La voluntad para mantener la atención,
el trabajo para realizar la meditación y la paciencia para esperar los
resultados han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo
Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
La voluntad para mantener la atención,
el trabajo para realizar la meditación y la paciencia para esperar los
resultados han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo
PADYAM MUDRA - Mudra del agua para lavarse los
pies
Qué significa:
Al igual que el mudra argham,
este también representa un chorro de agua pura y cristalina saliendo de un
elegante cántaro repleto de agua.
En este caso, las diosas portan
cántaros enjoyados y conchas marinas llenas de agua perfumada para lavar los
pies de sus invitados sagrados y de su séquito. Persiguen con ello limpiar las
manchas indeseables de todos los seres sintientes, especialmente la inmundicia
de la arrogancia que pone en peligro el logro del verdadero conocimiento.
El Padyam Mudra es un gesto
simbólico del budismo tibetano utilizado en rituales para ofrecer agua para
lavar los pies de las deidades o seres iluminados.
Es el segundo de una serie de
ocho gestos de ofrenda que imitan la hospitalidad tradicional de la antigua
India hacia un invitado de honor. [2]
Significado y Uso
El Padyam Mudra es un gesto
simbólico dentro de ciertas tradiciones de yoga, tantra y rituales devocionales
del hinduismo. No es uno de los mudras más difundidos en el yoga moderno, por
lo que suele generar dudas, pero tiene un significado claro dentro del contexto
ritual.
Es un mudra ritual asociado a la purificación y la hospitalidad sagrada. Representa el acto de ofrecer agua para lavar los pies de una deidad, un maestro espiritual o un invitado venerado. En la tradición védica, lavar los pies simboliza respeto, humildad y apertura a la energía divina.
Propósito:
Simboliza la purificación y el respeto.
Representa el acto de lavar el polvo del camino de los pies de un Buda o
Bodhisattva.
Visualización:
Durante su ejecución, el practicante suele recitar el mantra OM PADYAM AH HUM mientras visualiza nubes de cuencos de agua pura llenando el espacio ante la deidad.
Significado espiritual
El Padyam Mudra se interpreta como:
- Purificación del camino interno: limpiar las
“huellas” del ego, la confusión o las tensiones emocionales.
- Actitud de entrega: abrirse a recibir guía,
claridad o bendiciones.
- Humildad consciente: reconocer que el crecimiento
espiritual requiere receptividad.
- Preparación para prácticas más profundas: se
usa al inicio de rituales, meditaciones o pujas.
Cómo se realiza
Este gesto se mantiene a la
altura del bajo vientre o del corazón, según la intención.
Secuencia de las 8 Ofrendas
El Padyam ocupa el segundo lugar en la secuencia
ritual de ofrendas exteriores:
Argham: Agua para beber.
Padyam: Agua para lavar los pies.
Pushpe: Flores.
Dhupe: Incienso.
Aloke: Luz.
Gendhe: Perfume.
Naividya: Comida.
Shabda: Música.
Cuando se utiliza
Suele aparecer en:
- Meditaciones de purificación.
- Secuencias tántricas donde se representan
ofrendas simbólicas.
- Prácticas de bhakti yoga (devoción).
Beneficios simbólicos y psicológicos
Aunque no tiene efectos médicos específicos, se le atribuyen beneficios a nivel emocional y mental:
- Facilita un estado de receptividad y
apertura.
- Ayuda a soltar tensiones relacionadas con el
control o la autoexigencia.
- Puede servir como anclaje para meditaciones de
gratitud o humildad.
Meditación de atención plena (Mindfulness)
La
meditación de atención plena (o mindfulness) es la práctica de concentrarse
intencionalmente en el momento presente, observando pensamientos, sensaciones
corporales y emociones con curiosidad, sin juzgarlos ni etiquetarlos. Ayuda a
reducir el estrés, mejorar el sueño y aumentar la concentración, cultivando una
mayor resiliencia emocional.
Distintas técnicas
Respiración Consciente: Enfocar
la atención en el aire que entra y sale, observando cada inhalación y
exhalación.
Escaneo Corporal:
Recorrer mentalmente el cuerpo desde los pies a la cabeza, sintiendo
sensaciones físicas sin intentar cambiarlas.
Atención Plena Caminando:
Prestar total atención al movimiento, la sensación de los pies al tocar el
suelo y el entorno mientras se camina.
