El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 7 de febrero de 2018

Como mariposa...: 2) La Tríada de la Ascensión-2


Los hombres necesitan que se active su memoria, y para eso, en algún momento de su vida, les llegará la información de que son seres divinos. Es más, todas las enseñanzas religiosas, con las que el hombre seguro que tiene relación más de una vez en su vida, dicen que el ser humano es “cuerpo y alma”.  El problema es que nadie sabe, exactamente, en qué parte del cuerpo ubicar el alma.


¿Para qué tantas religiones, si Dios es Uno?, ¿para qué tantas verdades, si la Verdad solo puede ser Una? Bruno Bauer, amigo personal de Carl Marx, opinaba que “la religión es el opio del pueblo”. Marx hizo suya esa frase para combatir la religión degradada de su tiempo, porque creía que alienaba al ser humano y no satisfacía sus verdaderas necesidades. Pensaba que las religiones sólo servían para persuadir a los individuos de que el orden de la sociedad era aceptable e irremediable y, por tanto, desviaba sus deseos de justicia y felicidad del mundo humano al mundo divino.
Posiblemente tenía razón, pero las religiones cumplen su papel, porque de alguna manera se ha de poner en contacto al ser humano con el mundo divino, y la religión es una buena herramienta para hacerlo. Los seres humanos necesitan de las religiones porque necesitan acercarse a Dios, necesitan creer, necesitan tener esperanzas en muchas vidas de auténtico sufrimiento, necesitan un referente, necesitan un punto de Luz.
Sin embargo, es muy posible, que no les sea útil para siempre. Salvo excepciones, porque según va creciendo el ser humano, según va madurando vida tras vida, según su evolución en la materia, y según se va acercando a Dios, no le va a quedar más remedio que separarse de las religiones, para realizar el último tramo del camino de acercamiento a Dios en solitario, porque hablan de amor, pero atemorizan con castigos de manera constante; hablan de perdón, mientras condenan a perpetuidad a los pecadores; hablan de igualdad, discriminado a los que consideran diferentes. Y cuando el amor comienza a crecer en el interior del ser humano, este se hace consciente de que los representantes de las distintas religiones están muy lejos de manifestar el amor que predican.
Esa llamada de la religión, esa información de la divinidad del ser humano, es como el despertador que el hombre ha programado para su despertar. El despertador sonará, y la persona puede detener la alarma del despertador y permanecer acostado o levantarse, es su decisión. Lo mismo ocurre con la información de que es un ser divino, la información llegará de la misma manera que suena el despertador. Lo que haga la persona con esa información es decisión suya.
Casi todos los seres humanos, saben que son cuerpo y alma, pero pocos se han detenido a pensar qué significa, dónde encontrar el alma, cuál de los dos conceptos es más importante, o cómo son los genes del alma. Es un conocimiento intelectual, poco más. Las religiones tampoco saben explicar que es el alma, más allá de su enseñanza interesada, porque no llegan a saber, o a querer explicar, que el alma es una energía desgajada de la Totalidad, desgajada de la Energía Divina, en suma, desgajada de Dios, y que por lo tanto es Dios. Algunos, incluso, ante semejante información, creen que solo por pensar que son Dios se van a condenar irremisiblemente.
Lo que haga el ser con ese conocimiento puede acelerar su proceso de unión con Dios, o sencillamente dejarlo todo como está. La persona puede hacer uso de esa información o no. Si no hace uso, o si no se lo cree, sigue como está. No va a ocurrir nada. Va a seguir con su vida tal como la llevaba, sin más. Seguirá acumulando vidas. No era su momento de despertar, ya le llegará.
Si esa información se integra en su interior y comienza a hacerse preguntas sobre el sentido de la vida: ¿quién soy realmente?, ¿de dónde venimos al nacer?, ¿se acabará todo con la muerte?, etc. Con las respuestas a sus preguntas estará descubriendo la existencia de un nuevo camino, nuevo para él, pero no para otros, ya que hay millones de almas que lo están transitando y millones que lo han finalizado. Ese camino lleva de retorno al Padre.
Integrar las respuestas y el conocimiento inherente en ellas conlleva al ser a un cambio de vida. La persona pasa de vivir desde la mente a vivir desde el corazón. Y vivir desde el corazón supone ponerse a disposición del alma, ya que mientras la mente es el instrumento del cuerpo, el corazón es el instrumento del alma.
Pero, ¿qué significa, realmente, vivir desde el corazón?
Significa que ha de cambiar la energía de la persona, y esa energía cambia cuando cambia la conciencia; es decir cuando cambia el conocimiento que la persona tiene de sí misma, porque eso es la conciencia, el conocimiento que la persona tiene de sí.
¿Qué hay ahora en la conciencia?, ¿qué es lo que tiene que cambiar?: Los hombres tienen que ser conscientes de que están atados a sus pensamientos para permitir que estos cambien y desaparezcan las viejas energías, y así despertar a una conciencia basada en el corazón.
La conciencia de casi todos los hombres está llena de miedo, miedo al rechazo, miedo a la soledad, y necesita reafirmase a sí misma constantemente, buscando siempre validación externa, buscando la aprobación del exterior; y toda su vida se ha construido, de manera inconsciente, (siempre están en piloto automático), sobre ese miedo. Cuando la mente es el centro, permanecen encogidos por ese miedo y eso les hace estar constantemente a la defensiva, siempre les falta algo, siempre tienen necesidad de más: Más amor, más dinero, más poder, más aceptación, más atenciones.
