El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 21 de febrero de 2018

Como mariposa...: 12) Del amor platónico y otros pensamientos irracionales


Del amor platónico y
otros pensamientos irracionales




El amor platónico se entiende como un amor a distancia, basado en la fantasía y en la idealización, donde el objeto del amor es el ser perfecto que posee todas las buenas cualidades y ningún defecto.

La concepción del amor que hace el filósofo griego Platón en su obra “El banquete”, es esencialmente pura y desprovista de pasiones, porque estas son esencialmente ciegas, materiales, efímeras y falsas. El amor platónico, por lo tanto, no se basa en intereses, sino en la virtud, y por supuesto, existe solo en el mundo de las ideas.

La Psicología sitúa el origen de este tipo de sentimiento en posibles causas como la introversión, la inseguridad e inhibición emocional, y aparece especialmente durante la adolescencia y la juventud.

Sentir o tener un amor platónico, en algún momento de la vida, es algo habitual y, a veces, se convierte en una obsesión que genera frustraciones, dolor y sufrimiento.

Fran tenía todos los números para vivir en su pensamiento un amor platónico. Estaba en la adolescencia, era tímido y reprimía sus emociones.

Sin embargo, la triste realidad es que existen muchas personas que, habiendo abandonado hace tiempo la edad cronológica de la adolescencia, siguen enamorándose, de manera irracional, viviendo ese sentimiento en su interior, sin llegar a expresarlo en ningún momento.

La causa por la que personas adultas siguen cayendo inevitablemente en esas o situaciones parecidas, es un carácter inmaduro, lo que les ocasiona el quedar estancadas emocional y mentalmente en su etapa de adolescencia.

Son personas que ansían el amor, que idealizan la relación, que se sienten incompletas e insatisfechas con lo que son y necesitan esa contraparte que les puede proporcionar una pareja para sentirse completas y realizadas,  aman más el concepto de amor que amar, y que, posiblemente, su único acercamiento a Dios, aunque sean fieles cumplidoras de los preceptos religiosos, sea para pedirle que la mire su amor idealizado, que le hable, que se realice el milagro y, también se acercan a Dios para recriminarle, que el vecino de enfrente tiene una relación, y ella no, con lo devota y buena persona que es.

Pero los pensamientos irracionales no solo se ocupan del amor platónico en la etapa adolescente. También se ocupan de todo lo concerniente, básicamente, a los deseos de los seres humanos.

De la misma manera que se idealiza el amor, se puede, y de hecho se hace de manera permanente, idealizar cualquier otro deseo. Lo explicaba Buda hace dos mil quinientos años: El deseo es la causa del sufrimiento.

Seguro que han oído esa frase. Seguro que son conscientes de cuál es la causa de casi todos sus sufrimientos, pero…, o no pueden hacer nada porque les domina el pensamiento, o no tienen fuerzas para llevar a cabo ninguna acción realmente eficaz, o no se creen que su propio pensamiento pueda jugarle tan malas pasadas, o sencillamente que no saben cómo hacerlo, ya que después de haber probado, en varias ocasiones opciones distintas, no han conseguido ningún resultado.

¿Es culpable el pensamiento? No lo es. El pensamiento es una energía que, desde su origen, el cuerpo mental, se dirige al cerebro para expresarse. Esas nubes de energía van y vienen a su antojo, por afinidad con otras personas, o con otras formas de pensamiento, por la situación, por multitud de razones, y lo van a seguir haciendo hasta que la persona tome las riendas de su mente.

Entonces, ¿es culpable la persona? Tampoco es culpable la persona, ni del pensamiento, ni de no poder gestionar ese pensamiento. Nadie la ha enseñado.

Pues entonces, ¿son culpables los padres o los educadores? Tampoco lo son, ellos no sabían, ni saben lo suficiente, no saben de la fuerza del pensamiento, por lo que difícilmente pueden enseñar lo que no saben.

Ya solo nos queda culpar a Dios por dar al hombre una mente tan poderosa e indomable. Pero no. Dios tampoco es el culpable.

No existen culpables porque es necesario el sufrimiento para aprender y para evolucionar.

Si no hubiera sufrimiento los hombres se mantendrían instalados en su zona de confort, sin cuestionarse nada y, muy posiblemente, sin investigar y sin practicar nada, con lo cual no habría evolución, no habría aprendizaje, no habría crecimiento, por lo que la distancia de separación con Dios seguiría inamovible. Y la única razón para la vida es reducir esa distancia, para un día unirse a Él.

