
            Y posiblemente sean muchos más, ya que existe un tipo de esclavitud como forma de trabajo en muchos casos legal.
            Los niños soldados, son esclavos; las prostitutas, son esclavas; niños que trabajan en minas o para empresas multinacionales en países subdesarrollados son esclavos; trabajadores con sueldos de miseria, son esclavos, y así podríamos seguir hasta confeccionar una lista interminable.
            Pero quiero hablar de otro tipo de esclavitud. La esclavitud de muchos seres humanos que se encadenan por propia voluntad, utilizando como grilletes sus propios pensamientos, sus propios sentimientos y sus propias emociones. Pocos son los seres humanos que pueden realmente proclamar que son libres.
 
La libertad, que es la capacidad del ser humano para obrar según su propia voluntad a lo largo de su vida, no puede ser proclamada por tantas y tantas personas que viven atadas a pensamientos de dolor, que viven subyugados por sus vicios, que permanecen atados emocionalmente a sus familiares, que vagan temerosos por la vida  por lo que otros puedan pensar, que desean vehementemente el último modelo de auto, etc., etc.
Nadie en las condiciones anteriores puede proclamarse libre. Es cierto que no están atados con cadenas por otro ser humano, pero sus cadenas, es posible, que aun sean más difíciles de cortar, porque mientras los que se encuentran encadenados de cuerpo, en su interior existe el anhelo de libertad, al menos de libertad de su cuerpo, mientras que los esclavos encadenados a las cadenas de su mente, ni tan siquiera ansían la libertad porque no son conscientes de su esclavitud.
Si preguntamos si se sienten libres contestarán que sí. Y si ahondamos en la pregunta: Pero ¿Realmente te sientes libre? Llegarán a otra forma de esclavitud. La esclavitud de los que vagan por la vida sin amar lo que hacen. A estos ante la pregunta de si se sienten libres, contestarán que no, porque tienen que trabajar cada día en algo que no les agrada.
 No son tampoco conscientes de que el trabajo es una elección y si realmente amaran su trabajo se sentirían libres en él. Es posible que el concepto de libertad lo tengan mal entendido y que para ellos la libertad no sea la libre capacidad de elección, sino que la libertad sea no hacer nada.
En fin, que realmente hay muy pocos seres humanos que puedan calificarse como libres. Unos conscientemente porque no aman la vida, su vida, y otros de manera inconsciente porque viven atados a su mente.
Para soltarse de las cadenas es imprescindible que la persona sea consciente de su falta de libertad. Sin esa condición no puede hacer absolutamente nada, porque no sabe que vive atado. Sólo cuando la persona sea consciente de su falta de libertad podrá poner los medios para soltarse de lo que sea que la mantiene prisionera.
Los medios para liberarse son tan variados como variadas son las situaciones. Es difícil, por lo tanto, dar una receta, pero me atrevería a recetar, de manera general, la meditación. Con ella se puede acceder al corazón que es el instrumento donde se pueden encontrar todas las respuestas, todas las alternativas y las posibles soluciones.

 

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