La base de sus pensamientos y sentimientos es como un agujero negro, un vacío que nunca puede ser llenado, y para aliviar ese miedo, para tratar de llenar ese vacío, se van al exterior y se aficionan al poder, al halago, a la admiración. Confían en el juicio de otras personas, ¡qué poco se valoran y qué poco se quieren!, no confían es ellos mismos, y le dan su poder a cualquiera.
Confían en el juicio de otras personas y se ponen nerviosos sobre lo que la gente piense de ellos. Es importante para los hombres, porque su autoestima depende de eso y, sin embargo, su estima desciende y desciende, porque han entregado su poder a otras personas.
Su conciencia cree que así está satisfaciendo el anhelo del alma por la unidad con lo Divino, por la paz y el amor, pero ese anhelo, que es la llamada de Dios, la llamada de su propia naturaleza y su propia esencia, no hay que buscarle porque ya está en todos los seres: Los hombres son a imagen y semejanza de Dios, todos son Amor.
Lo que los seres humanos buscan es el Amor incondicional, es sentir esa Energía, que no es otra cosa que Dios. Pero ya son esa energía, en todos ya está la Luz, el Amor y la Paz; y si van a su interior a través del miedo, que es lo que conocen, el miedo se disuelve de la misma manera que desaparece la oscuridad, en cuanto se enciende la luz. No hay que luchar contra la oscuridad, solo hay que dar al interruptor. No hay que luchar contra el miedo, sólo hay que activar el amor.
Sólo hay que contactar con el Amor, y Amor significa aceptación de uno mismo tal cual es, Amor significa aceptación de los demás tal como son. Sólo cuando se den cuenta de que el vacío no puede ser llenado desde el exterior, empieza el cambio.
Cuando dejan de identificarse con lo que siempre han hecho y con lo que les han enseñado, se genera un estado de confusión, y les surgen las preguntas del millón, ¿qué quiero realmente?, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?, ¿qué hago aquí?
Aquí empieza el trabajo de sanación que se ha de realizar aceptando. ¿Aceptando qué?, aceptando el dolor, aceptando el sufrimiento, aceptando el miedo.
¿Cómo hacerlo?: Piense en algo que le haga sufrir, que le cause dolor, que le avergüence; puede ser inseguridad, impaciencia, pereza, etc., y cuando lo haya elegido busque dentro de usted, de manera honesta, cuál es el motivo real. Si se da cuenta de lo que es, se ablanda, lo tolera, lo perdona y lo ama, pero no juzgue esa razón, sólo acéptela, porque si la juzga, ese nuevo juicio y esa nueva crítica estarán, también, basadas en el miedo y volverá a generar algo de lo que también tendrá que desprenderse. Sólo acéptelo.
¿Qué es lo que hay debajo de la necesidad de juzgar?, sólo miedo a enfrentarse con la propia oscuridad, casi se podría decir que es miedo a vivir, es falta de Amor.
No juzgue nada, las cosas son como son y no ha de tener ningún interés en cómo deberían ser, en cómo tendrían que ser, en cómo piensa usted que han de ser.
La conciencia social, los políticos y religiosos, los estándares de salud y de belleza dan modelos y normas de cómo deberían ser las cosas, o de cómo debería comportarse la sociedad. Tratan de definir lo que es bueno, lo que hay que hacer, lo que está bien visto.
Pero ustedes están intentando contactar con el Amor, y el Amor no está interesado en definir qué es bueno y qué no lo es, porque el Amor sólo está interesado en la realidad.
El instrumento del Amor es el corazón y el corazón está interesado en todo lo que es, sólo en lo que es, no en lo que se juzga como bueno o como malo; y si se abren a vivir desde el corazón se liberan del juicio de manera inmediata, y aceptan quienes son, sin más. No quienes quieren ser, o quien quiere la sociedad que sean, acepten quiénes son realmente.
Todos los miedos, todos los traumas, todos los sufrimientos, son experiencias del pasado, y eso es lo que hay que sanar, ¿cómo?: volviendo al pasado, volviendo a esa experiencia, pero de una manera amorosa, es decir, revivir la situación, pero centrados en el corazón, sin darle vueltas a la mente. Y así simplemente observando lo que sucede, se crea una especie de separación entre el suceso y la persona, y es esa separación la que hace a la persona dueña de la realidad, pudiendo aceptar el suceso completo, sin volver a enjuiciarlo, ya que la persona comprende desde el corazón que para todo hay una causa, es una experiencia más para el alma, y no tiene por qué quedar grabada en la mente. Solo será un recuerdo más.
Cuando sean capaces de relacionarse con todos los papeles y todas las escenas que hayan ido interpretando en su vida, quedarán libres para vivir desde el corazón. Es entonces cuando estarán preparados para ser felices.
Cuando el ser humano sabe que es un alma, que es un ser divino, que es una parte de Dios, es cuando comienza a utilizar su corazón. Mientras eso no ocurre es porque sigue dormido soñando la ilusión de ser un cuerpo, soñando que es un ser independiente de los otros, que conviven con él en su encarnación, soñando que vive separado de Dios. El ser dormido necesita vivir los sueños y estos solo se los puede proporcionar la mente, llenando al soñador de dolor, de preocupaciones, de sufrimientos.
Cuando el ser comienza a despertar ya no necesita sueños, deja de ser dominado por la mente, deja de soñar. Así habrá comenzado a transitar el camino de retorno a Dios. Así estará comenzando a trabajar en el primer aspecto de la Tríada.



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