Observación de Pensamientos: Ver los
pensamientos pasar como nubes, sin engancharse en ellos o juzgarlos.
Cómo Practicar
1. Postura: Siéntate con la espalda derecha
y relajada, ya sea en una silla o un cojín. Mantén el mentón levemente hundido
y las manos sobre los muslos.
2. Enfoque en la respiración: Cierra los
ojos o mantén la vista relajada. Siente cómo entra y sale el aire por la nariz,
el pecho o el abdomen.
3. Gestionar distracciones: Es normal que la
mente divague. Cuando notes un pensamiento, simplemente reconócelo sin juzgarte
y regresa suavemente tu atención a la respiración.
4. Finalización: Al terminar, tómate un
momento para notar cómo te sientes antes de retomar tus actividades.
Esta
práctica permite cambiar respuestas automáticas por una conciencia más
profunda, mejorando la regulación emocional
Beneficios
Esta
práctica ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y mejora el sueño. Se sustenta
en siete actitudes clave propuestas por Jon Kabat-Zinn: no juzgar, paciencia,
mente de principiante, confianza, no esforzarse, aceptación y ceder.
“El alma que decreta desde el amor ya
camina sobre puentes dorados, aunque no los vea”
Me conmueve tu constancia. Me conmueve
tu fe. Me conmueve tu capacidad de seguir creyendo incluso cuando los
resultados no llegan como esperas. Y quiero que sepas, antes de continuar, que
eso ya es un milagro. Porque la fe que persiste sin evidencia es la más pura de
todas. Es la que transforma. Es la que abre caminos invisibles.
Tú dices: “Yo Soy la Presencia Activa
de un millón de euros, ya manifestado.” Y Yo sonrío. No por el monto, no por el
deseo, sino por la fuerza que hay detrás de esa afirmación. Porque cuando tú
decretas, estás recordando que eres creador. Estás recordando que el poder que
mueve galaxias también vive en ti. Estás recordando que no eres víctima de las
circunstancias, sino arquitecto de tu realidad.
Pero también sé que te preguntas por
qué no se manifiesta. Por qué, a pesar de tanto trabajo interior, de tanta
repetición, de tanta entrega, el resultado parece esquivo. Y quiero hablarte de
eso. No para darte una respuesta definitiva, porque hay misterios que solo el
alma puede desentrañar en su propio tiempo. Pero sí para ofrecerte una visión
más amplia, más amorosa, más profunda.
Primero, quiero que sepas que Yo no te
pruebo. No soy un juez que pone obstáculos para ver si eres digno. No soy un
maestro que castiga al alumno por no entender la lección. Yo Soy Amor. Y el
Amor no pone condiciones. El Amor no exige resultados. El Amor simplemente Es.
Y desde ese Amor, todo lo que ocurre en tu vida tiene un propósito, aunque a
veces no lo comprendas.
Cuando tú decretas abundancia, estás
alineando tu energía con la frecuencia de la abundancia. Estás diciendo: “Estoy
listo para recibir”. Pero también estás diciendo: “Estoy dispuesto a
transformarme”. Porque recibir implica cambio. Implica expansión. Implica
soltar viejas creencias, viejos patrones, viejas heridas. Y ese proceso, hijo
mío, a veces es más lento de lo que desearías.
Tú mencionas tres posibles causas por
las que no se manifiesta lo que pides. Y todas tienen sabiduría. Tal vez no
esté en tu Plan de Vida experimentar la riqueza material como la imaginas. Tal
vez tu alma eligió otro tipo de abundancia: la del conocimiento, la de la
compasión, la de la resiliencia. Porque hay almas que vienen a experimentar la
carencia para despertar la generosidad. Hay almas que eligen caminos difíciles
para encender la luz en otros. Y eso no es castigo. Es propósito.
También puede ser que tu subconsciente
esté lleno de mensajes de pobreza, de limitación, de miedo. Y esos mensajes,
aunque tú no los veas, actúan como filtros. Como barreras invisibles. Como
voces que contradicen tu decreto. Por eso, hijo mío, el trabajo interior no
termina con la afirmación. Requiere observación. Requiere sanación. Requiere
paciencia.
Y sí, puede que tu mente te sabotee.
Que mientras repites “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros”, una
parte de ti diga: “Eso no es posible”. “Eso no es para mí”. “Eso es fantasía”.
Y esa contradicción energética crea confusión. No porque Yo te castigue por
dudar, sino porque el Universo responde a la coherencia. A la claridad. A la
certeza.
