El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 8 de marzo de 2018

Como mariposa...: 22) Los hijos como arma arrojadiza


Los hijos como arma arrojadiza



         Todas las separaciones de parejas con hijos, ya sean conflictivas o pacíficas, tienen efectos negativos en los hijos.

Y son muchos esos efectos negativos: Falta de concentración, bajo rendimiento escolar, falta de autoestima, sentimiento de culpabilidad, pérdida de apetito, tristeza, problemas físicos, llegando en casos a la depresión e incluso al suicidio.

            El niño, que ya ha vivido la conflictividad entre los padres durante cierto tiempo, se encuentra, de la noche a la mañana, con que uno de sus progenitores ya no vive en casa.

            Si a todo esto se añade que uno de los padres arremete contra la otra parte y la culpabiliza delante del niño, los sentimientos negativos aumentan en el niño de manera exponencial.

            La pareja olvida que son ellos los que se separan, pero los hijos van a seguir siendo hijos de ambos, juntos o separados, y con su separación, ni se separan ni se divorcian de los hijos.

            Que uno de los miembros de la pareja hable mal del otro a los hijos, o delante de ellos, así como que impida la normal relación, (dentro de la nueva anormalidad), del otro miembro de la pareja con los hijos, dice mucho de la baja categoría moral de quien así actúa, dice mucho de la inmadurez de su carácter, dice mucho de lo lejos que se encuentra de Dios y, sobre todo, dice mucho de la falta de amor hacia los hijos, ya que no le importa, con tal de mantener el “statu quo”, dañar física y emocionalmente a los hijos, paradójicamente en nombre del amor que sienten por ellos.
      
Eso le sucedió a Fran, cuando se separó de su esposa, se tuvo que separar también de su hija, ya que como decía la madre, cada vez que el reclamaba verla:

-      “La niña no quiere verte. Haberlo pensado cuando te separaste. ¿No querías separarte?, pues acarrea con las consecuencias”.

            Cuando un progenitor habla al hijo mal del otro, sin que el hijo tenga ningún mal recuerdo de ese progenitor hacia él, normalmente, al cumplir la mayoría de edad, suelen iniciar un acercamiento.

            Está claro que hay un mal recuerdo, pero no es de un progenitor en concreto hacia el hijo, sino que el mal recuerdo es el maltrato mutuo que se dedicaban los padres entre sí. Este fue el caso de Fran, con diecinueve años su hija le buscó, y no parecía fácil, ya que entonces Fran no trabajaba en Barcelona, estaba en Sevilla, pero le encontró.

            Aunque como reconoce Fran, la relación que se estableció fue una relación educada, sin un ápice de complicidad.

              Es cierto que las relaciones se establecen por apego y por deseo, que juntas, ambas energías, es lo que los hombres denominan amor. Pero por los hijos, se supone, que hay mucho más que apego y deseo, hay Amor, y aunque no sea en la medida que Dios nos Ama, si es el inicio de ese Amor incondicional. Aunque quien utiliza a los hijos como lo hizo la esposa de Fran, el Amor que sienten por sus hijos es el más bajo que puede existir en la escala.

            Los padres tienen que priorizar la estabilidad emocional de sus hijos en su ruptura. Ya sé que hay casos excepcionales por buenos y casos excepcionales por malos, pero no me dirijo específicamente a ellos, me refiero a los que están en el centro: Lo verdaderamente importante son los hijos. Están en formación. Están aprendiendo a amar. Están aprendiendo a vivir. Y es normal que con ese ejemplo se encuentren después los adultos que forman hoy día cualquier sociedad. Harán lo que hicieron sus padres, utilizar a sus propios hijos como arma arrojadiza, tal como hicieron con ellos. Es lo que aprendieron.

            Hay que empezar a cambiar el mundo, y para ello, el primero que tiene que cambiar es uno mismo. Para que mañana los hijos no sufran lo que los padres están sufriendo hoy, ¡es necesario un cambio! Cambiar la manera de actuar, actuar con amor hacia los hijos, actuar con respeto hacia la pareja, (aunque crea que no se lo merece, pero alguien tiene que empezar). Tienen que recordar que, aunque se haya acabado el amor entre ellos, seguro que ambos aman a sus hijos, que no prive la madre al hijo del amor de su padre y viceversa.

            Y por si a alguien le queda alguna duda, una actuación de ese calibre genera Karma. Recuerden “Quien a hierro mata, a hierro muere”, así que quien así actúe, que se prepare, porque en alguna de sus próximas vidas, serán pagados con la misma moneda. 

Los gastos de la separación y el divorcio corrieron a cargo de Fran, pero de los aspectos recogidos en el convenio solo se respetaban los que afectaban a Fran. Amelie nunca cumplió absolutamente nada.

            Fran pensó en muchísimas ocasiones denunciar los incumplimientos, pero a última hora se retenía, siempre pensando en que era mejor no echar más leña al fuego.

            Pasado un tiempo, Fran y Elena, su nueva pareja, decidieron irse a vivir juntos. Él pidió cambio de residencia y se fueron lejos de Barcelona, a Sevilla, donde pasaron quince años de felicidad.

            En el tiempo que duró su relación no existió una mala palabra, ni una palabra más alta que otra.

-      Y ¿por qué la separación de Elena? -inquirí yo- si todo era tan fantástico.

-      No lo sé muy bien -contestó Fran. Algo dentro de mí me decía que el aprendizaje de esa relación estaba en la separación. Realmente nos aburríamos. Juntos, pero aburridos. Hasta que un día, en la sobremesa la dije: “Creo que esto se ha terminado”. Y su respuesta fue: “Si, creo que tienes razón”.

-      A partir de ese momento pusimos en marcha toda la logística para ver como lo hacíamos. Decidimos quien se iba y quien se quedaba. Buscamos piso para ella que era la que decidió irse, y además en Barcelona, ya que decidió volver cerca de su familia. Amueblamos su nuevo piso, con todo lo necesario, para estar ambos en las mismas condiciones, y después repartimos el dinero de nuestras cuentas -recordaba Fran con un ápice de nostalgia.

-      Y prosiguió: Han pasado desde entonces quince años y nuestra relación fue, es, y supongo que seguirá siendo magnífica. Siento realmente que la amo, y aunque no creo en “las almas gemelas”, debemos de estar muy cerca de serlo. Pienso en ella como mi hermana del alma.



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