El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 20 de abril de 2015

Involución y evolución


            En nuestra vida en la materia, casi todos los seres humanos nos movemos bajo los mismos parámetros, motivados por nuestras creencias y por nuestros deseos, sin embargo, esto no es al cien por cien en todos los aspectos de nuestra vida. En la vida material si es así, pero no lo es en la vida espiritual.
            Me explico: Creemos que para tener una casa hay que tener dinero, lo cual es cierto, por lo tanto, si tenemos el deseo de poseer una casa nuestras acciones irán encaminadas a la consecución del dinero necesario: trabajar más, ahorrar más, pedir un préstamo o incluso los hay que podrían robar para conseguirlo. Sin embargo, hay un ejemplo claro de que en nuestra vida espiritual no es así: Creemos en Dios, sabemos que Dios es Amor, todos queremos el Amor, pero no movemos ni un dedo para acercarnos a Dios, ni para tener ese Amor, con el resultado que todos conocemos, y que es lo que hay en nuestra sociedad por la falta de Amor: guerras, hambre, corrupción, asesinatos, engaños, y un largo etcétera que lo único que demuestra es que en nuestra sociedad no existe la característica que nos define como “humanos”, ya que estamos regidos, sencillamente, por la animalidad, por los instintos y por los deseos materiales.
            Reflexionando sobre esto, me hago cruces de cómo los seres humanos que estamos en posesión de la formula de la felicidad, no solo no la aplicamos, sino que hacemos todo lo contrario, hasta llegar, en algunos casos a enfermar de tristeza, aunque ya es, por sí sola, suficiente enfermedad la tristeza.
            En la actualidad, vivimos una paradoja: Tenemos una mente racional, que tiene la capacidad de pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios para satisfacer algún objetivo o finalidad y, sin embargo, pensamos, evaluamos, entendemos y actuamos en contra de nuestros objetivo primordial, el objetivo de ser felices. 
Los seres humanos podemos usar la razón para evaluar la mejor manera de alcanzar un determinado objetivo, aunque también podemos tomar decisiones o idear comportamientos donde la racionalidad no parece el principal factor. Estas decisiones o comportamientos, adjetivadas a veces como "irracionales" en realidad esconden frecuentemente aspectos de racionalidad limitada, animalidad o aspectos de imitación social otras veces. Algunas conductas humanas parecen completamente "irracionales”. Sobre todo las referidas a los aspectos espirituales del ser humano.
Somos una máquina perfecta que actúa de manera imperfecta. Nuestra mente que es de una perfección sublime, elabora productos que son vomitivos en el noventa por ciento de los casos.
¿Siempre habrá sido igual o en algún momento, después de nuestra creación habremos sido realmente racionales al cien por cien, para conseguir nuestros objetivos más importantes: la paz, la serenidad, la alegría, la felicidad y el amor?
Si nos atenemos a la historia que conocemos, desde nuestra vida en las cavernas hasta nuestros días, si, no hay duda, siempre ha sido así. Pero parece ser, según afirman los teósofos que somos la cuarta y quinta raza, (la palabra raza aquí no tiene nada que ver con los cuatro grandes grupos étnicos en que se suele dividir la especie humana). O mejor, para no confundirnos con la palabra raza, usaremos la segunda acepción que utiliza Arthur Powell en su libro “El Sistema Solar”, “etapa evolutiva”.
 
Según Arthur Powell “a través de todas las fases de nuestro Sistema hay un principio fundamental que se repite una y otra vez en muchos niveles diferentes. Este principio debe captarse claramente porque es el hilo de Ariadna para todo el laberinto y comprende las siete grandes etapas de la Involución y la Evolución.
En nuestro actual período global, las siete Razas-Raíces son las siguientes:
Primera Raza-Raíz. Esta se llama Raza Etérica porque no poseía cuerpos más densos que el etérico. Esta raza desapareció de la Tierra hace tiempo.
Segunda Raza-Raíz. Esta es la Raza hiperbórea: tenía cuerpos físicos, y ocupaba un continente, llamado Plaksha, en el Norte del globo. También desapareció de la Tierra.
Tercera Raza-Raíz. Esta, la Raza Lemuriana, ocupaba el continente de Lemuria o Shálmali, como se la denomina en historia antigua. Hablando a grandes rasgos, éste fue un gran continente del Pacífico, en el Mar del Sur. La raza es la negroide, y algunos de sus descendientes todavía existen, aunque en la actualidad muy mezclados con progenies de razas posteriores.
Cuarta Raza-Raíz. Esta, la Raza Atlántica, habitaba el Continente de la Atlántida, o Kusha, en su mayor parte desaparecido debajo del Océano Atlántico. La mayoría de los habitantes actuales de la Tierra pertenece hoy en día a esta raza.
Quinta Raza-Raíz. Esta es la Raza Aria, e incluye en la actualidad a los miembros más avanzados de los habitantes de la Tierra.
Sexta Raza-Raíz. Esta Raza aún no existe, aunque aparecerá dentro de poco. Está destinada a ocupar un nuevo continente, que ya empezó a surgir, fragmento a fragmento, en el Pacífico.
Séptima Raza-Raíz. Esta Raza seguirá a la sexta, y será la última que aparecerá en la Tierra en este ciclo o ronda. Nada se sabe todavía del continente que ocupará aunque a veces se le dé el nombre de Pushkara”.
Sobre las etapas de Involución y Evolución a que hace referencia Arthur Powell: “Durante tres etapas el Espíritu desciende en la Materia: la Vida involuciona en la Forma; la cuarta etapa es la del conflicto entre el Espíritu y la Materia, entre la Vida y la Forma; durante las tres etapas restantes el Espíritu asciende: la Vida evoluciona a través de (y desde) la Forma”.
Por lo tanto, parece que no somos así desde la Creación, hemos ido primero involucionando hacia la materia desde la Chispa Divina que somos, encontrándonos ahora en un punto álgido, punto de conflicto entre el Espíritu y la materia, lo cual explica nuestro irracional comportamiento. Para que una vez superado el conflicto, se eleve el Espíritu hacia Dios.
Pero esto no debe conformarnos. “Ah, estamos en la etapa de conflicto, es normal sufrir”, no, porque en algún momento el Espíritu ha de vencer a la materia. Es seguro que millones y millones de los que ahora pueblan la Tierra no están preparados para eso, pero otros muchos si, y lo realmente triste es que de todos los que están preparados, (los que estáis leyendo esto lo estáis), no den un salto cualitativo en su vida para vivir la vida del Espíritu.
Pienso que una buena manera de conseguirlo es vivir como si el Alma ya hubiera vencido a la materia, amando, respetando a todos, ayudando a quien lo necesita, tolerando las diferencias, comprendiendo las razones de los otros. A fin de cuentas la batalla entre el Espíritu y la materia la hemos de ganar cada uno de nosotros, nada nos va a ser dado, por muchas puertas energéticas que se abran, el trabajo es únicamente nuestro.
 

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