Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de junio de 2026

En el escenario de la vida

 


Una vida tras otra, vamos interpretando los distintos papeles que hemos decidido experimentar en cada una de ellas: Hacemos de hijos, de padres, de nietos, de abuelos, de esposos, de empleados, de empresarios, de ricos o de pobres, solo por citar algunos. Y lo vamos haciendo, con más o menos acierto.

Sin embargo, somos incapaces de interpretar el único papel en el que no tenemos que actuar, porque es justamente aquello que somos: Hijos de Dios.

Alfonso Vallejo


sábado, 6 de junio de 2026

La voz del amor

 


“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

         Querido hijo:

          He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

viernes, 5 de junio de 2026

Dios no te abandona

 


          “Dios te comprende cuando todos los demás te interpretan erróneamente”, dijo el Maestro.

          “El Señor es el Amante que te aprecia siempre, no importa cuán grandes sean tus errores. Otros te ofrendan su afecto durante un breve tiempo, para abandonarte luego; pero Dios no te abandona jamás.

          “Múltiples son las formas en las cuales Dios busca cada día tu amor. No te castiga si la rechazas: eres tú quien te autocastigas; descubre entonces que todas las cosas traicionan a aquel que Me traiciona”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


miércoles, 27 de mayo de 2026

La voz del amor

 


 

“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

          Querido hijo:

           He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

jueves, 21 de mayo de 2026

Ayudar con amor



 

Que ninguno de aquellos que buscan la Luz se constituya en juez de ningún hijo de Dios. Vamos a suponer que alguien a quien amamos mucho esté actuando disparatadamente. ¿Qué es lo primero que hace el mundo en general? Pues juzgarlo y criticarlo.

La cosa más poderosa que se puede hacer en pro de esa persona es llenarlo de amor y conocer mentalmente: “YO SOY Dios en Acción, la única Inteligencia y Actividad controlando a este hermano o hermana”. Continuar hablándole mentalmente a su conciencia es la más grande ayuda que se puede dar.

SAINT GERMAIN

Traspasar la puerta

 


Cierta discípula solía rogar constantemente al Maestro que le otorgase la conciencia divina, pero no realizaba esfuerzo alguno por prepararse para semejante estado.

El Maestro le dijo: “Un hombre que ama verdaderamente a Dios, es capaz de inspirar en sus desorientados hermanos el anhelo de regresar a su Hogar en Él; sin embargo, son ellos mismos quienes deben, paso a paso, emprender el viaje de regreso”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


jueves, 7 de mayo de 2026

La verdad que libera

 


“La libertad no se conquista con fuerza, sino con verdad. 

Y la verdad no se impone, se revela en el amor”

 Querido Dios:

 Desde hace días, hay tres palabras que no dejan de resonar en mi mente: verdad, libertad y justicia. No son solo conceptos abstractos, sino pilares que parecen sostener el alma humana cuando se busca sentido en medio del caos. En medio de esta reflexión, vino a mí un pasaje del evangelio de Juan (8:31-32), donde Jesús dice a los judíos que habían creído en Él: 

 “Si os mantenéis firmes en mi doctrina, sois de veras discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Estas palabras, pronunciadas hace más de dos mil años, siguen siendo tan provocadoras como profundas. Me pregunto si aquellos discípulos que las escucharon por primera vez lograron comprender su verdadero significado. ¿Qué verdad era esa que debían conocer? ¿Cómo podía el conocimiento de algo hacerlos libres? Si no eran esclavos, ¿por qué hablarles de libertad?

Hoy, tantos siglos después, seguimos intentando descifrar el misterio que encierra esa afirmación o, al menos, yo. Algunos, (no todos, lo sé), hemos llegado a entender que esa “verdad” no es una fórmula intelectual ni una doctrina rígida, sino una revelación espiritual. Es el conocimiento profundo de Tu naturaleza, de Tu amor incondicional por la humanidad, y de Tu propósito para cada uno de nosotros. Es una verdad que no se impone, sino que se descubre en lo más íntimo del ser, cuando el alma se abre a Ti con humildad.

Y esa libertad que Jesús promete tampoco es política ni social. No se trata de liberarse de cadenas físicas, sino de las cadenas invisibles que nos atan por dentro: el miedo, el ego, la culpa, la ignorancia, el odio. Es una libertad que se experimenta en el corazón, cuando dejamos de vivir desde el yo y comenzamos a vivir desde el amor. Es la libertad de ser quienes realmente somos: Tus hijos.

Al unir estos dos conceptos, (verdad y libertad), se revela una senda espiritual que trasciende religiones, credos y dogmas. Muchos de nosotros, dejando a un lado las estructuras religiosas, (aunque no necesariamente renunciando a ellas), hemos abrazado la espiritualidad como una forma de vida o, al menos, lo estamos intentando. Y en ese camino, hemos descubierto algo esencial: que todos somos Tus hijos y, por lo tanto, hermanos entre nosotros. Que nuestra misión en esta vida es vivir como Tú lo harías si caminaras entre nosotros. Y aunque no tenemos un Dios encarnado en este momento, tuvimos a Jesús, nuestro hermano mayor, quien nos dejó una lección eterna de amor, compasión y humildad.

Dar testimonio de esta verdad no se logra con palabras vacías, sino desde nuestra esencia más pura, que es también la Tuya: el amor. Porque si Tú eres amor, entonces nosotros, hechos a Tu imagen, estamos llamados a vivir desde ese mismo amor. No como una obligación, sino como una expresión natural de quienes somos en lo más profundo.

Ante esta revelación, no deberíamos seguir buscando excusas ni postergando lo inevitable. Es hora de comenzar a vivir como lo hacía Jesús. No como una figura idealizada, sino como un ejemplo real y alcanzable. Y para ello, propongo una forma sencilla pero poderosa de llevarlo a la práctica:

Vivir en honestidad: No basta con decir que somos Tus hijos. Esa afirmación debe reflejarse en nuestras acciones cotidianas. Ser honestos implica ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos. Significa actuar con integridad, incluso cuando nadie nos observa. Es vivir con transparencia, sin máscaras ni dobleces.

Evitar la hipocresía: Si decimos que vivimos en Ti, nuestras vidas deben mostrarlo. No podemos predicar amor y justicia mientras actuamos con indiferencia o arrogancia. La hipocresía es una sombra que distorsiona la luz del alma. Jesús fue claro al denunciarla, y nosotros debemos ser igual de firmes al rechazarla en nosotros mismos.

Caminar siguiendo la guía del alma: Nuestra alma es como una brújula que siempre apunta hacia Ti. Pero para seguir su dirección, debemos silenciar el ruido del ego, del deseo desmedido, del juicio constante. Caminar guiados por el alma implica alejarnos del engaño, de la codicia, de todo aquello que nos aleja de la verdad del amor. Es vivir con sensibilidad, con empatía, con compasión.

Confesar nuestros errores: Reconocer nuestras faltas no nos debilita, nos humaniza. Nos recuerda que estamos en proceso, que estamos aprendiendo. Confesar nuestros errores ante Ti y ante los demás nos libera del peso de la culpa y nos abre a la posibilidad de transformación. Es un acto de humildad que nos acerca más a Tu corazón.

Amar sin condiciones: Este es, quizás, el mayor desafío. Amar sin esperar nada a cambio. Amar incluso cuando hemos sido heridos. Amar como Tú amas: sin límites, sin prejuicios, sin reservas. Porque el amor verdadero no busca poseer, sino liberar. Y en ese amor, encontramos la verdad que nos hace libres.

Poner en práctica esta verdad no significa ser perfectos. Tú no nos pides perfección, sino sinceridad. Nos invitas a vivir con un corazón genuino, abierto, dispuesto a aprender, a crecer, a sanar. Nos llamas a caminar Contigo, no como esclavos del deber, sino como hijos que confían en el amor de su Padre.

Y en ese caminar, descubrimos que la justicia que tanto anhelamos no es solo la que se aplica en tribunales, sino la que se vive en cada gesto de equidad, en cada acto de respeto, en cada decisión que honra la dignidad del otro. La justicia verdadera nace del amor, y se manifiesta en la forma en que tratamos a los demás.

