El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 25 de abril de 2014

Origen y destino del ser humano


            Vivimos en una sociedad en la que la pérdida de valores cada vez es mayor, y cuando hablamos de la pérdida de valores, nos referimos a que la dignidad personal no es precisamente una de las virtudes de nuestra sociedad, nos referimos a que la mentira es moneda de cambio de uso común, nos referimos a que la lealtad, la tolerancia, la honestidad y el respeto brillan por su ausencia; mientras que la hipocresía, la cobardía, el engaño, la impuntualidad, la soberbia, la avaricia, la lujuria, la envidia y la pereza, solo por nombrar algunos, son los vicios que abanderan el día a día de nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad sin corazón. Vivimos en una sociedad sin alma. Vivimos en una sociedad que nos ha ido engullendo dentro de sus fauces de deterioro moral, de desorden personal y de caos social.



 
            La sociedad, que podríamos definir como el conjunto que forman los seres humanos que comparten una misma cultura, es por lo tanto, el reflejo de sus miembros. Y son los miembros de la sociedad los que deciden quiénes son sus representantes políticos, religiosos y sociales, por lo que sus dirigentes no son más que una genuina muestra de cada sociedad: es decir, los más deshonestos, los más hipócritas, los más avaros, los más soberbios y los más intolerantes, salvo contadas y honrosas excepciones.
            Pero el problema más grave reside en que la sociedad sobrevive a sus miembros, y cuando estos retornan en su siguiente reencarnación se encuentran con la misma sociedad decadente que dejaron, o aun más deteriorada, si cabe.
            ¿Quién va a poder explicar, por lo tanto, al recién llegado de donde viene y cuál será su destino?, ¿Quién le va a enseñar cómo ha de hacer para conseguir vivir feliz y en paz consigo mismo?,  ¿Sus padres?, ¿Sus educadores?, ¿Sus guías religiosos?, ¿Sus modelos sociales? Estos solo pueden enseñarle lo que conocen, es decir, los vicios que caracterizan a la sociedad de los que ellos son el adalid.
            La dinámica de la sociedad ha de cambiar, y alguien tiene que hacerlo, ¿Por qué no tú? Aunque la teoría dice que si tú cambias puedes cambiar al mundo, es un poco más complicado que todo eso. Pero si tu cambias, si que puedes hacer que cambie tu mundo, si que puedes hacer que cambie tu entorno.
            Y así, mientras los políticos y sus acólitos se pelean por un trocito más de tierra, por un nuevo trapo con nuevos colores, y sobre todo por más dinero y por más poder; podrás explicar al recién llegado de donde viene. Mientras los representantes de las religiones y sus feligreses se ocupan en discriminar a todo aquel que no es fiel reflejo de sus creencias, podrás explicar al recién llegado que es lo que ha dejado al otro lado de la vida, y como podrá volver a reencontrarse con lo que ha quedado atrás. Mientras los modelos sociales discriminan al pobre o al que tiene un color distinto, podrás explicar al recién llegado que relación le une con los miembros de esa sociedad que le discrimina, y que es lo que ha de hacer para tener una estadía serena, tranquila y feliz. 
            Somos hijos de Dios, venimos de Dios y a Él hemos de volver, y lo hemos de hacer subidos en la energía del Amor. Todo lo demás sobra. Hemos de dejar atrás todos los “ismos”: capitalismo, nacionalismo, patriotismo, catolicismo, machismo, separatismo, antifeminismo, etc., etc., etc., porque todos son hijos de otro “ismo”: fanatismo. Hemos de buscar la unidad, porque todos somos la misma cosa, todos somos la misma energía.
            Si realmente la sociedad supiera educar a sus hijos en el amor, se acabaría el hambre en el mundo, se acabarían las guerras, se acabaría la discriminación, se acabaría la avaricia, se acabaría la lujuria, se acabaría la mentira, porque junto al amor viaja la honestidad, viaja el respeto, viaja la dignidad.

 

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