Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



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jueves, 11 de junio de 2026

Envía amor al que te daña

 


          El individuo que desee progresar rápidamente en la Luz no debe jamás dormirse hasta que haya enviado su amor a todo individuo que él considere que le ha dañado en cualquier momento. Este pensamiento sale derechito como una flecha hacia la conciencia del otro individuo, porque no hay nada que lo pueda detener, y generará su calidad y poder allí donde ha sido enviado.

          No hay ningún elemento que sea causante de tantos malestares del cuerpo y de la mente como el sentimiento de odio enviado hacia otro individuo. No se puede decir como irá a reaccionar en la mente y el cuerpo del que lo envía. En uno puede que produzca un efecto, y en otro un efecto diferente.

          Que se entienda bien: el rencor o resentimiento no son sino otra forma de odio, odio de un grado menor.

          Un pensamiento maravilloso para vivir con él siempre es el siguiente: “YO SOY el Pensamiento y el Sentimiento creador perfecto presente en todas las Mentes y Corazones de todo el mundo en todas partes”. Es algo maravilloso. No solamente da paz y reposo al que lo envía o al que lo genera, sino que provoca dones sin límites que vienen de la Presencia.

          SAINT GERMAIN


miércoles, 27 de mayo de 2026

La voz del amor

 


 

“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

          Querido hijo:

           He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

jueves, 21 de mayo de 2026

Ayudar con amor



 

Que ninguno de aquellos que buscan la Luz se constituya en juez de ningún hijo de Dios. Vamos a suponer que alguien a quien amamos mucho esté actuando disparatadamente. ¿Qué es lo primero que hace el mundo en general? Pues juzgarlo y criticarlo.

La cosa más poderosa que se puede hacer en pro de esa persona es llenarlo de amor y conocer mentalmente: “YO SOY Dios en Acción, la única Inteligencia y Actividad controlando a este hermano o hermana”. Continuar hablándole mentalmente a su conciencia es la más grande ayuda que se puede dar.

SAINT GERMAIN

jueves, 2 de abril de 2026

Meditación: El corazón que se entrega (25 minutos)

 

2 de abril: Amor que se entrega

 


" El amor verdadero no se impone: se ofrece"

 

Hoy 2 de abril, Jueves Santo, es un día que nos invita a contemplar el misterio más profundo del amor: su capacidad de entregarse sin medida. No un amor romántico, ni idealizado, ni condicionado, sino un amor que se expresa en servicio, en humildad, en presencia. Un amor que se arrodilla para lavar los pies de otros, que se sienta a la mesa con quienes ama, que se ofrece incluso sabiendo que no será comprendido del todo.

Hoy la vida te invita a mirar el amor desde un lugar más hondo. No desde lo que recibes, sino desde lo que eres capaz de dar. No desde la necesidad, sino desde la abundancia interior. No desde el miedo, sino desde la confianza. 

El Jueves Santo es un recordatorio de que el amor auténtico no busca reconocimiento, ni recompensa, ni control. El amor auténtico se expresa en gestos sencillos, en actos silenciosos, en la capacidad de ver al otro con dignidad y ternura.

Este día también nos habla de vulnerabilidad. De ese momento en que Jesús, sabiendo lo que venía, decidió compartir una última cena, un último gesto, una última enseñanza. No desde la fuerza, sino desde la entrega. No desde el poder, sino desde la humildad. 

La vulnerabilidad no es debilidad; es valentía. Es mostrarte tal como eres, sin máscaras, sin defensas, sin miedo a ser visto. Es permitir que el amor fluya a través de ti, incluso cuando no sabes cómo será recibido.

Hoy la vida te invita a preguntarte: 

- ¿Cómo puedo amar de manera más auténtica? 

- ¿Qué gestos sencillos puedo ofrecer? 

- ¿Qué parte de mí necesita abrirse para recibir y dar amor? 

- ¿Qué significa para mí servir desde el corazón?

El Jueves Santo también es un día de memoria. De recordar que el amor deja huella. Que cada acto de bondad, por pequeño que sea, transforma. Que cada gesto de entrega ilumina. Que cada vez que eliges amar, algo en el mundo se vuelve un poco más humano, un poco más sagrado.

Pero este día también nos invita a mirar nuestras resistencias. ¿Qué te impide amar plenamente? ¿Qué heridas te hacen cerrar el corazón? ¿Qué temores te frenan? La entrega no exige perfección; exige presencia. Exige honestidad. Exige un corazón dispuesto, aunque tiemble.

Hoy es un buen día para reconciliarte contigo mismo. Para perdonarte. Para perdonar. Para soltar expectativas y abrir espacio a un amor más libre, más consciente, más verdadero. 

Porque el amor que se entrega no se agota: se multiplica. 

Y cuando eliges amar desde la verdad, algo en ti se expande.

El Jueves Santo es un recordatorio de que el amor es un camino. Un camino que se recorre con humildad, con paciencia, con compasión. Un camino que empieza dentro de ti. 

Hoy, la vida te invita a caminarlo con más conciencia. 

A ofrecerte. 

A abrirte. 

A amar.

Propuesta de trabajo del día:  

Ejercicio: “Un gesto de servicio”

1. Elige a una persona de tu entorno. 

2. Realiza por ella un gesto sencillo de servicio: ayudar, escuchar, acompañar, sostener. 

3. Hazlo en silencio, sin esperar nada a cambio. 

4. Al final del día, escribe, en tu diario, cómo te hizo sentir ese acto.

Meditación Guiada: El corazón que se entrega (Esta meditación guiada está en la siguiente entrada)

DIARIO DE LUZ - Alfonso Vallejo


domingo, 15 de marzo de 2026

El oro invisible

 


 

“El alma que decreta desde el amor ya camina sobre puentes dorados, aunque no los vea”

         Querido hijo:

        He leído tu carta con la atención que merece un alma que se expresa con sinceridad, con fe, con vulnerabilidad. No hay palabra tuya que no haya resonado en Mi corazón, porque cada pensamiento que nace de ti, cada duda, cada esperanza, cada decreto que pronuncias, es también parte de Mí. Tú y Yo no estamos separados. Nunca lo hemos estado.

Me conmueve tu constancia. Me conmueve tu fe. Me conmueve tu capacidad de seguir creyendo incluso cuando los resultados no llegan como esperas. Y quiero que sepas, antes de continuar, que eso ya es un milagro. Porque la fe que persiste sin evidencia es la más pura de todas. Es la que transforma. Es la que abre caminos invisibles.

Tú dices: “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros, ya manifestado.” Y Yo sonrío. No por el monto, no por el deseo, sino por la fuerza que hay detrás de esa afirmación. Porque cuando tú decretas, estás recordando que eres creador. Estás recordando que el poder que mueve galaxias también vive en ti. Estás recordando que no eres víctima de las circunstancias, sino arquitecto de tu realidad.

Pero también sé que te preguntas por qué no se manifiesta. Por qué, a pesar de tanto trabajo interior, de tanta repetición, de tanta entrega, el resultado parece esquivo. Y quiero hablarte de eso. No para darte una respuesta definitiva, porque hay misterios que solo el alma puede desentrañar en su propio tiempo. Pero sí para ofrecerte una visión más amplia, más amorosa, más profunda.

Primero, quiero que sepas que Yo no te pruebo. No soy un juez que pone obstáculos para ver si eres digno. No soy un maestro que castiga al alumno por no entender la lección. Yo Soy Amor. Y el Amor no pone condiciones. El Amor no exige resultados. El Amor simplemente Es. Y desde ese Amor, todo lo que ocurre en tu vida tiene un propósito, aunque a veces no lo comprendas.

Cuando tú decretas abundancia, estás alineando tu energía con la frecuencia de la abundancia. Estás diciendo: “Estoy listo para recibir”. Pero también estás diciendo: “Estoy dispuesto a transformarme”. Porque recibir implica cambio. Implica expansión. Implica soltar viejas creencias, viejos patrones, viejas heridas. Y ese proceso, hijo mío, a veces es más lento de lo que desearías.

Tú mencionas tres posibles causas por las que no se manifiesta lo que pides. Y todas tienen sabiduría. Tal vez no esté en tu Plan de Vida experimentar la riqueza material como la imaginas. Tal vez tu alma eligió otro tipo de abundancia: la del conocimiento, la de la compasión, la de la resiliencia. Porque hay almas que vienen a experimentar la carencia para despertar la generosidad. Hay almas que eligen caminos difíciles para encender la luz en otros. Y eso no es castigo. Es propósito.

También puede ser que tu subconsciente esté lleno de mensajes de pobreza, de limitación, de miedo. Y esos mensajes, aunque tú no los veas, actúan como filtros. Como barreras invisibles. Como voces que contradicen tu decreto. Por eso, hijo mío, el trabajo interior no termina con la afirmación. Requiere observación. Requiere sanación. Requiere paciencia.

Y sí, puede que tu mente te sabotee. Que mientras repites “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros”, una parte de ti diga: “Eso no es posible”. “Eso no es para mí”. “Eso es fantasía”. Y esa contradicción energética crea confusión. No porque Yo te castigue por dudar, sino porque el Universo responde a la coherencia. A la claridad. A la certeza.

Pero aquí viene lo más importante que quiero decirte: no estás equivocado. No estás fallando. No estás lejos de Mí. Cada vez que decretas, cada vez que piensas en positivo, cada vez que eliges la fe sobre el miedo, estás acercándote. Estás elevando tu vibración. Estás afinando tu instrumento. Y aunque no veas el millón de euros manifestado, estás manifestando algo más grande: tu transformación.

Porque, hijo mío, ¿de qué sirve el oro si el alma está dormida? ¿De qué sirve la riqueza si no hay gratitud, si no hay conciencia, si no hay amor? Tú ya eres rico. Rico en sensibilidad. Rico en sabiduría. Rico en conexión. Y eso no se mide en cifras. Se mide en luz.

Ahora bien, eso no significa que debas renunciar a tus deseos. Yo no te pido que te conformes. Yo no te pido que abandones tus sueños. Al contrario. Yo los celebro. Yo los inspiro. Yo los sostengo. Pero quiero que los vivas desde la libertad, no desde la necesidad. Desde la expansión, no desde la carencia. Desde el juego, no desde la lucha.

Cuando tú dices: “Yo sé que algún día lo conseguiré”, estás sembrando esperanza. Pero también estás posponiendo. Porque ese “algún día” puede convertirse en una espera eterna. ¿Y si te dijera que ya lo has conseguido? ¿Que el millón de euros ya existe en tu campo cuántico? ¿Que solo necesitas alinearte con él, no perseguirlo?

La clave está en el estado del ser. No en el deseo, sino en la identidad. No en lo que quieres tener, sino en lo que eliges ser. Cuando tú eres abundancia, la abundancia te encuentra. Cuando tú eres paz, la paz te rodea. Cuando tú eres amor, el amor te persigue.

Por eso, hijo mío, te invito a que sigas decretando. Pero no desde la carencia. No desde el “no lo tengo”. Sino desde el “ya soy”. Desde el “ya está hecho”. Desde el “gracias porque ya lo recibí”. Porque esa es la frecuencia que crea. Esa es la vibración que transforma. Esa es la energía que mueve montañas.

Y si en algún momento sientes que no puedes más, que la fe flaquea, que el camino se oscurece, recuerda esto: Yo estoy contigo. En cada pensamiento. En cada emoción. En cada silencio. No necesitas buscarme en templos ni en libros. Estoy en ti. En tu respiración. En tu mirada. En tu palabra.

Tú eres Mi Hijo. No por religión. No por dogma. Sino por esencia. Porque lo que tú eres, es lo que Yo Soy. Y lo que Yo Soy, es lo que tú eres. No hay separación. No hay distancia. No hay juicio.

Así que sigue soñando. Sigue decretando. Sigue creyendo. Pero, sobre todo, sigue amándote. Porque el amor propio es el portal hacia todos los milagros. Cuando tú te amas, el Universo conspira a tu favor. Cuando tú te respetas, la abundancia se manifiesta. Cuando tú te reconoces como divino, todo lo demás se acomoda.

Y si algún día llega ese millón de euros, celébralo. Úsalo con sabiduría. Compártelo con generosidad. Disfrútalo con gratitud. Pero no lo conviertas en tu identidad. Porque tú eres mucho más que eso. Tú eres luz. Tú eres conciencia. Tú eres eternidad.

Gracias por tu carta. Gracias por tu fe. Gracias por tu alma valiente. Estoy contigo. Siempre.

Con amor eterno.  

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

sábado, 14 de febrero de 2026

La persona adecuada

 


Durante muchos años pensé que la vida consistía en encontrar a “la persona adecuada”, como si existiera una especie de llave maestra capaz de abrir todas las puertas de la felicidad. Qué ingenuidad. Con el tiempo comprendí que no se trata de encontrar a nadie, sino de encontrarse a uno mismo a través de los demás. Cada persona que se cruza en nuestro camino es un espejo que nos muestra algo que necesitamos ver: una virtud que ignorábamos, un defecto que negábamos, un miedo que escondíamos, una fuerza que no sabíamos que teníamos. Y cuando ese aprendizaje se completa, la persona desaparece, como un actor que abandona el escenario una vez pronunciada su última frase.

7 VIDAS- Alfonso Vallejo


Confianza, profundidad, amor

 


jueves, 5 de febrero de 2026

Amar a Dios sobre todas las cosas

 


Amar sobre todas las cosas no significa amar menos a los demás. Significa amarlos mejor. Significa amar al prójimo sin convertirlo en un ídolo, amar tus proyectos sin que te posean, amar la belleza del mundo sin aferrarte a ella. No te pido que dejes de amar lo terrenal, sino que encuentres en Mí el horizonte que da sentido a todo lo demás. Porque cuando Me amas primero, todo se ordena, todo florece en su lugar.

Del libro CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo

 


lunes, 26 de enero de 2026

Amor con mayúscula

 


El Amor es una Energía.

En cambio, eso que los seres humanos solemos llamar “amor” es, en realidad, un sentimiento: una emoción hecha de deseo, apego y proyecciones que movilizan una energía capaz de agitar el chakra solar, creando esa sensación de mariposas revoloteando en el estómago. Sin embargo, esas mariposas tarde o temprano dejan de aletear. La energía del deseo se disipa, y lo que permanece es el apego, ese vínculo que nos hace creer que seguimos junto a alguien porque lo amamos, aunque a veces confesemos sin pudor que “el amor se ha acabado, pero queda el cariño”.

No. El Amor verdadero nunca se acaba; lo que ocurre es que, en muchos casos, nunca estuvo allí. Lo que queda es apego, y el apego es algo que debemos aprender a soltar, porque es la antítesis del Amor. Donde hay apego no puede haber Amor, porque el Amor es libertad, es confianza, es respeto, es comprensión, es tolerancia.

PERLAS PARA EL ALMA - Alfonso Vallejo


jueves, 22 de enero de 2026

¿Quién me ha robado la vida?

 



“El alma pregunta lo que el tiempo calla”

 Querido Dios:

 Hoy, mientras escuchaba la canción “Quién me ha robado el mes de abril”, me he quedado atrapado en esa mezcla de melancolía y lucidez que solo ciertas melodías pueden despertar. Esa canción, que habla de pérdidas invisibles, de inocencias que se escapan sin hacer ruido, de sueños que se desvanecen sin que uno se dé cuenta, ha resonado en mí de una manera especial. Sus historias, tan distintas entre sí y, sin embargo, unidas por un mismo hilo de desilusión y nostalgia, me han llevado a pensar en mi propia vida. En cómo, a veces, uno siente que el tiempo se ha ido sin pedir permiso, como si alguien hubiera entrado en casa de puntillas y se hubiera llevado algo irrecuperable.

