El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 18 de febrero de 2018

Como mariposa...: 10) Apego y Amor


Apego y Amor



            Fran volvió su atención a la figurita de la bailarina que parecía bailar en la inmovilidad de la nada mientras mantenía un pensamiento en su mente: “Levántate del mueble suavemente y mantente en el aire”. Y mientras, cerraba los ojos imaginando cómo la bailarina se separaba del mueble, con suavidad, quedando suspendida en el aire, con la única fuerza de su pensamiento. Pero no pasaba nada. La bailarina no bailaba en el aire. El pensamiento de Fran seguía manteniendo a la bailarina en el aire, levitando, bailando solo para él una danza de lo imposible, hasta movía sus manos para ayudar en su levitar a la bailarina, pero…, no, no pasaba nada. Otra vez no lo había conseguido.

-      Yo sé que es posible -pensaba Fran.

-      Y prosiguió Fran en su dialogo interno: Yo sé que es posible y además sé que puedo hacerlo.

Algo dentro de él le permitía saberlo con seguridad. Era como si ya lo hubiera hecho en otras ocasiones, aunque estaba claro que no era en esta vida.

El siguiente pensamiento era:
-      Algo me falta para conseguirlo, algún día….

Y Fran seguía creciendo. Intentaba estar cada vez menos tiempo en casa. No soportaba ver la inconsciencia en la que se sumergía su padre con tan sólo dos o tres vasos de vino, ni la tristeza y la soledad de su madre.
Sin embargo, fuera del momento en el que se encontraba ante ambas situaciones, no sentía nada. Cuando no estaba frente a la embriaguez ni ante la tristeza, no las sentía, no las recordaba, no pensaba en ellas.

Fran pensaba en eso como un gran defecto:
-      ¿Será que no quiero a mis padres? -pensaba.
-      ¿Cómo era posible no sufrir cuando no se estaba inmerso en la situación? -se preguntaba a sí mismo Fran.
-      Y él mismo se respondía: Debe ser como dice el refrán “Ojos que no ven, corazón que no siente”.
-      También puede ser lo que dice mi madre: Eres un “descastado”.

Poco podía saber Fran que eso que él y su entorno calificaban como un defecto, era una virtud: Era desapego.
El apego, que se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección. Es la emoción pionera del dolor y el sufrimiento.
En el caso de Fran, ¿de qué le hubiera servido sufrir por la enfermedad de su padre o por el dolor de su madre?, ¿estaba en sus manos la solución? Con su sufrimiento ¿iba a dejar de beber su padre?, ¿iba a dejar de sufrir su madre? La respuesta es no. Por lo tanto, hubiera sufrido inútilmente.
Con cualquier sufrimiento, el sufridor ¿soluciona el problema origen del sufrimiento? No sólo no lo soluciona, sino que la persona acusa una merma considerable en su posible capacidad para la resolución del problema, ya que su capacidad mental disminuye al mantener en la mente el estado de preocupación dando vueltas y vueltas, ocupando un espacio que bien podría ser el necesario para llegar a la solución del problema, si estuviera en sus manos la solución.

Dice un proverbio chino:
"Si un problema tiene solución, ¿para qué preocuparse? Y si no la tiene, ¿para qué preocuparse?".

