El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 9 de abril de 2018

Tocando el alma (2 de 3)





El ser humano es un calco de sus pensamientos.

Todas las almas, cuando abandonan el cuerpo, hacen el mismo recorrido, tanto si han sido malvados como bondadosos, en su viaje por la materia. No existe el cielo, ni el purgatorio, ni el infierno, ni el seno de Abraham, ni el jardín del paraíso, solo existen otras dimensiones, distintas a la materia, y es allí adonde el alma dirige sus pasos después de la muerte del cuerpo.

Recordar la divinidad del alma el primer objetivo de la vida. El segundo es aprender a Amar, y el tercero, Amar a Dios con tanta intensidad que solo se viva para servirle. Esos tres objetivos juntos, conseguidos en su máxima expresión, forman un conjunto que bien podría definirse como la Tríada para la Ascensión.

No hay que luchar contra la oscuridad, solo hay que dar al interruptor. No hay que luchar contra el miedo, solo hay que activar el amor.

Amor significa aceptación de uno mismo tal cual es, Amor significa aceptación de los demás tal como son.

No juzgue nada, las cosas son como son y no ha de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en cómo piensa usted que han de ser.

El Amor no está interesado en definir qué es bueno y qué no lo es, porque el Amor sólo está interesado en la realidad.

Los seres humanos se pasan la vida buscando a Dios. Se desesperan por lo que creen que está muy lejano, cuando todo está dentro y fuera, rodeándolos, tocándolos, penetrándolos, conformándolos.

Cuando la mente es el centro, los seres humanos permanecen encogidos por el miedo y eso les hace estar constantemente a la defensiva, siempre les falta algo, siempre tienen necesidad de más: Más amor, más dinero, más poder, más aceptación, más atenciones.

El silencio interior es vacío, es la nada. Es ese espacio en el que no existen pensamientos. Solo existe lo que hay, solo existe lo que es, solo existe la conciencia.

La voluntad para mantener la atención, el trabajo para realizar la meditación y la atención, y la paciencia para esperar los resultados, han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.

Busquen el silencio interior y déjense guiar por la intuición, es el susurro del alma.

Los nacionalismos, las religiones, las creencias, las opciones políticas, las tendencias, la sexualidad y, tantos pensamientos erróneos, solo sirven para separar a los seres humanos, todo eso es fuente de conflicto, es germen de guerras.

Todos somos Uno. En la materia todos los hombres sufren lo mismo, todos sienten lo mismo, todos van al mismo puerto, todos están embarcados en el mismo barco, se llama Tierra, ¡Qué bien les iría si todos remaran en la misma dirección!

Vivir de apariencias, vivir tratando de ocultar la realidad personal, vivir con una máscara, vivir para agradar y satisfacer a otros, es uno de los caminos más cortos para llegar al sufrimiento, ya que jamás se va a conseguir satisfacer a todo el mundo, y el no cumplir el propio deseo de agradar y deslumbrar a otros puede ser, y de hecho es, causa de sufrimiento.

El Amor comienza en uno mismo, y para llegar a amarse, primero hay que aceptarse.

Si se tratara de agradar a los conocidos y a la familia con el mismo énfasis que se pone para agradar a los desconocidos, se acabarían los enfados, los malentendidos, los silencios. La vida sería un camino sembrado de pétalos de rosas.

Mientras que la manifestación del Amor es libertad, afecto, comprensión, dialogo, respeto, compañía o tolerancia, solo por citar algunas de las virtudes que acompañan al Amor, el apego está acompañado de algunos defectos, que no son otros que los antónimos de las virtudes que acompañan al Amor: atadura, cautiverio, dominio, esclavitud, opresión, represión, tiranía, celos, envidia.

El Amor es algo que se da porque sí, sin más, y no se espera recibir nada a cambio. Quien Ama solo desea la felicidad de la persona amada.

Quien ha aprendido a Amar, vive, sobre todo, sin miedo. Sin miedo a la enfermedad ni al dolor, sin miedo a la pobreza ni a la riqueza, sin miedo a la muerte ni a la vida. Y vive así, porque sabe que Dios se encarga de todo, ya que en el momento en que el hombre deja descansar a su mente abre las puertas a la energía del Universo, y sabe que todo lo que “necesite” le será dado, porque con la mente en silencio, el hombre no pone trabas, con la energía negativa de su pensamiento que solo quiere satisfacer los caprichos del cuerpo, a la recepción de todo lo que se contempla en su Plan de Vida.



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