El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 27 de enero de 2013

Consejos


            Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos.
(Sófocles)

Lo que tienes que hacer…….., lo que yo haría si estuviera en tu lugar……, creo que sería bueno que hicieras……., ¡Qué fácil es dar consejos!, ¡Qué fácil es predicar!, cuando curiosamente, los aconsejadores y predicadores se encuentran, nos encontramos, a veces, en parecida o peor situación que el aconsejado.
            No nos duelen prendas a la hora de decir a los demás que es lo que tienen que hacer, de organizar su vida, de indicarles cuál es el camino a seguir, que palabras utilizar o cómo comportarse en determinada situación. Sin embargo, nos ocupamos menos en tratar de comprender a las personas, para acercarnos, aunque sólo sea un poquito, a ese momento emocional, que ha llevado a la persona a esa situación, en la que nosotros, sin entender en absoluto cual es la verdadera realidad, nos atrevemos, sin ningún pudor, a dar nuestro consejo, e incluso nuestro veredicto.
            Podemos incluso creer que conocemos perfectamente a la persona que tratamos de aconsejar, pero, ¿Qué sabemos, realmente de sus pensamientos?, ¿Qué sabemos de sus más íntimos secretos, esos que guarda en su interior y nadie conoce?, ¿Qué sabemos del sufrimiento interior de la persona, de sus miedos, de su angustia, de su dolor, de sus verdaderas limitaciones?
            El consejo siempre es dado desde una visión particular, desde un estado emocional determinado y desde unas creencias personales, que en nada tienen que coincidir con la situación, el carácter o la madurez de la persona receptora del consejo; y aunque nadie duda de que el consejo siempre es compartido con la mejor de las intenciones, aunque este no sea solicitado, en muchas ocasiones, la vida, que también da consejos, parece aconsejarnos que lo más prudente sería el silencio.
            Permitirme un consejo, aunque nadie me lo haya pedido: La regla número uno sería no dar consejo si no nos lo solicitan, y si lo hacen, antes de aconsejar, hemos de escuchar con total atención cual es el problema, entenderlo, conocer la situación de la persona, ya que una cuestión por muy clara que esté para nosotros, puede no estarlo tanto para la persona que sufre el problema.

 

lunes, 21 de enero de 2013

Adjetivos


            Nada es bueno, nada es malo, nada es bonito o feo, nada es agradable o desagradable. Todo eso, no es más que una palabra, un adjetivo, con el que vamos calificando desde nuestra mente, a cada suceso y acontecimiento que ocurre en nuestra vida, y lo vamos haciendo en función de las propias creencias y deseos.
             Casi todos sabemos que la causa del sufrimiento es la no consecución de nuestras expectativas hacia algo, es la no consecución de los deseos, en los que hemos depositado nuestras esperanzas y expectativas. Los deseos, que son imprescindibles en su inicio, por ser la espoleta necesaria para poner en marcha cualquier proyecto, una vez iniciado el camino, han de quedar debidamente aparcados.
            Esta es la teoría conocida, pero nunca aplicada, ya que su aplicación supondría que la persona ha completado un aprendizaje importante, posiblemente uno de los más importantes a realizar en este estado de la materia: “no apegarse a los deseos”. El desapego es una prueba evidente de crecimiento, de ese crecimiento en el que todos, casi todos más que menos, estamos implicados.
            Pero en la medida en que vamos ascendiendo los peldaños de la escalera de nuestra evolución, seremos más conscientes de los deseos y de sus consecuencias: de la euforia que nos invade con su realización o de la tristeza que nos inunda ante el fracaso, así como de las etiquetas que le vamos colocando a la vida.
            Pero la vida “es”, “sólo es”, “sin más”, sin calificativos. Lo que es bueno para uno, no resulta tanto para otro, lo que a uno le causa alegría a otro le puede causar tristeza. Esto, también es conocido por casi todos, pero no somos capaces de dejar de colocar la etiqueta de bueno, malo, agradable, alegre o triste, a cada acontecimiento, según va transcurriendo la vida, y lo que es peor, regodearnos y revolcarnos en la energía que esos adjetivos generan en todos nosotros.
            Ya que somos incapaces de dejar de etiquetar, lo que si podríamos hacer, sería no refugiarnos en la emoción que la palabra provoca. Sería “no hacer leña del árbol caído”, es decir, no centrar el pensamiento en aquello a lo que hemos otorgado el calificativo de “malo”, ya que va a ser entonces, cuando la energía de ese pensamiento de dolor o frustración, sirva de alimento para nuestros cuerpos, físico, mental o emocional.
            Hemos de tratar de aceptar, sin más, cualquier acontecimiento. Lo hemos etiquetado, es cierto, pero a partir de ese momento, sea cual sea la calificación, sólo nos queda aceptarlo, para evitar las consecuencias que el adjetivo colocado nos afecte. No hemos de olvidar que cualquier suceso sólo es una lección en la asignatura del curso de la vida, y de la misma manera que en la universidad cuando no se aprueba una asignatura, de nada sirve darle vueltas y más vueltas a la causa del suspenso, ya que lo único que hay que hacer es estudiar un poco más, para que en la próxima evaluación no volvamos a cometer los mismos errores. Ocurre lo mismo en la vida.
            Por lo tanto, mientras no seamos capaces de aparcar los deseos, sólo nos queda agregar una etiqueta más a las muchas que llenan nuestro cajón de la mente, la etiqueta de la aceptación. ¡Vale!, si hemos etiquetado el suceso como “malo”, hemos de añadir a continuación una segunda etiqueta, “lo acepto”, así será más liviano el dolor. 

