Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



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sábado, 6 de junio de 2026

La voz del amor

 


“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

         Querido hijo:

          He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

miércoles, 27 de mayo de 2026

La voz del amor

 


 

“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

          Querido hijo:

           He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

jueves, 7 de mayo de 2026

La verdad que libera

 


“La libertad no se conquista con fuerza, sino con verdad. 

Y la verdad no se impone, se revela en el amor”

 Querido Dios:

 Desde hace días, hay tres palabras que no dejan de resonar en mi mente: verdad, libertad y justicia. No son solo conceptos abstractos, sino pilares que parecen sostener el alma humana cuando se busca sentido en medio del caos. En medio de esta reflexión, vino a mí un pasaje del evangelio de Juan (8:31-32), donde Jesús dice a los judíos que habían creído en Él: 

 “Si os mantenéis firmes en mi doctrina, sois de veras discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Estas palabras, pronunciadas hace más de dos mil años, siguen siendo tan provocadoras como profundas. Me pregunto si aquellos discípulos que las escucharon por primera vez lograron comprender su verdadero significado. ¿Qué verdad era esa que debían conocer? ¿Cómo podía el conocimiento de algo hacerlos libres? Si no eran esclavos, ¿por qué hablarles de libertad?

Hoy, tantos siglos después, seguimos intentando descifrar el misterio que encierra esa afirmación o, al menos, yo. Algunos, (no todos, lo sé), hemos llegado a entender que esa “verdad” no es una fórmula intelectual ni una doctrina rígida, sino una revelación espiritual. Es el conocimiento profundo de Tu naturaleza, de Tu amor incondicional por la humanidad, y de Tu propósito para cada uno de nosotros. Es una verdad que no se impone, sino que se descubre en lo más íntimo del ser, cuando el alma se abre a Ti con humildad.

Y esa libertad que Jesús promete tampoco es política ni social. No se trata de liberarse de cadenas físicas, sino de las cadenas invisibles que nos atan por dentro: el miedo, el ego, la culpa, la ignorancia, el odio. Es una libertad que se experimenta en el corazón, cuando dejamos de vivir desde el yo y comenzamos a vivir desde el amor. Es la libertad de ser quienes realmente somos: Tus hijos.

Al unir estos dos conceptos, (verdad y libertad), se revela una senda espiritual que trasciende religiones, credos y dogmas. Muchos de nosotros, dejando a un lado las estructuras religiosas, (aunque no necesariamente renunciando a ellas), hemos abrazado la espiritualidad como una forma de vida o, al menos, lo estamos intentando. Y en ese camino, hemos descubierto algo esencial: que todos somos Tus hijos y, por lo tanto, hermanos entre nosotros. Que nuestra misión en esta vida es vivir como Tú lo harías si caminaras entre nosotros. Y aunque no tenemos un Dios encarnado en este momento, tuvimos a Jesús, nuestro hermano mayor, quien nos dejó una lección eterna de amor, compasión y humildad.

Dar testimonio de esta verdad no se logra con palabras vacías, sino desde nuestra esencia más pura, que es también la Tuya: el amor. Porque si Tú eres amor, entonces nosotros, hechos a Tu imagen, estamos llamados a vivir desde ese mismo amor. No como una obligación, sino como una expresión natural de quienes somos en lo más profundo.

Ante esta revelación, no deberíamos seguir buscando excusas ni postergando lo inevitable. Es hora de comenzar a vivir como lo hacía Jesús. No como una figura idealizada, sino como un ejemplo real y alcanzable. Y para ello, propongo una forma sencilla pero poderosa de llevarlo a la práctica:

Vivir en honestidad: No basta con decir que somos Tus hijos. Esa afirmación debe reflejarse en nuestras acciones cotidianas. Ser honestos implica ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos. Significa actuar con integridad, incluso cuando nadie nos observa. Es vivir con transparencia, sin máscaras ni dobleces.