Pero ojo, nadie dice que el sufrimiento deba ser eterno. El sufrimiento es la espoleta que pone en marcha un proceso de aprendizaje, que ya aparece contemplado en el Plan de Vida del alma encarnada.

¿Qué podía haber hecho Fran, y todos los que se encuentran en su misma situación, ya sea por el sufrimiento de un amor platónico, por la pérdida de un familiar, por encontrarse de frente ante una enfermedad grave, por no tener dinero para llegar a final de mes, o por no tener el coche último modelo que anhela?

En primer lugar, sentir el sufrimiento, (con un minuto ya puede ser suficiente), porque serán las respuestas a la pregunta de ¿por qué ese sufrimiento?, el desencadenante de todo el proceso.

Pero no basta con sentir el sufrimiento, se ha de ser consciente de él, y analizar su causa.

Bien es cierto que pueden tener clara la causa:

-      “¿Cómo no voy a sufrir si estoy enamorado de una persona que ni siquiera me mira?, ¿te parece que no tengo razón para sufrir?”.
-      “Si no me llega el dinero para finalizar el mes, ¿cómo no voy a sufrir?”.
-      “Mi hijo está enfermo, si no sufriera sería un desalmado sin corazón”.

Si la persona queda anclada en este tipo de pensamientos, difícilmente tendrá solución, y les aseguro que hay millones de personas aprisionadas en su sufrimiento, rebozándose en su propio dolor y tratando de salpicar a otros con la desgracia que les ha tocado vivir.

Lo mejor es dejarles, son incapaces de razonar, porque no les sirve ni tan siquiera el consuelo que se les pueda ofrecer. No es su momento de despertar, ya les llegará.

Pero hay otras personas, Fran es una de ellas, que sí pueden razonar el porqué de su desgracia. Y una vez que son conscientes de que su sufrimiento no es más que un pensamiento que da vueltas y vueltas cada vez más rápidas se les puede plantear varias preguntas:

Pensando una y otra vez lo mismo, ¿se va a solucionar el problema?

Si está claro que no se va a solucionar el problema se pueden elegir entre estas dos opciones:
1.    Hacer algo para erradicar ese pensamiento.
2.    Seguir pensando y, por ende, sufriendo.

Por lo tanto, una vez conscientes de que todo el problema radica en su pensamiento es momento de ponerle coto.

Hay que tener claro que ponerle coto al pensamiento es una tarea dura y complicada, que requiere tiempo y en la que es imprescindible hacer uso de la voluntad. Y, sobre todo, hay que tener paciencia, ya que es muy posible que sea un trabajo de tiempo para conseguir un cierto control, aunque no es necesario esperar tanto para conseguir resultados en cuanto a ciertas dosis de sufrimiento se refiere, como son algunos de los ejemplos expuestos.

Todas las técnicas que se enseñan a lo largo y ancho del mundo, como el yoga, en cualquiera de sus variantes, el chi kung, el tai chí, la meditación en cualquiera de sus formas, las diferentes técnicas de visualización y contemplación, el control sobre la respiración, los métodos para controlar la mente, talleres, lecturas, cursos y terapias, tratan, sea cual sea la forma en que se publiciten, de controlar la mente. Unas lo hacen a través del control del cuerpo, otras incidiendo directamente en la mente, y otras, controlando la energía.

También es cierto, que una vez conseguido eliminar ciertos pensamientos que generan sufrimiento, aparecerán otros, ya que el aprendizaje ha de seguir su curso.

Sin embargo, hay una fórmula con la que se consigue un atajo, posiblemente de muchas vidas, pudiéndose ahorrar muchos sufrimientos.

Consiste en vivir como si ya se hubiera llegado al final del camino.

El final del camino es Dios. El final del camino es la unión con Dios. Vivan como si ya se sintieran unidos a Dios. Que su pensamiento solo sea Dios. Vean al resto de los hombres como si fueran ustedes mismos, trátenles con el mismo amor y cariño con el que les gustaría ser tratados, ayúdenles en cualquier circunstancia, no les juzguen ni les critiquen, sean tolerantes, sean generosos y, sobre todo, sean conscientes y vivan con total atención, para que no se desvíen ni un ápice de la línea de meta.

Cuando su pensamiento sea solo para Dios van a dejar que la vida fluya a través de ustedes, y cuando lleguen los sufrimientos, que llegarán, ofrézcanselos a Dios, y estos durarán solamente el tiempo que permanezcan en su mente, tiempo, que por supuesto, no habrán dedicado a Dios.   



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