El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




martes, 13 de mayo de 2014

Adictos al sufrimiento


            Solamente hay que observar cómo se desenvuelve el ser humano en sociedad, solo hay que observar cuáles son sus conversaciones, cuáles son sus comentarios y cuáles sus carencias, para determinar, sin temor a equivocarnos, que el ser humano es adicto al sufrimiento, adicto al dolor, adicto a la pena, a la tristeza y al miedo, de la misma manera que se puede ser adicto a las drogas, a la nicotina, a la comida o al alcohol.
            Y de la misma manera que para liberarse de la opresión de las adicciones físicas se ha de hacer un sobreesfuerzo, y puede que incluso internarse en una clínica de desintoxicación, para liberarse de las adicciones emocionales se ha de realizar, también un ejercicio de voluntad intenso, se ha de realizar un ejercicio de aceptación de la realidad de la vida, se ha de tener el convencimiento de que solamente con el dolor es imposible, no solo ser feliz, sino que es imposible hacer felices a los demás; se ha de cambiar la creencia de que la felicidad es algo que nos llega del exterior como un regalo, sino que es un estado interior al que se llega por propia voluntad, sin tener en cuenta “el qué dirán”, sin esperar nada de nadie.
 
            No podemos liberarnos del sufrimiento por el mero hecho de pensar: “Desde mañana no voy a sufrir y voy a ser feliz”, porque el hábito de sufrir, hábito que padecemos desde que tenemos uso de razón, o casi mejor desde la cuna, es una enseñanza tan arraigada en nosotros, que deshacerse de ella es casi como ser infiel al amor de nuestros progenitores, que son, los que con su ejemplo, ¡nefasto ejemplo de sufrimiento!, nos han inculcado que es, no solo normal, sino casi un deber, sufrir con el padecimiento de los demás, y sobre todo con el padecimiento de los que nos quieren.
            Liberarse del sufrimiento, puede incluso ser mal visto por la sociedad, o parecer que el que no sufre se ha deshumanizado. Nada más lejos de la realidad. No sufrir no quiere decir que no exista la compasión, no sufrir no quiere decir que haya desaparecido la ternura, no sufrir no quiere decir que no se sea misericordioso, no sufrir no quiere decir que no se llegue a dar incluso la vida por ayudar y servir a los demás. No sufrir es todo lo contrario, es sentir compasión, es actuar tiernamente, es ser misericordioso, es ayudar, es amar, y todo eso sin esperar nada a cambio.
            El sufrimiento es un desgaste inútil de energía, energía que se podría utilizar para ayudar al que se encuentra enfermo y al necesitado.
            El ser humano es energía densa en su cuerpo y energía más volátil a su alrededor. Cada emoción, cada sentimiento, es energía. El sufrimiento también lo es, y esa energía de sufrimiento que nos envuelve es lo primero que perciben, de manera inconsciente, todas las personas que entran en contacto con el sufridor.
Imagina que estás sufriendo por la enfermedad de un familiar allegado al que estás cuidando. Lo primero que el familiar percibe es el sufrimiento del otro, con lo cual su propio sufrimiento se acrecienta. El cuidador no solo no da el ciento por ciento, sino que está incrementando el padecimiento del enfermo.
No es necesario bailar una jota, ni cantar el último éxito del momento. Solo hay que actuar con serenidad, serenidad que desaparece con la ansiedad que el sufrimiento genera.
La clínica de desintoxicación del sufrimiento está en ti, está en tu interior, está en tu corazón. Y la puerta que lleva a tu corazón es la meditación y la oración sincera.
 

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