Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
Bienvenido a este espacio de presencia y palabra.
Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior.
Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.
Recuerda
ante todo separar las cosas del tumulto que se forma en torno a ellas y
considerar lo que es en sí misma cada una; verás entonces que nada tienen de
terrible, salvo el miedo con que las miramos. Lo que les ocurre a los niños nos
ocurre a nosotros, (que somos niños grandes): si sus amigos, con los que
acostumbran a jugar, se les presentan con una careta, se quedan aterrados.
Tenemos que quitarles la máscara no solo a las personas, sino a las cosas
también, y contemplarlas en su aspecto natural.
Cuando nacemos somos limpios y puros. Las capas formadas de nuestra aura son brillantes, transparentes, cristalinas.
Pero no nos dura mucho, a lo sumo, hasta que empezamos a caminar, ya que es esa etapa de nuestra vida cuando conocemos una palabra nueva que vamos a escuchar y
a repetir muchísimas veces a lo largo de nuestra vida: “NO”.
El “no” lleva implícito muchas cosas,
en principio es la negación de la expresión natural del niño y eso hace que
empiece a aprender a reprimir conductas y emociones, empieza a colocarse una
máscara, la máscara de la represión; con ella puesta el niño empieza a reprimir
los impulsos que salen de su interior.
Pero el niño sigue creciendo y
empieza a coleccionar máscaras de todo tipo y condición, máscaras que serán distintas,
en función del escenario en que se encuentra, con los amigos, que, por
supuesto, es distinta a la máscara de andar por casa. En casa tiene varias, la
máscara para tratar con mamá, la máscara para tratar con papá, la máscara para
tratar con los hermanos, la máscara para tratar con los abuelitos; y el niño
sigue creciendo y se convierte en un adulto, y sigue acumulando máscaras, la
máscara para tratar con los compañeros de trabajo, la máscara para tratar con
su pareja, la máscara para tratar con su jefe, etc., etc., etc.
Representa tantos personajes, que ni
la propia persona sabe como es, sólo es una representación de sí misma, ya que,
en función de la circunstancia, de la persona que tiene delante o el lugar en
que se encuentra, irá colocándose una máscara u otra. Entonces ¿quién es
realmente esa persona?, ¿la que actúa en casa cuando está sola?, ¿la que actúa
cuando está con la familia?, ¿la que actúa en el trabajo?, ¿quién es realmente
la persona?, ¿sabe la persona realmente quién es?
No, la persona no sabe quién es y ni
tan siquiera como es. Físicamente la persona no sabe cómo es porque ella no se
ve, lo único que ve es su reflejo, y ¿quién la dice que lo que refleja el
espejo y ella ve, es lo mismo que ven los demás?; por lo tanto sabe cómo es su
reflejo, pero no como es ella. Y en cuestión de carácter, tampoco sabe como es,
la persona cree que es la imagen que ella se ha construido de sí misma,
construcción realizada en función de las máscaras, pero lo que cree la persona que
es, sólo es otro reflejo, en este caso mental.
Según va madurando la persona, a lo
largo de muchas vidas, según va construyendo su carácter, va dejando máscaras,
estas van desapareciendo, hasta que la persona llega un momento que arroja la
última máscara y vive sin ellas. En ese momento, la persona ya es ella, ya no
actúa, sólo vive. ¿Cuándo ocurrirá eso? Sólo ocurrirá en el momento en que la
persona deje de vivir desde la mente y viva desde el corazón, en el momento en
que sea Amor y ya no tenga miedo de mostrarse tal cual es, en el momento que sea
consciente de su divinidad. Mientras no sea consciente de eso y viva temerosa
de perder su empleo, de perder a su pareja, de que sus hijos no se casen con un
buen partido, etc., seguirá usando máscaras, es normal, con algo hay que tapar
la hipocresía.
Hay que ser como los niños, limpios,
puros, brillantes, cristalinos y luminosos, y eso sólo lo puedes hacer
viviendo, sintiendo y actuando desde el corazón.
Las personas con las
que te vas encontrando en la vida solo han sido colocadas por ti, precisamente
para que seas consciente de ese defecto que traes de fabrica, para que seas
consciente de la debilidad de tu carácter, para que seas consciente de la baja
autoestima que sientes por ti, para que seas consciente de tus miedos, de tus
malos hábitos, de tu pereza o tu falta de voluntad, para que seas consciente de
tu falta de respeto y de tu falta de compasión, en suma, esas personas han
pactado contigo en tu Plan de Vida ser un espejo donde aparezcan reflejadas tus
debilidades, para que sea más fácil para ti subsanar todos esos “defectillos”,
y empezar así a amarte para acumular la energía del amor y poder así comenzar a
entregársela a los demás.
Cuanto más seas tu
mismo, sin máscaras, más cerca estarás de amarte a ti y de amar a los demás.
Tienes que aprender a
amarte a ti, ya que si no te amas a ti mismo, difícilmente podrás amar a los
demás. Si no te respetas a ti mismo, difícilmente podrás respetar a los demás.
Si no te valoras a ti mismo, difícilmente podrás valorar a los demás.
¿Cómo
sé que me amo? es la continuación de ¿Por qué amarse a uno mismo?
No
se puede amar a nadie si no nos amamos a nosotros mismos, ya que como decíamos
en la entrada anterior para dar algo es imprescindible tenerlo, y para dar la
energía del amor también, por lo tanto el primer paso es trabajar en nosotros,
es aprender a amarnos.
¿Cómo
hacerlo?
Sé
tu mismo siempre, en cualquier circunstancia, ante cualquier situación, con
independencia de quien está delante de ti. Cuando alguien se ama a sí mismo no
tiene porque esconder nada, está satisfecho de sí mismo tal cómo es, por lo
tanto no tiene que fingir ser quien no es y no tiene que ponerse ninguna
máscara en función de la persona que tiene delante.
Ya
sé que puedes pensar: “Si me presento tal cual soy, a veces, las personas
pueden ofenderse, o no entenderme, o pueden forjarse una idea errónea sobre mí,
o no valorarme en su justa medida. Además soy consciente de algunos aspectos de
mi personalidad y de mi carácter que en según qué condiciones, es mejor que no
salgan a la luz, Creo que lo más seguro es presentarme tal como le gusta a la
persona con la que interactúo, y con mucha más razón si es una persona a la que quiero complacer o una persona de la
que quiero conseguir algo. Sobre todo si no me cuesta excesivo trabajo, tengo
practica en fingir ser quien no soy”.
Ese
pensamiento es una prueba irrefutable de que no te amas. No te sientes
satisfecho de ti, entregas tu poder al primero que llega presentándote ante él
tal como a él le gusta, le estás engañando dando una imagen ficticia, y te
estás engañando a ti, lo cual no te va a permitir evolucionar, vas a quedarte
estancado en tu engaño ocultando tus carencias y divulgando tu mediocridad.
Como
inicio del trabajo conseguir ser consciente de tus máscaras, ya tiene algo
bueno: Eres consciente de tus debilidades, eres consciente de tu carácter, eres
consciente de tus limitaciones, eres consciente de tus malos hábitos.
La
parte no tan buena es que una vez eres consciente de todo eso, en lugar de
mejorarlo lo escondes. Así no vas a llegar a ningún sitio, y mucho menos a
Dios, que es realmente tu destino aunque no seas consciente.
Has
de conseguir desprenderte de cada una de tus máscaras, para interactuar en la
vida tal cual eres sin esconderte detrás de nada. Por eso has de analizar
cuando te escondes, por qué te escondes, para qué te escondes, y como es la
actuación que realizas.
