El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 5 de febrero de 2018

Como mariposa tocando el alma: Prólogo e introducción

“Como mariposa tocando el alma” es mi último libro. Tengo ganas de verlo publicado, pero como aun le falta y me apetece que vea la luz voy a ir desgranando los capítulos en el blog.



Dedicatoria

A Fran, que me ha permitido compartir
una parte de su vida con ustedes.

            Cuando Alfonso me entregó el manuscrito del libro para que lo leyera, lo tuve varios días en estado de hibernación. No me atrevía a comenzar su lectura porque no quería enfrentarme con lo que había sido mi vida hasta el momento, me asustaba revivir momentos amargos. Se me congelaba la sangre en las venas solo de pensar que otras personas iban a entrar en mi intimidad y el pudor que sentía por airear mis sentimientos y mis emociones hacía que me aferrara a las hojas del manuscrito, como no queriendo pasar las páginas. 
            Al final lo leí. Y me gustó. Más que gustarme me encantó. Enlazar las vivencias de lo que había sido mi vida hasta el día de hoy, con una visión de la vida desde la perspectiva del alma y con el aprendizaje que suponían dichas vivencias, le daba otra dimensión a mi vida, por lo menos, a la primera parte de mi vida, ya que las siguientes, me gusta pensar que sí que fueron un poco más cercanas al alma y a Dios. Yo también, como Alfonso, quiero volver a Dios, pero entiendo que aún, como él, tengo temas pendientes que aprender, temas pendientes que resolver, y posiblemente, temas que enseñar.
            Una vez finalizada la lectura me sentí muy bien, porque comprendí que mi vida no tenía nada de especial, era, como la de casi todos, una vida de lucha, de trabajo, de sufrimientos y alegrías. Era una vida, ahora lo sé, pactada de antemano, y aunque me había salido del guión, en algunos tramos de mi vida, ¡como todos los mortales!, no sentía que había sido en demasía. O al menos me reconforta pensar que ha sido así.
            A pesar de haber realizado infinidad de trabajos de perdón, si alguna de las personas que han compartido mi vida llegan a leer este libro y se reconocen, quiero reiterarles mi perdón, ahora públicamente y, por si a alguna persona le ha quedado dudas, quiero que sepan que yo también las he perdonado en todo aquello que, en su momento, pudiera haberme ofendido. Aunque tengo que reconocer que nunca fue mucha la ofensa, y nunca guardé ira, ni nada parecido. Lo más que llegué a sentir fue tristeza.
            Hoy sé que todo es un aprendizaje. O, para ser más exactos, de recordar, es de lo que se trata.
            Hoy sé que la aceptación y el Amor son las claves de la vida, de una vida plena, de una vida feliz.
            Me hubiera venido muy bien la lectura de un libro parecido años atrás, porque al leer los retazos de mi vida en el libro, he sido consciente de que hace ya mucho tiempo que dejé de ser un niño, y que he mantenido, en ciertas etapas de mi vida, un sufrimiento inútil, o ¿no?, porque ha sido a través de ese sufrimiento inútil como he llegado hasta donde me encuentro en la actualidad, que no sé si es muy lejos o muy cerca, pero tengo una sensación casi permanente de felicidad y, sobre todo, de paz interior, que siento que es bueno para mí, lo que me hace pensar que ahora sí, ahora estoy en el buen camino.
            Espero que disfruten de la lectura del libro tanto como yo la he disfrutado y que extraigan las enseñanzas que contiene, a mí me parecen muchas. Su vida puede dar un giro de ciento ochenta grados.
Bendiciones.
Fran.

Introducción
           
Me siento perdido, porque aún me siento separado de Dios, sabiendo que esa es la auténtica misión de la vida, y me aterra pensar que tengo que volver a vivir. Me da igual que sean una o quinientas vidas, con una sola ya siento suficiente terror, ¿para qué pensar que puedan ser quinientas?
Y me aterra la vida, porque en momentos de reflexión sobre la vida y la muerte, he llegado a la conclusión, (mi conclusión, por supuesto), que esto que conocemos como vida no es tal. Ahora estamos muertos, Y lo que llamamos muerte no es más que el renacimiento a la auténtica vida, a la vida del alma, al Amor, a la vida de Dios.
Otros definen la vida como un sueño, o como una ilusión. Estoy con ellos, pero no solo a nivel intelectual, sino a nivel de vivencia, porque esa es la idea que permanece integrada en cada célula de mi cuerpo.
Sé que estoy viviendo un sueño. Un sueño entre la alegría y la tristeza, entre la felicidad y el sufrimiento, entre la ilusión y el desencanto, pero tampoco es de mucho alivio saber que estoy soñando, porque es a través del sueño desde donde tengo que librar la batalla de la vida.
En el cómputo global de la vida, aun reconociendo su belleza, me siento un poco cansado de tanta lucha.
¡Quiero volver a Dios!
Lo mismo le ocurre a Fran y supongo, que es lo mismo que les ocurre a miles o millones de personas.
Conocí a Fran en Lima, /Perú/. Se podría catalogar el encuentro como casual, como tantos encuentros en la vida. Fue haciendo cola en la caja de un supermercado. Nos tocó una cajera un poco lenta, lo que nos dio pie para poder hablar, en los minutos de espera, (que fueron muchos), de la vida y de la muerte, de Dios y del demonio, y también, cómo no, de la lentitud de la cajera. Tengo que reconocer que llegamos a criticarla un poquito, siguiendo la “bola” de nuestros compañeros de espera.
Sin embargo, los dos supimos que era un encuentro pactado de antemano. Ese encuentro “casual”, fue el primero de otros muchos encuentros programados, en los que conversamos durante horas. Y en esos encuentros, y de esas conversaciones, nació una profunda amistad y la idea de utilizar la vida de Fran como nexo de unión entre la vida en el cuerpo y la vida del alma, desde el nacimiento a la muerte, o mejor, desde antes del nacimiento hasta la vuelta al otro lado de la vida.
Es de lo que trata el libro: De la gran diferencia que existe entre la vida física y la vida del alma. De la conexión que todos los seres hemos de realizar entre ambas vidas. Del camino que se ha de recorrer para llegar a Dios, que es una meta que pocos tienen clara.
En relación a la materia trata de: Cómo llegamos a la vida, qué nos enseñan, cómo tenemos que desaprender para despertar, y la dureza del tramo final. Aunque a veces pienso, que es mucho más feliz el que cree que la vida es lo que parece, un lugar de desigualdad y de lucha, que aquel que cree que la vida es el espacio que nos damos, a nosotros mismos, para aprender, para crecer, para volver a Dios.
Y en relación a la vida del alma, fuera y dentro del cuerpo: Vivir para ser felices, vivir para ayudar, vivir sabiendo de qué va la vida.
Sé que la ignorancia no es eximente, pero si alguien es feliz en su ignorancia, ¡Bendito sea Dios!, ya les tocará pasar por el mismo peaje en el que ahora nos encontramos algunos y comenzará su larga caminata por el desierto. En alguna duna nos encontraremos.
La vida que ha vivido Fran no tiene muchas diferencias con la vida de cualquier mortal. Sí. Ya sé que ser discípulo de Jesús es como un valor añadido, pero la realidad es que una vez en la materia todos tenemos que lidiar en las mismas plazas, con las mismas herramientas, y los primeros años de su vida no fueron precisamente en cuna de oro.
Poco importa quién se haya sido en vidas anteriores, porque todo el trabajo se ha de realizar ahora, en esta vida, y con este cuerpo. Lo importante es ser consciente de eso y realizar el trabajo para el que se ha nacido.




            

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