El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 5 de febrero de 2016

La pareja: Atracción espiritual (1)

         Dos personas se conocen, por cualquiera de los millones de motivos por los que se pueden conocer dos personas: Un encuentro casual, realizar el mismo curso, tropezar en la calle, ser presentados por amigos comunes, subir al mismo autobús, trabajar juntos, coincidir en el mismo banco en la iglesia, pedir el mismo combinado en la barra de la discoteca, esperar en la cola para pagar en el súper, asistir al mismo gimnasio en el mismo horario, etc., etc.

Y en ese encuentro sucede algo especial que hace que cada uno de ellos se quede prendado por algo del otro: por su mirada, o por su sonrisa, o por el timbre de la voz, o por su gracia, o por su belleza, o por……, otro millón de razones diferentes por las que dos personas pueden quedar prendados uno del otro. Es como si se hubiera detenido el mundo para ellos, o como si una legión de ángeles tocarán sus trompetas solo para ellos.



Antes de continuar hemos de tener presente que “todo es energía”, y que “la energía siempre va detrás del pensamiento”, es decir, que donde se pone el pensamiento allá va la energía, y lo hace de inmediato, no tarda más o menos tiempo en llegar la energía desde la persona que piensa hasta el objeto del pensamiento en función de la distancia, no, es inmediato, ya se esté a un metro o a veinte mil kilómetros de distancia.

¿Qué sucede a partir de ese momento? Las dos personas han quedado impactadas y lo normal es que piensen uno en el otro. Cuando uno piensa en el otro, la energía de ese pensamiento de desplaza de uno a otro. Si cuando llega la energía, (recordar que es inmediato), la otra persona está en su proceso de pensamiento normal, es decir, que su mente es un “tío vivo”, la energía que llega se queda en el aura de la persona, pero en el momento en que tenga un espacio va a entrar a la persona. En ese momento la persona a la que le llega la energía del pensamiento del otro, va a pensar en ella, su energía va a viajar hasta el otro y así van a estar pensando uno en el otro, e incrementándose la energía, hasta el extremo de que lo que comienza como un pensamiento normal se convierte en una entidad de pensamiento, es decir el pensamiento se vuelve permanente, podríamos decir, sin llegar a equivocarnos, que se vuelve casi obsesivo. Y así van a estar hasta que vuelvan a encontrarse.

Por supuesto que en ese nuevo encuentro van a hablar de lo mucho que han pensado uno en el otro, de la gran cantidad de puntos afines que existen entre ellos, (ya que en estos primeros encuentros no existen diferencias, todo es perfecto), el tiempo se va a detener para ellos, van a sentir que hay mucho más que una simple atracción física, los dos van a entrar en un estado de euforia desbordante en el que para ellos todo está bien, porque ¡Oh!, se han enamorado.

Sobre el enamoramiento hay cientos de estudios científicos, todos excepciones, en el que cuentan con todo lujo de detalles las causas de tal acontecimiento, pero no es esta entrada para tratar de manera científica porque nos enamoramos y cuáles son sus consecuencias. La razón de esta entrada es analizar el enamoramiento no desde la parte física, ni tan siquiera desde la parte emocional, sino desde la parte espiritual.

Continuará……………. 


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