Las
personas con las que te vas encontrando en la vida solo han sido colocadas por
ti, en tu camino, precisamente para que seas consciente de ese defecto que
traes de fabrica, para que seas consciente de la debilidad de tu carácter, para
que seas consciente de la baja autoestima que sientes por ti, para que seas
consciente de tus miedos, de tus malos hábitos, de tu pereza o tu falta de
voluntad, para que seas consciente de tu falta de respeto y de tu falta de
compasión, en suma, esas personas han pactado contigo en tu Plan de Vida ser un
espejo donde aparezcan reflejadas tus debilidades, para que sea más fácil para
ti subsanar todos esos “defectillos”, y empezar así a amarte para acumular la
energía del amor con la que comenzar a entregársela a los demás.
Cuanto
más seas tu mismo, sin máscaras, más cerca estarás de amarte a ti y de amar a
los demás.
Carta
de Albert Einstein a su hija Lieserl.
“Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy
pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la
humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo.
Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo
que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo
suficiente para acoger lo que te explico a continuación.
Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que
hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza
que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de
cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por
nosotros. Esta fuerza universal es el amor.
Cuando los científicos buscaban una teoría
unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.
El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo
recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas
por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y
permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y
desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.
Esta fuerza lo explica todo y da sentido en
mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado
tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del
universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.
Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple
sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la
energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por
la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor
es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.
Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control
de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es
urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra
especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si
queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la
única y la última respuesta.
Quizás aún no estemos preparados para fabricar una
bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el
egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva
en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera
ser liberada.
Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía
universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo
trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.
Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo
que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal
vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo,
necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última
respuesta!
Todo
es elección. Aunque no seamos conscientes de ello, nos pasamos la vida
eligiendo, y nuestra primera elección es, sin ninguna duda, nuestra llegada a
la vida. Elegimos nacer por el inmenso deseo que tiene el alma de purificarse y
acercarse a Dios, cuando sería más fácil para ella quedarse en los planos en
los que se encuentra, sin ninguna de las necesidades y padecimientos del
cuerpo. Pero es igual, el alma necesita acercarse a su esencia divina y vivir
su divinidad de manera completa, para lo cual tiene que completar su
aprendizaje, tiene que vivir todas las experiencias, tiene que liberarse de sus
deudas y recibir las que le son debidas.
Lo
realmente dramático, es que una vez en el cuerpo, no recordamos nada de esa,
nuestra primera elección, y nos encontramos en la vida, envueltos en pañales,
creciendo y aprendiendo, en casi todas las ocasiones, con dudas y con miedos,
unas lecciones que no son las que necesariamente hemos venido a aprender. Es
como si nos matriculáramos en la Facultad de Filosofía y en vez de enseñarnos a
razonar, nos enseñaran a construir puentes. No nos sirven “casi” de nada las
enseñanzas que vamos recibiendo a lo largo y ancho de nuestra vida, y no es
porque nuestros maestros no lo intenten, en muchos casos con amor, aunque con esa
peculiar manera que tenemos de amar los humanos, el amor del cuerpo, y no el
amor del alma. Pero siguen sin sernos útiles sus enseñanzas, ya que no nos
enseñan a vivir para el alma. Sus enseñanzas están basadas en como engañar a la
vida.
Es
posible, que incluso en ese engañar a la vida, tengamos algunas opciones para
elegir nuestro camino: Estudiar o trabajar, ser ingeniero o escritor,
permanecer solteros o casarnos, tener un hijo o dos, vivir en una casa o en un
piso, etc., etc. Pero siguen siendo opciones de vida, no opciones de alma. Elijamos
la opción que sea, siempre nos faltarán las opciones más importantes, de las
que ni tan siquiera podemos ser conscientes de que están ahí, al alcance de
nuestra mano. Esas opciones, se refieren a la vida del alma, y es normal que no
tengamos conocimiento de ellas, porque nunca, nadie, nos ha hablado de otras
opciones que no sean las referidas a la vida física del cuerpo.
Esas
otras opciones, desconocidas para casi todos los mortales, no van en contra de
la vida, o mejor dicho, no van en contra del libre fluir de la vida. Van a
favor de la vida, y por lo tanto, van a favor del alma.
No
se trata de elegir entre nada físico, ni entre dos deseos, que según nos han
enseñado, nos pueden dar algún momento de efímera felicidad. Se trata de elegir
las condiciones para conseguir, de manera cada vez más duradera, hasta llegar a
permanente, “la felicidad”.
Se
trata de desaprender lo aprendido. Se trata de elegir la paz en lugar de la
guerra. Se trata de elegir la alegría en lugar de la tristeza. Se trata de
elegir la acción en lugar de las dudas. Se trata de elegir la risa en lugar del
llanto. Se trata de aceptar en lugar de criticar. Se trata de elegir el respeto
en lugar de despreciar. Se trata de elegir el perdón en lugar del odio. Se
trata de bendecir en lugar de maldecir. Se trata de elegir el servicio al
prójimo en lugar de ignorarle. Se trata de elegir al amor en lugar del miedo.
Se trata en vivir desde el alma, mimando al cuerpo. Se trata de elegir la humildad
y no la soberbia. Se trata de vivir en la verdad y no en el engaño. Se trata de
alegrarte por el bien de tu hermano sin envidias. Se trata de vivir desde el
corazón. Se trata de amarnos a nosotros mismos. Se trata de aceptar el libre
fluir de la vida sin oposición. Se trata de aceptarnos y presentarnos ante los
demás tal como somos, sin máscaras, sin engaños.
Se
trata de elegir la felicidad en lugar del sufrimiento.
Todos los seres humanos vivimos dos realidades diferentes, una interior, la otra exterior. De hecho, bien podríamos decir que, en un principio, somos dos personas en una, con dos personalidades distintas: la que vive los pensamientos y las sensaciones, que es aquello que condiciona la realidad interna de la persona; y la externa, la que interactúa con la vida en función, sobre todo, de sus creencias y programaciones.
Pero esta segunda personalidad, la que vive la realidad exterior, aun podríamos subdividirla en otras muchas: La realidad como hijo/hija, como padre/madre, como nieto/nieta, como empleado/empleada, como abuelo/abuela, como jefe, como pareja, como amigo/amiga, etc.
Es claro que la vida es como un gran escenario, en el que vamos representando muchos personajes, y para interpretar cada uno de ellos vamos cambiando nuestro vestuario, o mejor, nuestra máscara.
Nuestra vida interior, está gobernada completamente por los pensamientos y las sensaciones. ¡Somos lo que pensamos!, decía Buda, y en nuestro interior esa es una realidad completamente cierta. No existe disimulo, ni doblez, ni fingimiento, ni ocultación. Sólo lo podríamos disimular para nosotros, y eso ni pasa, ni es posible. En nuestro interior somos auténticos y, además, afortunadamente, todo lo que sucede dentro de nosotros es inaccesible para el mundo. ¿Te imaginas que pasaría, si todo lo que va pasando por nuestra mente fuera de dominio público? Teniendo en cuenta nuestra inmadurez la vida sería un campo de batalla.
En el set de rodaje de la vida agoniza la autenticidad de la persona, y aunque toda nuestra actuación exterior está condicionada por parte de esa vida interior y por nuestras creencias, casi nada sale a la luz, el disimulo y la ocultación son constantes. El cambio de máscara es permanente, en función de la realidad que estamos representando, en función de cada uno de nuestros papeles. Podemos, por ejemplo,estar sonriendo y alabando a nuestro jefe, cuando sabemos que íntimamente le odiamos y desearíamos no tener que soportarlo ni dos minutos.
Mientras se dé esta dualidad estamos condenados a seguir aprendiendo, una vida tras otra. Nuestro exterior ha de ser un fiel reflejo de lo que pasa dentro de nosotros, pero no se trata, como en el ejemplo del jefe, decirle claramente que es inaguantable, que es lo que realmente pensamos y sentimos. Perderíamos nuestro empleo. Se trata de cambiar el interior. Se trata de no tener un enjambre de abejas locas en nuestro interior. Se trata de buscar la paz y el amor.
