El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 8 de mayo de 2015

Los niños, sus papas y la energía


            Son múltiples los factores que inciden en el carácter, en el crecimiento, en el desarrollo y en el aprendizaje de los niños.
            El primer factor es totalmente elegido por el alma que va a encarnar, él decide junto con los seres que planifican su vida cual va a ser la cantidad de Karma que va a llevar a la vida para su tratamiento, él decide el lugar de nacimiento, él decide los padres, (junto a ellos), él decide cual va a ser su misión principal, así como cual va a ser la base de su carácter para desarrollar todo el trabajo planificado en su libreto de vida.
            El segundo factor es genético, también elegido. El alma que va a nacer ya eligió a sus padres por su material genético, y eso es lo que se va a encontrar cuando tome posesión del cuerpo. Es importante la herencia genética, pero no determinante. Todos sabemos por experiencia propia o ajena, que nunca son iguales dos hermanos nacidos de los mismos padres.
            El tercer factor es la enseñanza. Enseñanza cuya libro principal no contiene ni letras ni imágenes, tiene vida: es el ejemplo. El ejemplo que el niño va recibiendo por el comportamiento de sus padres y educadores es la asignatura más importante en la educación de un niño. Hay que tener en cuenta que las acciones de los padres para con sus hijos son “palabra de Dios”. Aquello que hacen y dicen los padres, para el niño, es el ejemplo a seguir, porque si lo hacen sus padres “tiene que ser bueno”.
            Y existe un cuarto factor que es el propio carácter y estado emocional de los padres, al que los hijos tienen un acceso total a través del campo energético. Quiero centrarme en este cuarto factor.
Ninguno de estos factores por si solo es determinante, aunque si tenga alguno de ellos más preponderancia que otros en según el tipo de trabajo a realizar por cada alma. Y aunque todos los factores en conjunto son los que determinan el carácter y la forma de ser y de actuar del niño, la energía en la que convive el niño juega un papel muy importante para su desarrollo.
 
Quiero pensar que también tal circunstancia ha sido elegida ya que en la planificación de una vida no se deja nada al azar, lo que desde luego ya no conocemos es la razón por la que se ha elegido a unos padres con determinados caracteres y estados emocionales. Aunque hemos de tener en cuenta que todos estamos interconectados y que alguna de las misiones del niño bien pudiera ser ayudar a sus padres en su propio crecimiento.
Es de todos conocido que somos energía, una más densa y pesada que se ve: el cuerpo, y otra mucho más sutil que no se ve, y que es lo que todo el mundo, hasta los que no saben de energía conocen: el aura.
Ese aura que envuelve al cuerpo físico, no lo envuelve a cinco centímetros del cuerpo, es más extensa, más o menos extensa, en función del desarrollo de la persona, pero sea grande o pequeño ese desarrollo, la energía sobresale de la persona y cualquiera que conviva con esa persona está prácticamente todo el tiempo, dentro de su aura, dentro de su campo energético.
Todos estamos dentro del campo energético de los que conviven con nosotros, hasta tenemos un aura de pareja o de familia en común.
Esa energía que nos envuelva es lo que nosotros somos: La persona que siente ansiedad, la siente porque así es su energía y está en su aura, y lo mismo la que siente miedo, o es iracunda, o engaña, o etc., etc. Por lo tanto los que están alrededor sentirán la ansiedad del ansioso, el miedo del miedoso, el rencor del rencoroso, la alegría del que es feliz o la tristeza del que sufre. Pero en un 99,9% de los casos la persona no sabrá porque sin razón aparente siente ansiedad, miedo, rencor, tristeza o alegría.
No se sabrá conscientemente la razón de la emoción que aparece, pero inconscientemente la persona va a reaccionar ante ese estímulo. Un ejemplo claro: Al cabo de un rato de estar en unos grandes almacenes una persona sensible, ante tal cumulo de energía de tanta gente, (muchísimos con problemas emocionales), empieza a sentirse mal, crispado o nervioso, y necesita salir. Pues con el niño pasa lo mismo, en grado superlativo, ya que la energía le está afectando permanentemente, por poner un ejemplo: si un niño tiene unos padres estresados, el niño estará estresado.
El niño no solo va a reaccionar inconscientemente a eso que está recibiendo y que además es con lo que convive, sino que además puede su campo energético absorber también ese tipo de energía, con lo que la ansiedad, o el miedo, o la rabia o la alegría empezarán a ser el motor de su vida.
Últimamente estoy trabajando con niños, a veces creo que son demasiados, pero, está bien, todo tiene una razón de ser, y es claro que el problema de tres de cada cuatro niños, tiene que ver con sus padres. Los padres, lógicamente, tampoco son conscientes de esto, prueba evidente es que los traen a terapia o a yoga para que sus hijos cambien. Pero el mayor cambio se ha de dar en el hogar.
Los adultos nos hemos acostumbrado a nosotros mismos e incluso decimos sin pudor: “Yo soy así, muy nervioso”, o “La ansiedad me está matando”, o “Este mes no llegamos al día treinta”, o “Ya está tu padre echando las culpas a los demás”, etc., etc. Todo esto es energía, y es energía que estamos exportando hacia el mundo, sobre todo a nuestro mundo, al mundo de los niños, y no hace falta que estén presenten para escucharlo o no, la energía de la ansiedad, de la carencia, de la intolerancia o del estrés, está en el ambiente, porque está en el aura de sus padres, y ese va a ser el alimento del niño cuando llegue del colegio, un día tras otro, mañana, tarde y noche.
Modificando la energía se modifica el carácter, y esa modificación de la energía, es decir, la limpieza de la energía enferma y la energización con energía sana se puede conseguir con alguna de las terapias energéticas que existen, que se llamen como se llamen, todas hacen lo mismo, limpian y energizan, o se puede conseguir también, más lentamente, haciendo yoga y meditando. Pero si no se modifica el ambiente cambiando su energía las personas que rodean al niño, todo volverá a ser como antes en no mucho tiempo.
Por lo tanto, es bueno que los padres sean conscientes de cómo son ellos, mental y emocionalmente, ya que eso que ellos son está afectando a sus hijos. Y los niños no sólo no tienen los recursos de los mayores para gestionar sus problemas emocionales, sino que además están para satisfacer los caprichos de sus progenitores, que le pueden exigir ciertos comportamientos al niño, sin tener idea de cómo se encuentra su hijo emocionalmente.
Todos los niños deberían aprender desde pequeños a meditar y a entrar dentro de ellos, para encontrar la paz que necesitarán no solo de adultos, sino que también necesitan ahora en su niñez. Y los padres, en vez de quejarse, e incluso antes de llevar a sus hijos a terapias, ya sean alternativas o no, sería bueno que también hicieran un trabajo serio de introspección para buscar similitudes con lo que le sucede a su hijo. Posiblemente, si son honestos consigo mismos, se sorprenderán al encontrar dentro de sí mismos el problema de su hijo, corregido y aumentado.  A partir de ahí, verán claro que la terapia es para ambos, el adulto para modificar su carácter y el niño para construirlo. 
 

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