El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 17 de febrero de 2018

Como mariposa...: 9) Vivir de apariencias


Vivir de apariencias



            Fran nunca entendió para que tenían una cristalería, una cubertería y una vajilla que usaban una o dos veces al año, teniendo en cuenta además que eran pobres, muy pobres. Incluso recuerda haber visto a su abuela dándole dinero a su madre, de manera disimulada, porque parece ser que no les llegaba para comer.

            Y así, en esas contadas ocasiones, se realizaba a bombo y platillo el lucimiento de la vajilla, y por supuesto la demostración de un poderío, que todo el mundo, comensales incluidos, sabía ficticio. Pero debe de existir, o debía de existir entonces, una norma no escrita en la que todas las familias, de bien, debían de tener un buen número de platos, cubiertos y copas, que se suponen más caros que lo normal, encerrados en una alacena, para utilizarlos en escasísimas ocasiones. La comida, por supuesto, también era especial: Una sopita de pescado para abrir boca, un guisado de carne de ternera con guisantes y merluza rebozada para cerrar la comida, finalizando con frutas del tiempo, a elegir, y unos dulces bien apetitosos. Los mayores tomaban vino durante la comida, y café después de los dulces, acompañado por una copa de brandy, momento en el que solían encender un cigarro puro. Una buena comida, para la época, en una casa de pobres.

Tener una vajilla, una cubertería y una cristalería para los días especiales, es vivir para otros, es como vivir solo para disfrutar en según qué días, es vivir para el “qué dirán”. Es ocuparse y preocuparse de lo que el resto del mundo opine.


Tratar de enmascarar la propia realidad es no sentirse feliz con la propia vida, es no aceptar la vida, es…, no amarse, y quien no se ama a sí mismo, ¿cómo va a ser capaz de amar a otros?, es imposible. Vivir para satisfacer a los demás es dilapidar completamente la vida, ya que se reniega de la misión principal, que es “aprender a amar”. El Amor comienza en uno mismo, y para llegar a amarse, primero hay que aceptarse.

Pero es curioso, siempre se trata de agradar, de satisfacer y de no hacer algo que de que hablar a los desconocidos. Si se pusiera el mismo interés para agradar y complacer a la familia, a los amigos y conocidos, la vida sería diferente, y las relaciones también.

Si se tratara de agradar a los conocidos y a la familia con el mismo énfasis que se pone para agradar a los desconocidos, se acabarían los enfados, los malentendidos, los silencios, etc.

¿Alguna vez han pensado en qué pensará su pareja?, ¿qué pasaría si todo el afán fuera para satisfacer a la pareja, para agradarla, para cumplir sus expectativas? Si todo lo que se hiciera fuera para satisfacer y hacer feliz a la propia pareja, la vida sería como un camino sembrado de pétalos de rosas, y lo sería en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la unión y en la separación.

¿Alguna vez han pensado qué pensarán sus hijos cuando les dicen que no tienen tiempo, o que están trabajando, o que no pueden dejar lo que están haciendo porque es muy importante?, ¿ustedes creen que hay algo más importante que los hijos?, ¿cuántas veces se frustran los niños por tratar sus padres de satisfacer las expectativas de desconocidos?, ¿cuántas veces se colocan los padres en el lugar de sus hijos?

Vivir para dar satisfacción a los suyos es la mejor forma de amor, de comprensión, de tolerancia, de generosidad, y esa es la verdadera razón de la vida.


“Y qué me importa a mí lo que piense mi vecino”. El pensamiento de otra persona no afecta en lo más mínimo, con el pensamiento del vecino se va a seguir igual de alto, igual de bajo, igual de rico, igual de pobre, en suma, igual de todo, no afecta para nada. Por lo tanto, ¿por qué tanto sufrimiento para tratar de agradar a los demás?

Sin embargo, el pensamiento sí que afecta al pensador. Los pensamientos son energía, y en función del tipo de pensamiento, desprenderá un tipo u otro de energía, que le va a afectar positiva o negativamente en el desarrollo de su vida y, por supuesto, está generando un Karma que tendrá que eliminar en esta o en posteriores vidas.

Por lo tanto, se puede cambiar el pensamiento de “¿Qué pensarán los demás?” por el de “¡Y a mí que me importa!”.

Empiecen a vivir su vida, en lugar de tratar de vivir la vida de los demás. A los otros no hay que agradarles, lo que hay que hacer es respetarles, es ayudarles si lo necesitan y, por supuesto, si aceptan la ayuda. No hay que criticarles, no hay que juzgarles, ni tan siquiera opinar, si no se lo requieren. Colóquense en sus zapatos antes de opinar, ¿qué sabe nadie de nadie?, ¿qué saben de sus pensamientos, de sus emociones, del momento por el que están pasando?, ¿que saben de su dolor o sus alegrías? Pues nada, no saben nada, así que tampoco saben el porqué de sus reacciones. Si alguno de ustedes está despertando y es consciente de esto, actúen en consecuencia, y no tengan en cuenta lo que puedan hacer o decir, ellos siguen dormidos.

Dejen caer sus máscaras y acéptense. Con la propia aceptación comenzarán a amarse, y la consecuencia lógica de la aceptación y del amor por ustedes mismos será la aceptación del otro y el amor hacia él.



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