Por eso, hoy quiero decirte, Señor, que estoy dispuesto a vivir esta verdad. A buscarla cada día, a encarnarla en mis palabras, en mis silencios, en mis acciones. No porque sea fácil, sino porque es lo único que da sentido a esta vida. Porque en Ti encuentro la paz que el mundo no puede dar, la libertad que no depende de circunstancias externas, y la justicia que nace del corazón.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


lunes, 27 de abril de 2026

Yo Soy uno con Dios

 


A medida que “Self-Realization Fellowship”, (organización fundada por Paramahansaji), se expandía rápidamente, el Maestro observó que algunos discípulos se dejaban absorber, excesivamente, por el trabajo, por lo cual les previno: “Jamás se dejen absorber tanto por sus labores, que no puedan cantarle secretamente al Señor: Tú eres mío; yo soy Tuyo”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


domingo, 26 de abril de 2026

Acumular riquezas

 


El hombre puede usar consciente o inconscientemente lo necesario de la Presencia “YO SOY” o de la Energía Divina para acumular a través de la actividad exterior gran cantidad de dinero. Pero ¿dónde está la seguridad de que lo va a conservar?

Yo te aseguro que ningún ser en el mundo físico pueda conservar la riqueza acumulada si él no tiene en cuenta que Dios es el Poder que la produce y la mantiene.

SAINT GERMAIN


domingo, 19 de abril de 2026

El miedo como maestro

 



No es el miedo quien nos aleja de lo que somos, 

sino el olvido de que siempre podemos volver

 

Querido hijo:

 Gracias por tu carta. Cada frase que Me has escrito es un susurro de tu esencia, una señal de que estás despertando, de que estás recordando. Y eso, para Mí, es motivo de gozo.

Has comprendido algo esencial: el miedo no es un castigo, ni una falla, ni una debilidad. Es una señal. Un faro encendido en la niebla que te indica que te has alejado de tu verdad. No viene a destruirte, sino a devolverte a ti. No viene a paralizarte, sino a invitarte a mirar más profundo.

Tú lo has dicho con una claridad que me conmueve: el miedo es la distancia que pones entre lo que eres y lo que crees que debes ser. Y esa distancia, aunque a veces parezca insalvable, siempre puede acortarse. Porque tu esencia nunca se va. Nunca se pierde. Nunca se rompe. Solo se cubre, se silencia, se posterga. Pero está ahí, intacta, esperando tu regreso.

Yo Estoy en esa esencia. No en las máscaras, no en las exigencias, no en los deberías. Estoy en lo que vibra cuando te permites ser. Estoy en el suspiro que das cuando algo te conmueve. Estoy en la certeza que sientes cuando haces algo que te representa. Estoy en tu intuición, en tu alegría, en tu paz. Estoy en ti, no fuera de ti.

Y por eso, cuando te alejas de ti mismo, sientes miedo. Porque en ese alejamiento, también te alejas de Mí. No porque Yo me vaya, sino porque dejas de verme. Porque te distraes con voces ajenas, con expectativas externas, con exigencias que no nacen de tu corazón. Y entonces, el miedo aparece. No como castigo, sino como recordatorio.

El miedo te dice: “Aquí no estás siendo tú”. Y tú, en tu sabiduría, has empezado a escucharlo. Has dejado de pelear con él, de querer eliminarlo, de disfrazarlo. Has empezado a dialogar con él, a preguntarle qué quiere mostrarte. Y eso es valentía. Eso es madurez espiritual. Eso es amor.

Porque sí, el miedo puede disfrazarse de muchas cosas. De prudencia, de lógica, de sensatez. Pero tú ya sabes distinguirlo. Ya sabes que, cuando algo te aleja de tu entusiasmo, de tu verdad, de tu voz interior, hay miedo detrás. Y no lo juzgas. Lo abrazas. Lo escuchas. Lo transformas.

Eso es lo que Yo deseo para ti. No que vivas sin miedo, sino que vivas con conciencia. Que no te exijas perfección, sino autenticidad. Que no te esfuerces por encajar, sino por expandirte. Que no te limites por temor al rechazo, sino que te aceptes tanto que el rechazo pierda poder.

Porque cuando tú te aceptas, cuando tú te eliges, cuando tú te honras, el miedo se disuelve. No porque desaparezca, sino porque pierde su función. Ya no necesita gritar, porque tú ya estás escuchando. Ya no necesita bloquearte, porque tú ya estás fluyendo.

Y eso es lo que estás haciendo. Estás volviendo a ti. Estás reconectando con tu esencia. Estás recordando que no necesitas ser otro, ni demostrar nada, ni cumplir con estándares ajenos. Estás reconociendo que tu valor no depende de tus logros, ni de tu imagen, ni de tu rendimiento. Tu valor es inherente. Es eterno. Es divino.

