Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
Bienvenido a este espacio de presencia y palabra.
Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior.
Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.
El individuo que desee progresar
rápidamente en la Luz no debe jamás dormirse hasta que haya enviado su amor a
todo individuo que él considere que le ha dañado en cualquier momento. Este
pensamiento sale derechito como una flecha hacia la conciencia del otro
individuo, porque no hay nada que lo pueda detener, y generará su calidad y
poder allí donde ha sido enviado.
No hay ningún elemento que sea
causante de tantos malestares del cuerpo y de la mente como el sentimiento de
odio enviado hacia otro individuo. No se puede decir como irá a reaccionar en
la mente y el cuerpo del que lo envía. En uno puede que produzca un efecto, y
en otro un efecto diferente.
Que se entienda bien: el rencor o
resentimiento no son sino otra forma de odio, odio de un grado menor.
Un pensamiento maravilloso para vivir
con él siempre es el siguiente: “YO SOY
el Pensamiento y el Sentimiento creador perfecto presente en todas las Mentes y
Corazones de todo el mundo en todas partes”. Es algo maravilloso. No
solamente da paz y reposo al que lo envía o al que lo genera, sino que provoca
dones sin límites que vienen de la Presencia.
“Cuando todo parece perdido, el amor
aun sabe el camino”
Querido Dios:
Hoy me
siento impulsado a escribirte desde lo más profundo de mi alma. No sé si es una
súplica, una confesión o simplemente el desahogo de un corazón que se siente
desbordado por la contradicción entre lo que cree y lo que vive. Me entristece
comprobar que, a pesar de los años dedicados a la espiritualidad, a la
meditación, al estudio interior y a enseñar a otros el camino hacia la luz,
sigo sintiéndome lejos del nivel de conciencia que se supone debería haber
alcanzado. Es como si, a pesar de haber recorrido tanto, aún me faltara comprender
lo esencial.
¡Qué paradoja tan dolorosa! Enseñar a
otros a aceptar lo que la vida les presenta, a fluir con los acontecimientos, a
encontrar paz en medio del caos, y yo, sin embargo, me siento como una hoja
arrastrada por el viento, golpeada por los vaivenes de la existencia, sin rumbo
claro ante los acontecimientos que se desarrollan en el mundo. Me doy cuenta de
que no siempre practico lo que predico, y eso me duele. Me duele porque no es
hipocresía lo que hay en mí, sino una profunda vulnerabilidad que no sé cómo
gestionar.
Asomarme a la ventana del mundo, para
mí, es comenzar a sufrir. No es una metáfora, es una experiencia real. Cada vez
que enciendo la televisión, cada vez que leo las noticias, cada vez que escucho
los relatos de quienes viven en carne propia el horror, siento que algo dentro
de mí se rompe. Me invade una tristeza que no sé cómo transformar. Me siento
impotente, pequeño, incapaz de comprender cómo puede existir tanto dolor, tanta
injusticia, tanta crueldad.
Me pasa cuando veo la masacre que se
está llevando a cabo contra el pueblo palestino. Me duele el alma al ver cómo
se extermina a una población civil, cómo se utiliza el hambre como arma de
guerra, cómo se asesina a miles de niños inocentes que no han hecho más que
nacer en el lugar equivocado, (si, ya sé que todos nacemos donde decidimos
nacer). Y lo más paradójico, lo más desconcertante, es que este horror lo
perpetra el pueblo judío, que no hace tantas décadas fue víctima de uno de los
genocidios más atroces de la historia. ¿Cómo puede repetirse el ciclo del odio?
¿Cómo puede alguien que ha sufrido tanto convertirse en verdugo?
Me pasa también cuando contemplo las
consecuencias de otra guerra injusta, (aunque, en realidad, todas las guerras
lo son), como la que se libra en Ucrania. ¿Cuánto daño puede causar la
ambición, el ego desmedido, la locura de un solo hombre? ¿Cuánto dolor puede
generar una decisión tomada desde el poder, sin tener en cuenta las vidas que
se destruyen, los hogares que se pierden, los sueños que se desvanecen? Me
cuesta entenderlo, Señor. Me cuesta aceptar que el sufrimiento humano pueda ser
tan fácilmente ignorado por quienes ostentan el control.
Y me pasa cuando observo lo que ocurre
en mi propio país, España. Me duele ver cómo un grupo político, que se presenta
como defensor de ciertos valores, promueve la discriminación por raza, por
religión, por origen. Me duele aún más saber que millones de personas les
votan, que millones de almas consideran legítimo ese discurso de odio, de
intolerancia, de exclusión. ¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿Dónde quedó
la empatía, la compasión, el respeto por la diversidad?
Sé, en lo más profundo de mí, que todo
es parte de un proceso. Sé que cada alma está transitando el camino que ha
elegido, que cada experiencia tiene un propósito, que incluso el dolor puede
ser maestro. Pero eso no quita que duela. Eso no elimina la sensación de
desgarro que siento cuando contemplo el sufrimiento ajeno. Me cuesta mantener
la paz interior cuando el mundo parece arder en llamas. Me cuesta sostener la
fe cuando la injusticia se convierte en rutina.
Y entonces me pregunto, Señor: ¿Qué
debo hacer? ¿Cuál es mi papel en medio de este caos? ¿Debo limitarme a
lamentarme, a sufrir en silencio frente a la pantalla de la televisión? ¿Debo
convertirme en activista, en defensor de los derechos humanos, en voz que
denuncia y exige justicia? ¿O simplemente debo seguir observando, sintiendo,
sin saber muy bien cómo actuar?
No busco respuestas ahora. Sé que
vendrán en su momento. Solo quería compartir Contigo este torbellino que me
habita. Esta mezcla de tristeza, impotencia, indignación y amor profundo por la
humanidad. Porque, a pesar de todo, sigo creyendo en el ser humano. Sigo
creyendo que hay luz en medio de la oscuridad. Sigo creyendo que, en algún
rincón del alma colectiva, aún late la esperanza.
Gracias por escucharme, por sostenerme,
por permitirme expresar lo que muchas veces callo. Gracias por estar, incluso
cuando no entiendo Tus caminos.
“¿No se
debe acaso la sabiduría de los santos al hecho de que ellos reciben el favor
especial del Señor?”, consultó cierto visitante.
“No”,
respondió el Maestro. “El hecho de que determinadas personas posean una mayor
realización divina que otras, no se debe a que Dios limite el flujo de su
gracia hacia ellas, sino a que la mayoría de los hombres impide que la
omnipotente luz divina fluya libremente a través de ellos. Todos los hijos de
Dios pueden, de hecho, reflejar con igual fulgor los rayos de la omnisciencia
divina, cuando descorren el oscuro velo del egocentrismo”.
“El cuerpo humano es
una divina idea de la mente de Dios”, dijo el Maestro.
“Él
nos creó como rayos de luz inmortal, encasillándonos en una lámpara corporal.
En lugar de concentrar nuestra atención en la eterna energía vital que mora en
el interior, nos hemos concentrado en las fragilidades de la lámpara mortal”.
“Tanto el diamante como el carbón
reciben indistintamente los rayos del sol; más, mientras el carbón no se
convierta en diamante, puro y transparente, no será capaz de reflejar la luz
solar”, dijo el Maestro. “Asimismo, un hombre corriente, espiritualmente opaco,
no puede compararse en belleza con el devoto purificado, capaz de reflejar la Luz
de Dios”.
No
existe. Haz, camina, cae, levántate y confía. No estás nunca solo. Jamás,
porque estas contigo. Y en ti lo tienes todo. La capacidad de amar, de sentir,
de vibrar con la energía del Universo. Porque eso eres, un “ínfimo” fragmento
del Universo, que dejó un día de tener esa conciencia y se encarnó. Pero no
perdió nada. La llevas contigo. Tú eres luz, tú eres vida. Tú eres esa pieza
imprescindible, aunque esté en una esquina lejana, de ese puzle Universal que
no puede construirse sin ti. Seria
incompleto.
Siéntete
tú, siéntete yo. Un yo no mental, un yo en los demás y con todo. Tú eres Buda,
tú eres Dios, tú eres Luz, tú eres camino, tú eres Maestro.
Y
por encima de todo tú eres ¡libre! Libre para elegir y para cambiar tu vida,
como otros, a los que lees, envidias y, posiblemente, idolatres, han hecho.
Haz
tu camino sin miedo y los demás se colocarán en el lugar correcto para dejarte caminar.
Da igual, no pienses en “mi mamá, mi papá, que dirán, que pensarán, mis hijos,
mi pareja, mis hermanos”. Da igual. Si tú estás bien ellos estarán bien,
seguro.
Quizá
tarden un tiempo en darse cuenta y aceptarlo. Y, ¿qué? Es su tiempo, no el
tuyo. Es su elección, no la tuya. Tú eliges amarlos desde ese tú que eres, y
ellos, poco a poco, sentirán esa energía que les llegará sin palabras, sin
discusiones, sin luchas, sin tener que convencerles de nada. Llegará así, tal
cual.
Qué
fácil parece, ¿verdad? Pues lo es. Lo verdaderamente difícil, y muy cansado, es
que sea al revés. Es decir que sea una lucha entre tu sentir y tu “deber”. No
hay deberes. Solo hay Amor.
Obsérvate
como el Ser Divino que eres y camina desde ahí. Nadie es más que tú. Ni Jesús,
ni Buda, ni nadie. Todos somos elegidos.
