El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Por qué no somos felices? (y 2)


¿Qué es madurar y dejar de comportarse como bebés? Está claro que el mero hecho de vivir ya comporta un crecimiento y una evolución, pero no son más que la evolución y el crecimiento de vida. El hecho de envejecer no supone ningún plus en habilidades interiores.

¿Qué es, entonces, madurar, evolución o crecimiento interior?:

-          Madurar supone llegar a ser libres interiormente.
-    Es conseguir una transformación que nos va a dar la capacidad de elegir como nos queremos sentir.
-       Es una transformación en la que podemos ver y sentir, de un modo natural, una realidad que está más allá de lo que ha sido hasta ahora la propia experiencia, ya que permite ver el mundo con una amplitud y una profundidad desconocidas hasta ahora.
-     Es un trabajo para contemplar la Realidad, para contemplar la Verdad, para encontrarse con Dios.
-       Es ver con ojos nuevos, es descubrir, no solo intelectualmente, sino desde el corazón, que somos UNO con el Universo, es ver la conexión de todo lo creado.

También hablamos de conciencia. Pero ¿Qué es la conciencia? La conciencia es el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. Por lo tanto desarrollar la conciencia es llevar ese conocimiento al límite extremo para conocer absolutamente todo de uno mismo, y todo es: Cuerpo, mente, energía, emociones, espiritualidad. La conciencia, que empieza con el conocimiento de uno mismo en lo físico, se expande hasta límites que no pueden ser percibidos por el cerebro humano.

Y por último hablamos de construcción de carácter: Esta va a ser la clave. Vamos a crecer y a evolucionar construyendo nuestro carácter.

El carácter de una persona lo constituyen las peculiaridades o cualidades que la distinguen de los demás.

Construimos nuestro carácter al repetir pensamientos, al repetir emociones y sentimientos, y por los hechos que resultan de ellos.

Repite un hecho muy a menudo, frecuentemente, y se convertirá en un hábito.



Un pensamiento puede desaparecer pronto, podemos olvidar cualquier hecho, pero ambos dejan una marca en el carácter, aunque sea ligero. Si no desaparecen pronto y se vuelven costumbre, graban profundamente. Todo es energía.

El carácter es la colección de hábitos y tendencias que hemos construido en todos nuestros cuerpos. Es la acumulación de hábitos del cuerpo, de las emociones y sentimientos, de los hábitos de la manera de pensar y de la moral, hábitos de obedecer a la voz de la conciencia, o de ceder a la tentación, como también, hábitos de entrenamiento en todos los campos del esfuerzo. Es lo que hemos construido en nosotros mismos.

El carácter es el ropaje interno e invisible que el Ego teje alrededor de sí mediante sus pensamientos y acciones, hebra por hebra, fibra por fibra. Durante la vida mejoramos este carácter, o lo degradamos y lo echamos a perder. Al final de la vida, el carácter todavía permanece como una acumulación de fuerzas y energías, y como tal, no puede ser aniquilado ni destruido. ¿Qué le sucede al carácter después de la muerte?

Pues que permanece inalterado y latente hasta que el alma decide encarnarse en un nuevo cuerpo, momento en el que en su bolsa de viaje aparece el carácter forjado vidas tras vida. Así el recién nacido es virtualmente una reproducción de la persona que ya existió en vidas anteriores.

El carácter de una persona está profundamente arraigado y no cambia de un día para otro, o de hora en hora, como lo hacen nuestra manera de pensar y nuestros sentimientos. No podemos cambiar nuestro carácter como lo hacemos con nuestra disposición de ánimo, en un instante, pero podemos cambiarlo y remodelarlo con el mismo método que utilizamos al construirlo. Si un edificio no es lo que debería de ser, y queremos remodelarlo o reconstruirlo, eso sólo puede lograrse al reemplazar partes defectuosas por unas nuevas y mejor diseñadas, y esto debe hacerse poco a poco.

No puede lograrse con un impulso sencillo, sino mediante un proceso lento y laborioso. No existen atajos para remodelar el carácter. Esa es la razón por la cual las resoluciones de Año Nuevo, ahora que lo tenemos a la vuelta de la esquina, aunque beneficiosas, son tan a menudo inefectivas. En nuestra euforia pasamos por alto la realidad de que lo que esperamos que cambie con un mínimo esfuerzo, fue construido por pensamientos y hechos, repetidos una y otra vez, durante largos periodos en el pasado. A fin de que funcione, el esfuerzo debe ser constantemente renovado y resueltamente continuado a lo largo del año, mes a mes, día a día.

La Sabiduría Oriental lo expresa así:

Si siembro un pensamiento, cosecharé una acción;
 si siembro una acción, cosecharé un hábito;
  si siembro un hábito, cosecharé un carácter;
   si siembro un carácter, cosecharé un destino.


              Pero puede hacerse. Solo hay que ponerse. ¡Querer es poder!




1 comentario:

  1. Conciencia no es conocimiento ,Conciencia es el SER PRESENCIA que somos , es en la conciencia donde todo aparece . pensamientos , deseos , miedo ,emociones ,todo y de lo cual somos conscientes cuando todo desaparece en el silencio interior ,aparece el SER CONCIENCIA PRESENCIA que somos.

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