El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 26 de febrero de 2018

Como mariposa...: 15) El primer trabajo de Fran


El primer trabajo de Fran



            Como era fácil suponer, en la familia de Fran no abundaban las conversaciones. Casi todas, incluidas las que pudieran ser importantes, se realizaban en encuentros esporádicos. 
      
-      Feliz cumpleaños hijo -le deseó a Fran su madre el día de su diecisiete cumpleaños.
-      Gracias mamá, pero las felicitaciones tienen que ser para ti, que fuiste la que hiciste todo el trabajo. Lo mío no tiene mérito, llega solo con el paso de los días -le contestó Fran.
-      Ya hijo. Bueno, y ahora ¿qué? -prosiguió su madre- Has terminado el bachillerato, en un buen colegio, gracias a que cada año has conseguido beca, pero ahora, aunque consigas una beca para la universidad no podríamos costear tu vida en otra ciudad, y es una pena, porque podrías estudiar cualquier carrera.
-      No te preocupes, no todo pasa por ser abogado o médico, un buen profesional también se puede ganar muy bien la vida. Ahora -le dijo Fran a su madre- me voy con los tíos una semana a Pamplona a disfrutar de los Sanfermines, y a la vuelta empezaré a buscar trabajo, ¿qué te parece?
-      Me parece bien hijo mío, pero ¿por qué no vas a trabajar con tu padre hasta que encuentres otra cosa? -sugirió su madre, sabedora de la negativa respuesta que ya había recibido en multitud de ocasiones cuando había planteado la misma cuestión.
-      No -fue tajante Fran- son muchas las veces que te he dicho que no, y sabes bien porqué. No insistas. A mi vuelta hablamos.

A la vuelta de sus vacaciones no tuvo Fran que moverse para buscar trabajo, ya que su madre le recibió con una hoja de inscripción para presentarse a unas oposiciones que convocaba una empresa del estado.

-        ¿Qué te parece?, le dijo su madre, en las bases de la convocatoria es imprescindible tener el bachiller superior, y tú lo tienes. Lo malo es que si aprobaras tendrías que realizar un curso de capacitación durante nueve meses, ya cobrando de la empresa, pero sería en Madrid o Barcelona.

Escuchar las palabras mágicas de Madrid y Barcelona fueron suficiente aliciente para Fran:
-      Pues sí, me presento -le dijo a su madre.
-      Rellena ya el impreso, porque mañana es el último día para presentarse -concluyó su madre.

Fran rellenó el impreso y a primera hora del día siguiente se personó en la oficina de personal de la empresa para entregarlo. Le facilitaron el programa sobre el que se basaría el examen, y le informaron que se celebraría en dos meses. Contando que estaban en la segunda quincena de julio, calculaban que la prueba se celebraría entre el quince y el veinte de septiembre. Le informaron que querían cubrir trescientas plazas a nivel nacional, pero que habían hecho una estimación por provincias y para la suya tenían asignadas nueve plazas, y que las solicitudes pasaban de doscientas en la provincia, y tres mil en toda España, y aún faltaba todo el día para recibir solicitudes.

No le afectó a Fran el saber que tenía que competir con, al menos, otros doscientos para conseguir una de las nueve plazas. Al contrario, fue una especie de acicate. Fran solía crecerse ante las dificultades.

Le daba alas pensar en su frase favorita: “Yo sé que puedo”.

Encontró una academia que preparaba aspirantes, específicamente para esa oposición, pero solo estuvo diez días porque comprobó, con gran alegría por su parte, que su nivel era superior, al menos superior al que tenían los que acudían con él a la academia, treinta en total. Así que pensó que ya solo tenía que competir con ciento setenta.

Estudió más durante esos dos meses que los catorce años que llevaba asistiendo a colegios. El solo hecho de saber que iba a salir de su casa era un acicate mucho mayor que el ocupar un puesto de trabajo.

Y su sueño se cumplió. Aprobó las oposiciones, pasó un reconocimiento médico, y en la segunda quincena del mes de noviembre estaba viajando a Barcelona, donde permanecería nueve meses realizando un curso de capacitación.

Su paso por Barcelona no fue de solo nueve meses, pasó en la hermosa capital de Cataluña, o en sus poblaciones aledañas, muchos años más, ya que una vez finalizado el curso de capacitación, con muy buena puntuación, necesaria para solicitar la plaza de trabajo definitiva, decidió quedarse en Barcelona.

Barcelona se encontraba a novecientos kilómetros de su ciudad natal, suficiente distancia para no poder hacer más de un viaje al año, que él consideraba más que suficiente.

Fran nunca fue un muchacho al que le gustara la juerga, no le gustaba la noche, era abstemio, no hablaba mucho, escuchaba más de lo que hablaba, lo cual hacia que se aburriera tremendamente con las insulsas conversaciones de sus compañeros de trabajo, los cuales se movían en una banda de edad muy ancha: él era el benjamín, y hasta Renato que estaba a punto de jubilarse había un ramillete de edades muy variadas.

Por cierto, en esto no ha cambiado nada. En la actualidad Fran se sigue aburriendo tremendamente.

Le seguían gustando las chicas, pero nunca alardeaba de sus escarceos, los llevaba tan en secreto como sus conversaciones con Dios, al que seguía visitando en su domicilio, (las iglesias), al menos una o dos veces por semana.

-      Señor, ¿Qué hacemos aquí?, no puede ser que la vida sea lo que parece: Esperar el fin de semana para no trabajar, esperar el mes de vacaciones para hacer un viajecito a ver a la familia, esperar la jubilación, para luego enfermar y morir. ¿Qué sentido tiene la vida?
-      Y mientras esperamos el fin de semana o las vacaciones nos pasamos la vida sufriendo, criticando todo lo que se mueve, tratando de engañar a los jefes o al dueño de la tienda de enfrente, discutiendo por un gol que parece no fue muy legal, o catalogando las mujeres a los hombres y los hombres a las mujeres, en un ranking de no sé muy bien qué, en fin, una sinrazón.
-      ¿Seguro que no te has equivocado?, ¿seguro que no querías hacer una cosa y te ha salido otra?, ¿para qué la vida Señor?



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