Perdona que te interrumpa Ángel, pero
no sé qué son los seres de oscuridad.
-Es
cierto Antay, nunca te he hablado de ellos.
>>
Los ángeles son seres espirituales creados por Dios por una libre decisión de
su voluntad divina. Son seres de Luz, inmortales, dotados de inteligencia y
voluntad. La misión de los ángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser sus
mensajeros, cuidar y ayudar a los hombres. Dios creó a los ángeles como
espíritus puros, todos se encontraban en estado de gracia
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Entre los ángeles, Dios creó un espíritu poderoso, inteligente y hermoso, que
era el jefe entre los ángeles. Se llamaba Lucifer, que significa “el que
brilla”. Pero Lucifer también tenía libre albedrío, y podía hacer sus propias
elecciones.
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La belleza, sabiduría y poder de Lucifer, todas las cosas buenas creadas en él
por Dios, le llevaron al orgullo. Su orgullo le hizo rebelarse contra Dios, pero
nunca perdió ninguno de sus poderes y habilidades. Desde entonces está
dirigiendo una revuelta cósmica contra su Creador para ver quién será
Dios. Su estrategia es reclutar a la
humanidad para unirse a él, tentándolos a la misma elección que él hizo, independizarse
de Dios y desafiarlo.
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Lucifer y los ángeles rebeldes que le siguieron, convertidos en lo que llamamos
demonios, fueron confinados a un estado eterno de tormento en donde nunca más
podrán ver a Dios. No cambiaron su naturaleza, siguen siendo seres espirituales
y reales. Su actividad en el mundo busca apartar a los hombres de Dios mediante
engaños e invitaciones al mal. Quieren evitar que lo conozcan, que lo amen y
que alcancen la felicidad eterna. Es un enemigo con el que se tiene que luchar
para acercarse a Dios.
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Estos seres de oscuridad se encuentran organizados en jerarquías, tal y como
fueron creados en un principio, subordinados los inferiores a los superiores.
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Aprovechan la débil voluntad del hombre, su inclinación hacia lo fácil y su
facilidad para actuar con miedo, para evitar que los seres humanos eleven su
vibración y no hay nada mejor que el miedo para que eso ocurra. Son muy
astutos, disfrazan el mal de bien.
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El miedo tiene una frecuencia de vibración larga y lenta, activando solo
ciertos puntos de la cadena de ADN, mientras que el amor tiene una frecuencia
alta y muy rápida, impactando en muchos más puntos y, por ende, extrayendo
mayor energía y potencial del ADN.
>>
Aunque sea difícil de creer, por todos los desastres que envuelven al planeta,
la Tierra está realizando su ascenso a la quinta dimensión. La quinta dimensión
no es un lugar, es un estado de conciencia y el estado de conciencia tiene que
ver con la calidad de la energía, es decir, con la vibración. Las bajas vibraciones
corresponden a las dimensiones bajas y se asciende a otra dimensión según se va
incrementando la vibración.
>>
Los seres humanos se mueven entre la tercera y la cuarta dimensión. En la
tercera dimensión o tercer nivel de conciencia, se percibe el mundo, y a uno
mismo, a partir de tres referencias: anchura, altura y profundidad, es decir,
quien vive en la tercera dimensión valora todo aquello que puede ver, tocar y
experimentar, o lo que es lo mismo, valora el mundo físico.
>>
Al incrementase la vibración de la persona, esta asciende a la cuarta
dimensión. En ella, a las referencias anteriores, ancho, alto y profundo, se
incorpora la parte espiritual, por lo que la persona puede verse a sí misma, a
parte de un cuerpo con unas necesidades específicas, con un añadido afectivo y
emocional. La vibración de la Tierra corresponde a esta categoría, por lo que
los seres humanos que habitan en ella, al estar impregnados con su energía
tienen una facilidad añadida para llegar a ese nivel, si es que aún no han
llegado a él.
>>
El siguiente peldaño o nivel de conciencia es la quinta dimensión. Quien vibre
en esa sintonía es capaz de percibir que todas las cosas están unidas por una
fuerza universal, el Amor. Se deja a un lado la sensación de individualidad y
se adentra en la sensación de unicidad. Todos somos Uno, hijos de un mismo
Padre.
>>
A esta vibración es a la que se está llevando al planeta, y digo que se está
llevando porque no lo puede hacer solo y, para eso, necesita de las vibraciones
de sus habitantes y de la ayuda de los Seres de Luz.
>>
Los habitantes del planeta, no son de mucha ayuda, ya que no parece que haya
muchos que estén vibrando en la sintonía cercana a la quinta dimensión, por lo
que casi todo el trabajo lo tienen que realizar los Seres de Luz. Cuando lo consigan
será de gran ayuda para que todos los que estáis encarnados y para los que
vayan a encarnar puedan llegar a esa vibración más fácilmente, porque cuando la
Tierra consiga vibrar en la energía de la quinta dimensión, será mucho más
fácil para los seres humanos alcanzar ese estado de unidad con Todo, de unidad
con todos y de unidad con Dios, que son los atributos de la quinta dimensión.
>>
A pesar de que la Tierra cambie su vibración, podrán seguir habitándola seres
de tercera y cuarta dimensión. Posiblemente, un poco, incómodos, al principio,
porque tendrán que vivir en una energía más sutil que la suya propia, pero
podrán acostumbrarse sin grandes problemas.
>>
Sin embargo, hay quien no quiere que la Tierra ascienda. Los seres de la
oscuridad no desean ese cambio porque no quieren que los seres humanos se
acerquen a su Origen, es decir, a Dios y, para eso, ponen todas las trabas que
pueden para que eso no suceda.
>>
De la misma manera que hay seres de mucha luz encarnados, también hay
encarnados seres oscuros que son los hacen el trabajo sucio, y para que puedan
influenciar en muchas personas suelen ocupar puestos de poder, bien sea
político, económico, religioso o social.
>>
Por eso, cualquier iniciativa que ayude a los seres humanos a conseguir vivir el
amor, es una ayuda inestimable para ayudar a los Seres de Luz en su trabajo de
lograr el ascenso de la Tierra a la quinta dimensión. Vuestro trabajo se
encentra encaminado en esa línea, porque va, no solamente a cuidar físicamente
a los niños, sino, también, a enseñarles a discernir sus emociones y, sobre
todo, a incentivar el amor en ellos mismos.
-No
sabía que decir ante todo lo que acababa de enseñarme Ángel- No tengo palabras.
¡Que perdidos estamos los seres humanos!, y más pensando que el señor al que
podemos votar, o el líder de cualquier religión, el empresario que mueve miles
de millones o el famoso que influye en muchas personas, bien podrían ser un ser
de oscuridad que envuelve la maldad en papel de regalo. ¿Qué hacer?
Para entender
un pensamiento tan loco es bueno saber cuáles eran mis más íntimas
aspiraciones. Esas con las que soñaba, sobre todo, despierto en mis sueños
solitarios. Aunque, como todos los seres humanos, deseaba tener más dinero,
vivir en una mansión, poder viajar por el mundo cuando me apeteciera y, algún
capricho más que mi insaciable deseo se encargaba de ir presentando, no pasaban
de ser pensamientos, tan fugaces, como esas estrellas que, algunas veces, adornan
el firmamento, porque mi auténtico sueño, mi más íntimo deseo, “a pesar de ser
un hombre”, siempre, ha sido alcanzar la “iluminación”, si es que eso existe,
llegar a la Luz, poder hablar con los seres del “otro lado” de la vida,
desarrollar la bondad y el amor en su total plenitud y, teniendo en cuenta que
soy sanador, también soñaba con tocar a las personas y saber si iban a sanar o
no y saber qué es lo que tenían que hacer para que tal cosa sucediera. En
realidad, podría resumir tal cúmulo de necedades en dos palabras “crecer
espiritualmente”, ya que eso es lo que yo más deseaba.
Ahora que releo
el párrafo anterior me doy cuenta de que soy un “babau”, en toda la extensión
de la palabra. Pero voy a dejar el párrafo tal cual está, porque realmente esos
son mis sueños. Si, ya sé, además de babau soy un iluso.
Decía que “a
pesar de ser hombre”, porque, por norma general, los hombres estamos tan
ocupados en demostrar nuestra hombría que no tenemos tiempo que perder en
estupideces, como la evolución, el crecimiento personal o la espiritualidad.
Yo he sido uno
de esos hombres durante una buena temporada de mi vida. Afortunadamente, en el
último tercio de mi vida, algo ha cambiado. Supongo que, para bien, porque me
siento en paz, sin estrés, sin tener que estar demostrando mi hombría o mi
valía a cada instante. Hago lo que me apetece, siempre dentro de un orden,
porque trato de satisfacer, a mi esposa y a mi hijo, aunque no siempre lo
consiga.
Esto de no
conseguirlo a veces, es, para mí, una prueba inequívoca de que todavía me
falta un buen trecho en mi camino hacia esa Luz a la que aspiro.
Pero siguiendo
el hilo de lo que son mis sueños, que hoy once años después permanecen
intactos, me hice un planteamiento siguiendo el pensamiento aparecido con la
lectura del libro: Si realmente me están esperando en algún sitio y si lo que
yo quiero es progresar espiritualmente, ¿qué pasaría si me fuera a vivir a
algún lugar influenciado por la kundalini de la Tierra?, es posible que fuera
más fácil ese crecimiento.