Todo es energía. El Amor también lo es, y no es cualquier energía, es la energía más poderosa que existe. El Amor es la única razón para volver a la vida de la materia una y otra vez. Aprender a Amar como Dios Ama a todos sus hijos es la única asignatura obligatoria a este lado de la vida. Todo lo demás, enseñanzas, aprendizajes y/o liberarse de karmas, quedaría hecho en un santiamén si se aprendiera a Amar.
¿Quiere esto decir que los seres humanos no saben Amar? Por supuesto que saben, el sentimiento que los seres humanos dedican a sus padres, a sus hijos, a sus hermanos, a sus parejas, es amor, con minúscula, pero amor, y aunque el Amor es uno, y no se han de hacer distinciones, podemos nombrarle como “amor humano”. El problema es que este “amor humano” está salpicado, o mezclado, o interconectado con el apego.
Tienen que tener presente que la única razón de la venida del alma a la materia es, precisamente aprender a Amar de la misma manera que Dios Ama a todos sus hijos. Cuando el hombre Ame con total intensidad, habrá finalizado sus viajes a la vida física, por lo tanto, ninguno de lo que comparten la encarnación Aman de manera incondicional. Que nadie se rasgue las vestiduras, porque ese es el aprendizaje.
La pregunta sería ¿en qué medida aman los seres humanos?
Imaginen que para Amar incondicionalmente todos los seres humanos van a tardar el mismo tiempo, y que es un tiempo ya establecido de antemano. Imaginen también, que ese tiempo establecido van a ser “mil” vidas, y que en cada vida se va a ganar una unidad de Amor. Lo cual quiere decir que las almas que estén en la vida “uno”, van a Amar con “una” unidad de Amor, los que estén en la vida “quinientas” amarán con “quinientas” unidades de Amor y finalizarán su venida a la materia los que lleguen a la vida “mil”, porque en ella tendrán “mil” unidades de Amor que es el máximo a lo que se puede aspirar.
Sigan imaginando: Amor y apego son inversamente proporcionales. Lo cual quiere decir que quien Ama con “una” unidad de Amor, tiene “novecientas noventa y nueve” unidades de apego”, quien Ama con “ochocientas” unidades de Amor, tiene “doscientas unidades de apego”, y quien Ama con “mil” unidades de Amor tiene “cero” unidades de apego.

Por eso ante la posibilidad de perder la compañía, la comodidad, la comprensión, la satisfacción del deseo, o ante los pensamientos de vivir en soledad, o ante la perspectiva del ridículo de presentarse en sociedad sin la compañía de siempre, aparecen los celos, aparece el dolor ante la pérdida del otro, y todo eso converge en miedo, en ansiedad y rápidamente en dolor y en sufrimiento. ¿En qué medida?, recuerden a menos Amor más apego, y a más Amor menos apego.

Mientras tanto, los hombres seguirán buscando compañía y la confundirán con Amor, seguirán buscando comprensión y la confundirán con Amor, seguirán creyendo que la pasión y el deseo son Amor, y seguirán confundiendo con Amor la dependencia del otro. Todo eso es apego.


Permítanse un momento de reflexión: Hagan un recuento de las personas a las que aman, y piensen que es lo que están haciendo para su felicidad. Piensen si existe un solo instante en el día, en el que esa persona amada pueda no ser completamente feliz por alguna palabra suya, por alguna acción, por alguna omisión.
Si eso es así, posiblemente tendrían que hacer una nueva reflexión sobre la calidad de su amor.
No importa lo que ellos hagan o digan, porque estamos hablando de su amor por esa persona. Recuerden que Amar es desear la felicidad de la persona amada, por encima de todo. Un instante de infelicidad por algún comportamiento de ustedes no es Amor, es amor, con minúscula, es el amor teñido de apego.
Podría pensar que para la felicidad de esa persona está usted trabajando de sol a sol, para que tenga unas buenas vacaciones, o un buen coche, o una gran casa. Vuelva a pensar, ¿no lo estará haciendo por usted?, es posible que esa persona valore más un abrazo, o una palabra amable, o comprensión, o compañía.
También cabe la posibilidad que usted crea que trata con exquisito respeto a otra persona y, sin embargo, es posible que ella no actúe de la misma manera, recriminándole por aspectos que usted cree injustos. Y eso le enoja, y como cree que se está portando de manera injusta le critica, porque no se considera pagado con la misma moneda.

Cuando se actúa con Amor, tiene que dar igual lo que haga o diga la otra persona. En esa situación se ha de perdonar su actuación, sin juzgarla, y por supuesto, seguir tratándola con el mismo respeto. 

