El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 30 de noviembre de 2016

Programación de la vida de Kepha

Últimamente todas las entradas tienen una continuación, y para no ir escribiendo siempre continuará y continuación de, no indicaré nada hasta que haya una entrada independiente.

No era habitual que los Señores del Karma preguntaran al alma cuál sería su elección. Ellos saben de antemano que todas las almas elegirían una vida dura, una vida de sufrimiento, una vida en la que pudieran eliminar todo el Karma pendiente, para terminar cuanto antes su andadura terrenal y poder unirse definitivamente a Dios.


Si ya es difícil cumplir la programación establecida, imaginar una vida así, dura y con sufrimientos extremos, programada por el alma interesada. Sería imposible de llevar a buen puerto por la cantidad de dolor y sufrimiento que tal vida comportaría. Por eso los Señores del Karma asignan a cada alma el Karma justo y necesario con posibilidades de ser eliminado. Y, aún así, ya sabemos que es lo que ocurre. Los seres humanos, no solo no cancelan el Karma asignado a la vida, sino que incrementan su carga, al confundir la vida de sueño que viven en la materia con la real y auténtica vida.

La inmensa mayoría de los seres humanos, una vez en la materia, creen que la vida es el espacio de tiempo comprendido entre el nacimiento y la muerte del cuerpo. Y no es así. Una vida es el espacio de tiempo y de “no tiempo” comprendido entre dos nacimientos, y en ese periodo se contabiliza un nacimiento a la vida física, una vida en la Tierra, la muerte del cuerpo, la estancia al otro lado de la vida y una nueva encarnación. Así se vive una experiencia completa, siendo el espacio más pequeño el comprendido por la vida física. Pues bien, es justamente ese espacio ínfimo de tiempo lo que los seres humanos consideran toda una vida. 

Y en ese ínfimo espacio de tiempo los seres humanos se ocupan en hacer justamente lo contrario de aquello que habían planificado al otro lado de la vida: Darle la espalda a Dios. Cuando, paradojas de la vida, la única razón para la vida es reconocer la propia divinidad y realizar la unión con Dios.

-      ¡Qué curioso! Por un lado elegiría una vida en la que pudiera quemar todo el Karma pendiente y aprendiera definitivamente a Amar, para no tener que volver. Sin embargo, continuó Kepha, siento tanta pena por cómo se encuentra la humanidad que podría sacrificar la liberación total del Karma, y dedicaría la vida a enseñar a mis hermanos cuál es el camino para volver a Dios. Si, si me dan a elegir elegiría la segunda.
-      Perfecto hijo, ¡Así será! Que tu misión principal sea enseñar a tus hermanos que han de hacer para recordar qué son, de dónde vienen, y adónde tienen que ir. Le contestó uno de los Maestros del Consejo.

-      Y prosiguió: No vas a guardar ni un ápice de memoria de lo que eres, ni de lo que somos, ni de donde estamos, ni del cual es el objetivo de la vida, ni de nuestra divinidad. Y no lo vas a hacer porque esa va a ser, precisamente, tu misión. Demostrar que se puede llegar a Dios desde cero, sin ningún tipo de ayuda, y después enseñar ese mismo camino a los demás. Pero si vas a tener una ayuda: Tu intuición. Tienes que ser capaz de viajar a tu corazón para sentirla, y después mantenerla sin pasarla por tu mente para que no la eches a perder. Ninguno de nosotros te va a dar ninguna pista, de ninguna de las maneras que solemos hacerlo. Únicamente podremos confirmarte aquello que ya tengas claro. Ahora hijo mío vete a meditar mientras preparamos esa vida. Impregnarte del amor a Dios que sentías en tu vida de monje, cuando le prometiste dedicarte a Él, imprégnate del conocimiento de tu vida de Willaq Umu,(sumo sacerdote inca), de la compasión de tu vida como sacerdote cuidador de leprosos, del amor que compartías con Jesús en tu vida de Pedro, de la vida de sacrificio cuando luchabas por los mínimos derechos de tu amado pueblo americano. Medita hijo. Volveremos a llamarte.


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