El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 10 de octubre de 2015

Alma libre, alma encarnada

            Es difícil de explicar, y por lo tanto difícil de entender, el cambio que se produce a nivel de percepción, del alma que vive libre en el seno del Padre y la que vive encarnada. Pero podemos intentarlo.

            En realidad, la percepción del alma es la misma, pero el alma encarnada envuelta en la materia y en la personalidad del ego, no parece tener gran influencia en el desarrollo de la vida física. No puede, se encuentra atada y amordazada, mientras que una vez libre de sus envolturas, con la desaparición del cuerpo recupera su libertad expresando de nuevo su divinidad.

            Comencemos por el principio. El alma organiza su próxima vida, acompañada de guías, de Maestros, y de las almas que van a compartir con ella la vida física. El alma es totalmente consciente de su recorrido en la materia recordando todas sus vidas anteriores.


            Quiero hacer un aparte antes de seguir, para aclarar que no es que el alma recuerde, no lo necesita. No existe el tiempo en la vida fuera de la materia, ya que el tiempo solo es una percepción del ego. Por lo tanto al no existir el tiempo puede ver, en tiempo presente todo lo ocurrido en cualquier tiempo y en cualquier espacio. Es al encontrarse maniatada en la materia cuando ha de recordar.

            La organización de una vida es una tarea muy compleja, ya que en esa organización tienen que acoplarse todas las tareas que han de realizar todas y cada una de las almas que van a compartir la vida física con ella. Y no solamente se ha de organizar una opción de vida, se han de organizar varias, para poder abarcar los distintos cambios, que son muchos, que puedan ocurrir generados por el libre albedrío de los egos que comparten la encarnación.

            El estado habitual del alma es permanecer fuera del cuerpo, ya que en el cuerpo solo se encuentra durante cortísimos espacios de su eternidad. Pues en ese estado fuera del cuerpo, el alma es total y absolutamente consciente de lo que ha vivido, de lo que le queda por vivir, de lo que ha aprendido, de lo que le falta por aprender, de lo que debe y de lo que le deben, y la planificación de su vida está ligada a todo ese bagaje, eligiendo padres, hermanos, parejas, hijos, nietos, amigos, países, situaciones, trabajos, etc., etc. El alma, si de ella dependiera, trataría de abarcar cuanto más mejor, para terminar en una vida física todo su trabajo, pero los seres que la acompañan en su programación, únicamente la dejan que planifique el aprendizaje y la liberación del Karma que podrá soportar. Intentar más sabiendo que el ego sería incapaz de llevarlo a buen puerto seria un sufrimiento inútil.

            Cuando llega el momento de encarnar, el alma carga con la mochila de los miedos y de las emociones que va paseando vida tras vida para liberarse de ellos, y es cuando el ego recibe esa mochila, que comienza el calvario del alma. Envuelta por la materia, amordazada y maniatada, no puede hacerse oír para que el ego entienda que el sufrimiento y el miedo que comienzan a atenazar su existencia, solo son herramientas para su propio crecimiento.

            La minuciosa programación realizada antes de la vida, se ve amenazada, truncada y parcelada, con lo que el alma comprueba que no solo no va a avanzar ni un milímetro, sino que puede cargarse con más Karma para liberar en vidas futuras.

            El alma intenta hacerse oír, enviando imputs al corazón para que el ego aprecie las intuiciones, que son el lenguaje del corazón, pero nada. Lo reintenta haciendo incluso enfermar físicamente al cuerpo, pero  tampoco tiene éxito.

            Es tan fuerte la forma de pensamiento de separación de Dios que la sociedad ha creado como un halo rodeando la Tierra, que son pocos los egos que intentan mantener en silencio su mente para escuchar a su corazón, e incluso estos, que tienen acceso a las intuiciones, las malogran en un ochenta por ciento al pasarlas por el arel de la mente.

            Para el alma la muerte del cuerpo es una liberación, y una vez de vuelta al seno del Padre comienza una nueva etapa, una nueva planificación.

            Esta es la diferencia entre el alma libre y el alma encarnada. Una sabe que es divina y disfruta su divinidad. La otra encerrada en la mazmorra del ego, sabe de su divinidad pero no puede disfrutarla si no consigue que la disfrute el ego, lo cual es muy difícil en casi todos los seres humanos.


            Si has llegado hasta aquí, intenta mantenerte en silencio el mayor tiempo posible. Haz que la meditación sea un hábito en tu quehacer diario, y date permiso para escuchar a tu corazón que sólo habla al dictado del alma. Y el alma solo expresa su Divinidad.


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