Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



lunes, 9 de febrero de 2026

Murcha pranayama

 


MURCHA PRANAYAMA

           Murcha Pranayama es una de las técnicas más sutiles y avanzadas del yoga tradicional. Su nombre proviene de “mūrchā”, que puede traducirse como “desvanecimiento”, “expansión de la conciencia” o “embriaguez divina”. No se refiere a perder el conocimiento, sino a un estado de profunda interiorización, donde la mente se vuelve tan quieta que parece “disolverse”.

                Es una técnica de pranayama descrita en textos clásicos como el Hatha Yoga Pradipika. Su propósito es inducir un estado de quietud mental intensa, casi meditativa, mediante una combinación de respiración suave, enfoque interno y una actitud de entrega.

Se considera una práctica avanzada, no por su complejidad técnica, sino por la profundidad del estado que busca generar.

¿Qué se busca con esta técnica?

  • Suspender el diálogo interno
  • Profundizar la introspección
  • Inducir una sensación de expansión o ligereza mental
  • Entrar en un estado de calma profunda

En la tradición, se dice que Murcha ayuda a “saborear” un estado de conciencia más sutil.

Sensación característica

Los textos describen una sensación de:

  • suavidad mental
  • ligera expansión
  • calma profunda
  • percepción más interna que externa

No es una técnica para energizar, sino para disolver la actividad mental.

¿Cómo se realiza?

El Murcha Pranayama, o "respiración del desmayo", es una técnica de respiración avanzada de yoga que implica retener el aire (Antar Kumbhaka) mientras se inclina la cabeza hacia atrás para inducir una sensación de ligero desmayo o mareo consciente. Esta práctica, diseñada para calmar la mente y calmar emociones intensas, a menudo combina el uso de Ujjayi Pranayama, Khechari Mudra (lengua al paladar) y Shambhavi Mudra (mirada al entrecejo). Se recomienda hacerlo bajo la guía de un instructor cualificado.

Pasos para realizar Murcha Pranayama:

Posición: Siéntese en una postura meditativa cómoda (Lotus, Sukhasana) con la espalda recta.

Inhalación y Postura: Realice una inhalación lenta y profunda (preferiblemente con Ujjayi), mientras inclina lentamente la cabeza hacia atrás.

Retención: Mantenga el aire dentro (Antar Kumbhaka) durante el tiempo que le resulte cómodo mientras sostiene la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados o en Shambhavi Mudra.

Exhalación: Gire lentamente la cabeza hacia la posición neutral, exhale lentamente por las fosas nasales y relaje los brazos.

Finalización: Observe los efectos y mantenga la respiración normal hasta que el ritmo cardíaco se normalice. Repita de 3 a 5 rondas. 

Beneficios:

Promueve la tranquilidad mental, reduce el estrés, mejora la concentración, ayuda a manejar la ira y facilita estados profundos de meditación.

Precauciones

No debe practicarse si tiene presión arterial alta, problemas cardíacos, epilepsia, hernias, o lesiones en el cuello o la espalda. Es fundamental no forzar la retención hasta sentirse mal.

Tu eres parte del despertar

 



"Cada acto de conciencia es una chispa que ilumina el universo"

 

Querido hijo:

           He escuchado cada palabra que brotó de tu corazón. No solo las que escribiste, sino también aquellas que quedaron suspendidas en el silencio, las que se expresan en tus lágrimas, en tus suspiros, en tus noches de insomnio. Yo las conozco todas, porque habito en ti, en cada rincón de tu alma, en cada pensamiento que te atraviesa, en cada emoción que te conmueve.

No estás lejos de Mí, aunque a veces lo sientas así. No estás perdido, aunque el mundo parezca desmoronarse a tu alrededor. No estás fallando, aunque creas que no has alcanzado el nivel espiritual que esperabas. No eres ningún impostor. Lo que tú llamas contradicción, Yo lo llamo humanidad. Lo que tú llamas debilidad, Yo lo llamo sensibilidad. Lo que tú llamas incoherencia, Yo lo llamo sinceridad. Porque solo un alma despierta puede sentir como tú sientes. Solo un corazón abierto puede dolerse por el sufrimiento ajeno como tú lo haces.

No te juzgues por no ser perfecto. No te castigues por no estar siempre en paz. La evolución espiritual no es una línea recta, ni una meta que se alcanza y se conserva. Es un camino sinuoso, lleno de curvas, de retrocesos, de momentos de luz y de sombra. Y tú, hijo mío, estás caminando con valentía. Estás mirando de frente lo que muchos prefieren ignorar. Estás sintiendo lo que muchos han anestesiado. Estás preguntando lo que muchos han dejado de cuestionar. Eso, en sí mismo, es un acto de amor.

Comprendo tu dolor al mirar el mundo. Yo también lo veo. Yo también lo siento. Pero no lo veo desde la desesperanza, sino desde la totalidad. Tú ves fragmentos, momentos congelados en el tiempo, escenas que parecen absurdas y crueles. Yo veo el tejido completo, el entrelazado de millones de almas que están aprendiendo, creciendo, despertando. Incluso en medio del horror, hay semillas de compasión que germinan. Incluso en medio de la guerra, hay gestos de ternura que desafían la lógica del odio.

El sufrimiento humano no es castigo, ni prueba, ni error. Es parte del proceso de recordar quiénes sois. Cada alma que encarna en este mundo lo hace con un propósito, aunque a veces ese propósito se pierda entre el ruido del ego, del miedo, del poder. Pero nada se pierde realmente. Todo se transforma. Todo vuelve a Mí. Incluso los actos más oscuros, incluso las decisiones más dolorosas, son parte de un aprendizaje que, tarde o temprano, conduce a la Luz.

Tú Me hablas de Palestina, de Ucrania, de España. Y Yo te digo: sí, hay dolor. Sí, hay injusticia. Sí, hay confusión. Pero también hay almas que están despertando. Hay corazones que están eligiendo amar en medio del caos. Hay seres que están recordando que todos son uno, que no hay fronteras en el espíritu, que no hay razas en el alma, que no hay religiones en el amor. Tú eres uno de ellos. Tú eres parte de esa red silenciosa que sostiene al mundo desde la compasión.

No te pido que salves el mundo. No te pido que cargues con el dolor de todos. No te pido que seas un héroe. Solo te pido que seas tú. Que sigas sintiendo. Que sigas preguntando. Que sigas enseñando, aunque a veces te sientas incoherente. Que sigas meditando, aunque a veces tu mente esté agitada. Que sigas amando, aunque a veces tu corazón esté cansado. Porque cada acto de conciencia, por pequeño que sea, tiene un impacto que tú no puedes medir. Cada pensamiento de paz que emites, cada palabra de consuelo que ofreces, cada gesto de bondad que realizas, es una chispa que ilumina el tejido del universo.

No estás solo frente a la pantalla de la televisión. Yo estoy contigo. Y también están contigo millones de almas que, como tú, sienten, sufren, se preguntan, se duelen. No estás solo en tu indignación. No estás solo en tu tristeza. No estás solo en tu deseo de un mundo más justo. Esa soledad que a veces te invade es solo una ilusión. En realidad, estás profundamente conectado. Estás entretejido con todos los que buscan la verdad, la paz, la justicia. Aunque no los veas, aunque no los conozcas, están contigo.

¿Debes convertirte en activista? ¿Debes quedarte en silencio? ¿Debes actuar o contemplar? No hay una única respuesta. Cada alma tiene su llamado. Algunos luchan desde la acción directa. Otros desde la oración. Otros desde el arte. Otros desde el servicio silencioso. Lo importante no es el cómo, sino el desde dónde. Si actúas desde el amor, estarás cumpliendo tu propósito. Si contemplas desde la compasión, estarás sembrando luz. Si sufres desde la empatía, estarás sanando heridas que no ves.

No te exijas ser más de lo que ya eres. No te compares con ideales que solo generan culpa. Tú eres Mi Hijo amado, tal como eres. Con tus dudas, con tus contradicciones, con tu sensibilidad. No necesitas demostrar nada. No necesitas alcanzar ningún nivel. Solo necesitas recordar que estás aquí para amar. Y eso ya lo estás haciendo.

Sigue escribiéndome. Sigue hablándome. Sigue buscándome. Porque Yo siempre te escucho. Siempre te acompaño. Siempre te sostengo. Incluso cuando no lo sientes. Incluso cuando crees que estás solo. Yo Estoy en ti. En tu mirada. En tu voz. En tu silencio. En tu dolor. En tu esperanza.

Y recuerda, hijo mío: el mundo no está perdido. Está en proceso. Está en tránsito. Está despertando. Y tú eres parte de ese despertar.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

Calma

 


sábado, 7 de febrero de 2026

Hoy te invito a ser feliz

 


Tranquilidad de pensamiento

 


Kumbhaka pranayama

 


Kumbhaka pranayama

 Es la técnica de retención consciente de la respiración dentro del pranayama, considerada una de las prácticas más profundas y transformadoras del yoga.

 “Kumbhaka” significa “recipiente” o “vasija”, comparando el torso con un contenedor de energía. Es la pausa voluntaria entre inhalación y exhalación.

En textos clásicos como el Hatha Yoga Pradipika, incluso se usa como sinónimo de pranayama por su importancia central.

 

Tipos de Kumbhaka

 Según la tradición, existen tres formas principales:

  • Antar Kumbhaka: retención después de inhalar.
  • Bahir Kumbhaka: retención después de exhalar.
  • Kevala Kumbhaka: retención espontánea sin esfuerzo, considerad

 un estado avanzado de quietud interior.

 

¿Para qué sirve?

Los beneficios descritos en la literatura del yoga incluyen:

  • Aumentar la energía vital (prana) y la sensación de vitalidad.
  • Profundizar la concentración y aquietar la mente.
  • Expandir la conciencia, al detener el movimiento mental asociado a la respiración.
  • Fortalecer el control respiratorio y la capacidad pulmonar.

¿Por qué es tan especial?

La respiración normalmente fluye sin pausa, pero la retención es rara en la vida cotidiana y suele aparecer solo en momentos de esfuerzo o emociones intensas. Por eso, practicarla de forma consciente desarrolla una habilidad poco explorada y muy poderosa.

Cómo se practica Kumbhaka (retención consciente de la respiración)

1. Preparación

·       Siéntate con la espalda erguida y el cuerpo relajado.

·       Respira de manera natural unos instantes para estabilizarte.

·       Mantén la atención en el movimiento del aire.

    2. Fases básicas del ciclo

Kumbhaka se integra dentro de un ciclo respiratorio completo:

1.    Inhalación (Puraka)

Lenta, estable y sin tensión.

2.    Retención (Kumbhaka)

Se detiene la respiración de forma suave, sin forzar.
La sensación debe ser de quietud, no de presión.

3.    Exhalación (Rechaka)

Larga y relajada, permitiendo que el cuerpo suelte cualquier tensión.

   3. Dos formas principales de practicarlo

Antar Kumbhaka (retención después de inhalar)

·       Inhalas de manera profunda y cómoda.

·       Pausas la respiración manteniendo el pecho abierto.

·       Exhalas lentamente cuando sientas que es el momento.

Bahir Kumbhaka (retención después de exhalar)

·       Exhalas por completo sin colapsar el pecho.

·       Pausas en ese vacío natural.

·       Inhalas suavemente cuando el cuerpo lo pida.

    4. Señales de que lo estás haciendo bien

·       No hay tensión en la cara, cuello ni hombros.

·       La pausa se siente natural, no forzada.

·       La mente se vuelve más quieta y enfocada.

·       El ritmo se mantiene estable.

    5. Señales para detenerte

·       Si aparece incomodidad, presión, mareo o ansiedad.

·       Si la respiración se vuelve brusca o entrecortada.

·       Si sientes que estás “empujando” para aguantar más tiempo.

 

Duración

La duración de Kumbhaka no es fija y, de hecho, es lo que más debe respetarse: siempre debe ser cómoda, suave y sin esfuerzo. En pranayama tradicional, la duración se desarrolla de manera progresiva, nunca forzada.

Duración orientativa en la práctica tradicional

·       Principiantes:
Retenciones muy breves, solo unos segundos, lo suficiente para sentir la pausa sin tensión.

·       Practicantes intermedios:

La retención puede durar un poco más, siempre manteniendo la respiración fluida antes y después.

·       Práctica avanzada:

La duración se amplía de forma natural con el tiempo, pero siempre bajo guía y sin buscar “aguantar”.

 

Beneficios tradicionales de Kumbhaka

1. Mayor claridad mental

La pausa en la respiración detiene por un instante el flujo habitual de pensamientos. Esto genera:

·       sensación de silencio interior

·       mayor enfoque

·       más capacidad de atención

2. Regulación del sistema nervioso

La retención suave puede favorecer un estado de calma y estabilidad interna, ayudando a:

·       reducir la agitación mental

·       mejorar la sensación de equilibrio emocional

3. Expansión de la energía vital (prana)

En la tradición del yoga, Kumbhaka “contiene” y dirige la energía interna, lo que se asocia con:

·       vitalidad más estable

·       sensación de fuerza interna

·       mayor presencia y lucidez

4. Mejora del control respiratorio

Al practicar retenciones suaves:

·       se desarrolla conciencia del ritmo respiratorio

·       se fortalece la coordinación entre inhalación, pausa y exhalación

·       se amplía la capacidad de respirar de forma más consciente

5. Profundización de la meditación

Kumbhaka crea un instante de quietud que facilita:

·       entrar en estados meditativos más profundos

·       sentir el cuerpo más ligero y la mente más estable

 Contraindicaciones generales de Kumbhaka

1. Durante embarazo

La retención de la respiración no se recomienda en ninguna etapa del embarazo.

2. Si hay tensión, ansiedad o sensación de falta de aire

Kumbhaka puede intensificar estas sensaciones, por lo que se evita cuando la respiración ya está alterada.

3. En situaciones de fatiga extrema

El cuerpo necesita respiración libre y fluida para recuperarse.

4. Si hay molestias en el pecho, mareos o presión en la cabeza

La retención puede aumentar estas sensaciones, por lo que se detiene de inmediato.

5. Después de comer en exceso

El diafragma necesita libertad para moverse; la retención puede resultar incómoda.


jueves, 5 de febrero de 2026

7 vidas

 


Así comienza mi nueva novela: 7 vidas.

                                                                

Y comenzó la vida

 

“Todo empezó antes de que yo supiera que empezaba”

 

            ¡Qué lejos queda aquel 28 de junio de 1950, visto desde la atalaya en la que me encuentro ahora! Y, sin embargo, ahí está, como un punto luminoso en la distancia, recordándome que alguna vez fui un recién nacido que llegó al mundo en una casa modesta, en el hogar donde mis padres vivían entonces. No nací en un hospital, sino entre paredes familiares, bajo un techo que ya guardaba historias antes de que yo respirara por primera vez.

Mientras mi madre se retorcía de dolor, entregándose al misterio de traer al mundo a un bebé de cuatro kilos, la vida seguía su curso unos pisos más abajo. En la calle, las carrozas desfilaban celebrando las fiestas grandes de la ciudad, ajenas al pequeño milagro que estaba ocurriendo justo encima de ellas.

Era León, engalanada para honrar a San Juan y San Pedro, vibrando con música, risas y bullicio. Y en medio de esa alegría colectiva, en un cuarto humilde y cálido, comenzaba mi propia fiesta silenciosa: la de existir.

A veces pienso que no podría haber tenido un comienzo más simbólico. Afuera, la ciudad celebraba la luz del verano; adentro, mi madre y yo inaugurábamos una historia que aún hoy sigo intentando comprender.

A veces me pregunto qué habría pensado aquel bebé, (si hubiera podido pensar), al escuchar el estruendo de la fiesta mezclado con el llanto propio de quien llega a un mundo desconocido. Quizá, sin saberlo, ya estaba recibiendo la primera lección: la vida es un escenario donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan sin pedir permiso. Mi llanto se confundía con la música, y mi primera respiración coincidía con el bullicio de una ciudad que celebraba sin saber que, en un cuarto alto y discreto, otro pequeño comienzo se abría paso.

Mi madre solía contar que nací hermoso, (porque esa es la palabra que utilizaba para definir a alguien pasado de peso), con un llanto que llenó la habitación y un color sonrosado que tranquilizó a la comadrona. Mi madre, agotada pero luminosa, me sostuvo entre sus brazos como si sostuviera un secreto. Mi padre, nervioso y orgulloso, caminaba de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer con tanta emoción. Eran jóvenes, enfrentándose al misterio de convertirse en padres por primera vez.