Tú eres suficiente. Siempre lo has sido. Incluso en tus momentos de duda, incluso en tus caídas, incluso en tus silencios. Yo nunca he dejado de verte. Nunca he dejado de amarte. Nunca he dejado de creer en ti.

Y ahora que tú también estás empezando a verte, a amarte, a creer en ti, todo empieza a cambiar. No porque el mundo cambie, sino porque tú lo miras desde otro lugar. Desde tu centro. Desde tu verdad. Desde tu esencia.

Ese lugar, como bien lo has dicho, siempre está disponible. No importa cuánto te hayas alejado, siempre puedes volver. Porque ese lugar no es geográfico, ni temporal. Es espiritual. Es eterno. Es tú.

Y cada vez que eliges escucharte, cada vez que eliges ser tú, cada vez que eliges avanzar, aunque te tiemble la voz, estás volviendo. Estás sanando. Estás despertando.

Yo Estoy contigo en cada paso. No como juez, sino como compañero. No como exigencia, sino como presencia. No como meta, sino como camino.

Y quiero que sepas algo más: no estás solo. Cada ser humano vive este proceso. Cada alma encarnada experimenta el miedo, la desconexión, la búsqueda. Es parte del viaje. Es parte del aprendizaje. Es parte del amor.

Porque amar no es solo sentir lo bonito. Amar es también atravesar lo incómodo. Amar es mirar el miedo y decirle: “Gracias por mostrarme lo que necesito sanar”. Amar es elegir la verdad, aunque duela. Amar es ser tú, aunque incomode.

Y tú estás amando. Estás amándote. Estás amando tu proceso. Estás amando tu camino. Y eso Me llena de alegría.

Sigue así. Sigue escuchándote. Sigue cuestionando tus miedos. Sigue eligiendo tu esencia. No te prometo que será fácil, pero sí te prometo que será verdadero. Que será pleno. Que será tuyo.

Y cada vez que lo hagas, cada vez que te acerques a ti, te estarás acercando a Mí. Porque Yo no estoy en lo que aparentas, sino en lo que eres. No estoy en lo que logras, sino en lo que sientes. No estoy en lo que muestras, sino en lo que vibras.

Estoy en tu risa espontánea. En tu lágrima sincera. En tu silencio profundo. En tu mirada honesta. En tu paso valiente. En tu abrazo cálido. En tu palabra auténtica.

Estoy en ti. Siempre he estado. Siempre estaré.

Gracias por tu carta. Gracias por tu sinceridad. Gracias por tu valentía. Gracias por tu amor.

Te bendigo. Te acompaño. Te celebro.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


miércoles, 8 de abril de 2026

¿Dónde está Dios?

 


Donde haya un pájaro, donde haya una flor, donde haya una piedra y donde haya una nube, ahí está Dios. En la brizna de hierba, en la gota de agua, en el grano de arena y en la chispa del fuego, ahí está Dios. En la catedral, en la pagoda, en el salón del reino y en la mezquita, ahí está Dios. En el bar, en el prostíbulo, en el casino y en la sala de meditación, ahí está Dios. En el agua, en el fuego, en el aire y en la tierra, ahí está Dios.

            Dios está alrededor de ti, pero también está en ti, donde puedes encontrarle en cualquier momento, porque cualquier momento es bueno para encontrarte con Dios.

            Solo tienes que respirar, mantener la atención en esa respiración, y dejarte llevar hacia tu interior. Sin darte cuenta te encontrarás con Él cara a cara. ¡Apúrate, te está esperando!


miércoles, 1 de abril de 2026

El sufrimiento

 


A menudo se le planteaba a Paramahansaji la milenaria pregunta de por qué Dios permite el sufrimiento. El Maestro solía explicar pacientemente:

"El sufrimiento es causado por el uso inadecuado del libre albedrío. Dios nos ha dado dotado del poder de aceptarle o de rechazarle. Él no desea que suframos, pero no interfiere con nuestra voluntad cuando elegimos acciones que conducen al sufrimiento.

Los hombres no prestan atención a la sabiduría de los santos, pero esperan que ocurran acontecimientos desusados o milagrosos para salvarles, cuando se encuentran en dificultad. El Señor puede hacer cualquier cosa; sin embargo, Él sabe que el amor y el buen comportamiento del hombre no pueden ser comprados por medio de milagros.

