El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 24 de marzo de 2018

Como mariposa...: 28) Fe, miedo.


         Sentado Fran en meditación se hizo la pregunta ¿cómo conseguir la fe?, y se quedó en silencio, primero sintiendo su propia respiración, después nada, solo silencio, solo vacío. Y fue en mitad de ese vacío cuando el pensamiento comenzó a perturbar el silencio:


Las enseñanzas llegarán a ti, según vayas necesitándolas. No dejes que se ahoguen en tu garganta. Tu chakra de la garganta está mal de tanto retener. No de retener las cosas simples de la vida que has aprendido a callar, está mal porque callas los mensajes del alma. Y será a partir de ahí que llegarán las personas que tienen que llegar. Tranquilo, no vas a vivir doscientos años. Sólo actúa con Amor, no tengas miedo, cree en ti.  A los demás les interesa tu actitud, tu ejemplo, tu palabra, tu luz y tu Amor.

Tener fe solo es una elección, una más de las muchas, casi infinitas que se han de hacer durante una vida. Elige actuar con total seguridad de que se van a dar los resultados que esperas: Que las personas que se sientan preparadas, comenzarán a partir de ti, de tu palabra, de tu presencia, a cambiar su punto de visión de la vida. Será a partir de ti que entiendan y acepten su divinidad y actúen como lo que son, hijos de Dios. Ten siempre la completa seguridad de que lo que digas, aunque a tu mente racional no le agrade, siempre será lo que el auditorio, grande o pequeño, necesite escuchar. Tener fe es no tener en cuenta las críticas que puedas recibir, recuerda que no está hecha la miel para la boca del asno.

Así como la fe es tu garantía, tu aval es la creencia. Llevas siglos aprendiendo. Has elegido y aceptado enseñarlo ahora. Cree y confía. Aplícate la máxima que utilizas desde siempre: “Lo que los demás opinen de mí, no me hace ni más alto, ni más bajo, ni más listo, ni más tonto, voy a seguir exactamente igual”, por lo tanto ¿a qué tienes miedo?

El miedo que es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, en tú caso, solo es imaginario. Tu desconfianza te impulsa a creer que ocurrirá todo lo contrario de lo que deseas. ¿Recuerdas en tus inicios de vida espiritual, allá en el fondo de tu pozo?, había dos conceptos que cada vez que los escuchabas se te removían las entrañas, y hasta te rechinaban los dientes.

Uno era la unión con Dios. El mero hecho de pensar que algún día, en la eternidad, ibas a perder tu individualidad, para ser parte de la Energía Divina te aterraba, de la misma manera que a otros les aterra la idea de morir.

En realidad, no existía ninguna diferencia entre ambos terrores, porque son lo mismo. ¿Qué más da tener temor por abandonar el cuerpo, que temer abandonar la individualidad de alma?

Los dos son fruto de la ignorancia, son fruto de la ilusión de creer que los seres humanos son independientes y que no tienen nada que ver con Dios.

Porque, ¿qué puede ser más grande que ser Dios? Y ese es el final del alma como ente independiente, unirse a Dios, ser Dios. Es como dejar de ser un grano de arena para convertirse en un Universo eterno e infinito.

Recuerda Fran cuál fue su recorrido mental para liberarse de ese miedo:

Todo es cuestión de creencias, porque con excepción de aquellos que han estado en el umbral de la muerte y han podido gozar, según cuentan, del Amor infinito que sienten al otro lado de la vida, los demás tenemos que creer, sin ver, sin sentir, sin saber. A eso se le llama fe.

Tengo claro que somos energía, ya existen muchos estudios científicos al respecto. Además, por mi trayectoria como sanador, en cada terapia siento la energía, y la puedo tocar, (la puede tocar cualquier persona, solo es cuestión de práctica). Tengo fe en que somos una energía desgajada de un Océano de Energía. A ese Océano de Energía, se le pueden dar muchos nombres. A mí, por una cuestión de fe, me gusta llamarle Dios.

En más de una ocasión he podido sentir la energía de Grandes Seres, que son los Maestros, los cuales, habiendo finalizado su aprendizaje del Amor, siguen entre nosotros para ayudar a la humanidad a recorrer el camino por ellos finalizado.





En mi recorrido mental, me hice este planteamiento: ¿Cómo puede ser que me de miedo perder mi identidad para unirme a Dios, cuando Dios se encuentra de manera permanente en mí? Bien sea para pedir, para reclamar o para agradecer. Cuando forme parte de esa Energía, seré Dios. Formaré parte de Dios. No, no hay que rasgarse las vestiduras. Solo hay que pensar en la gota de agua que se desprendió de una ola por el viento, y que vuelve a caer al océano. De manera inmediata, vuelve a ser océano. Pues los seres humanos cuando volvemos a la Energía, volvemos a Ser Dios.

Y yo, impregnado de una estúpida soberbia, tenía miedo de dejar de ser Fran para volver a ser Dios.

Fue suficiente. Mantener ese pensamiento en mi mente fue, no solo haciendo desaparecer el miedo, sino que fue generando en mí el deseo de terminar cuanto antes mi andadura terrenal.

 El terror y rechinar de dientes se fue diluyendo lentamente en la conciencia de Fran, mientras poco a poco, iba integrando en su ser la Grandeza Divina. Y así, hasta hoy, que solo tiene un anhelo, esa unión con Dios.

El otro concepto que removía las entrañas de Fran, era el concepto del Amor incondicional.

¿Cómo puede ser, -se preguntaba Fran-, que se pueda amar a todas las personas de la misma manera?, ¿Cómo se va a amar a un criminal de la misma forma y con la misma intensidad que a la propia madre, por ejemplo?

Entendía el Amor incondicional como concepto, pero le parecía imposible poder llevarlo a la practica en la vida diaria.

Sigue trabajando en ello, porque ahora lo siente, a ratitos, algunos días, y como él dice:
“El Amor incondicional es una manera de vivir. Hay que conseguir llegar a él, zambullirse en su energía y vivir empapado de su esencia”.



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