Reflexionen sobre la calidad de su amor.

Se puede Amar en pareja o en solitario. Porque el Amor no se activa con otra persona, el Amor anida en el interior del hombre y lo reparte a su pareja, a sus hijos, a sus amigos y a sus enemigos.
¡Sí!, a sus enemigos también.
Contesten estas preguntas y lograrán entenderlo: ¿Cuál es el color de su piel?, ¿lo pueden ver sus amigos?, ¿lo pueden ver sus enemigos? Está claro que todo el que mire verá el color de su piel. Lo mismo ocurre con el Amor, porque el Amor está en la persona, y la persona que ha conseguido anidar en sí el Amor, no puede ocultarlo, como el color de la piel, y lo va a dar sin cuestionamientos de ningún tipo.

Por supuesto que, aunque la persona esté llena de Amor no va a abrazar a quien le esté apuntando con un arma para robarle en plena calle, pero en lugar de generar odio en su contra, puede muy bien perdonarle y bendecirle en su interior y, después, hará lo que las leyes de los hombres tengan establecido en la sociedad en la que viva, pero no guardará en su interior ningún tipo de rencor.
Nos puede servir como ejemplo lo que explican los libros sobre la vida de Jesús: Estaba clavado y atado a la cruz y de sus labios sólo salían palabras de perdón hacia los que le estaban torturando y quitándole la vida.
Eso es Amor. Eso es lo que Jesús enseñaba. Eso es lo que tienen que aprender los hombres. Esa es la única razón que tienen para nacer a la vida física.

Para aprender a Amar primero hay que aprender el desapego. El Amor es una energía que comienza en el chakra del corazón y se va repartiendo, lentamente, por todo el cuerpo energético, a lo largo de varias vidas. El apego sólo es un pensamiento que activa otras energías, negativas, que pueden hacer, incluso, que un ser humano le quite la vida física a otro ser humano. Y, además, dicen que lo hacen, con todo descaro, en nombre del amor.

Cuando el hombre Ama siente el dolor y la alegría de otro ser humano como si fuera de él mismo. Con lo cual desconoce qué significan la envidia, los celos, la ira, la rabia, el odio, y tantas emociones enfermizas que campan a sus anchas en las mentes de muchísimas personas, y que van tomando poco a poco posesión de sus cuerpos energéticos. Recuerden: ¡Energías iguales se atraen!

¿Por qué Fran era como decía su madre “un descastado”? Aunque él no fuera conocedor entonces de cómo funcionaba la vida y la muerte, ni se había planteado jamás si existía o no la reencarnación, en su larga colección de vidas había ido trabajando el desapego poco a poco, vida tras vida, hasta llegar a la actual y ser un “descastado”. Y lo que se gana en una vida permanece para siempre.

Valeria Sabater, psicóloga y escritora, autora del libro “La mente es maravillosa” define las cuatro leyes del desapego para la liberación emocional:
-      Primera ley: Eres responsable de ti mismo.
-      Segunda ley: Vive el presente, acepta, asume la realidad.
-      Tercera ley: Promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás.
-      Cuarta ley: Asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano.
La clave para liberarse del apego es la aceptación. Aceptarse tal como se es y comprender que el ser humano es un ser completo, es el camino para desprenderse del apego y comenzar a amarse uno mismo.

Creen los hombres que necesitan un líder que les conduzca por la senda adecuada, un gurú que les enseñe, un maestro que les indique el camino, un jefe que les controle, un modelo al que imitar, un ídolo al que admirar, una pareja para amar, un amigo con quien hablar, un profesional que les comprenda, un sacerdote que les perdone, un santo al que adorar, un dios en quien creer, un enemigo al que culpar, un grupo para meditar, una cuenta corriente que les de seguridad, un libro para aprender y una pastilla para dormir. Esto es apego. Esto es no amarse ni respetarse a uno mismo. Esto no es confiar en las propias posibilidades. Esto es poner la vida en manos de otros y el camino más corto para llegar al sufrimiento, ya que nadie va a satisfacer las necesidades que la persona cree tener.

