El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 9 de febrero de 2018

Como mariposa...: 3) El Consejo Kármico


El Consejo Kármico

           
Kepha se acercó al templo donde los Señores del Karma o Consejo Kármico presentaban, al ser próximo a la encarnación, un proyecto general de Plan de Vida, organizado por ellos, tomando como base tres aspectos importantes:
Uno, el objetivo a conseguir.
Dos, la cantidad de Karma pendiente con posibilidades de ser liberado.
Tres, el punto de partida, en función de la trayectoria y experiencias de vidas anteriores. Ya que son los miembros de este Consejo Kármico quienes deciden cuándo y cómo encarna cada alma.



Los miembros del Consejo invitaron a Kepha a tomar asiento frente a ellos. Permanecían sentados en semicírculo, por lo que podía ver a todos perfectamente. Detrás de ellos también estaban sentados María, Jesús y las almas más afines, con los que había compartido muchas vidas, haciendo de guía o siendo guiado por ellos, o sencillamente encarnados actuando en roles muy próximos. Y estaba también Erihak.
Erihak era…, una de sus almas más afines. Si existieran las almas gemelas podría decir, sin ambages, que era una de sus almas gemelas. Habían encarnado juntos en un ochenta por ciento de sus vidas, casi siempre como padre e hijo. Su evolución había ido pareja, traspasándose los conocimientos de uno al otro. ¡Cuánto le gustaría a Kepha que Erihak le acompañara también en este viaje!
Se encontraban en una sala circular, blanca y luminosa. Para llegar a ella había que atravesar un enorme pasillo, muy ancho, con sillas a ambos lados que flanqueaban puertas en las que los mismos miembros del Consejo y sus ángeles ayudantes iban recibiendo a almas o grupos de almas, en función de su despertar, para entregarles el que sería su Plan de Vida.
Las almas que se encontraban total y absolutamente dormidas recibían las instrucciones en grupos reducidos, en lugar de recibirlas de manera individual, ya que el grupo iba a permanecer prácticamente unido durante toda su experiencia en la materia, hasta lograr algún mínimo avance en su despertar y en su camino hacia Dios, que les pudiera llevar a independizarse completamente en un futuro, e iniciar así su camino de despertar individual.
Estas almas, después de cada tránsito en la materia, volvían a agruparse según iban descarnando, para purificarse y volver a preparar una nueva vuelta a la materia con su grupo establecido.
Las almas más adelantadas eran recibidas de forma individual para presentarles su Plan específico de Vida.
El Plan de Vida es, sin lugar a dudas, el aspecto más importante del proceso de encarnación y la auténtica hoja de ruta del alma en la materia. Es la máxima Ley que va a regir la vida del alma una vez en la materia. Nada ni nadie va a ir en contra de ella.
En cada Plan de Vida aparecen reflejados aspectos que se pueden cumplir o no, y otros que se tienen que cumplir sí o sí. Aunque el Plan de Vida es la guía suprema de todas las almas, y ninguna otra ley va a ir en su contra, (incluida la famosa Ley de la Atracción), sí que hay algo que puede variar dicho Plan, ya sea en su realización, en la forma de llevarse a cabo, o en el tiempo en que se va cumpliendo lo recogido en el Plan. Ese algo es el libre albedrío.
El libre albedrío es la capacidad de elección del ser humano. Pero se ha de tener en cuenta que esa capacidad de elección tiene ciertos límites. Imaginen que existe un camino de varios kilómetros de ancho, delimitado en toda su lateralidad por dos murallas de cien metros de altura desde el inicio hasta el final del camino. A ese camino se accede por una puerta. Esa puerta es el nacimiento, es la llegada a la vida de la materia. Cada alma tiene su puerta, su camino, y una vez en el camino no se tarda mucho en encontrar otras puertas para seguir avanzando. Las primeras elecciones en la vida física la realizan los padres por sus bebés, y lo siguen haciendo hasta determinada edad, ya que son los padres los que deciden la guardería, el colegio y el tipo de educación que van a recibir sus hijos. Pero elijan los padres o los hijos, se van a ir encontrando puertas por la que atravesar. Cada caminante puede elegir la puerta que desee, y es claro que, al otro lado, en cada una de las puertas, se va a encontrar vivencias diferentes. Y nuevas puertas, y nuevas decisiones, siempre eligiendo cuál traspasar, y así va a ser hasta el final del camino, elección tras elección.
Cada persona puede ir eligiendo puertas, traspasarlas, volver atrás o quedarse sentada en el quicio de la puerta, pero lo que no podrá hacer nunca es saltar por encima de las murallas que delimitan el camino para pasar a un camino contiguo, ahí se acaba el libre albedrío, no se puede salir del camino al que se ha accedido a través de la puerta del nacimiento. Será rey o mendigo, rico o pobre, pero siempre marcado por el Plan de Vida establecido.
¿Cómo saber cuál es la puerta correcta?, no se sabe.
¿Se podría pensar entonces que es cuestión de suerte elegir el camino correcto? No, nada tiene que ver la suerte en las elecciones de vida. Pero de lo que se puede estar completamente seguro es de que nunca hay decisiones erróneas. Es cierto que los resultados de algunas decisiones pueden causar sufrimiento, pero eso no significa que se haya elegido una puerta equivocada. El sufrimiento es una herramienta para el crecimiento, es una herramienta para aprender a Amar, desprendiéndose del miedo, que es la causa de cualquier sufrimiento. El error es permanecer en el camino del sufrimiento durante mucho tiempo, sin atreverse a traspasar una nueva puerta.
Las elecciones que se hacen en cualquier momento de la vida son siempre correctas, ya que son las mejores que se pueden hacer teniendo en cuenta la situación de la persona. Nadie elije mal a propósito, nadie elije el sufrimiento.
En el Plan de Vida para cada alma se recoge todo lo que se puede encontrar en función de la puerta que elija. La programación de una vida es muy compleja, ya que se contemplan muchísimas posibilidades en función de la elección de cada puerta. Son muchos los Planes de Vida de muchas almas que tienen que coordinarse para que se den los encuentros que se tienen que dar, y nadie sabe, ni a este ni al otro lado de la materia, cuál va a ser la puerta elegida por la persona.
Hay situaciones recogidas en el Plan de Vida que se pueden realizar o no, según sea la elección de la persona. Pero existen otras situaciones programadas que se han de realizar ineludiblemente.
El libre albedrío también interviene es estas últimas, de tal manera, que la puerta que va a llevar a esa situación, la cual es imprescindible experimentar, va a aparecer junto a las otras puertas en cada etapa del camino. Si siempre se obviara esa puerta, llegaría un momento que esa sería la única opción que la persona iba a tener delante.
En la Tierra, el Plan de Vida no suele cumplirse al cien por cien, ni al cincuenta, y posiblemente ni al veinticinco por ciento. Sin embargo, los que al otro lado de la vida tienen relación con el alma encarnada, como pueden ser sus guías y los Maestros, lo tienen en cuenta al cien por cien. Lo tienen tanto en cuenta, que cuando el ser pone su vida en manos de Dios, con una fórmula parecida a “Señor, hágase Tu Voluntad”, lo que hace es ponerse en contacto con el alma y con el Plan de Vida.
Ningún Ser al otro lado de la vida va a interferir en la programación que el alma ha aceptado realizar en su vida física. Nunca, bajo ningún concepto.



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