jueves, 3 de enero de 2013

La Nueva Religión (III)


(Continuación de la Nueva Religión II)
A la nueva religión, a la religión del Amor, no hay que apuntarse, ni bautizarse, ni circuncidarse, ni aceptar públicamente a Dios y a su profeta. Y no hay que hacer ninguna pantomima, porque la nueva religión crecerá en la persona, a medida que la persona vaya aprendiendo a Amar.
No nacemos en pecado, de entrada, porque el pecado no existe, pero aunque existiera, ¿Que pecado podría haber cometido un bebé que sale por primera vez al mundo?, ¿Cómo va a ser él, el responsable de lo que pudieron hacer unos personajes de ficción en un mundo imaginario?
La auténtica desgracia, es que el 99’9% de los niños, no tienen un modelo. Sus padres, maestros y educadores no saben lo que es el Amor, por lo que difícilmente pueden enseñarlo. Por lo tanto, nos toca a los mayores, aprender primero, para enseñar después.
Aquí empieza nuestro trabajo: Desprendimiento de lo viejo y aceptación de lo que Es.
Nuestro trabajo es un trabajo de sanación que se ha de realizar aceptando. ¿Aceptando qué?, aceptando el dolor, aceptando el sufrimiento, aceptando el miedo, aceptando a las personas tal cual son, aceptando a la vida.
¿Cómo hacerlo?: Piensa en algo que te haga sufrir, que te de dolor, que te avergüence; puede ser inseguridad, impaciencia, pereza, etc., y cuando lo hayas elegido busca dentro de ti, de manera honesta, la razón de cuál es el motivo real. Si te das cuenta de lo que es, te ablandas, lo toleras, lo perdonas y lo amas, pero no juzgues esa razón, sólo acéptala, ya que si la juzgas, ese nuevo juicio y esa nueva crítica estarán, también, basadas en el miedo y volverás a generar algo de lo que también tendrás que desprenderte. Sólo acéptalo.
¿Qué es lo que hay debajo de nuestra necesidad de juzgar?, sólo miedo, miedo a enfrentarnos con nuestra propia oscuridad, casi me atrevería a decir que es miedo a vivir, es falta de Amor.
No juzgues nada, las cosas son como son y no hemos de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en como pensamos nosotros que han de ser.
La conciencia social, políticos, religiosos, los estándares  de salud y de belleza nos dan modelos y normas de cómo deberían ser las cosas, o de cómo deberíamos comportarnos. Tratan de definirnos lo que es bueno, lo que hay que hacer, lo que está bien visto.
Pero nosotros estamos intentando contactar con el Amor, y el Amor no está interesado en definir que es bueno y que no lo es, porque el Amor sólo está interesado en la realidad.
El instrumento del Amor es el corazón y el corazón está interesado en todo lo que es, sólo en lo que es, no es lo que se juzga como bueno o como malo; y si nos abrimos a vivir desde el corazón nos liberamos del juicio de manera inmediata, y aceptamos quienes somos, sin más. No quienes queremos ser, o quien quiere la sociedad que seamos, aceptamos quienes somos.
¿Cómo sanar los miedos que anidan en nosotros?
Todos los miedos, todos los traumas, todos los sufrimientos, son experiencias del pasado, y eso es lo que hay que sanar, ¿Cómo?: volviendo al pasado, volviendo a esa experiencia, pero de una manera amorosa, es decir, revivir la situación, pero estando centrados en el corazón, no dándole vueltas a la mente: Para eso, siéntate en soledad y en silencio. Trae a tu mente la situación y obsérvala como si estuvieras viendo una película, sin plantearte nada, para evitar ningún tipo de emoción. Y así simplemente observando lo que sucede, se crea una especie de separación entre el suceso y la persona, y es esa separación la que hace a la persona dueña de la realidad, pudiendo aceptar el suceso completo, sin volver a enjuiciarlo, ya que la persona comprende desde el corazón,  que para todo hay una causa, es una experiencia más para el alma, y no tiene por que quedar grabada en la mente.
