El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 8 de abril de 2018

Tocando el alma (1 de 3)


         La vida no es lo que se enseña. La vida es un espacio que se da el alma para realizar un trabajo en concreto.

El ser humano es un alma con un vestido que se llama cuerpo, y es justamente ese vestido el que sufre la violencia de la vida en la materia. Es bueno recordar que la auténtica vida es la vida del alma, y que la vida en el cuerpo no es más que una especie de sueño, una especie de ilusión.

La vida comienza a ser realmente efectiva cuando se integra dentro de cada célula, que el ser humano es un alma, arropada por un cuerpo, que procede de Dios y a Él ha de volver.

No puede el alma volver a integrarse con Dios hasta que no haya adquirido la misma perfección que la Energía en la que ha de integrarse.
Adquirir esa perfección requiere trabajo.



Casi siempre el trabajo que se ha de realizar viene precedido del sufrimiento. No me atrevo a decir que el sufrimiento sea imprescindible, pero sí muy necesario, para hacerse consciente de algún aspecto de la vida, aspecto que, si se tuviera acceso al Plan de Vida, se podría comprobar que esa, y no otra, ha sido la razón de la presente vida. Pero es importante que ese sufrimiento sea de corto recorrido.

Si no existiera sufrimiento, es muy posible que la persona no abandonara su zona de confort y no se planteara nuevas opciones en su vida.

El tiempo que la persona se tome para la realización del trabajo solo es potestad de él mismo.

Nadie es responsable de lo que le suceda a cualquier otro ser humano. Y Dios mucho menos. Ante cualquier desastre personal, existen personas que tienden a culpabilizar a Dios, basando la culpabilización en la premisa de que, si Dios es bueno, y yo cumplo con los preceptos, ¿cómo puede ser que Dios me castigue de esta manera?

No existen castigos, solo es una apreciación del ser humano. De la misma manera que no existen situaciones buenas o malas. Eso solo es una calificación de la mente. Existen situaciones y punto.

Solo el hombre es responsable, total y absolutamente, de lo que le sucede en la vida. En primer lugar, porque se encuentra con situaciones que él mismo ha programado antes de llegar a la materia y, en segundo lugar, porque la gestión de esas situaciones es de su absoluta responsabilidad.

Dios no castiga nunca. Dios Ama de manera incondicional a todos y cada uno de los seres, hagan lo que hagan. Son Sus hijos, son Su propia Creación.

Dios tampoco hace de guía, pero comparte con cada uno su camino, y está esperando a todos y a cada uno al final de su viaje por la vida.

El alma seguirá haciendo viajes a la materia hasta que consiga el objetivo final. Ese objetivo es Amar a todos de la misma manera en la que Dios Ama a todos los seres.

Amor Divino es aceptación de uno mismo, es aceptación del otro tal cual es, es darlo todo a cambio de nada, es hacer que los demás sean felices, es comprensión total, es tolerancia, es alegría, es colaboración, es amar sin juzgar, sin culpar, sin criticar; es ver a Dios en la pareja.

Las palabras claves para vivir una vida plena y feliz son ACEPTACIÓN y AMOR.
Viviendo una vida de aceptación y amor, nunca se van a sentir ofendidos, porque todo “estará bien”, siempre, y ante cualquier circunstancia. Pero si a lo largo de su vida llegaran, en algún momento, a sentir ofensa, han de aplicar el perdón.

No juzguen, las cosas son como son y no han de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en cómo piensan que han de ser.

Viajar desde la mente al corazón es la garantía para conseguir acortar los viajes que realiza el alma a la materia.

La intuición es el lenguaje del corazón. Hay que escuchar al corazón cuando habla. Y cuando se le escucha no se ha de pasar por la mente, ya que lo va a rechazar por irracional.

El momento que está viviendo ahora es único e irrepetible. No se ha dado en todas las vidas que ha vivido, y no se volverá a repetir ni en esta vida ni en las vidas posteriores.

No busquen la perfección. Solamente Dios es perfecto. Busquen ser cada día mejores.

La vida es un sueño. Un sueño entre la alegría y la tristeza, entre la felicidad y el sufrimiento, entre la ilusión y el desencanto, pero tampoco es de mucho alivio saber que se está soñando, porque es a través del sueño desde donde tenemos que librar la batalla de la vida.



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