El pensamiento
estaba ahí, pero sin mucha fuerza, debido, sin duda, a que era la primera vez
que aparecía. Seguí meditando con el inca, porque seguía apareciendo en cada
meditación.
Vivir como si ya fueras Luz, es vivir la divinidad. Y, ¿cómo se vive la divinidad?, se vive la
divinidad amando:
Alejar pensamientos negativos: Recuerda:
“somos lo que pensamos”. No puedes permitirte el mantener pensamientos
negativos en tu mente. Para eso has de permanecer consciente la mayor parte del
tiempo posible. En el momento que seas consciente de un pensamiento negativo
contrarresta esa energía con el pensamiento positivo contrario, o con la virtud
contraria, o pidiendo perdón.
Utiliza palabras correctas: Que ninguna de las palabras que
salgan de tu boca sean para herir, lastimar, o molestar a nadie. Utiliza
siempre palabras de alabanza, y destaca siempre los méritos de los demás, sus
cualidades positivas, sus virtudes. Si se consigue mantener los pensamientos
negativos bajo control, es mucho más fácil no herir con la palabra.
Realizar buenas acciones: Ayuda a los demás, son Luz como tú.
Ayudar no solo es dar un plato de lentejas o unas monedas, también es sonreír,
es apoyar, es abrazar, es escuchar, es besar, es no molestar, es respetar, ayudar
es colaborar con el otro, siempre que el otro lo permita
Perdonar: El
objetivo final, es que nada debe ser motivo de tu ofensa. Pero hasta que llegue
ese momento, perdona de inmediato cada ofensa, no esperes al día siguiente,
porque si tardas un día en perdonar, será un día tomando veneno por tu parte.
Recupera la “meditación del perdón” que está en este blog y realízala si crees
que la necesitas.
Aceptación: Sólo una frase: “Todo está bien”.
Eliminar obstáculos:
Los obstáculos en esta carrera no hay
que saltarlos, no hay que ignorarlos, hay que eliminarlos. Los obstáculos en
esta carrera son los bloqueos emocionales, son los hábitos negativos, es la
debilidad de carácter.
Conocer los bloqueos: Para poder
eliminar algo, es imprescindible saber que existe, por lo tanto, de la misma
manera que decíamos al principio que tienes que saber quién eres, es importante
saber cómo eres. Relee la entrada “Pedir ayuda”.
Es imprescindible, es vital, el reconocimiento de que eres Luz, o un alma, o una Chispa Divina, lo
que quieras, pero que ese reconocimiento sea total y absoluto. En un principio
es suficiente con que ese reconocimiento sea racional, es normal no integrarlo
en la conciencia al comienzo del camino y actuar desde ahí. Vivir desde
la conciencia de la Luz es algo que se dará al final del trabajo.
El reconocimiento de que eres Luz va
a desligarte de tu cuerpo: “Yo no soy el cuerpo” …, pero vives en él. Empieza a
reconocer a tu cuerpo como el templo del alma, como el santuario del espíritu.
Eso hará que empieces a valorarlo, a respetarlo, a amarlo. Y cuando lo valores,
lo respetes y lo ames, empezarás a cuidarlo con mimo, empezarás a cuidarlo con
devoción, dándole al cuerpo todo lo que sea correcto para su buen
funcionamiento, evitándole sustancias tóxicas y corrosivas. Todo el trabajo que
has venido a hacer aquí, lo vas a hacer desde ese cuerpo, por lo que es tu
obligación mantenerlo, sano, joven y fuerte, el mayor tiempo posible.
Este reconocimiento de que eres Luz, lleva
implícita la sensación de libertad. La Luz, el alma, es libre, no se siente
ligada a nada ni a nadie. No debe nada a nadie, no tiene que inclinar la cabeza
ante nadie.
No
hay diferencia entre un punto de Luz y otro. Por lo tanto, todas las almas son
iguales. Todos los hombres también.
El
hombre es el alma recubierto de materia. Dios habita en el interior del hombre.
El
hombre es finito, porque la materia más pronto que tarde se convierte en polvo.
El alma es inmortal porque sigue siendo Luz.
El
hombre es un reflejo de la Luz. Es un reflejo de Dios.
A
veces la Luz se opaca porque el mismo hombre la recubre con sus tristes
pensamientos, con sus pensamientos de dolor, con su idea de separación de Dios,
por el desconocimiento de que es alma, de que es Luz, de que es inmortal.
Cuando
la Luz se opaca el hombre duerme y entonces sueña que está viviendo una vida
separada de Dios. Sueña que es un ser independiente y que tiene que defenderse
de los otros hombres, que normalmente también han opacado su Luz y también
duermen. No saben en su sueño que todos son lo mismo.