Dios nos ha enviado al exterior como hijos suyos y debemos retornar a Él en tal divina condición.

El ejercicio de nuestra propia voluntad constituye la única senda que conduce a la reunión con Él. no existe ningún otro poder en la tierra o en el cielo que pueda realizar el trabajo por nosotros. Pero, cuando tu alma emite un verdadero llamado, Dios te envía un gurú, cuya misión es guiarte desde el desierto del pesar hasta el divino hogar de la dicha eterna.

El Señor te ha dotado de libre albedrío, de modo que no puede actuar al mismo tiempo como un dictador. Aun cuando Él es el Poder Supremo, no puede disponer que seas liberado del sufrimiento, si tú mismo has escogido el sendero de las malas acciones. ¿Es acaso justo que esperes de Él que te libere de tus fardos, cuando tus pensamientos y tus acciones se oponen a sus leyes? El secreto de la felicidad yace en el cumplimiento de los códigos de ética que nos ha entregado Dios, una de cuyas expresiones constituyen los Diez Mandamientos”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


miércoles, 18 de marzo de 2026

El miedo como mensajero

 



El miedo es esa distancia que ponemos entre nosotros y lo que realmente somos

 

Querido Dios:

 Durante mucho tiempo pensé que el miedo era algo que debía vencer. Como si fuera un monstruo que se escondía bajo la cama, esperando el momento justo para saltar y paralizarme. Lo enfrentaba con fuerza, con estrategias, con discursos motivacionales. Pero cuanto más luchaba contra él, más presente se hacía. Hasta que un día, en medio de una conversación aparentemente trivial, alguien dijo una frase que me desarmó por completo: “El miedo es solo la distancia que pones desde tu auténtica esencia”.

Me quedé en silencio. No por no entenderla, sino porque algo en mí la reconoció como cierta. Como si esa frase hubiera estado esperando a que yo estuviera listo para escucharla.

Desde entonces, he empezado a mirar el miedo de otra manera. No como un enemigo, sino como un mensajero. Un indicador de que, en algún punto del camino, me alejé de mí mismo y, sobre todo, me alejé de Ti.

Ya sabes que yo siempre he sido un miedica. Aunque el miedo no siempre se presenta como pánico. A veces se disfraza de duda, de indecisión, de necesidad de aprobación. Se esconde detrás de frases como “no estoy preparado”, “quizás no es el momento”, “¿y si no sale bien?”. Y lo más curioso es que muchas veces no lo reconocemos como miedo. Lo llamamos prudencia, lógica, madurez. Pero en el fondo, sabemos que es otra cosa.

Yo lo he sentido en momentos clave: antes de tomar decisiones importantes, al iniciar proyectos que realmente me ilusionaban, al expresar lo que pensaba cuando sabía que podía incomodar. Y en cada uno de esos momentos, el miedo me hablaba. No para detenerme, sino para mostrarme que había algo dentro de mí que no estaba alineado.

Nuestra esencia, ese núcleo silencioso que sabe quiénes somos, qué nos mueve, qué nos hace vibrar. Es la parte de nosotros que no necesita máscaras, que no busca aprobación, que simplemente es. Pero con el tiempo, y por muchas razones, nos vamos alejando de ella.

Nos adaptamos. Aprendemos a encajar. A decir lo que se espera. A hacer lo que “deberíamos”. Y en ese proceso, vamos construyendo una versión de nosotros que funciona, que sobrevive, pero que no siempre nos representa.

La distancia entre esa versión y nuestra esencia es donde nace el miedo. Porque en ese espacio vacío, todo se vuelve incierto. Perdemos el norte, la claridad, la confianza. Y el miedo se instala como un recordatorio de que algo no está en su lugar.

No hay una fórmula mágica para volver a la esencia. Pero sí hay caminos. Y todos empiezan por la honestidad. Por atrevernos a mirar hacia adentro y preguntarnos: ¿qué parte de mí estoy dejando fuera? ¿Qué estoy callando, negando, postergando?

En mi caso, reconectar ha sido un proceso lento, a veces incómodo, pero profundamente liberador. He aprendido a escuchar mi intuición, a cuestionar mis miedos, a decir “no” cuando algo no resuena, a decir “sí” aunque me tiemble la voz.