Como dice Valeria Sabater, se ha de ser responsable de uno mismo, y no entregar cada aspecto de la propia vida a otro. Eso es evadir la responsabilidad de la propia vida, eso es apegarse a quien sea, con tal de que le vaya solucionando la vida.

Pero si los seres humanos así lo creen, así es para ellos. Porque cada hombre sólo es el reflejo de su propio pensamiento y de su propia creencia. Y así seguirá siendo hasta que el hombre entienda que no necesita nada, que no necesita a nadie. Y no lo necesita porque el ser humano es un ser completo. Tiene todo lo que necesita para realizar con éxito su Plan de Vida.
Puede, que en algún momento de su existencia necesite de alguien, de manera puntual, para que le ayude a abrir alguna puerta, pero como seguro que han leído u oído en multitud de ocasiones, la puerta ha de franquearla uno solo, porque todo el trabajo importante a realizar en la vida espiritual es un trabajo en soledad, es un trabajo de introspección, de comprensión y de aceptación.
Lo único que necesita el ser humano es tener conciencia de lo que es, y aceptarlo, y eso lo podrá escuchar de sus modelos y lo podrá leer en libros, pero no le va a servir para nada hasta que no lo integre en cada una de las células de su cuerpo.

El ayer ya no existe, el mañana tampoco y, si me apuran, tampoco existe el presente. Existe un continuo de tiempo, un continuo de conciencia. Sin embargo, los hombres son incapaces de vivir ese continuo, ese mágico momento, siempre nuevo, que se va desgranando ante su conciencia. Pero no lo ven, no lo perciben, no lo sienten, porque se quedan anclados en su pasado maniatando a su conciencia. Dan un salto para intentar instalarse en el presente, pero tampoco lo consiguen, porque se vuelven a anclar en otro pasado, o a veces, se pasan en el salto y aparecen en el futuro.
Con lo cual, viven de recuerdos que solamente existen en su mente, y de programaciones de futuro, que solo existen en sus deseos. Y la vida pasa y pasa, sin que sean conscientes de la belleza, de las sincronicidades y de las oportunidades que la vida, en su eterno discurrir, les presenta una y otra vez.
Ese anclaje al pasado o ese suspirar por sus deseos de futuro, solo es apego. Se apegan a situaciones. Es igual que hayan sido agradables o no, ya no existen, y enganchados a la situación pasada no pueden ver el ahora, no pueden vivir porque tienen la vida ocupada, no pueden sentir porque tienen prisioneros a los sentimientos, no pueden ver porque no miran, no pueden resolver porque tienen congestionada y llena de ruido su mente.
Viviendo el presente se desapega el hombre del ayer y se olvida del mañana, ¿quién sabe si existirá para él un mañana?, y en todo caso, serán sus acciones de hoy las que determinen cómo será su mañana.
Viviendo el “ahora” las personas no solo se responsabilizan de sí mismas, sino que aceptan todo lo que la vida les presenta, que no es, ni más ni menos, que lo que ellas mismas habían programado para su existencia.
La práctica de las dos primeras leyes que presenta Valeria Sabater lleva inexorablemente al cumplimiento de la tercera: La libertad.
La consecuencia lógica de vivir el presente, de aceptar la vida y hacerse responsable conducen de manera inequívoca a la libertad del ser humano y, en su libertad, liberando las situaciones del ayer y no necesitando a nadie, una vez comprendido que es un ser completo, otorga la libertad, también, a todos los que le rodean.
Y, por último, vivir el presente, desanclando el pensamiento del pasado lleva la aceptación a su máxima expresión, al entender que la vida en la materia tiene fecha de caducidad. Aceptar la muerte es la suprema aceptación, ya que es más difícil aceptar la muerte de un ser querido que la propia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario