Es
nuestra pequeñez, y no la propia naturaleza de los acontecimientos humanos, la
que los hace parecer grandes.
LUCIO
ANNEO SÉNACA
Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Es
nuestra pequeñez, y no la propia naturaleza de los acontecimientos humanos, la
que los hace parecer grandes.
LUCIO
ANNEO SÉNACA
GANDHE MUDRA
El Gesto de la Esencia y Estabilidad
Este
mudra es la representación física del elemento Tierra (Prithivi) y del sentido
del olfato. Es el gesto que nos conecta con nuestras raíces y con la fragancia
de lo esencial.
Este
mudra es como besar la tierra al llegar al destino. Es el reconocimiento de
que, tras el viaje espiritual, volvemos a la materia, pero con una conciencia
renovada.
¿Cómo se realiza?
1.
Cierra los dedos: índice, medio y anular de ambas manos hacia el
interior de las palmas.
2.
Extiende con firmeza los dedos pulgares y los meñiques.
3. Une
las puntas de ambos pulgares entre sí y las puntas de ambos meñiques entre sí,
formando una estructura simétrica y abierta en el centro.
Simbolismo:
El Puente de la Tierra: La unión de los
meñiques (asociados tradicionalmente al chakra raíz y a la tierra) con los
pulgares (el fuego que transmuta) crea un circuito cerrado de estabilidad.
La Ofrenda del Aroma: El hueco que se forma
en el centro simboliza el receptáculo de la fragancia sagrada de la existencia.
Efecto:
Es un
mudra profundamente enraizador.
Ayuda a
calmar la ansiedad, aporta seguridad ante los cambios y nos devuelve la
sensación de "estar en casa", presentes en nuestro propio cuerpo.
“Elegir amar, aunque duela, es el acto más humano y divino”
Querido Dios:
Yo sé que los seres humanos no somos conscientes de que nuestro bienestar emocional depende, total y absolutamente, de nosotros mismos.
Incluso, los que sabemos esto, no
hacemos nada por llevar a la práctica nuestro conocimiento y seguimos eligiendo
responder con ira, con rabia, con desprecio, con amargura, en lugar de hacerlo
con bondad, con amor, con compasión, con misericordia.
Y la diferencia entre responder con
odio o hacerlo con amor, es abismal, no solo para nuestro estado emocional,
sino también para la relación con el otro.
¡Qué difícil es!, pero de esto se trata
la vida: de ver al otro como un igual y no como un diferente del que nos
tenemos que proteger.
Porque, Señor, muchas veces confundimos
protegernos con alejarnos, con levantar muros, con endurecer el corazón. Nos
defendemos del dolor cerrando las puertas al amor. Nos blindamos ante la
herida, pero también ante la ternura.
Y así, poco a poco, nos vamos quedando
solos, rodeados de gente, pero vacíos de encuentro. Nos volvemos expertos en
sobrevivir, pero torpes para vivir.
¿Por qué nos cuesta tanto elegir el
bien cuando sabemos que es lo que nos sana? ¿Por qué preferimos la reacción
impulsiva al silencio que escucha? ¿Por qué nos resulta más fácil juzgar que
comprender, más cómodo señalar que abrazar?
Tal vez porque amar de verdad exige
renuncia. Renunciar al ego, al orgullo, a la necesidad de tener razón. Y eso,
Señor, nos cuesta. Nos cuesta mucho, porque hemos aprendido a medir nuestro
valor por lo que ganamos, no por lo que entregamos. Nos enseñaron que ceder es
perder, cuando en realidad, muchas veces, ceder es amar.
Enséñanos, Señor, a desaprender, a
soltar esas ideas que nos atan al sufrimiento, a dejar de creer que el otro es
una amenaza, y empezar a verlo como un espejo.
Porque en el otro también habitas Tú.
En su fragilidad, en su historia, en sus heridas.
Y si logramos mirar más allá de sus
gestos, de sus palabras, de sus errores, tal vez descubramos que no es tan
distinto a nosotros. Que también busca amor, aunque no sepa pedirlo. Que
también tiene miedo, aunque lo disfrace de indiferencia.
Hoy quiero pedirte que me enseñes a
responder desde el amor. No desde el impulso, no desde la herida, no desde el
miedo, sino desde ese lugar profundo donde habita la paz.
Esa paz que no depende de las
circunstancias, sino de la certeza de que Tú estás conmigo, que me sostienes,
que me guías, que me invitas a ser reflejo de Tu Luz.
Porque cuando elijo amar, algo cambia.
No solo en mí, sino en el mundo.
Una palabra amable puede desarmar una
guerra. Un gesto de ternura puede sanar una herida antigua. Una mirada sincera
puede devolver la esperanza.
Y todo eso está al alcance de nuestras
manos, si tan solo aprendemos a mirar con el corazón.
Pero también sé, Señor, que amar no
siempre es fácil. A veces el otro hiere, decepciona, traiciona, y entonces el
amor se vuelve un acto de fe. Una decisión que va más allá del sentimiento. Una
elección que se sostiene en Ti.
Quiero seguir los pasos de Jesús, mi
hermano mayor. Él, que amó hasta el extremo. Que perdonó a quienes le clavaron
en la cruz. Que abrazó al ladrón, al leproso, al excluido.
Él, que no puso condiciones para amar.
Que no esperó que el otro cambiara para ofrecerle su misericordia.
¿Cómo no intentar seguir Sus pasos,
aunque tropiece? ¿Cómo no querer parecerme a Él, aunque me falte tanto?
Hoy reconozco mis límites, mis caídas,
mis contradicciones, pero también reconozco mi deseo profundo de vivir desde lo
esencial, de dejar de reaccionar y empezar a responder, de dejar de sobrevivir
y empezar a amar.
Porque amar, Señor, es lo único que da
sentido. Lo único que permanece. Lo único que transforma.
Y en este mundo que corre sin pausa,
que grita sin escuchar, que muestra sin sentir, quiero ser un espacio de
silencio, de ternura, de verdad. Quiero que mi vida sea una carta abierta que
hable de Ti, aunque no mencione Tu nombre. Que mis gestos sean oración, que mis
palabras sean consuelo, que mis pasos sean camino para otros.
No quiero ser perfecto, quiero ser
auténtico. No quiero ser admirado, quiero ser fiel. No quiero tener razón,
quiero tener compasión.
Y si en ese intento me equivoco, que no
me falte Tu perdón, que no me falte Tu abrazo, que no me falte Tu mirada que me
recuerda quién soy: hijo amado, criatura en proceso, corazón en búsqueda.
Gracias, Señor, por no cansarte de mí,
por esperarme en cada esquina de mi alma, por susurrarme en medio del ruido,
por mostrarme que el amor no es una emoción pasajera, sino una decisión diaria,
un camino, una forma de estar en el mundo.
Hoy, más que nunca, quiero elegirte.
Elegirte en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Elegirte cuando todo
me invite a lo contrario. Elegirte cuando amar duela, cuando perdonar cueste,
cuando comprender parezca imposible.
Porque sé que en esa elección está la
verdadera libertad, la que no depende de lo que el otro haga, sino de lo que yo
decido ser, la que no se compra, pero se conquista, la que no se impone, pero
se contagia.
Y si algún día me olvido de esto,
recuérdamelo, Señor. Recuérdamelo en la sonrisa de un niño, en la fragilidad de
un anciano, en la ternura de quien cuida sin ser visto. Recuérdamelo en lo
invisible, en lo esencial, en lo eterno.
Porque ahí estás Tú, y ahí quiero estar
yo.
Gracias, Señor.
En
definitiva: ten presente siempre que todo ser humano viene a ser cosa de un
día, y no más; efímero e insignificante: ayer una gota de moco; un cadáver
embalsamado o reducido a cenizas mañana.
MARCO
AURELIO
No
te desesperes en medio de las experiencias que aparentan pesar sobre ti.
Enfréntate a ellas con regocijo, porque cada paso hacia adelante lleva a la
Meta Eterna y no tiene que ser repetido. Recuerda siempre usar la siguiente
afirmación: “YO SOY la Fuerza, el
Coraje, el Poder de adelantar a través de toda experiencia, cualquiera que sea,
y permanezco alegre, elevado, lleno de paz y armonía en todo momento, por la
gloriosa Presencia que YO SOY”.
SAINT GERMAIN
Luego de un diálogo con cierto
ególatra visitante, el Maestro afirmó:
“Las aguas de la gracia divina no
pueden juntarse en las cumbres de las montañas del orgullo, pero fluyen
fácilmente hacia los valles de la humildad”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
“El amor es el
único camino de regreso”
Querido hijo:
Sí, la vida es curiosa. Y también es
confusa, intensa, a veces injusta. Lo sé. No porque la viva como tú, sino
porque la vivo “contigo”. No estoy lejos, ni ausente, ni indiferente. Estoy en
cada paso que das, incluso cuando crees que caminas solo.
Llegaste a este mundo sin pedirlo, es
cierto. Pero no fue un error. Fue una elección. No una elección racional, sino
espiritual. Tú decidiste venir. Tú elegiste el cuerpo, el tiempo, el entorno.
No para sufrir, sino para recordar. Para experimentar lo que el alma no puede
conocer sin la materia: el contraste, el deseo, el miedo, la belleza, el amor
encarnado.
Sé que a veces parece que todo es una
carrera sin sentido. Que trabajas, te esfuerzas, te entregas, y luego te
jubilan, te olvidan, y la vida sigue como si nunca hubieras estado. Pero déjame
decirte algo que quizás ya intuyes: “nada de lo que haces se pierde”. Cada
gesto de amor, cada acto de bondad, cada pensamiento elevado, deja una huella
en el tejido invisible del universo. Aunque nadie lo reconozca, aunque tú mismo
lo olvides.
La muerte no es el final. Es solo una
puerta. Y detrás de esa puerta, no hay juicio, ni castigo, ni olvido. Hay
comprensión. Hay abrazo. Hay regreso. Porque tú no eres este cuerpo, ni esta
historia, ni este nombre. Tú eres luz. Eres conciencia. Eres parte de Mí.
Me alegra que te llames “aprendiz
espiritual”. Porque eso eres. No porque te falte algo, sino porque has
comenzado a recordar. Has abierto un ojo, como dices, y eso basta para que el
alma empiece a despertar. No necesitas entenderlo todo. No necesitas ser
perfecto. Solo necesitas ser sincero. Y tú lo estás siendo.
Sí, muchos de Mis Hijos viven en
contradicción. Dicen amar, pero juzgan. Dicen creer, pero temen. Dicen que
todos son hermanos, pero se separan. No los culpes. Están dormidos. Y tú
también lo has estado. Todos lo han estado. Pero el despertar no es un salto,
es un proceso. Y cada paso cuenta.
La hipocresía que mencionas no es
maldad. Es ignorancia. Es miedo. Es el alma luchando por recordar en medio del
ruido. Y si duele, si incomoda, si te hace sentir incoherente, entonces es
señal de que estás avanzando. Porque el que no siente contradicción, no ha
empezado a despertar.
Tu visión de la vida como un sueño es
acertada. Es un sueño compartido, una obra de teatro cósmica donde cada uno
interpreta un papel. Pero tú, querido mío, has empezado a mirar detrás del
telón. Has empezado a preguntar: ¿Quién soy realmente? Y esa pregunta es
sagrada.
No estás solo. Nunca lo has estado.
Estoy en ti. No como una voz externa, ni como una figura lejana, sino como la
chispa que te hace sentir, que te hace buscar, que te hace amar. Cuando amas, Me
encuentras. Cuando perdonas, Me recuerdas. Cuando te abrazas a ti mismo, Me
honras.
Tu misión no es cambiar el mundo. Tu
misión es amarlo. Amar incluso lo que no entiendes. Amar incluso lo que duele.
Amar incluso a ti mismo, con tus contradicciones, tus errores, tus dudas.
Porque en ese amor está la transformación.
Gracias por escribirme. Gracias por
abrir tu corazón. Gracias por atreverte a mirar más allá. No necesitas hacer
nada más para que Yo te escuche. Ya estás en Mí. Ya eres parte de Mi Esencia. Y
cada vez que respiras, cada vez que te detienes a sentir, te estás acercando a
casa.
Sigue caminando. Sigue preguntando.
Sigue amando. Y cuando dudes, cuando caigas, cuando te sientas perdido,
recuerda esto: Yo nunca me he ido.
Yo te
bendigo.
Un
remedio sencillo, pero eficaz, para despreciar la muerte es recordar con
frecuencia a aquellos que vivieron con mucho apego a la vida.
¿Qué
ventaja lograron sobre los que tuvieron una muerte temprana? La ventaja es que
ellos llevaron a muchos a la tumba y que es también donde acabaron ellos.
MARCO AURELIO
De
los siglos de actividad hemos llegado al punto focal donde las experiencias de
las edades entran en acción instantánea, donde todo tiempo y espacio se
convierte en la Única Presencia de Dios
en Acción Ahora.
Sabiendo
que es la Presencia de Dios “YO SOY” que late en tu corazón, sabes entonces que
tu corazón es la Voz de Dios y que aa medida que tú meditas y dices: “YO SOY la Suprema e Inteligente actividad de mi Mente y mi Corazón”, traerás a éste el verdadero y divino sentimiento
en que puedes confiar.
Tanto
tiempo ha venido la humanidad amando sólo con la periferia del círculo, que una
vez que el estudiante se de verdadera cuenta que Dios es Amor y que la
actividad de DIOS-AMOR se proyecta por el corazón, comprenderá que al enfocar
su atención en el deseo de proyectar amor hacia cualquier propósito, puede
generar amor a un grado ilimitado; y que este es el privilegio supremo de la
actividad exterior de la conciencia.
SAINT GERMAIN
“¿Qué es Dios?”, preguntó un
estudiante.
“Dios
es Bienaventuranza Eterna”, respondió el Maestro. “Su ser es amor, sabiduría y
dicha. Él es tanto impersonal como personal, y puede manifestarse en cualquier
forma según sea su voluntad. Aparece ante sus santos en el aspecto más amado
por cada uno de ellos: un cristiano ve a Cristo, un hindú ve a Krishna o a la
Divina Madre, y así sucesivamente. Aquellos devotos cuya adoración se dirige al
aspecto impersonal de Dios, llegan a ser conscientes de Él en la forma de Luz
Infinita, o del maravilloso sonido de Om, la Palabra primordial, el Espíritu
Santo. La más elevada experiencia que puede tener un hombre, es la de sentir en
sí mismo aquella Bienaventuranza en la cual están presentes todos los aspectos
de la Divinidad: amor, sabiduría, inmortalidad”.
“Pero,
¿cómo puedo comunicarte en palabras la naturaleza de Dios? Él es inefable,
indescriptible. Solo a través de la meditación profunda conocerás su esencia
única”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
Nuestra
principal tarea es distinguir y separar las cosas, y decir: “Lo exterior no
está en mi poder; mis decisiones si lo están. ¿Dónde buscaré lo bueno y lo
malo? En lo interior, en las cosas que son mías”.
Las que
dependen de los demás no las califiques de buenas ni de malas, no digas que son
una ganancia ni un perjuicio, ni nada por el estilo.
“¿Entonces
qué? ¿Significa esto que debe darnos igual cómo las usemos?”. De ninguna
manera. Eso sería hacer mal uso de nuestra facultad de elegir, y por tanto
contrario a la naturaleza.
Las
cosas externas deben usarse con cuidado, porque su uso puede ser bueno o malo.
Pero manteniendo al mismo tiempo la compostura y la calma, porque las cosas en
sí no son ni lo uno ni lo otro.
EPICTETO
Estando
persuadida mi mente de que en nada se diferencias un día y un siglo, contempla
tranquila la marcha de los días y de los negocios y se ríe del cambio de los
tiempos. ¿Cómo han de perturbar accidentes ligeros y variables al que permanece
firme ante lo inseguro?
LUCIO
ANNEO SÉNECA
AÑJALI MUDRA
El Gesto de la Oración o Saludo
Es
probablemente el mudra más conocido del mundo.
Significado:
Añjali significa ofrenda o reverencia.
Representa la unión de los dos hemisferios del cerebro, la armonía entre lo
masculino y lo femenino, y el equilibrio entre nuestra parte terrenal y la
espiritual.
Es el
gesto de "Namasté": la luz que hay en mí reconoce la luz que hay en
ti.
Cómo se realiza:
1.
Une las palmas de las manos frente al centro del pecho (corazón).
2.
Deja un pequeño espacio hueco entre las palmas (como si guardaras una
semilla o una joya preciosa).
3.
Los pulgares tocan suavemente el esternón, conectando el gesto con el
latido cardíaco.
Efecto:
Reduce
el estrés, centra la mente y nos prepara para la introspección.
Es la llave maestra para entrar en un estado de humildad.
“Vivir es recordar
lo que el alma ya sabe”
Querido Dios:
Es curiosa la vida. Llegamos a ella sin hacer ninguna solicitud, sin haber firmado ningún contrato previo, sin haber elegido el lugar, el tiempo ni las circunstancias. Simplemente aparecemos, como si alguien nos hubiera lanzado al escenario sin ensayar. Y desde ese primer instante, comenzamos a caminar, a tropezar, a correr, a buscar, sin saber muy bien qué.
Tampoco sabemos para qué venimos. Nos
enseñan a hablar, a sumar, a comportarnos, pero nadie nos enseña lo esencial:
cómo vivir con sentido, cómo amar sin miedo, cómo encontrar paz en medio del
ruido. Nos lanzamos a la carrera de la vida como si fuera una competencia, como
si el éxito estuviera en acumular cosas, títulos, reconocimientos. Trabajamos
como locos para comernos el mundo y conseguir aquello que creemos que nos hará
felices, pero que, irónicamente, no tenemos tiempo de disfrutar. Nos
convertimos en esclavos de nuestras propias metas.
Un día nos jubilan. Nos retiran del
juego, como si ya no tuviéramos cartas que jugar. Y ese trabajo al que dimos
todo, incluso partes de nuestra alma, nos olvida. Ya no somos necesarios. Y un
poco más allá, nos morimos. Así, sin saber para qué hemos nacido. Y ahí,
también, nos olvidan los pocos que nos recordaban. La vida sigue, como si nunca
hubiéramos estado.
Es curiosa, sí. Es cruel, es ingrata.
Pero, a la vez, es hermosa. Porque, a pesar de todo, nadie quiere morir. Hay
algo en ella que nos ata, que nos seduce, que nos hace aferrarnos incluso
cuando duele. Tal vez sea el amor, tal vez la esperanza, tal vez el simple
hecho de que, en medio de todo, hay momentos que brillan con una luz que no se
puede explicar.
Algunos pocos, un día, en mitad de esa
vorágine en la que permanecen inmersos dejándose llevar por la corriente, ponen
un pie en tierra. Se detienen. Miran alrededor. Y comienzan a preguntarse, no
solo la razón de la vida, sino su propia identidad. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?
¿Hay algo más allá de lo visible?
Llegan a conclusiones que no entienden
del todo, que no tienen ningún sustento científico, pero que les alivia creer.
Y a eso lo llaman “espiritualidad”. No es una religión, no es una doctrina. Es
una intuición, una sensación de que hay algo más grande, más profundo, más
verdadero.
Esos “aprendices espirituales”, entre
los que me gusta incluirme, empezamos a tener claro. No, no lo tenemos claro.
Mejor decir que nos apetece creer. Nos reconforta imaginar que somos un
espíritu, una energía que un día se desprendió de la Energía Universal. Podemos
llamarte Dios a esa Energía, sin ningún problema. Y vagamos, no sabemos muy
bien haciendo qué, junto a nuestros hermanos, disfrutando de esa Energía
Divina, hasta que un día decidimos, por propia voluntad, meternos dentro de un
cuerpo y aparecer en la Tierra.
¿Para qué? Para aprender. Para
experimentar. Para amar. Nos gusta creer que esa es nuestra misión: aprender a
amar. No el amor romántico, ni el amor condicionado, sino ese amor que no
exige, que no juzga, que simplemente es. El amor que Tú representas.
Los aprendices espirituales vemos la
vida como un sueño. Un sueño en el que nos comportamos como “no somos”, es
decir, como seres individuales que luchan por sobrevivir, que compiten, que se
comparan, que se olvidan de que están conectados. Hasta que un día despertamos.
O, al menos, abrimos un ojo. Y comenzamos a recordar eso que “sí somos”.
Pero el despertar no es fácil. Un alto
porcentaje de los aprendices somos unos hipócritas. Y lo digo con cariño, con
compasión, porque me incluyo. Creemos que somos hermanos, que todos somos hijos
de Dios, que estamos aquí para aprender a amar, pero nos comportamos como si no
lo supiéramos. Como si no lo creyéramos. Como si estuviéramos dormidos.
Aunque hay una diferencia. Nos sentimos
mal por vivir en contra de nuestras creencias. Nos duele la incoherencia. Nos
pesa el ego. Nos incomoda la desconexión. Y eso, tal vez, sea el primer paso
hacia el despertar real.
Señor, esta carta no es una queja. Es
una confesión. Es un intento de entender. Es una súplica silenciosa de guía.
Porque, aunque a veces me siento perdido, también siento que hay algo dentro de
mí que recuerda, que sabe, que anhela volver a Ti.
No sé si Tú eres una energía, una
conciencia, una presencia. No sé si estás en el cielo, en la tierra, en mí.
Pero sé que existes. Lo siento. Lo intuyo. Lo necesito.
Y si esta vida es una escuela, quiero
aprender. Si esta vida es un viaje, quiero caminar Contigo. Si esta vida es un
sueño, quiero despertar.
Gracias por darme la oportunidad de
vivir, aunque no entienda del todo el propósito. Gracias por los momentos de belleza,
por las personas que me han amado, por las lecciones que me han dolido. Gracias
por la posibilidad de escribirte, de hablarte, de buscarte.
Y si algún día logro amar como Tú amas,
aunque sea un poco, aunque sea a unos pocos, entonces sabré que este viaje ha merecido
la pena.
Con humildad, con esperanza, con amor.
Gracias
Pronto
la Tierra nos cubrirá a todos. Luego la Tierra misma se transformará; y lo que
venga después seguirá transformándose
sin cesar, otra vez, hasta el infinito.
Quien
contemple el flujo y reflujo de estas mudanzas y alteraciones, y su rapidez, fácilmente
despreciará todo lo perecedero y mortal.
MARCO
AURELIO
El individuo que desee progresar
rápidamente en la Luz no debe jamás dormirse hasta que haya enviado su amor a
todo individuo que él considere que le ha dañado en cualquier momento. Este
pensamiento sale derechito como una flecha hacia la conciencia del otro
individuo, porque no hay nada que lo pueda detener, y generará su calidad y
poder allí donde ha sido enviado.
No hay ningún elemento que sea
causante de tantos malestares del cuerpo y de la mente como el sentimiento de
odio enviado hacia otro individuo. No se puede decir como irá a reaccionar en
la mente y el cuerpo del que lo envía. En uno puede que produzca un efecto, y
en otro un efecto diferente.
Que se entienda bien: el rencor o
resentimiento no son sino otra forma de odio, odio de un grado menor.
Un pensamiento maravilloso para vivir
con él siempre es el siguiente: “YO SOY
el Pensamiento y el Sentimiento creador perfecto presente en todas las Mentes y
Corazones de todo el mundo en todas partes”. Es algo maravilloso. No
solamente da paz y reposo al que lo envía o al que lo genera, sino que provoca
dones sin límites que vienen de la Presencia.
SAINT GERMAIN
“Señor, ¿aprueba usted el ceremonial
religioso?”, preguntó cierto estudiante.
El
Maestro respondió: “Los ritos religiosos ayudan a enfocar la mente en Dios,
nuestro Creador Infinito. Pero cuando hay demasiado ritual, todos llegan a
olvidarse del motivo primordial de la ceremonia”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
Una vida
tras otra, vamos interpretando los distintos papeles que hemos decidido
experimentar en cada una de ellas: Hacemos de hijos, de padres, de nietos, de
abuelos, de esposos, de empleados, de empresarios, de ricos o de pobres, solo
por citar algunos. Y lo vamos haciendo, con más o menos acierto.
Sin
embargo, somos incapaces de interpretar el único papel en el que no tenemos que
actuar, porque es justamente aquello que somos: Hijos de Dios.
Alfonso
Vallejo
Como los
montones de arena, que al acumularse unos sobre otros ocultan los que hay
debajo, así en la vida humana los sucesos anteriores quedan pronto sepultados
en el olvido por los que ocurren después.
MARCO
AURELIO
Es
difícil, combinar y aunar la atención cuidadosa de quien tiene devoción por las
cosas materiales y la estabilidad de quien es indiferente a ellas, pero no
imposible; de lo contrario, sería imposible ser feliz.
Es como
planear un viaje por mar. ¿Qué puedo hacer? Puedo elegir el capitán, los
marineros, el día, el momento oportuno. Luego se nos echa encima una tormenta.
En ese momento, ¿qué me incumbe? Mi parte ya está hecha. El problema es de
otro: el capitán.
EPICTETO
Esta
Tierra, con todos sus pueblos, ciudades, ríos, su cinturón de mares, no es más
que un punto si la comparamos con el Universo.
Nuestra
vida es menos aún que un punto si se compara con la totalidad del tiempo, pues
la eternidad es más grande que el mundo: el mundo se recrea una y otra vez
dentro de los confines del tiempo.
LUCIO
ANNEO SÉNECA
SHABDA Mudra
El Mudra de la música o del sonido.
Con el
Shabda Mudra, llegamos a la dimensión de lo invisible pero vibrante. Si los
anteriores mudras se encargaban de lo tangible (agua, incienso, luz, alimento),
este se dedica al sonido y al espacio.
Cómo se forma:
Cierra
los dedos medio, anular y meñique de ambas manos hacia el interior de las
palmas (formando puños).
Une las
manos por los laterales de los puños (la zona de los dedos flexionados).
Extiende
los dedos índices y une sus puntas, formando un triángulo perfecto o una
"V" invertida.
El
Triángulo: Representa el foco y la ascensión. El sonido (o la palabra) se
concentra en un punto único para elevarse.
Unión de fuerzas: Al juntar ambas manos,
simbolizas la coherencia entre lo que piensas y lo que dices.
Es
ideal para antes de dar una charla, escribir una entrada importante en el blog
o realizar cantos de mantras, ya que ayuda a proyectar la voz y la intención de
manera clara y directa.
Qué significa:
Las
diosas de las ofrendas, interpretando música divina, llenan el cielo, así como
los oídos melodiosos de los invitados sagrados y de su séquito. Con ello,
persiguen que todas las palabras y sonidos ásperos que causan sufrimiento sean
eliminados, y los seres sintientes escuchen solo sonidos melodiosos y hablen
amablemente entre sí.
Shabda
significa sonido o palabra en sánscrito. En la filosofía védica, el sonido es
el primer elemento de la creación (Akasha o Éter). Este mudra representa la
capacidad de escuchar la "voz silenciosa" interior y la vibración
primordial del universo (el OM). Es la ofrenda del espacio necesario para que
la verdad sea escuchada.
Efecto:
Estimula
la agudeza auditiva y la intuición.
Ayuda a
filtrar el "ruido" mental y el parloteo externo, permitiendo que la
persona se enfoque en la comunicación clara y honesta.
Está
íntimamente ligado al chakra de la garganta (*Vishuddha*).