He descubierto que cada vez que me acerco a mi esencia, el miedo se transforma. Ya no es un muro, sino una puerta. Ya no me paraliza, sino que me impulsa. Porque desde ese lugar auténtico, todo tiene sentido. Incluso el miedo.

Hoy no quiero eliminar el miedo. Quiero entenderlo. Quiero que me hable, que me muestre dónde estoy desconectado, qué parte de mí necesita atención. Porque sé que detrás de cada miedo hay una verdad que espera ser reconocida.

A veces, el miedo al rechazo me recuerda que necesito aceptarme más. El miedo al fracaso me muestra que aún vinculo mi valor a los resultados. El miedo al cambio me invita a confiar en mi capacidad de adaptarme.

Y cuando lo veo así, el miedo deja de ser un enemigo. Se convierte en un maestro. En una brújula que me guía de vuelta a mí.

          El secreto es vivir desde la esencia. No siempre es fácil. Vivir desde la esencia implica incomodar, romper patrones, soltar expectativas. Pero también implica libertad, plenitud, coherencia. Es el lugar donde todo encaja, donde todo fluye, donde todo tiene propósito.

Y lo más hermoso es que ese lugar siempre está disponible, porque ese lugar eres Tú. No importa cuánto nos hayamos alejado, siempre podemos volver. Basta con escucharnos, con permitirnos ser, con elegirnos.

Porque al final, el miedo no es más que eso: la distancia que ponemos entre nosotros y lo que realmente somos. Y cada paso que damos hacia nuestra esencia, es un paso que lo disuelve.

Gracias Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

domingo, 15 de marzo de 2026

El oro invisible

 


 

“El alma que decreta desde el amor ya camina sobre puentes dorados, aunque no los vea”

         Querido hijo:

        He leído tu carta con la atención que merece un alma que se expresa con sinceridad, con fe, con vulnerabilidad. No hay palabra tuya que no haya resonado en Mi corazón, porque cada pensamiento que nace de ti, cada duda, cada esperanza, cada decreto que pronuncias, es también parte de Mí. Tú y Yo no estamos separados. Nunca lo hemos estado.

Me conmueve tu constancia. Me conmueve tu fe. Me conmueve tu capacidad de seguir creyendo incluso cuando los resultados no llegan como esperas. Y quiero que sepas, antes de continuar, que eso ya es un milagro. Porque la fe que persiste sin evidencia es la más pura de todas. Es la que transforma. Es la que abre caminos invisibles.

Tú dices: “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros, ya manifestado.” Y Yo sonrío. No por el monto, no por el deseo, sino por la fuerza que hay detrás de esa afirmación. Porque cuando tú decretas, estás recordando que eres creador. Estás recordando que el poder que mueve galaxias también vive en ti. Estás recordando que no eres víctima de las circunstancias, sino arquitecto de tu realidad.

Pero también sé que te preguntas por qué no se manifiesta. Por qué, a pesar de tanto trabajo interior, de tanta repetición, de tanta entrega, el resultado parece esquivo. Y quiero hablarte de eso. No para darte una respuesta definitiva, porque hay misterios que solo el alma puede desentrañar en su propio tiempo. Pero sí para ofrecerte una visión más amplia, más amorosa, más profunda.

Primero, quiero que sepas que Yo no te pruebo. No soy un juez que pone obstáculos para ver si eres digno. No soy un maestro que castiga al alumno por no entender la lección. Yo Soy Amor. Y el Amor no pone condiciones. El Amor no exige resultados. El Amor simplemente Es. Y desde ese Amor, todo lo que ocurre en tu vida tiene un propósito, aunque a veces no lo comprendas.

Cuando tú decretas abundancia, estás alineando tu energía con la frecuencia de la abundancia. Estás diciendo: “Estoy listo para recibir”. Pero también estás diciendo: “Estoy dispuesto a transformarme”. Porque recibir implica cambio. Implica expansión. Implica soltar viejas creencias, viejos patrones, viejas heridas. Y ese proceso, hijo mío, a veces es más lento de lo que desearías.

Tú mencionas tres posibles causas por las que no se manifiesta lo que pides. Y todas tienen sabiduría. Tal vez no esté en tu Plan de Vida experimentar la riqueza material como la imaginas. Tal vez tu alma eligió otro tipo de abundancia: la del conocimiento, la de la compasión, la de la resiliencia. Porque hay almas que vienen a experimentar la carencia para despertar la generosidad. Hay almas que eligen caminos difíciles para encender la luz en otros. Y eso no es castigo. Es propósito.