Los
hombres en sus sueños se engañan, se roban, se ofenden, se matan, se critican,
se juzgan, se discriminan. ¡No es fácil despertar!, pero para eso vivimos,
¡para nada más!
Para
despertar no hay que abrir los ojos, hay que abrir el corazón.
El
despertar es lento, es paulatino, pero una vez que se abre el corazón el hombre
cambia, el hombre, por fin, vive. Los otros hombres, dormidos, no pueden
soportar a nadie despierto, le atacarán con saña: Estás loco, estás en una
secta, te han engañado, y le retirarán la palabra.
Cuando
el hombre despierto aguanta el vendaval comenzará a tener seguidores: Dirán de
él ¡es un maestro!, ¡es un guía! También se equivocan porque solo está
despertando, el auténtico maestro habita en el interior del hombre: Es Dios.
El hombre vive inmerso en un ruido infernal. Ese ruido son sus pensamientos producidos por su mente en el sueño.
Se
acaba el ruido cuando el hombre despierta. Se detiene el carrusel de su mente,
¡Todo es silencio!, y en el silencio todo está bien, todo es perfecto: las
críticas y los halagos.
El
hombre en el silencio vuelve a vivir desde el alma, vuelve a vivir en la Luz,
vuelve a sentir a Dios.
Es
en el silencio donde se produce el esperado encuentro: El encuentro con Dios.
Y por fin el hombre es libre. Es feliz. Por fin ha vuelto a acariciar su divinidad.
La vida física solo es un medio para
la manifestación del espíritu, nada más. Todo lo que el ser humano viene a
hacer a la materia no es más que el trabajo elegido por el propio espíritu. No
es casualidad lo que el ser humano se encuentra en la Tierra, ni el hijo del
potentado ni el hijo del pobre lo son por caprichos del destino, lo son, sin
error, por su propia voluntad. Lo son porque es justamente esa situación la elegida
por ellos, por ser la más idónea para la realización de su trabajo.
No viene el ser humano a la vida para
tener una cuenta corriente que haga palidecer de envidia a sus congéneres, no
viene para tener una profesión de éxito, ni para ganar ningún concurso, viene
con un objetivo concreto: Desarrollar lo antes que pueda y lo mejor que sepa su
trabajo y su aprendizaje, para no volver, y quedarse así definitivamente en su
casa, en“la casa del espíritu”, donde
morará eternamente.
Ya son muchos los seres humanos que
saben eso, y muchos más son los que lo intuyen, pero muy pocos son los que actúan
en consecuencia con ese saber en su vida física.
Es por la falta de integración de esa
sabiduría en su conciencia, o por ignorancia de lo que son y de lo que han
venido a hacer acá, que su actuación a lo largo y ancho de la vida no es más
que una pobre, no, más que pobre, mísera competición con todos los espíritus
afines, sus hermanos, que coinciden con ellos en la vida, no por casualidad,
sino por propia elección.
Como consecuencia de esta ceguera, la
vida no es más que una triste caricatura de lo que realmente ellos mismos
esperaban realizar, y lo que estaba minuciosamente planificado se derrumba de
manera estrepitosa socavado en sus cimientos por unos males que el espíritu no
conoce: miedo, tristeza, odio, envidia, celos, y un sinfín de emociones más generadas
por una mente que no sabe actuar según el papel asignado de servidora del alma.
Y entre todas esas emociones
negativas, hay una que destaca por ocupar un lugar prioritario entre todas
ellas: el miedo a la muerte. La angustia que produce a los seres humanos el
pensar que un día, que además no sabe cuál va a ser, se va a terminar todo con
la muerte les afecta de manera dramática sacando a la luz miedos paralelos, como
pueden ser el miedo a la enfermedad, al dolor, o a la soledad, que pueden
afectarle durante toda la vida.
De poco vale el tener conocimiento de
la manifestación de seres que están al otro lado de la vida, Maestros, Ángeles,
Guías, o familiares que han partido con anterioridad, de poco vale tener información
de lo placida que es la estancia en ese plano, de poco vale creer que en la
vida en la Luz no existe dolor, ni enfermedad, ni necesidades físicas, que son
las que preocupan a la humanidad, de poco vale saber todo eso, el miedo a la
muerte está ahí, perenne, inamovible.
Pero tenemos suerte los seres
humanos. Conscientes de nuestro miedo, los seres que están al otro lado de la
vida, cuando llega el mágico momento de traspasar el umbral de la vida, todos
se vuelcan en nuestra ayuda, haciendo que el transito normalmente sea placido y
sereno.
Podemos hacer, en nuestras manos
está, que toda la vida sea plácida y serena, desterrando los miedos que son
como una losa que los seres humanos tenemos que ir arrastrando por el camino de
nuestra vida, y además de nada vale el pesado equipaje.