Evitar la hipocresía: Si decimos que vivimos en Ti, nuestras vidas deben mostrarlo. No podemos predicar amor y justicia mientras actuamos con indiferencia o arrogancia. La hipocresía es una sombra que distorsiona la luz del alma. Jesús fue claro al denunciarla, y nosotros debemos ser igual de firmes al rechazarla en nosotros mismos.

Caminar siguiendo la guía del alma: Nuestra alma es como una brújula que siempre apunta hacia Ti. Pero para seguir su dirección, debemos silenciar el ruido del ego, del deseo desmedido, del juicio constante. Caminar guiados por el alma implica alejarnos del engaño, de la codicia, de todo aquello que nos aleja de la verdad del amor. Es vivir con sensibilidad, con empatía, con compasión.

Confesar nuestros errores: Reconocer nuestras faltas no nos debilita, nos humaniza. Nos recuerda que estamos en proceso, que estamos aprendiendo. Confesar nuestros errores ante Ti y ante los demás nos libera del peso de la culpa y nos abre a la posibilidad de transformación. Es un acto de humildad que nos acerca más a Tu corazón.

Amar sin condiciones: Este es, quizás, el mayor desafío. Amar sin esperar nada a cambio. Amar incluso cuando hemos sido heridos. Amar como Tú amas: sin límites, sin prejuicios, sin reservas. Porque el amor verdadero no busca poseer, sino liberar. Y en ese amor, encontramos la verdad que nos hace libres.

Poner en práctica esta verdad no significa ser perfectos. Tú no nos pides perfección, sino sinceridad. Nos invitas a vivir con un corazón genuino, abierto, dispuesto a aprender, a crecer, a sanar. Nos llamas a caminar Contigo, no como esclavos del deber, sino como hijos que confían en el amor de su Padre.

Y en ese caminar, descubrimos que la justicia que tanto anhelamos no es solo la que se aplica en tribunales, sino la que se vive en cada gesto de equidad, en cada acto de respeto, en cada decisión que honra la dignidad del otro. La justicia verdadera nace del amor, y se manifiesta en la forma en que tratamos a los demás.

Por eso, hoy quiero decirte, Señor, que estoy dispuesto a vivir esta verdad. A buscarla cada día, a encarnarla en mis palabras, en mis silencios, en mis acciones. No porque sea fácil, sino porque es lo único que da sentido a esta vida. Porque en Ti encuentro la paz que el mundo no puede dar, la libertad que no depende de circunstancias externas, y la justicia que nace del corazón.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


viernes, 3 de abril de 2026

El misterio del dolor que transforma

 


" Hay heridas que no destruyen: revelan quién eres"


El 3 de abril, Viernes Santo, es un día que nos invita a entrar en el misterio más profundo de la experiencia humana: el dolor. No el dolor como castigo, ni como tragedia, ni como derrota, sino el dolor como umbral. Como tránsito. Como lugar donde algo muere para que algo más verdadero pueda nacer. 

Hoy la vida te invita a mirar de frente tus propias cruces, no para quedarte en ellas, sino para comprender lo que te enseñan.

El Viernes Santo no es un día de desesperanza; es un día de verdad. Es el día en que la vulnerabilidad se hace visible, en que la fragilidad se vuelve sagrada, en que el sufrimiento se transforma en un acto de amor. Es el día en que se revela que incluso en los momentos más oscuros hay un propósito, una luz que aún no se ve, un sentido que se está gestando.

Hoy la vida te invita a contemplar tus heridas desde otro lugar. No desde la culpa, ni desde la vergüenza, ni desde la resistencia, sino desde la compasión. Cada herida que llevas cuenta una historia. Cada dolor que has atravesado te ha moldeado. Cada caída te ha enseñado algo que no podrías haber aprendido de otra manera. 

El Viernes Santo te recuerda que el dolor no es el final del camino; es parte del camino. Y que incluso en los momentos en que todo parece romperse, algo en ti se está fortaleciendo.

Este día también nos habla de entrega. De ese momento en que Jesús, desde la cruz, pronuncia palabras que no nacen del miedo, sino del amor. Palabras que perdonan, que confían, que se rinden a un propósito más grande. 