Si por cualquier circunstancia, sintieras malestar, sintieras incomodidad, rabia o cualquier otra sensación o emoción: perdona a las personas que aparecen en tu recuerdo y bendice a esas personas y a la situación, y hazlo tantas como fueran necesarias, hasta que realmente sientas que fue un aprendizaje, que fue una experiencia necesaria en tu vida. Hasta que la observes de manera imparcial, como si no fuera un episodio de tu vida.
Puedes utilizar la siguiente fórmula para perdonar y bendecir:
PERDONAR:
·         Sube las manos a la altura de los hombros, con los brazos al lado del cuerpo, cómodamente relajados, las palmas al frente.  
·         Lleva la atención al corazón.
·         Visualiza a la persona o personas que quieres perdonar delante de ti:
o   Lleva la atención a tu corazón sintiendo que sale un rayo de luz, igual que de las palmas de tus manos, y repite en tu interior:
o   Yo te perdono, cualquier cosa mala que me has hecho, voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras, hechos y omisiones, incluso aunque ya no te acuerdes de lo que es.
·         Y después dile:
o   Y tú, perdóname por todo el daño que te he hecho, voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras, hechos y omisiones, incluso aunque ya no me acuerde de lo que es.
BENDECIR:
·         Mantén las manos arriba y la atención en la luz que sale de tu corazón y de tus manos.
·         Piensa en un momento feliz que te haga revivir una emoción o sentimiento de alegría o felicidad, (puede estar relacionado con cualquiera, o con cualquier situación).
·         Siente la emoción de ese momento feliz.
·         Visualiza nuevamente a la persona, personas o a la situación que quieres bendecir delante de ti, y repite en tu interior, sintiendo esa energía que sale de tu corazón y de las palmas de tus manos:
o   “Yo te bendigo con paz, con amor, con alegría, con serenidad, con abundancia y prosperidad......”. Bendice con todo lo bueno que deseas, como si fueras tu mismo”.
Cuando somos capaces de relacionarnos con todos los papeles y todas las escenas que hemos ido interpretando en nuestra vida, quedamos libres para vivir desde el corazón. Es entonces cuando estamos preparados para ser felices.
Es con las personas más cercanas a nosotros, nuestros amigos, nuestra familia, nuestra pareja, con los que tenemos que comenzar nuestro trabajo. Para eso podemos aplicar la Regla de Oro: “No quieras para los demás lo que no desees para ti”. Es fácil aplicar la Regla de Oro en desconocidos, porque como sólo estamos con ellos un ratito, podemos colocarnos la máscara de las visitas y tratarles con amabilidad, con respeto, y hasta con amor. Con los extraños, el trabajo que se ha de realizar es de pensamiento, no hacer juicios de valor en nuestra mente, ni realizar ninguna crítica mental, aceptarlos sin más. Habremos avanzado en nuestro trabajo cuando consigamos estar delante de cualquier persona, sea la que sea, sea como sea: rico, pobre, limpio, sucio, hombre, mujer, etc., y mantengamos la mente en silencio.
El trabajo de acción, se realiza con los nuestros: familia, amigos, compañeros de trabajo. ¿Recordamos que es el Amor Divino?: El Amor Divino es aceptación de uno mismo, es aceptación del otro tal cual es, es dar a cambio de nada, es aquello que te hace feliz haciendo que los demás sean felices, es comprensión total, es alegría, es colaboración, es amar sin juzgar, sin culpar, sin criticar; es ver a Dios en tu pareja.
Reflexiona, ¿Es este el Amor el que repartes a los tuyos?, ¿Es así como te relacionas con ellos? La prueba de la madurez del carácter es vivir bajo estas premisas, es conseguir que la familia, amigos y conocidos sean felices a tu lado.
(Continuará)
Capítulo II, (Parte III) del libro Vivir desde el corazón es más fácil.