Pongámonos en manos de Dios.
Detengamos la locura de nuestra mente. Dejemos hablar al corazón, y si no
entendemos con claridad cuál es nuestra misión en la vida, podremos intuirlo, y
si ni tan siquiera lo intuimos, vivamos con amor, esa manera de vivir va a
hacer que nuestra vida sea un paseo, libre de equipaje, por un ancho camino
sembrado de pétalos de rosa.
Toda esta entrada es un extracto,
ínfimo, del libro “Misterios desvelados”, en el que aparecen reflejadas algunas
de las enseñanzas del Maestro Saint Germain:
La Eterna Ley de la Vida es: “LO QUE
TÚ PIENSES Y SIENTES LO TRAES A LA FORMA”. Dónde está tu pensamiento, allí
estás tú. Lo que tú medites, en ello te convertirás, ya que tú eres tu conciencia.
Cuando uno permite a su mente
permanecer en pensamientos de odio, de condenación, de crítica, de lujuria,
envidia, celos, temor, dudas o sospechas, y permite que esos pensamientos y sentimientos
generen irritación dentro de él, es absolutamente seguro que tendrá discordia, fracaso,
desastres en su cuerpo, su mente y su mundo. Mientras él permita que su atención
se detenga en tales pensamientos, bien sea respecto a naciones, personas,
lugares, condiciones o cosas, estará absorbiendo esas actividades en la
substancia de su mente, su cuerpo o sus asuntos. De hecho, estará forzando,
impeliéndolas a que entren en su experiencia.
Esto ocurre porque los seres humanos no
se aceptan ni se reconocen ellos mismos como lo que son. Templos del Dios
Viviente. Tampoco saben que este reconocimiento debe mantenerse eternamente. La
Humanidad en su presente y aparente limitación de tiempo, espacio y actividad,
está en el caso de la persona que necesita, y si alguien le extiende lo que
necesita, y ella no se acerca a recibirlo, ¿Cómo va a gozar del beneficio?
La masa humana está en este grado de
conciencia hoy, y continuará en ella hasta que acepte que el Dios que lleva en
su corazón es el Dueño, el Dador y el Hacedor de todo el Bien que puede entrar en
sus vidas y mundos.
Tanto más intenso es el sentimiento dentro del
deseo, tanto más rápido se cumplirá.
Sin embargo, si se tiene la temeridad
de desear algo que dañe a otro hijo de Dios, o a cualquier parte de Su
Creación, ese pagará con discordia y fracaso en alguna experiencia de su vida.
Es muy importante realizar plenamente
que la intención de Dios para cada uno de sus hijos es la abundancia de toda
cosa buena y perfecta. Él creó la Perfección y revistió o invistió a cada hijo
con ese mismo Poder. Todos podemos crear y mantener la Perfección, y expresar
Dominio Divino sobre la Tierra y todo lo que ella contiene. La Humanidad fue
creada a imagen y semejanza del Padre, y la única razón por la cual no
manifiesta su Dominio es porque no usa su autoridad Divina.
La actividad sensorial de la Vida es
el punto más abandonado, menos custodiado en la humana conciencia.
La necesidad de controlar y vigilar
los sentimientos no puede ser subrayada demasiado, pues el dominio de las
emociones juega el papel más importante en la Vida, para mantener el equilibrio
mental, salud en el cuerpo, éxito y logros en los asuntos mundanos o del ser
personal de cada individuo.
Al principio esta disciplina requiere
esfuerzo continuo, porque los pensamientos y sentimientos del 95% de la
humanidad andan tan libres e incontrolados como un perrito callejero. Pero no importa
cuánto esfuerzo sea necesario traer para estas dos actividades a un control
absoluto, vale la pena todo el tiempo, la energía y el esfuerzo, pues no se
puede tener ningún dominio permanente de nuestra propia vida y mundo sin ello.
Meditación para el control de uno mismo
- El primer paso hacia el control de
uno mismo es el de aquietar toda actividad exterior, tanto de la mente como del
cuerpo. De quince a veinte minutos antes de recogerte a dormir, y por la mañana
antes de comenzar tu día, haciendo el ejercicio siguiente: hace prodigios para
todo el que haga el esfuerzo necesario.
- El segundo paso es asegurarte de no
ser perturbado y después de haberse tranquilizado y estar muy quietos,
visualizar y sentir el cuerpo envuelto en una Luz radiante, blanca. En los
primeros cinco minutos mientras se visualiza este cuadro, sentir intensamente
la conexión entre el ser exterior y el Magno Dio Interno, enfocando la atención
en el corazón y visualizándolo como un Sol Dorado.
- El tercer paso es el reconocimiento:
“YO ACEPTO GOZOSO LA PLENITUD DE MI MAGNA PRESENCIA DE DIOS, EL CRISTO PURO”.
Siente el gran brillo de la Luz e intensifícala en cada célula de tu cuerpo
durante unos diez minutos más.
- Ahora cierra la meditación ordenando:
“YO SOY HIJO DE LA LUZ, AMO LA LUZ, VIVO EN LA LUZ, SOY PROTEGIDO, ILUMINADO,
PROVISTO Y MANTENIDO POR LA LUZ Y BENDIGO LA LUZ”.
Recuerda siempre que uno se
convierte, se transforma en aquello que medita, y puesto que de la Luz salimos,
la Luz es suprema perfección y el control de todas las cosas.
Si practicas este ejercicio fielmente
y lo sientes en cada átomo de tu mente y cuerpo con profunda intensidad,
recibirás abundante prueba de la tremenda Actividad, Poder y Perfección que
existe y está siempre activa en la Luz. Cuando hayas experimentado esto, aunque
no sea sino por un corto tiempo, no necesitarás pruebas adicionales. Te
conviertes en tu propia prueba. “LA LUZ ES EL REINO. ENTRA EN EL Y ESTARÁS EN
PAZ”. Regresa a la casa del Padre. Después de diez días de hacer este
ejercicio, es bueno hacerlo tres veces diarias: Mañana, tarde y noche.
A menudo oigo la queja: “Ay, yo no
puedo dedicar todo ese tiempo”. Para aquellos que sean de esa opinión, deseo decirles:
El tiempo que gasta la persona corriente en criticar, condenar y culpar a los
demás por ser diferentes, si fuera dedicado al uso y reconocimiento de la Luz,
les sería manifestado el Cielo en la Tierra. Para el individuo que se atreve a
comprobarlo y tiene suficiente determinación para continuarlo, nada le es
imposible. La Luz jamás falla.
La condición desafortunada en la
conciencia humana, que mantiene a los individuos en sus limitaciones
autoimpuestas, es la actitud de la mente que, o teme, ridiculiza lo que no
comprende, o lo que es peor, en su ignorancia dice: “ESO ES UN IMPOSIBLE”.
Una cosa puede no ser probable bajo
ciertas condiciones; pero el Ser Divino Interior, que es la Gran Luz, puede
cambiar todas las condiciones humanas, de manera que nada le es imposible.
Todo ser humano posee la Divina Llama
de la Vida dentro de él, y ese Ser, Dios, tiene dominio donde quiera que se
mueva el Universo. Si el hombre por su inercia mental no hace el esfuerzo suficiente
para reorganizar sus antiquísimos hábitos de mente y cuerpo, continuará atado
por las cadenas que él mismo se forjó. Pero si él decide conocer al Dios
Interior y tiene la osadía de darle a ese Ser Divino el control de sus
actividades exteriores, recibirá de nuevo el conocimiento de su dominio sobre
todas las substancias, lo cual le pertenece desde el principio.
La Ley de la Reencarnación es la
actividad del crecimiento humano que le concede al individuo la oportunidad de restablecer
un equilibrio condicional que él mismo, conscientemente desajustó.
Esto es sólo unas de las actividades
de la Ley de Compensación, la Ley de Causa y Efecto, o lo que se puede llamar
el proceso balanceador automático que gobierna todas las fuerzas del Universo,
en todas partes. La comprensión correcta de esta Ley da la explicación de
muchas condiciones en la experiencia humana, que sin ella parecen totalmente
injustas. Es la única explicación lógica de la infinidad de complejidades y
experiencias humanas que revelan la operación y la Ley sobre la cual descansa
toda manifestación. Esto hace comprender que no existe lo que llaman
“casualidad o accidente”. Todo tiene una causa interior, y todo es la causa de un efecto futuro en el mismo
instante que se efectúa la causa. Si un hombre ha dañado a una mujer en una vida, es seguro que
reencarnará en forma femenina y pasará por la experiencia similar, hasta que
sufra aquello que le hizo soportar a otro. Lo mismo ocurre a toda mujer que
lastime o dañe a un hombre. Esta es la única forma en que cada uno se obliga a
experimentar tanto la causa como el efecto de todo lo que genera el mundo.
El individuo puede experimentar y crear
lo que se le antoje en su propio mundo, pero si a él se le antoja hacer aquello
que le haga a otros experimentar discordia, él se obliga a experimentar la misma
condición hasta que comprenda lo que es el efecto de su propia creación sobre
la vida ajena en el Universo.
Mensaje
canalizado de un Maestro Ascendido (20 de Agosto de 2014)
No importa lo profundo del abismo,
Dios tenderá un puente. No importa lo oscuro del panorama, Su Fuerza encenderá
una luz. No importa lo complicado del problema, Su infinito Amor te mostrará la
solución.