La entrega en el dolor no es resignación; es sabiduría. Es reconocer que hay cosas que no puedes controlar, que hay procesos que no puedes acelerar, que hay noches que deben vivirse para que llegue el amanecer.

Hoy es un buen día para preguntarte: ¿Qué parte de mí está atravesando un Viernes Santo? ¿Qué dolor estoy llamado a mirar con más compasión? ¿Qué necesito perdonar, a otros o a mí mismo, para poder avanzar? ¿Qué está muriendo en mí para que algo nuevo pueda nacer?

El Viernes Santo también es un día de silencio interior. De detenerse. De no huir. De no distraerse. De permitir que el alma hable. 

A veces, el dolor más profundo no necesita soluciones; necesita presencia. Necesita que te sientes con él, que lo escuches, que lo abraces. 

Porque cuando abrazas tu dolor, deja de ser enemigo y se convierte en maestro.

Este día te invita a honrar tus procesos. A reconocer tu valentía. A mirar tu historia con ternura. A comprender que cada sombra que has atravesado te ha traído hasta aquí. 

Y que aquí, justo aquí, hay un propósito.

El Viernes Santo no es un día para quedarse en la oscuridad; es un día para comprenderla. Para atravesarla con conciencia. Para permitir que te transforme. 

Porque el dolor, cuando se mira con amor, se convierte en luz. 

Y tú estás llamado a esa luz.

Propuesta de trabajo del día: Ejercicio: “Mi herida sagrada”

1. Elige una herida emocional que aún te duela. 

2. Escríbela en tu diario con honestidad. 

3. Luego escribe: “Esta herida me ha enseñado…” 

4. Completa la frase con lo que hayas aprendido. 

5. Termina escribiendo: “Me permito sanar”.

Meditación Guiada: Atravesar la noche (Meditación guiada en la siguiente entrada)

DIARIO DE LUZ - Alfonso Vallejo

miércoles, 4 de marzo de 2026

A favor del viento

 


Al lamentar el hecho de que las noticias periodísticas abundasen habitualmente en sucesos negativos acaecidos a través del mundo, cierto estudiante recibió el siguiente comentario del Maestro: “El mal se esparce a favor del viento; pero la verdad es capaz de avanzar contra el viento”.

PARAMAHANSA YOGANANDA

jueves, 19 de febrero de 2026

Quédate con lo que ves

 


          No te digas tú a ti mismo más de lo que dicen las primeras impresiones. Supón que se te anuncia que alguien va hablando muy mal de ti: esto es lo que se te ha anunciado; no se te ha anunciado que hayas sufrido daño alguno. Veo que mi hijo está enfermo esto lo veo; pero que esté en peligro no lo veo. Así pues, quédate siempre con las primeras representaciones; no añadan nada en tu interior, y no te pasará nada. O más bien, añade alguna reflexión, pero como quien conoce a fondo la naturaleza de cuanto sucede en el mundo.

MARCO AURELIO


viernes, 5 de diciembre de 2025

YO SOY el Corazón de Dios

 



Lo que declaras en fe, se manifiesta en verdad

 

Para lograr hacer cosas poco comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente: YO SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido producidos anteriormente”.

            Considera que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente manifestado.

            Creer es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta verdad.

SAINT GERMAIN


domingo, 24 de noviembre de 2024

Verdad absoluta, verdades relativas

 




Seguro que ya conoces esta historia, pero, como es corta, permíteme recordártela para centrar el tema de la verdad: Érase una vez seis sabios hombres que vivían en una pequeña aldea.

Los seis eran ciegos. Un día, alguien llevó un elefante a la aldea. Ante tamaña situación, los seis hombres buscaron la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían ver.

– Ya lo sé -dijo uno de ellos-. ¡Palpémoslo!

– Buena idea -dijeron los demás-. Así sabremos cómo es un elefante.

Dicho y hecho. El primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente hacia delante y hacia atrás.

– El elefante es como un gran abanico -dijo el primer sabio.

El segundo, tanteando las patas del elefante, exclamó: “¡es como un árbol!”.

– Ambos estáis equivocados -dijo el tercer sabio y, tras examinar la cola del elefante exclamó-. ¡El elefante es como una soga!

Justamente entonces, el cuarto sabio que estaba palpando los colmillos bramó: ¡el elefante es como una lanza!

– ¡No!, ¡no! -gritó el quinto-. Es como un alto muro (el quinto sabio había estado palpando el costado del elefante).

El sexto sabio esperó hasta el final y, teniendo cogida con la mano la trompa del elefante dijo: “estáis todos equivocados, el elefante es como una serpiente”.

– No, no. Como una soga.

– Serpiente.

– Un muro.

– Estáis equivocados.

– Estoy en lo cierto.

– ¡Que no!

Los seis hombres se ensalzaron en una interminable discusión durante horas, sin ponerse de acuerdo sobre cómo era el elefante.

 

Para defender las diferentes creencias

se dictan leyes, se aprueban constituciones,

se abren infiernos y se cierran conciencias.

Cuando todo lo que hay que hacer es

abrir el corazón y colocarse en el lugar del otro.

 

Una creencia solo es un pensamiento al que consideramos como verdad.

          Desde bien pequeños comenzamos nuestra colección de creencias, y las vamos archivando en nuestro interior para tenerlas disponibles durante el resto de nuestra vida.

         Estamos coleccionando algo que nosotros consideramos que es verdad, pero que su verosimilitud no ha sido certificada por ningún organismo competente, y en base a esa consideración podemos llegar incluso a matar por la defensa de ese pensamiento.

         Las creencias, del tipo que sean, solo son un pensamiento. Ninguna es verdad, porque la auténtica verdad solo es una y, ninguno de los que nos movemos por la vida física estamos en posesión de esa Verdad. Puede ser que alguno posea entre su colección de creencias una minúscula parte de la Verdad, pero al mezclarse con el resto de sus creencias puede distorsionarse hasta esa minúscula parte.

        Desgraciadamente, para defender las diferentes creencias se dictan leyes, se aprueban constituciones, se abren infiernos y se cierran conciencias, cuando todo lo que habría que hacer sería abrir el corazón y colocarse en el lugar del otro.

        Los que hoy promueven una guerra, es posible que en su próxima vida tengan que defender una paz. Los que hoy maltratan movidos por los celos, es posible que en su próxima vida sean maltratados. Los que hoy venden desunión, es posible que en su próxima vida tengan que pagar un alto precio para volver a unir. Es necesario recordar que existe una ley denominada “La Ley de la Causa y el Efecto”, que no entiende de creencias, que está regida solo y exclusivamente por la Verdad, y que la frase “Con la vara que mides te medirán”, la define perfectamente.

         Solo hay un Dios: Único para todos. Solo hay una Verdad: Todos somos hermanos. Solo hay un país: La Tierra. Solo hay una religión: El Amor. Con esta pequeñísima porción de Verdad se acabarían las guerras, el sufrimiento, la desigualdad y el dolor. Con esta pequeñísima porción de Verdad no ocuparíamos espacio en nuestra mente para archivar creencias inútiles y maquinar movidos por ellas, y así podríamos usar el espacio vacío para desarrollar esta parte de Verdad a ver si así conseguíamos ampliarla entre todos.

Si la Verdad solo es una y está en poder de la Divinidad, los miles o millones de verdades que nos venden es claro que no llegan a ser ni una minúscula parte de la verdad.

Y si esto pasa con la Verdad Absoluta, ¿qué no pasará con las relativas verdades de los hombres? Cada ser humano está en posesión de “su verdad” y, para él, esa verdad es única, es real, es auténtica, y podría llegar a matar para defenderla.

Ante esto, es obvio que no todos vemos la misma realidad, y si a esa realidad la recubrimos con las verdades personales, pasándola por el filtro de nuestros valores, nuestras creencias, nuestros intereses y nuestros recuerdos, lo que nos queda es una visión bastante sesgada de la realidad de los otros. Quedarse anclado en la propia perspectiva contribuye a limitar, todavía más, “la verdad del otro”, ya que ni se ve, ni se entiende esa verdad, puesto que lo que se ve es la interpretación de la verdad.

Esto da lugar a malentendidos, discusiones, enfados, desencuentros, errores de interpretación, equivocaciones, disgustos e indignación.

Las cosas no siempre son lo que parecen. En la vida hay situaciones que simplemente suceden, sin que nosotros tengamos absolutamente ningún control sobre ellas, y la única opción que existe cuando esto ocurre es aceptarlas.

Muchas de las situaciones a las que nos enfrentamos, por lo general, no las podemos elegir, pero lo que si podemos escoger en todo momento es cómo respondemos ante ellas, y esta respuesta va a estar condicionada, en gran medida, por la perspectiva desde la que observamos las mismas. Ya que no podemos cambiar la situación, lo que nos queda es modificar la perspectiva hacia la misma por otras que nos permitan enfrentarla de manera más efectiva y menos traumática.

Cuando ampliamos nuestras perspectivas, automáticamente ampliamos nuestra capacidad de acción, ya que esto nos permite elegir alternativas que antes, a pesar de estar disponibles, no éramos capaces de observar.

Para una misma situación pueden existir multitud de perspectivas, las cuales, por si mismas, no son correctas o incorrectas, de hecho, no es adecuado clasificarlas de este modo, la distinción verdaderamente importante que hay que realizar es si el punto de vista actual que tenemos sobre una situación trabaja a nuestro favor o en nuestra contra. Cualquier perspectiva que ayude a crecer, a desarrollarse, a superar retos y alcanzar metas será una buena perspectiva y cualquiera que incapacite o limite será una mala perspectiva que debe de ser cambiada.

Por lo tanto, podemos cambiar el color del cristal, aunque si lo hacemos corremos el riesgo de escorarnos hacia otro lado. Mejor sería ponernos unas gafas multicolores, unas gafas con los suficientes colores que nos permitan:

Ponerse en el lado del otro.

No dar importancia a las cosas que carecen de ella.

Aceptar todas las situaciones.

Tolerar todo lo que se presente.

Sentir como propio el hacer ajeno

No opinar, no juzgar, no criticar.

Aceptar razones que no conocemos.

Sentir que todo es relativo.

Mirar con los ojos del alma.

Saber que todo está bien.


sábado, 8 de julio de 2023

Sé coherente

 Sé coherente.

Cumple tu palabra. La palabra es sagrada.

Cumple tus compromisos y tus promesas.

Que tus acciones sean un reflejo de tu corazón.

No pienses una cosa, digas otra y hagas lo contrario.

El pensamiento, la palabra y la acción deben ir al unísono.

Habla siempre con la verdad.

sábado, 25 de febrero de 2023

El ritmo del silencio

 


Cada vez que hablamos dejamos salir una parte de nuestra energía, y producimos imágenes con aquello que pensamos antes de convertirlo en palabras. ¿Cuántas de nuestras palabras son positivas?, ¿Cuántas de nuestras palabras son necesarias?, ¿Cuántas de nuestras palabras son verdad? Si lo que queremos decir no es bueno, ni necesario, ni verdadero, es mejor quedarse callados y no decir nada. Así no ensuciaremos nuestro entorno con la energía negativa de nuestras proyecciones y no perderemos nuestra energía inútilmente.

Hemos de ser como un espejo que escucha y refleja la energía, sin más. Hemos de ser como el Universo que acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y todo lo que hace es enviarnos el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Si tus palabras se identifican con el éxito, tendrás éxito, si tus palabras son de rabia, tendrás más rabia; si tus palabras son de ira, esta te inundará completamente; si tus palabras son de miedo, sentirás terror; si hablas de fracasos, fracasarás.