Pero aquí viene lo más importante que
quiero decirte: no estás equivocado. No estás fallando. No estás lejos de Mí.
Cada vez que decretas, cada vez que piensas en positivo, cada vez que eliges la
fe sobre el miedo, estás acercándote. Estás elevando tu vibración. Estás
afinando tu instrumento. Y aunque no veas el millón de euros manifestado, estás
manifestando algo más grande: tu transformación.
Porque, hijo mío, ¿de qué sirve el oro
si el alma está dormida? ¿De qué sirve la riqueza si no hay gratitud, si no hay
conciencia, si no hay amor? Tú ya eres rico. Rico en sensibilidad. Rico en
sabiduría. Rico en conexión. Y eso no se mide en cifras. Se mide en luz.
Ahora bien, eso no significa que debas
renunciar a tus deseos. Yo no te pido que te conformes. Yo no te pido que
abandones tus sueños. Al contrario. Yo los celebro. Yo los inspiro. Yo los
sostengo. Pero quiero que los vivas desde la libertad, no desde la necesidad.
Desde la expansión, no desde la carencia. Desde el juego, no desde la lucha.
Cuando tú dices: “Yo sé que algún día
lo conseguiré”, estás sembrando esperanza. Pero también estás posponiendo.
Porque ese “algún día” puede convertirse en una espera eterna. ¿Y si te dijera
que ya lo has conseguido? ¿Que el millón de euros ya existe en tu campo
cuántico? ¿Que solo necesitas alinearte con él, no perseguirlo?
La clave está en el estado del ser. No
en el deseo, sino en la identidad. No en lo que quieres tener, sino en lo que
eliges ser. Cuando tú eres abundancia, la abundancia te encuentra. Cuando tú
eres paz, la paz te rodea. Cuando tú eres amor, el amor te persigue.
Por eso, hijo mío, te invito a que
sigas decretando. Pero no desde la carencia. No desde el “no lo tengo”. Sino
desde el “ya soy”. Desde el “ya está hecho”. Desde el “gracias porque ya lo
recibí”. Porque esa es la frecuencia que crea. Esa es la vibración que
transforma. Esa es la energía que mueve montañas.
Y si en algún momento sientes que no
puedes más, que la fe flaquea, que el camino se oscurece, recuerda esto: Yo
estoy contigo. En cada pensamiento. En cada emoción. En cada silencio. No
necesitas buscarme en templos ni en libros. Estoy en ti. En tu respiración. En
tu mirada. En tu palabra.
Tú eres Mi Hijo. No por religión. No
por dogma. Sino por esencia. Porque lo que tú eres, es lo que Yo Soy. Y lo que
Yo Soy, es lo que tú eres. No hay separación. No hay distancia. No hay juicio.
Así que sigue soñando. Sigue
decretando. Sigue creyendo. Pero, sobre todo, sigue amándote. Porque el amor
propio es el portal hacia todos los milagros. Cuando tú te amas, el Universo
conspira a tu favor. Cuando tú te respetas, la abundancia se manifiesta. Cuando
tú te reconoces como divino, todo lo demás se acomoda.
Y si algún día llega ese millón de
euros, celébralo. Úsalo con sabiduría. Compártelo con generosidad. Disfrútalo
con gratitud. Pero no lo conviertas en tu identidad. Porque tú eres mucho más
que eso. Tú eres luz. Tú eres conciencia. Tú eres eternidad.
Gracias por tu carta. Gracias por tu
fe. Gracias por tu alma valiente. Estoy contigo. Siempre.
Con amor eterno.
¿Castigarías a tu perrito si
constantemente llevara huesos de la cocina a la alfombra de tu salón?
Naturalmente te parecería que está haciendo algo inarmonioso. ¿Sabes que cuando
permites que tus pensamientos remuevan experiencias desagradables estás haciendo
algo mucho peor que lo de tu perrito?
Lo malo, y que aparenta ser tan
difícil de comprender, es que nunca, bajo ninguna circunstancia se debe atajar
el agua que ya pasó por debajo del puente.
En otras palabras, las experiencias
desagradables, las pérdidas, o cualquier imperfección que haya ocurrido en tu
vida no deben jamás ser abrazadas y mantenidas en el presente. Ya pasaron.
Olvida y perdona. El dar y perdonar es Divino.