Cuando traspasamos el tiempo, al otro lado de la vida, hacemos un repaso exhaustivo, no sólo de todas nuestras acciones, sino también, de nuestros pensamientos, para pagar o recibir, en posteriores vidas, todo aquello que ha causado daño. En la dualidad, la deuda a pagar es doble, o triple: El pensamiento, el engaño y la acción.
Sólo se trata de cambiar nuestra autenticidad, cambiando la realidad interior, para que no nos cause rubor el día que todo aquello que pase por nuestra mente sea de dominio público, porque todo lo que habrá entonces será Amor.
Cuando nacemos somos limpios y puros, las capas formadas de nuestra aura son brillantes, transparentes, cristalinas. Pero no nos dura mucho tiempo, a lo sumo, hasta que empezamos a andar, y a la vez que empezamos a andar empezamos a conocer una palabra nueva que vamos a escuchar y a repetir muchísimas veces a lo largo de nuestra vida: “NO”.
El “no” lleva implícito muchas cosas, en principio es la negación de la expresión natural del niño y eso hace que empiece a aprender a reprimir conductas y emociones, y empiece a colocarse una máscara, la máscara de la represión; con ella puesta el niño da comienzo a la represión de los impulsos que salen de su interior.
Pero el niño sigue creciendo y comienza su colección de máscaras de todo tipo y condición: máscaras que serán disintas, en función del escenario en que se encuentre, con los amigos, que, por supuesto, es distinta a la máscara de andar por casa, en casa tiene varias, la máscara para tratar con mama, la máscara para tratar con papa, la máscara para tratar con los hermanos, la máscara para tratar con los abuelitos; y el niñosigue creciendo y se convierte en un adulto, y sigue acumulando máscaras, la máscara para tratar con los compañeros de trabajo, la máscara para tratar con su pareja, la máscara para tratar con su jefe, etc., etc., etc.
Representa tantos personajes, que ni la propia persona sabe como es, sólo es una representación de sí misma, ya que en función de la circunstancia, de la persona que tiene delante o el lugar en que se encuentra, irá colocándose una máscara u otra. Entonces ¿quién es realmente esa persona?, ¿la que actúa en casa cuando está sola?, ¿la que actúa cuando está con la familia?, ¿la que actúa en el trabajo?, ¿quién es realmente la persona?, ¿sabe la persona realmente quién es?
No, la persona no sabe quién es y ni tan siquiera como es. Físicamente la persona no sabe como es porque ella no se ve, lo único que ve es su reflejo, y ¿quién la dice que lo que refleja el espejo y ella ve, es lo mismo que ven los demás?; por lo tanto sabe cómo es su reflejo, pero no como es ella. Y en cuestión de carácter, tampoco sabe como es, la persona cree que es la imagen que ella se ha construido de sí misma, construcción realizada en función de las máscaras, lo que cree la persona que es, sólo es otro reflejo, en este caso mental.
Según va madurando la persona, a lo largo de muchas vidas, según va construyendo su carácter, va dejando máscaras, estas van desapareciendo, hasta que la persona llega un momento que arroja la última máscara y vive sin ellas. En ese momento, la persona ya es ella, ya no actúa, sólo vive. ¿Cuándo ocurrirá eso? Sólo ocurrirá en el momento en que la persona deje de vivir desde la mente y viva desde el corazón, en el momento en que sea Amor y ya no tenga miedo de mostrarse tal cual es, en el momento que sea consciente de su divinidad. Mientras no sea consciente de eso y viva temerosa de perder su empleo, de perder a su pareja, de que sus hijos no se casen con un buen partido, etc., seguirá usando máscaras, es normal, con algo hay que tapar la hipocresía.
Y si alguien piensa que es normal actuar de distinta manera según las circunstancias,que estudie la vida de los grandes hombres y mujeres que nos han precedido, y busque cuando trataban de engañar haciéndose pasar por quienes no eran, que es lo que se hace con las máscaras.
Hay que ser como los niños, limpios, puros, brillantes, cristalinos y luminosos, para poder tener acceso al Reino de Dios, y eso sólo lo puedes hacer viviendo, sintiendo y actuando desde el corazón.