Nuestra vida solamente es el reflejo de nuestro parloteo interno. Aprende a escuchar y a reflejar esa energía sin emociones ni prejuicios, y calla si no tienes algo bueno, necesario o verdadero que decir.

 Aprende el arte de la discreción, es una buena manera de evitar la opinión de los demás y así tu vida se volverá tranquila, volviéndote invisible, misterioso e indefinible. Mantener en el exterior el silencio interno ayuda a evaluar todo lo que se presenta y poder así tomar las decisiones de manera acertada.

Con la discreción y el silencio, evitas las críticas y los juicios sobre los otros, que además de una perdida inútil de energía, lo único que hacen es esconder tus propias debilidades, ya que todo lo que criticamos de los otros son proyecciones de nuestras debilidades, son manifestaciones de toda la negatividad no resuelta que aun anida en nuestro interior.

Permite que cada persona resuelva sus problemas, ¡bastante tenemos cada uno con los nuestros! Y, además, es bueno preservar nuestra energía para ir resolviéndolos poco a poco. Cuando atacas, muestras tus propias debilidades, cuando te defiendes estás entregando tu energía a quien no se la merece; así que no ataques, pero tampoco te defiendes, escucha las opiniones sobre ti, como si oyeras llover, acuérdate del espejo, deja que la energía envenenada que llegue a ti, rebote sobre el emisor. A fin de cuentas, sólo son palabras, solo son opiniones.

              Tu silencio interno te fortalece y te vivifica, tu silencio externo preserva tu energía. Calla si lo que tienes que decir no es ni bueno, ni necesario, ni verdadero; pero tampoco permitas que te cuenten mentiras, inutilidades o maldades. Eres tú, con tu propia energía, quien va a atraer a los chismosos, a los mentirosos o a los que hablan por hablar. Eres tú, con tu propia energía, quien decide si quieres rodearte de sabios o de mequetrefes.

              Tu energía eres tú, los que te rodean son el reflejo de tu energía. ¡Tú decides! 

martes, 10 de enero de 2023

Claves para cambiar la sintonía de la propia energía


 

Claves para cambiar la sintonía de la propia energía:

Ser sinceros y honestos: En la sinceridad y la honestidad se igualan los pensamientos, las palabras y las acciones. Ya no hay inconsistencia, ya no hay falsedad.

Evitar el auto-engaño: Hay que permanecer alerta de manera permanente. La mente utiliza millones de estrategias para convencerte de que lo estás haciendo bien.

Discernir lo verdadero de lo falso: Casi todo lo que presenta la sociedad, es ilusión, es falso, es un sueño, porque sólo es un reflejo de las propias mentes que conforman esa sociedad y, en esas mentes, solo hay cabida para la desigualdad, para el egoísmo, para la desunión. Políticos y religiosos se encargan de fomentar la desigualdad y la desunión, inculcando falsos valores sobre la patria o la religión. Los verdaderos valores son la unión, la hermandad, la solidaridad o el amor. Nuestra patria es el Universo, nuestro idioma es el Amor, nuestro Dios es el mismo para todos, y se encuentra tanto en la catedral, en la pagoda, en el castillo y en la choza, como en el corazón de todas las personas.

Abandonar la pereza: El crecimiento interior y el fortalecimiento del carácter, no lo va a dar nadie más que uno mismo con su propio trabajo interno. Ni libros, ni gurús, van a hacer que se avance ni un ápice en el propio crecimiento. Hay una cita que dice: “El maestro abre la puerta, pero es el alumno el que ha de traspasar el umbral”.

Aceptar la vida tal cual es: Aceptar los obstáculos, aceptar las crisis, aceptar los desafíos, porque son, gracias a ellos, como vamos a avanzar y a crecer, son ellos los que fomentan la conexión con nosotros mismos y con Dios. 

Selecciona a las personas con las que te relacionas: Hay mucho fariseo, hay mucho charlatán, que por mucho que se anuncien, están muy lejos de la Luz. Recuerda: ¡Por sus hechos los conoceréis!, mucho más que por sus palabras. Para evolucionar es bueno encontrar a personas que estén vibrando en un nivel alto de evolución, no que ellos digan que están vibrando en tal o cual sintonía. Obsérvalos, observa sus acciones, observa su amor, observa su caridad, observa su falta de juicios, observa su honestidad, observa su solidaridad. 

Practica la humildad: En nuestro nivel, ninguno de nosotros está exento de vanidad. Posiblemente sea una de las mayores batallas que todos tenemos que librar, en mayor o menor medida

No explotar a nadie, no manipular, no especular: Respeta a cada persona como te gustaría que te respetaran a ti. Respeta su proceso. Ni tan siquiera les ayudes, si no desean la ayuda. Ten en cuenta una máxima: Trata a todos como te gusta ser tratado.

 

viernes, 9 de diciembre de 2022

La Verdad



 Y es que, en el mundo traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira.

Ramón de Campoamor

Si la Verdad solo es una y está en poder de la Divinidad, los miles o millones de verdades que nos venden es claro que no llegan a ser ni una minúscula parte de la verdad.

Y si esto pasa con la Verdad Absoluta, ¿qué no pasará con las relativas verdades de los hombres? Cada ser humano está en posesión de “su verdad” y, para él, esa verdad es única, es real, es auténtica, y podría llegar a matar para defenderla.

Ante esto, es obvio que no todos vemos la misma realidad, y si a esa realidad la recubrimos con las verdades personales, pasándola por el filtro de nuestros valores, nuestras creencias, nuestros intereses, nuestros recuerdos, etc., lo que nos queda es una visión bastante sesgada de la realidad de los otros. Quedarse anclado en la propia perspectiva contribuye a limitar, todavía más, “la verdad del otro”, ya que ni se ve, ni se entiende esa verdad, puesto que lo que se ve es la interpretación de la verdad.

Esto da lugar a malentendidos, discusiones, enfados, desencuentros, errores de interpretación, equivocaciones, disgustos, indignación, etc., etc.

Las cosas no siempre son lo que parecen. En la vida hay situaciones que simplemente suceden, sin que nosotros tengamos absolutamente ningún control sobre ellas, y la única opción que existe cuando esto ocurre es aceptarlas.

Muchas de las situaciones a las que nos enfrentamos, por lo general, no las podemos elegir, pero lo que si podemos escoger en todo momento es cómo respondemos ante ellas, y esta respuesta va a estar condicionada, en gran medida, por la perspectiva desde la que observamos las mismas. Ya que la situación no la podemos cambiar, lo que nos queda es modificar la perspectiva hacia la misma por otras que nos permitan enfrentarla de manera más efectiva y menos traumática.

Cuando ampliamos nuestras perspectivas, automáticamente ampliamos nuestra capacidad de acción, ya que esto nos hace poder elegir alternativas que antes, a pesar de estar disponibles, no éramos capaces de observar.

Para una misma situación pueden existir multitud de perspectivas, las cuales por si mismas no son correctas o incorrectas, de hecho, no es adecuado clasificarlas de este modo, la distinción verdaderamente importante que hay que realizar es si el punto de vista actual que tenemos sobre una situación trabaja a nuestro favor o en nuestra contra. Cualquier perspectiva que ayude a crecer, a desarrollarse, a superar retos y alcanzar metas será una buena perspectiva y cualquiera que incapacite o limite será una mala perspectiva que debe de ser cambiada.

Por lo tanto, podemos cambiar el color del cristal, aunque si lo hacemos corremos el riesgo de escorarnos hacia otro lado. Mejor sería ponernos unas gafas multicolores, unas gafas con los suficientes colores que nos permitan:

-          Ponerse en el lado del otro.

-          No dar importancia a las cosas que carecen de ella.

-          Aceptar todas las situaciones.

-          Tolerar todo lo que se presente.

-          Sentir como propio el hacer ajeno

-          No opinar, no juzgar, no criticar.

-          Aceptar razones que no conocemos.

-          Sentir que todo es relativo.

-          Mirar con los ojos del alma.

-          Saber que todo está bien.