El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 18 de mayo de 2014

División del tiempo

   
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más:
una bala disparada,
 una palabra hablada,
un tiempo pasado
y una ocasión desaprovechada.
Proverbio árabe.           
Además de dividir el tiempo y su movimiento en segundos, minutos, horas, días, meses y años, utilizamos los conceptos de pasado, presente y futuro.
Pero pasado, presente y futuro no son más que conceptos intelectuales para expresar el movimiento del tiempo. El pasado es lo que ya pasó, el presente es la actualidad, y el futuro está por llegar. Estas tres palabras tienen un poder magnético para los seres humanos, sobre todo el pasado y el futuro, ya que se aferran a ellas, sin soltarse como si fueran bebés agarrando su chupete, y sin embargo, solo son eso, conceptos intelectuales. Y mientras las personas se aferran al pasado y al futuro, al concepto del presente se le olvida, no viviéndole, puesto que la persona está ocupada en el proceso de pensamiento que le lleva a revivir el pasado y a planificar una y otra vez, de manera reiterada, el futuro.
 

El tiempo es algo relativo, y lo único que realmente existe de él, es un continuo de vida, un continuo, que como indica la palabra, nunca se detiene, un continuo siempre en movimiento, siempre fluyendo. Ese fluir es como un corcho flotando en la corriente de un rio, nunca se detiene, siempre va con la corriente. Por lo tanto el presente, lo que entendemos como presente, es tan efímero, que cuando decimos la palabra “presente”, al decir “te”, el “presen” ya es pasado.
            Y ese pasado al que los seres humanos se atan, recordando la ofensa del vecino, la enfermedad del familiar, el engaño de la pareja o la traición del amigo,  ¿Dónde queda?, ¡No queda!, ¡No existe!, ¡Se va! Imaginar que encendéis un fosforo. Cuando se enciende sale de él una columna de humo, observa el tiempo que dura, y observa que pasa con ella, es tan efímera que se desvanece en el ambiente incluso antes de que el fosforo esté completamente encendido. ¿Dónde quedó el humo?, pues quedó en el mismo lugar que el pasado, no existe, se desvaneció en el aire, de la misma manera que se desvanece el continuo presente con el fluir de la vida.
            Pero los seres humanos, “erre que erre”, siguen dándole vueltas a eso que solo existe como un recuerdo en su mente. Torturándose, amargándose, sufriendo, enfermándose. En cualquier situación, por muy dramática que sea, se ha de considerar que torturarse no soluciona ningún problema, ya sé que es muy fácil decirlo, pero es la realidad. Si te ha ofendido el vecino no sirve de nada darle vueltas porque es como si el vecino estuviera realizando la ofensa un minuto tras otro, y no es así, la ofensa se hizo una vez y duró un momento, ¿Por qué mortificarse? Lo que se ha de hacer es no volver a frecuentarle, después de haberle perdonado para que no se acumule energía de odio o de ira. En el caso de enfermedad de un familiar, ocurre lo mismo. ¿Se sana al enfermo con el sufrimiento?, por supuesto que no, y con el sufrimiento no se le puede atender al cien por cien, ya que la energía del sufrimiento desgasta mucho y además añade dolor al enfermo porque recibe de manera inconsciente esa energía de sufrimiento incrementándose el propio dolor. Incluso en el caso más dramático como es la muerte de un ser querido, si realmente amamos al ser que nos ha dejado debemos estar felices porque sigue viviendo en un lugar de paz, felicidad, alegría y amor, a no ser que el propio egoísmo por no poder verle físicamente nos ciegue y nos impida ver la realidad, e incluso, es posible que se prefiriera que viviera la persona, aunque estuviera postrada en la cama con dolor. La muerte solo es la desaparición de la vestimenta, solo es un cambio de conciencia, y además para mejor, ya que al lugar al que se va no existe el miedo, ni el rencor, ni el dolor, ni la enfermedad. 
            Podríamos seguir así analizando caso por caso, pero no merece la pena. Sólo recordar que el perdón o la serenidad que se consiga no cancela el mal realizado. Lo único que hace es permitir a la persona seguir su camino sin rencor. Después de perdonar se han de llevar a cabo las acciones legales necesarias. Somos seres humanos y han de cumplirse las leyes de los hombres.
            Y ¿El futuro?, ¿Merece la pena hablar del futuro?, ¿Para qué perder el tiempo hablando del futuro si no existe? Si no existe el pasado, el futuro aun existe menos porque aun no ha llegado. El futuro ata a las personas por las frustraciones que genera al no cumplirse las expectativas generadas. Eso no quiere decir que no debamos organizar y planificar, si, hay que hacerlo, pero sin atarnos a los resultados que son los generadores de sufrimiento. Son nuestras acciones de hoy las que van a determinar cómo será nuestro mañana, y si nuestro mañana no sale como a nosotros nos gustaría que saliera, ¡Qué le vamos a hacer!, por algo será, algo habremos hecho para conseguir los resultados obtenidos, solo queda aceptarlos.
El tiempo, la vida, es un fluir permanente, lo único que hemos de hacer es tratar de vivir y ser conscientes de ese fluir, sin luchar por modificar la vida, cansa mucho y se desperdicia mucha energía que vamos a necesitar para el siguiente escalón de la vida, escalón que no podremos subir si permanecemos lamentándonos de lo que pasó en el escalón anterior. La vida que tenemos es la que hemos decidido vivir. Somos nosotros los que decidimos vivir la tristeza o la alegría, somos nosotros los que decidimos vivir el sufrimiento o la felicidad, somos nosotros los que decidimos vivir la vida o vivir de recuerdos. 
¿Qué hacer para vivir el ahora?, es fácil, solo hay que mantener la mente en la vida, sin permitir que la mente desvaríe yéndose a las acciones pasadas o fantaseando sobre el futuro. Lo mejor meditar.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario