El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 11 de septiembre de 2014

Son mas importantes tus obras que tus titulos


            Leía una canalización de un Maestro Ascendido, una de tantas de las que circulan por la red, pero con visos de realidad, que contrariamente a lo que creemos que nunca más volvían a encarnar los Maestros Ascendidos después de su ascensión, (al menos yo lo creía así), los Maestros Ascendidos pueden volver a la Tierra, si así lo deciden, para realizar determinados trabajos.
            Puede ser que en esa encarnación, lleguen al conocimiento de lo que son, o puede que no. Pero en ambos casos, normalmente, salvo excepciones, necesarias para la realización de su trabajo, su vida es idéntica a la del resto de mortales. Es decir, no solo nacen, crecen, envejecen y mueren, sino que lo hacen con dudas, con sufrimiento, con miedos. Tienen que descubrir, como todos, su camino desde el principio, tienen que aprender a amar, tienen que encontrar a Dios.
            La mayoría de los seres humanos, supongo que ellos también, tenemos verdadera pasión por conocer quiénes somos, y sobre todo por saber cuál es nuestra misión en la vida.
 
            Pero si reflexionamos serenamente en esas dos cuestiones, seremos conscientes de que no parecen tan importantes.  ¿En qué cambiaría nuestra vida?, ¿Qué ganaríamos con saber, aparte de satisfacer la curiosidad, que somos la reencarnación de un Maestro, de un Santo o de un Arcángel?, ¿De qué nos serviría conocer cuál es nuestra misión más importante?, a fin de cuentas, a la misión vamos a llegar pasito a pasito, la conozcamos o no. Y conocer quiénes somos, si fuéramos alguien, es posible que durante una temporada nos distrajera de nuestro trabajo, e incluso de nuestra vida. Porque nos preguntaríamos, ¿Cómo puede ser que siendo quien soy, tenga una vida de tanta ignorancia y de tanto trabajo para conseguir pírricos resultados?, ¿Por qué, siendo quien soy encuentro tantos inconvenientes?
            Todo el que pisa el teatrillo de la vida, va a tener que recorrerlo, de punta a punta, con el sudor de su frente, cuando no con dolor. Todo el que pisa el teatrillo de la vida va a tener que aprender a amar. Todo el que pisa el teatrillo de la vida va a tener que buscar a Dios.
            No es importante saber quiénes somos, lo verdaderamente importante es saber qué hacer. ¿De qué le vale, por ejemplo, al presidente de un país, ser presidente y que le conozca el mundo entero, si pisotea los derechos de sus conciudadanos?, pues por la misma razón, ¿De qué nos valdría conocer quiénes somos, si no actuamos con bondad, con amor, con compasión?
            Lo importante es saber que hacemos, y como lo hacemos. Lo importante es hacer con amor. 
             Podemos encontrar miles de manuales de cómo acercarse a la espiritualidad, de cómo aprender a vivir desde el corazón, de cómo aprender a amar, y todos son buenos si se siguen al pie de la letra las instrucciones, ya que leer, por si solo no acerca a nada, solo entretiene, o como máximo da un ligero conocimiento. Recuerda: “Vale más un gramo de práctica que una tonelada de teoría.
           ORACION PARA APRENDER A AMAR
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida.
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua.
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo.
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro.
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos.
 Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien.
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión.
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender.
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos.
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo. 

Madre Teresa de Calcuta.

 

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