El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 7 de abril de 2018

Como mariposa...: 30) Epílogo


Y la vida sigue


         Y la vida sigue para Fran, como para cualquier otro ser humano.

            Él sigue con sus dudas y con sus miedos. Al menos, eso es lo que él dice. Sin embargo, visto desde afuera, da la sensación de un ser tocado por una gracia especial: Ante cualquier circunstancia, no se inmuta, prácticamente nunca. Su paciencia es infinita. La manifestación de su amor hace pensar a los que se encuentran alejados del alma de que es un “bobalicón” fácil de engañar. Siempre encuentra una disculpa o una razón para la sinrazón humana. Le entristece la injusta repartición de las riquezas del planeta, aunque entiende que todo está planificado y perfectamente organizado. Siente los estados emocionales de otros, como propios. Siempre dispuesto a ayudar.  Pero también siempre, alejado del mundo, porque el mundo le aburre. Una buena y fácil definición sería decir que es un hombre bueno.

            Ante los atroces acontecimientos del mundo, ante los indignos dirigentes de los países de las naciones, ante el fariseísmo de las religiones, y la mezquindad de la sociedad, no entiende cómo aparecen publicaciones en las que se publicita, a bombo y platillo, que la evolución de los hombres está dando un salto cualitativo y cuantitativo. Fran discrepa, pero…. Seguro que los que lo dicen tendrán poderosas razones para creerlo así, y ¿quién es él para opinar lo contrario?     
       
Son muchas las personas que le piden que ore por ellos, ante una operación, un examen, o una entrevista importante. Y él lo hace, pero avisando que lo hace como ayuda, porque él no es nadie. He escuchado decir de él que es especial y que se encuentra muy cerca de Dios.

Él solo se considera un luchador, y además un luchador intermitente, porque, en muchas ocasiones, le pueden las dudas y el miedo.

A su frase fetiche “Yo sé que puedo”, se podría añadir una segunda, “Ayúdame Señor, porque no sé qué hago aquí. Me quiero ir”.

Sigue dedicándose a la sanación, o más que a la sanación propiamente dicha, a despertar egos dormidos.

“Qué ironía Señor, -dice con frecuencia-, que yo tenga que ayudar a despertar a nadie, cuando, un día y otro también, yo soy el que se siente perdido. Bien es cierto que no creo estar dormido del todo. Supongo que debo estar iniciando un despertar, pero es duro, Señor. Siento la soledad a cada paso, a pesar de que los Maestros dicen que tengo mucha ayuda. Me cuesta verla. Es verdad Señor, lo siento”.

Me siento orgulloso y bendecido por ser su amigo. Personalmente creo que será conocido a nivel mundial, pero Fran siempre me dice, cuando le hago este comentario: “Ya soy muy mayor Alfonso, ya soy muy mayor”.  

     

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