miércoles, 2 de enero de 2013

Moneda de cambio


            Siempre nos devuelven el cambio con la misma moneda. Y la misma norma también es aplicable a los cambios emocionales.
            Esa es la razón por la que casi todo el mundo nos trata de la misma manera, diferente de como tratan a otras personas, a las que curiosamente, también todo el mundo coincide en el trato.
            Hay personas a las que se trata con respeto, a otras con desprecio, a otras de manera agresiva, a otras se las ignora, etc., etc., y un buen número de personas coincide en esa forma de trato.
            No es más que la moneda de cambio. La persona a la que se trata con respeto, es, sencillamente, porque se hace respetar; a la que se trata con miedo, es porque eso es lo que inspira, y así sucesivamente, cada persona recibe el trato que merece. Su carta de presentación es la energía que emana, es la energía que la envuelve, y es esa energía lo primero que perciben las personas con las que nos vamos encontrando, es nuestra seña de identidad, es como si fuéramos reclamando un trato determinado.
            De nada vale que la persona triste se ponga la máscara de la alegría, porque la energía que emana no se puede disimular, es de tristeza, por lo que las personas que interaccionan con ella es eso lo que reciben, tristeza, y su reacción inconsciente es responder a lo que recibe, es responder a lo que trata de esconder la máscara.
            Por lo tanto, si el trato que recibes de las personas con las que te vas encontrando, no es lo que deseas, no culpes a los otros, la culpa sólo es tuya. Responden a lo que sale de ti. Si quieres que las personas te traten de diferente manera, sólo has de cambiar tu energía.
            Para ello, observa como es el trato hacia ti de la generalidad de personas que te rodea y comparte tu vida. Es muy posible que creas que el trato que recibes es injusto. No lo es, es lo que estás pidiendo, y si deseas un cambio, en tus manos está modificarlo.
            Analiza “que” y “como” lo recibes, y a partir de ese momento permanece atento a tus pensamientos. Podrás comprobar que en tus hábitos de pensamiento se encuentra la razón primordial del trato que recibes. ¡Cámbialo!, de manera consciente. Respétate a ti mismo, valórate, amate, para que así, los demás, te amen, te valoren y te respeten.
            Ya sé que hay personas que parecen intratables, pero si las observas detenidamente podrás comprobar que la falta de autoestima, o el miedo, o el orgullo, o la soledad, o la tristeza, o las ansias de poder, etc., etc., es lo que permanece de manera permanente en su pensamiento, por lo que la energía que les envuelve, no deja penetrar otras energías. No son conscientes de la vida que fluye a su través y a su alrededor.
            Con estas personas, que parecen intratables, también se puede conseguir que modifiquen su trato. ¡Bendícelas!, bendícelas casi de manera permanente. La energía de la bendición es amor en estado puro, es amor divino, y no hay nada que pueda resistirse a la energía del amor. De esta manera, se crea una conexión de amor entre tu corazón y el suyo, (de momento mientras dura la bendición, pero que se irá fortaleciendo a medida que bendices), que va a hacer que su trato hacia ti sea amable, muy diferente con el que castiga al resto de los mortales.
            Recuerda, “todo es técnica”, esto también, y como cualquier técnica, para conseguir la maestría, necesita de voluntad, trabajo y paciencia.
            Se voluntarioso, trabajador y paciente, y te sorprenderán los resultados.