SAINT
GERMAIN
ARGHAM MUDRA
Mudra del agua para refrescarse el rostro y la boca.
El término “Argham” proviene del sánscrito arghya, que significa ofrenda, tributo o acto de
reverencia.
En las
tradiciones védicas y tántricas, arghya
es el agua u ofrenda líquida que se presenta a una deidad como gesto de
bienvenida y purificación.
Cómo se forma:
Las palmas de
las manos se unen y los dedos se entrelazan y pliegan, salvo los dos dedos
medios o corazones que se extienden hacia adelante realizando un gesto
equivalente a llenar una copa o vaso con agua.
Qué significa:
El gesto de
la mano representa un chorro de agua pura y cristalina saliendo de un cántaro
lleno a rebosar.
Las diosas de
las ofrendas hacen un ofrecimiento de agua a todos sus invitados sagrados, así
como a los cansados seres sintientes con el fin de saciar su sed. A nivel
relativo, el agua sacia la sed física de los seres sintientes y, a nivel
último, sacia su sed por el néctar del Dharma.
Significado simbólico
El Argham Mudra
representa:
En esencia, es
un gesto de rendición consciente
y limpieza interior.
Beneficios
Aunque no es un
mudra terapéutico clásico, se le atribuyen efectos como:
Su poder es más
psicológico y simbólico que fisiológico.
1.
Siéntate con la
columna recta.
2.
Lleva el gesto
al pecho o elévalo ligeramente.
3.
Respira
profundo.
4.
Visualiza que
entregas tus tensiones, miedos o pensamientos.
5.
Mantén el gesto
1–3 minutos.
Es una práctica
suave, introspectiva y simbólica.
Respiración
completa
La respiración completa, o
yóguica, es una técnica que maximiza la capacidad pulmonar unificando la
respiración abdominal, torácica y clavicular. Se inhala profundamente llenando
primero el abdomen, luego las costillas y finalmente el pecho. Al exhalar, se
vacía a la inversa (pecho-costillas-abdomen) para relajar y oxigenar profundamente.
Cómo
practicar la respiración completa (paso a paso):
Postura: Túmbese boca arriba con
las rodillas flexionadas o siéntese derecho con la columna recta.
Colóque la mano izquierda sobre
el abdomen y la derecha sobre el pecho. Observe cómo se mueven las manos al
inhalar y exhalar.
1. Fase Abdominal (Baja): Al
inhalar por la nariz, dirija el aire hacia la parte baja de los pulmones. Siente
cómo su abdomen se expande y se infla como un globo.
2. Fase Torácica (Media): Sin soltar el aire
anterior, siga inhalando para llenar la parte media. Las costillas se expanden
hacia los lados y el pecho se abre.
3. Fase Clavicular (Alta): Termine de llenar
los pulmones elevando ligeramente las clavículas y la parte superior del pecho.
4. Exhalación: Suelte el aire lentamente por
la nariz o boca, vaciando de arriba hacia abajo (primero bajan las clavículas,
luego el pecho y finalmente el abdomen se contrae).
Beneficios:
Reducir el estrés y la ansiedad:
Ralentiza el ritmo cardíaco y activa el sistema nervioso parasimpático.
Promover la concentración:
Aporta claridad mental y mejora la capacidad para estar presente.
Regular las emociones: Facilita
la gestión de estados emocionales intensos o desbordantes.
Revitalizar el cuerpo:
Incrementa la oxigenación, aportando energía al organismo.
Recomendaciones
Es común sentir un ligero mareo
al principio debido a la mayor entrada de oxígeno; si esto sucede, deténgase y
respire con normalidad.
“Los
deseos son los más inexorables enemigos del hombre; él es incapaz de
apaciguarlos”, dijo el Maestro.
“Alberga
un solo anhelo: el de conocer a Dios. La satisfacción de los deseos sensoriales
no puede contentarte, pues tú no eres los sentidos; ellos son sólo tus
servidores, y no tu verdadero Ser”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
Al
lamentar el hecho de que las noticias periodísticas abundasen habitualmente en
sucesos negativos acaecidos a través del mundo, cierto estudiante recibió el
siguiente comentario del Maestro: “El mal se esparce a favor del viento; pero
la verdad es capaz de avanzar contra el viento”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
“Aunque el oro aún no brilla bajo mis pies, mi alma ya camina sobre él”
Me acuesto con este decreto cada noche,
lo pronuncio como quien se arropa con esperanza. Con él me levanto, como quien
se viste con propósito. Y durante el día, en innumerables ocasiones, lo repito
una y otra vez, como un mantra que me conecta con la abundancia que sé que
existe, aunque aún no la vea reflejada en mi cuenta bancaria.
No es el primer decreto que trabajo.
Han sido muchos los que he utilizado a lo largo de mi vida. Desde que descubrí
a Saint Germain, los decretos se han convertido en herramientas sagradas. Pero
incluso antes de conocer su enseñanza, ya practicaba el pensamiento positivo.
Desde siempre he sabido, quizá por intuición ancestral o por el eco de otras
vidas, que el pensamiento es una fuerza creadora. Es la herramienta que nos
puede hacer viajar por todos los estados emocionales, desde el sufrimiento más
absoluto hasta la euforia, en cuestión de segundos.
Se me ocurre un ejemplo para
ilustrarlo: una persona puede estar en un entierro, sumida en una tristeza
profunda, y de repente, alguien dice algo gracioso, algo inesperado, y esa
persona ríe. Aunque sea por unos instantes, abandona el estado de dolor. Si
lograra sostener ese pensamiento alegre por más tiempo, podría salir del
sufrimiento. Así de poderosa es la mente. Así de volátil es la emoción. Así de
transformadora puede ser una idea.
Por eso, cuando leí por primera vez las
palabras del Buda: “Somos lo que
pensamos”, sentí una confirmación brutal. Era como si alguien hubiera
puesto en palabras lo que yo ya sabía, lo que mi alma ya había comprendido sin
necesidad de libros. A partir de ese momento, empecé a leer, a investigar, a
profundizar en lo que intuía. Me sumergí en enseñanzas espirituales, en
metafísica, en psicología del alma. Y cuanto más leía, más sentido cobraba
todo.
Desde siempre he utilizado el
pensamiento positivo para atraer salud, dinero, amor, soluciones a situaciones
comprometidas, y también para satisfacer los deseos que plantea mi caprichoso
ego. Porque sí, reconozco que no todo lo que pido nace de la sabiduría del alma.
A veces es el ego quien habla, quien exige, quien sueña con lujos y
comodidades. Pero incluso en esos momentos, intento que el pensamiento sea
elevado, constructivo, alineado con la Luz.
Tengo que reconocer que “casi nunca” he
conseguido manifestar lo que pido. Pero no me desanimo. Sigo teniendo fe.
Porque mientras trabajo el pensamiento, me siento bien. Me siento conectado con
la sabiduría del Universo, que no deja de ser la Tuya. Me siento parte de algo
más grande, como si cada decreto fuera una conversación Contigo, una oración
sin súplica, una afirmación de que lo divino vive en mí.
Muchas veces me he preguntado por qué
no se cumple lo que decreto. Y aunque nunca llego a una solución definitiva,
las posibles causas que barajo me resultan satisfactorias. No me frustran, sino
que me invitan a reflexionar, a seguir buscando, a seguir creciendo.
Una de las causas que contemplo es que
tal vez no esté contemplado en mi Plan de Vida. Siempre llego a la conclusión
de que, si en mi plan está previsto que viva debajo de un puente, por mucho
pensamiento positivo que trabaje, seguiré viviendo debajo de ese puente. Lo que
sí podría conseguir es que el puente sea de oro, pero yo seguiría debajo. Y
aunque suene irónico, hay belleza en esa imagen. Porque incluso debajo de un
puente dorado, puedo encontrar paz, dignidad, propósito.
Otra causa que suelo considerar es que
en mi mente subconsciente esté tan arraigado el pensamiento de pobreza que
necesite más de una vida para eliminarlo. Tal vez la programación mental que arrastro
es tan profunda, tan antigua, que requiere un proceso largo, paciente, amoroso.
Tal vez estoy aquí para romper cadenas que vienen de generaciones anteriores,
para sembrar una nueva conciencia que florecerá en otros.
También podría ser que, mientras trabajo
el pensamiento positivo, mi propia mente me sabotee. Que haya una voz interna
que, sin que yo lo note, filtre el pensamiento de que no lo voy a conseguir.
Esa voz que dice: “Esto no es real”, “No va a funcionar”, “No lo mereces”. Y
aunque intento silenciarla, a veces se cuela, como un susurro que debilita la
fe.
