El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 4 de marzo de 2018

Como mariposa...: 19) Fran cumple con la patria


Fran cumple con la patria



            Después de un largo silencio, Fran prosiguió con su relato:

-      Tuvimos una especie de descanso en la relación durante mi servicio militar, ya que me tocó cumplir con la obligación de “servir a la patria”, en Madrid. Recuerdo del servicio militar algo que decía un ex-amigo, (dejó de ser mi amigo cuando me separé, ya que él y su esposa eran socios del Opus Dei, y desde luego, era un anatema que alguien se separara), “La mili es un sitio donde no se hace nada, pero ese nada se hace a la carrera”, y tenía toda la razón, porque nos hacían correr para formar, “Dos minutos para formar”, y luego nos mantenían en formación tiempo y tiempo sin hacer nada. Fueron casi quince meses, en los que aprovechaba todos los permisos que tenía para volver a Barcelona. Como los permisos eran cortos, en los reencuentros nos volvíamos a comportar como dos auténticos enamorados.

Aproveché que Fran hizo una especie de receso en su narración para preguntar sobre su servicio militar:

-      Y de la mili, ¿mantienes algún recuerdo que te haya marcado? -pregunté.

-      Nada es importante en el servicio militar, salvo la pérdida de tiempo, aunque me sirvió para sacarme de encima una buena parte de la vergüenza que me daba hablar en público -recordaba Fran- Como trabajaba en una empresa que estaba representada a lo largo y ancho de toda España, seguí trabajando durante toda la mili, y como para ello necesitaba permanecer menos tiempo en el cuartel me hice cabo primero, que era a lo máximo que podía aspirar, y siendo cabo primero ya no era un ente aislado, tenía que bregar con un buen número de personas, y eso sí que me sirvió, para luego, hablar sin tanta vergüenza en mi trabajo, cuando comencé a ser mando intermedio. Un mando intermedio es como el embutido en un bocadillo, es decir, algo debajo, las personas a las que dirigía, y algo por arriba, los jefes.

-      Pues sí que recuerdas poco -le increpé yo.

-      En realidad, tengo dos recuerdos muy marcados -dijo Fran- Durante mi estancia en el cuartel asesinaron a un presidente del gobierno de la dictadura y como tenían tanto miedo al pueblo, nos montaron en camiones, con ametralladoras para reprimir cualquier manifestación. Menos mal que no pasó nada, porque las armas estaban cargadas con balas de verdad y no sé qué hubiera hecho si nos hubieran dado la orden de disparar.

-      El otro recuerdo -prosiguió Fran- es que me licencié diez días más tarde que mi quinta. El día anterior de mi licencia me arrestaron por algo que no sabía ni de que iba. Pero como el ejercito es así, pues a callar y a aguantar.

-      ¿Qué pasó? -me picó la curiosidad.

-      Fran me relató su arresto: Habíamos estado una semana de maniobras, jugando a la guerra, y parece ser que mientras estábamos de maniobras, los que se quedaron en el cuartel aprovecharon el cuarto de los cabos primero, (dormíamos aparte de la tropa), para hacer sus timbas de cartas. Con tal mala suerte que el comandante pasó por el batallón, entro a nuestro cuarto y al ver como estaba de desordenado rápidamente sentenció: “Los primeros son unos guarros. Cuando lleguen de las maniobras tienen diez días de arresto”. A mis compañeros no les importaba porque todavía les quedaba mili, pero yo me iba. Pues bien, no me fui. Cosas del ejército.

-      Si te parece sigo con mi historia de amor. A los tres meses de terminar la mili nos casábamos. Recuerdo que el día que íbamos a ver al cura tuvimos una pelea de las que hacen época, y supongo que fue una especie de premonición de lo que nos esperaba, porque esa fue nuestra vida durante los siguientes años.

-      ¿Se había agriado tu carácter? -pregunté a Fran.

-      En absoluto -contestó- Seguía siendo el hombre adorable, educado, respetuoso y tolerante de siempre, pero era fuera de casa. No sé qué me pasaba con Amelie. Durante muchos años después de la separación, las peleas siguieron siendo nuestro sistema de relación, bueno, de poca relación, solo nos relacionábamos cuando pedía dinero extra, pero terminábamos gritándonos. 

¿Cómo un hombre en apariencia adorable podía comportarse de una manera tan cavernícola?

Ustedes tienen la suerte de conocer una parte, al menos la más importante del Plan de Vida de Fran, que él no conocía entonces, (ahora si tiene la suerte de conocer algo, lo que le han permitido), como tampoco ustedes conocen los suyos. Les voy a desvelar algunos aspectos que pueden ser importantes para que puedan acercarse a la comprensión de ciertos comportamientos.

La misión principal de Fran en la vida de la materia es enseñar a sus coetáneos cual es el camino para llegar a Dios. Sin embargo, no se puede mostrar ningún camino, ni hablar de él, si antes no se ha recorrido. Por lo tanto, para que Fran pudiera enseñar algún camino, antes tenía que haberlo recorrido él mismo y conocer cuales iban a ser los obstáculos que se podían presentar en cada etapa del camino.

Tenía que aprender cómo era una relación tormentosa, y como era una separación traumática, de la misma manera que tenía que vivir una relación armoniosa y una separación basada en la generosidad y el respeto, tenía que vivir en propia carne todas las experiencias, porque un porcentaje importante del sufrimiento de los seres humanos tiene su origen en las relaciones. Era obligado, para su misión, comprender desde la experiencia, desde el que ha vivido esas situaciones. Tenía que aprender como sanar el deterioro y las cicatrices que dejaba una separación traumática y las que dejaba una separación armoniosa, que también deja cicatrices. Tenía que aprender a eliminar su orgullo, tenía que aprender a desprenderse de su machismo, aprendiendo a respetar y a entender que todos los seres humanos son iguales, Tenía que aprender tantas cosas, y todo lo tenía que hacer en una sola vida. Es como si viviera cinco vidas en una.

            Después de un corto silencio Fran siguió con su historia:

-      A los dos años de matrimonio nació nuestra hija Sandra. Me sentía el hombre más feliz de la Tierra, y durante nueve años fui madre y padre. La relación con mi hija era increíble. Como Amelie dedicaba los fines de semana, casi por completo, a la limpieza de la casa, (era un poco maniática con la limpieza), yo iba y venía con la niña a todas partes, primero empujando el cochecito, después caminando de la mano, más tarde caminaba a su lado cuando manejaba su triciclo y después corriendo cuando montaba en bicicleta.

-      Y la relación con la mamá, ¿Había mejorado? -pregunté.

-      No, que va, había empeorado. Lo último que hacíamos era no dirigirnos la palabra, a veces, hasta seis meses seguidos. Era una situación insostenible. Yo sabía que no podíamos seguir así, pero ni tan siquiera me atrevía a plantear una separación. Amelie es de las que piensan que quien se casa lo hace para toda la vida, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en las broncas.

-      ¿Qué pasó entonces para que os separarais? -pregunté curioso, sin poder esperar que siguiera su relato.

-      Se dulcificó la expresión de Fran cuando respondía a mi pregunta: Me volví a enamorar.

Y ahí se quedó Fran mirando a la nada, recordando, supongo, aquel amor.



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