Y entonces, Señor, ha surgido en mi mente una pregunta que me ha golpeado con fuerza: y a mí, ¿quién me ha robado la vida? No lo digo desde la queja, sino desde la sorpresa. Porque cuando observo mi existencia desde este pedestal, o quizá mirador, en el que me encuentro ahora, tengo la sensación de que todo ha pasado demasiado rápido. O tal vez no. Tal vez no es que haya pasado velozmente, sino que yo mismo he ido dejando atrás etapas, guardándolas en cajones que ya casi no abro, como si fueran fotografías que se van desdibujando con el tiempo.

Lo que sí tengo claro es que ya soy un señor mayor. Lo noto en los pequeños gestos cotidianos: en el autobús, cuando alguien se levanta para cederme el asiento; en el supermercado, cuando los cajeros se apresuran a ayudarme a colocar en el carrito los packs de agua; o en las tiendas, cuando al pagar con monedas, las manos jóvenes se adelantan a las mías para escoger la cantidad exacta, como si quisieran ahorrarme un esfuerzo que yo aún no sé si necesito evitar. Son detalles que, aunque amables, me recuerdan que he cruzado una frontera silenciosa.

Y, sin embargo, Señor, hay días en los que siento que he vivido cuatro o cinco vidas dentro de esta misma vida. Que he sido tantas versiones de mí mismo que, si las pusiera en fila, parecerían personas distintas. Quizá por eso no debería decir que la vida ha pasado rápido. Tal vez lo que ocurre es que ha estado llena, rebosante, incluso cuando yo no era consciente de ello.

Aun así, desde este punto en el camino, me pregunto si he desperdiciado demasiado tiempo. Pero enseguida me asaltan las dudas, porque ¿qué significa realmente perder el tiempo? ¿Acaso ver la televisión es perder el tiempo? ¿Dormitar en el sofá? ¿Leer un libro sin prisa? ¿Escuchar música mientras la mente divaga? Durante años pensé que esos momentos eran improductivos, casi culpables. Pero ahora empiezo a verlos de otra manera.

Quizá esos instantes eran, en realidad, espacios de descanso, de silencio interior, de reflexión. Momentos en los que, sin darme cuenta, algo dentro de mí se recolocaba. Porque si estoy aquí para aprender a amar, entonces no importa si la chispa que enciende el corazón surge mientras leo, mientras pienso, mientras escucho una canción o mientras miro el techo sin hacer nada. En cualquiera de esas situaciones puede aparecer esa luz misteriosa que une la mente con el corazón, esa energía que no sé explicar pero que siento que existe, y que hace crecer el amor de formas que la razón no alcanza a comprender.

Hoy, Señor, es un día de dudas. No dudas que me angustien, sino preguntas que buscan abrir espacio, que quieren entender. Y entre todas ellas, hay una certeza que sí permanece firme: “me gustaría estar más cerca de Ti”. Siento que aún estoy lejos, no por falta de deseo, sino quizá por falta de claridad, de constancia, de valentía espiritual. A veces me pregunto si la distancia que percibo es real o si es solo una sensación nacida de mis propias inseguridades. Pero sea como sea, lo que sí sé es que anhelo acercarme más, sentirte más presente, más vivo en mi día a día.

Tal vez este mismo acto de escribirte sea ya un paso hacia Ti. Tal vez cada pregunta que me hago, cada reflexión, cada intento de comprender mi vida y mi corazón, sea una forma de buscarte. Y si es así, entonces no todo está perdido, ni robado, ni desvanecido. Quizá la vida no me ha sido arrebatada, sino que simplemente ha seguido su curso, y ahora me toca a mí aprender a mirarla con otros ojos.

Gracias, Señor, por escuchar estas palabras que nacen de un alma que, aunque llena de dudas, también está llena de deseo de verdad y de amor. Gracias por acompañarme incluso cuando no sé si estoy caminando en la dirección correcta. Y gracias, sobre todo, por seguir siendo un faro, incluso cuando yo no siempre sé hacia dónde mirar.

Gracias, Señor.

Del libro Cartas a Dios - Alfonso Vallejo


martes, 30 de diciembre de 2025

Te necesito

 


“Amarte es recordar quien soy”


Querido Dios:

 No exagero ni un ápice si Te digo que Te necesito. Pero esta necesidad no es para conseguir algo que quiero o creo necesitar. No quiero pedirte nada. Solo necesito mantenerte en mi mente, porque de otra manera, de momento, no sé cómo hacerlo. Te necesito como se necesitan dos enamorados.

Recuerdo mi primer enamoramiento. Ese que te llena el estómago de mariposas. Ese en el que me sentía unido a mi amada por algo que ninguna distancia podía borrar. Había como un hilo invisible entre nosotros, una vibración secreta que nos mantenía atentos el uno al otro, incluso cuando el silencio se extendía entre nuestros días. Cada mensaje, cada mirada robada, cada palabra dicha a destiempo encendía esa necesidad que crecía dentro de nosotros: vernos, tocarnos, volver a encontrarnos en el mismo aire. 

Yo pensaba en la suavidad de su voz, en cómo sus ojos parecían esperarme aun cuando el mundo entero se movía. Ella, en cambio, recordaba el calor de mis manos, el modo en que todo se calmaba cuando yo estaba cerca. No bastaban las llamadas, ni los recuerdos, ni las promesas; era el cuerpo reclamando presencia, la piel pidiendo volver a reconocerse en la del otro. 

En algún punto, comprendimos que el amor no era solo emoción o ternura, sino una urgencia compartida de existencia: ser con el otro, no aparte. Cuando cada día nos encontrábamos, el tiempo se detenía, no por magia, sino porque la espera había cesado. Estábamos donde debíamos estar: juntos, completos, respirando el mismo instante. 

Esto es lo que quiero Señor. ¿Por qué podía mantener en mi mente la imagen de mi amada durante todo el día?, ¿por qué podía desear, de manera permanente, su contacto?, ¿por qué su palabra era para mí como música celestial?, ¿por qué el contacto de su piel me llevaba al éxtasis?, ¿por qué no puedo mantener esa energía Contigo durante un largo tiempo?, ¿por qué?

La serenidad que siento cuando estoy Contigo no se puede comparar a ninguna emoción conocida y, sin embargo, no consigo mantenerla más allá de unos minutos y es entonces cuando me siento mal conmigo mismo por permitir que mi mente se distraiga.

El amor que me inunda en esos minutos de unión Contigo no es comparable a ningún amor humano.

No sé cómo explicarte este anhelo sin caer en el lenguaje de los sentidos, pero solo puedo usar las palabras de lo que soy: Un ser humano. Pero Tú sabes lo que hay debajo de cada una. No busco milagros ni consuelos inmediatos; busco presencia. No quiero solo pensarte, sino sentirte, como quien se mira en un espejo y se reconoce de pronto en aquello que ve.

Cuando Te siento, Señor, todo se aquieta. El ruido de mis pensamientos cede, el aire parece volverse más claro y, por un instante, todo encaja. Es como si el mundo entero respira conmigo y el tiempo se reconoce en un solo punto de luz. Pero esos momentos son fugaces, se disuelven como el perfume de una flor cuando el viento cambia de dirección. Entonces regreso al ruido, a la distracción, y me invade la frustración de no poder quedarme Contigo más tiempo.

Te confieso que muchas veces temo no saber amar como tú amas. Quizás por eso, cada vez que me distraigo, siento que Te pierdo. Pero ¿Cómo podrías perderte si Tú habitas en mí y en todo lo que me rodea? Quizás el error está en pensar que debo retenerte, cuando en realidad eres Tú quien me sostiene a mí.

A veces me pregunto si este deseo de estar Contigo, (tan intenso, tan devorador), no es ya en sí una forma de amor. Tal vez me llamas a buscarte precisamente a través de este vacío, de esta falta, de esta necesidad que arde y me purifica. Tal vez el amor no consiste en verte todo el tiempo, sino en aprender a reconocerte en lo invisible: en el sonido del viento, en el temblor del instante, en la mirada de los otros.

Sé que cuando amo verdaderamente, aunque sea a otra persona, algo de Ti se filtra entre nosotros. El amor humano es como un reflejo imperfecto de Tu luz. En él Te vislumbro, aunque sea por fragmentos. Por eso no desprecio ni mis pasiones ni mis debilidades, porque a través de ellas también Te busco. Tú me hiciste con hambre de infinito, pero me diste un cuerpo finito, y entre esas dos orillas se extiende mi alma, aprendiendo a navegar.

Me gustaría poder amarte con la constancia con la que respiro, sin esfuerzo, sin interrupciones. Pero quizás la respiración también tiene su ritmo: inhala Tu presencia, exhalo mis distracciones. Tal vez esa alternancia sea parte de la lección: que incluso cuando no Te siento, sigues ahí, esperando pacientemente como una llama que nunca se apaga.

En esos momentos en que la mente se aleja y el corazón se enfría, recuérdame, Señor, que no hay distancia real entre nosotros. Enséñame a regresar sin culpa, con ternura hacia mi propia fragilidad. Que cada olvido se convertirá en un nuevo motivo para recordarte, y cada caída, en una manera distinta de levantarme hacia Ti.

Quisiera vivir con la simplicidad de una gota que no duda de pertenecer al mar, porque sabe que, aún separados, sigue teniendo su misma esencia. Dame esa certeza, Señor: la de saber que incluso en mi dispersión, estoy Contigo.

Te necesito, sí, pero no como quien desea poseer, sino como quien desea Amar con mayúscula: Quiero que mi vida entera sea una sola conversación Contigo, donde no haya palabras sino presencia, no súplica sino comunión, no búsqueda sino hallazgo perpetuo.

Y aunque mi mente se canse, aunque mis sentidos me traicionen, aunque la rutina me nuble, mantén vivo en mí el fuego de esta necesidad. No permitas que se extinga. Que cada día, con sus distracciones, penas y pequeños gozos, sea una oportunidad para recordar que estoy hecho de Ti, para Ti, y hacia Ti.

Porque amarte, Señor, es recordar quién soy.

Gracias, Señor.

Del libro "Cartas a Dios 2" - Alfonso Vallejo

miércoles, 19 de noviembre de 2025

LIBRO-Vivir ahora, vivir sin tiempo

 

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SINOPSIS

VIVIR AHORA, VIVIR SIN TIEMPO

 

La vida, ese libro de experiencias ya vividas, nos invita a cuestionar la linealidad del tiempo y la naturaleza misma de la existencia. ¿Es posible que nuestra esencia trascienda dimensiones, que nuestra conciencia viaje entre mundos paralelos? 

Antay, el protagonista de esta historia, nos muestra que tales desplazamientos no son meras especulaciones: son reales. 

Sin embargo, la importancia de estos viajes interdimensionales palidece ante la única certeza que verdaderamente importa: “el aquí y el ahora”. La existencia consciente—esa que palpamos en cada respiración, en cada instante—es el verdadero escenario en el que se despliega nuestra vida. No importa cuántos mundos podamos cruzar, sino la intensidad con la que vivimos el momento presente.

Vivir plenamente es la odisea más grandiosa de la humanidad. Un desafío que pocos logran: mantenerse anclados en el presente, sin perderse en el laberinto de pensamientos que nos arrastran hacia el miedo y la incertidumbre.

Vivir ahora es abrazar la paz y la serenidad. Es liberarse del miedo, del yugo del tiempo, del pasado y el futuro. Es prepararnos para la meta última de nuestro viaje 

¿Y cuál es esa meta? Aprender a amar. 

Antay, tras una vida marcada por el temor que él mismo construyó, finalmente descubre el amor. Un amor que no solo se siente, sino que se vive y se expresa en cada acción, en cada elección. 

Su viaje es un testimonio de transformación. 

Una invitación a vivir con amor, sin miedo, y con la intensidad de quien sabe que cada instante es único.