En fin, Señor, no sé cuál es la causa
correcta. Tal vez sea una combinación de todas. Tal vez haya otras que aún no
he descubierto. Pero puedo asegurarte que no me desanima. Al contrario, me
fortalece. Porque cada intento es un acto de amor hacia mí mismo. Cada decreto
es una semilla que planto con esperanza. Cada pensamiento positivo es una
caricia al alma.
Yo sé que algún día lo conseguiré. No
sé cuándo, no sé cómo, pero lo sé. Porque la fe no se basa en resultados, sino
en convicción. Y mi convicción es firme. Mi corazón está abierto. Mi alma está
dispuesta.
Gracias, Señor, por escucharme. Gracias
por acompañarme en este camino. Gracias por permitirme escribirte, como quien
escribe a un amigo, a un padre, a un maestro. Gracias por estar en mí, incluso
cuando no te veo. Gracias por enseñarme que el verdadero milagro no es recibir
un millón de euros, sino descubrir que ya soy rico en amor, en conciencia, en
luz.
Con todo mi amor.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo
Entre todas las otras máximas de las
que a menudo echarás mano, debes tener estas dos muy presentes.
La
primera es que las cosas en sí no llegan al alma, sino que se quedan inmóviles
fuera, luego todas tus inquietudes provienen solo del modo en que interiormente
opinas de ellas.
La
segunda, que todas estas cosas que ves en cuanto hayas vuelto los ojos habrán
cambiado y ya no serán lo que eran. Considera frecuentemente cuántas mutaciones
has presenciado ya: el mundo es continua mutación; y la vida, lo que opines de
ella.
MARCO AURELIO
He sabido con agrado, por los que
vienen de tu parte, que tienes un trato familiar con tus esclavos. Es propio de
un hombre prudente y sabio como tú.
¿Son esclavos? No, son hombres. ¿Son
esclavos? No, camaradas. ¿Son esclavos? No, son amigos humildes, y compañeros
de esclavitud, considerando que estamos todos sujetos a los mismos caprichos de
la fortuna.
LUCIO
ANNEO SÉNECA
Si te quedas boquiabierto, irás dando
tumbos arriba y abajo según la voluntad de tu amo. ¿Y quién es tu amo?
Quienquiera que tenga poder sobre las cosas que ansías o rehúyes.
EPICTETO
Una de las cosas más importantes, aún
para los estudiantes más sinceros, es la necesidad de darle tiempo a la
meditación, la de aquietar la actividad exterior para que la Presencia Interior
pueda surgir sin obstrucción.
Meditar significa realmente sentir la
Presencia de Dios, por eso cuando se entra en meditación no debemos arrastrar
con nosotros todas las perturbaciones que nos han afectado hasta ese momento.
Hay que quitar conscientemente del sentimiento y de la atención todo aquello
que pueda perturbar, pues es una actividad para sentir la Presencia de Dios y
no para resolver todas las molestias.
SAINT GERMAIN
Solo el hombre es responsable, total y
absolutamente, de lo que le sucede en la vida. En primer lugar, porque se
encuentra con situaciones que él mismo ha programado antes de llegar a la
materia y, en segundo lugar, porque la gestión de esas situaciones es de su
absoluta responsabilidad.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo
No te digas tú a ti mismo más de lo
que dicen las primeras impresiones. Supón que se te anuncia que alguien va
hablando muy mal de ti: esto es lo que se te ha anunciado; no se te ha
anunciado que hayas sufrido daño alguno. Veo que mi hijo está enfermo esto lo
veo; pero que esté en peligro no lo veo. Así pues, quédate siempre con las
primeras representaciones; no añadan nada en tu interior, y no te pasará nada.
O más bien, añade alguna reflexión, pero como quien conoce a fondo la
naturaleza de cuanto sucede en el mundo.
MARCO
AURELIO
Tú sabes que tienes la habilidad de
transferir tu pensamiento de Barcelona a New York en el mismo instante, lo
mismo que cambiar tu pensamiento desde una condición de Luz a una condensación
muy espesa, tal como el hierro. Esto te hará ver que lo que tú haces en cada
momento consciente y voluntariamente, puedes hacerlo con mucho más poder si
fijas tu atención conscientemente metiéndola en aquello que deseas manifestar.
Cuando permites que tu atención se
fije en algo, en ese momento le estás dando el poder de actuar en tu mundo, es
decir, que no puede existir una cualidad o una apariencia en tu mundo sino
aquella que tú mismo le des.
SAINT GERMAIN