El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




martes, 19 de agosto de 2014

Reflexiones en el camino


De los miles de millones de personas que habitan el planeta hay un número, que no parece muy grande, aunque afortunadamente parece que va creciendo, que trata de encontrar la paz, la felicidad, la alegría y el amor por otros medios que no sean los conocidos, los materiales, los que nos ofrece la sociedad. Son los que se han encontrado con el yoga, con la meditación, con las diferentes técnicas de sanación y crecimiento, con los libros de autoayuda, y posiblemente con un sinfín de técnicas más, pero también con su trabajo como voluntarios, o dedicando sus vacaciones al servicio a los demás.
            Son estos, también, los que ya sea con su mochila a la espalda, o alojándose en hoteles de cinco estrellas, van transitando por los lugares considerados sagrados o más energéticos del planeta, para sentir esa energía y vivir experiencias más o menos místicas.
            Hablan de leyes, la Ley de la Atracción, la Ley del Karma, la Ley del Dharma, la Ley del Mentalismo, etc. Leen Metafísica, Física Cuántica o Teosofía, y son, en un porcentaje elevado, lectores y comentaristas, más que seguidores, de las enseñanzas budistas o hinduistas.
           

             Pero muy pocos hablan de Dios y, sin embargo, aunque lo desconozcan, lo que realmente están buscando es a Él. Hablan de encontrar la Iluminación, y no parecen recordar que Iluminarse es encontrarse con Dios; hablan del amor, y no parecen recordar que Dios es Amor; hablan de encontrar la paz y la felicidad, y no parecen recordar que Dios es Paz y Felicidad.
            Personalmente me ha pasado lo mismo durante muchos años. No podía, ni quería hablar de Dios, ya que en los primeros tiempos asociaba a Dios con las religiones, y no podía entender que Dios permitiera que le manipularan de esa manera tan, a veces, terrorífica. Tenemos como ejemplo a tantos dictadores que teniendo en el haber de su conciencia miles y millones de muertes, seguían los ritos y tradiciones de las religiones, y fueran recibidos a bombo y platillo por los jerarcas de las iglesias. Después empecé a entender que Dios lo permite todo, porque nos da absoluta libertad para hacer y deshacer en esta obra de teatro que es la vida.
            Pero seguía resistiéndome a hablar de Dios, supongo que por pudor. Me sentía demasiada poquita cosa para poner en mi boca la palabra Dios, era como si ensuciara Su Nombre. Hoy hablo de Él sin ambages, es decir, de manera clara y directa, sin insinuaciones o rodeos. No es que me sienta hoy más crecido, no, me siento la misma poquita cosa, pero he comprendido que todo mi trabajo en esta vida es acercarme cada día más a Dios, porque es mi origen y mi destino, he comprendido que todo mi aprendizaje en esta vida es aprender a amar, porque es el atajo que me va a llevar directamente a Él.
            Si a alguno de los que están inmersos en la búsqueda de sí mismos, les ocurre lo mismo, sacúdanse los prejuicios y griten a voz en grito ¡Soy un Hijo de Dios!,  y mi búsqueda solo es encontrar el camino de retorno a Él.
 

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