También puede ser que tu subconsciente esté lleno de mensajes de pobreza, de limitación, de miedo. Y esos mensajes, aunque tú no los veas, actúan como filtros. Como barreras invisibles. Como voces que contradicen tu decreto. Por eso, hijo mío, el trabajo interior no termina con la afirmación. Requiere observación. Requiere sanación. Requiere paciencia.

Y sí, puede que tu mente te sabotee. Que mientras repites “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros”, una parte de ti diga: “Eso no es posible”. “Eso no es para mí”. “Eso es fantasía”. Y esa contradicción energética crea confusión. No porque Yo te castigue por dudar, sino porque el Universo responde a la coherencia. A la claridad. A la certeza.

Pero aquí viene lo más importante que quiero decirte: no estás equivocado. No estás fallando. No estás lejos de Mí. Cada vez que decretas, cada vez que piensas en positivo, cada vez que eliges la fe sobre el miedo, estás acercándote. Estás elevando tu vibración. Estás afinando tu instrumento. Y aunque no veas el millón de euros manifestado, estás manifestando algo más grande: tu transformación.

Porque, hijo mío, ¿de qué sirve el oro si el alma está dormida? ¿De qué sirve la riqueza si no hay gratitud, si no hay conciencia, si no hay amor? Tú ya eres rico. Rico en sensibilidad. Rico en sabiduría. Rico en conexión. Y eso no se mide en cifras. Se mide en luz.

Ahora bien, eso no significa que debas renunciar a tus deseos. Yo no te pido que te conformes. Yo no te pido que abandones tus sueños. Al contrario. Yo los celebro. Yo los inspiro. Yo los sostengo. Pero quiero que los vivas desde la libertad, no desde la necesidad. Desde la expansión, no desde la carencia. Desde el juego, no desde la lucha.

Cuando tú dices: “Yo sé que algún día lo conseguiré”, estás sembrando esperanza. Pero también estás posponiendo. Porque ese “algún día” puede convertirse en una espera eterna. ¿Y si te dijera que ya lo has conseguido? ¿Que el millón de euros ya existe en tu campo cuántico? ¿Que solo necesitas alinearte con él, no perseguirlo?

La clave está en el estado del ser. No en el deseo, sino en la identidad. No en lo que quieres tener, sino en lo que eliges ser. Cuando tú eres abundancia, la abundancia te encuentra. Cuando tú eres paz, la paz te rodea. Cuando tú eres amor, el amor te persigue.

Por eso, hijo mío, te invito a que sigas decretando. Pero no desde la carencia. No desde el “no lo tengo”. Sino desde el “ya soy”. Desde el “ya está hecho”. Desde el “gracias porque ya lo recibí”. Porque esa es la frecuencia que crea. Esa es la vibración que transforma. Esa es la energía que mueve montañas.

Y si en algún momento sientes que no puedes más, que la fe flaquea, que el camino se oscurece, recuerda esto: Yo estoy contigo. En cada pensamiento. En cada emoción. En cada silencio. No necesitas buscarme en templos ni en libros. Estoy en ti. En tu respiración. En tu mirada. En tu palabra.

Tú eres Mi Hijo. No por religión. No por dogma. Sino por esencia. Porque lo que tú eres, es lo que Yo Soy. Y lo que Yo Soy, es lo que tú eres. No hay separación. No hay distancia. No hay juicio.

Así que sigue soñando. Sigue decretando. Sigue creyendo. Pero, sobre todo, sigue amándote. Porque el amor propio es el portal hacia todos los milagros. Cuando tú te amas, el Universo conspira a tu favor. Cuando tú te respetas, la abundancia se manifiesta. Cuando tú te reconoces como divino, todo lo demás se acomoda.

Y si algún día llega ese millón de euros, celébralo. Úsalo con sabiduría. Compártelo con generosidad. Disfrútalo con gratitud. Pero no lo conviertas en tu identidad. Porque tú eres mucho más que eso. Tú eres luz. Tú eres conciencia. Tú eres eternidad.

Gracias por tu carta. Gracias por tu fe. Gracias por tu alma valiente. Estoy contigo. Siempre.

Con amor eterno.  

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo