La voluntad para mantener la atención,
el trabajo para realizar la meditación y la paciencia para esperar los
resultados han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo
Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
La voluntad para mantener la atención,
el trabajo para realizar la meditación y la paciencia para esperar los
resultados han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo
Piensa desde cuando estás dejando esto
para más tarde y cuantas veces los dioses te han señalado el plazo y tú lo has
dejado pasar.
Es necesario ya que te des cuenta de
qué mundo eres parte y que eres una emanación de aquello que gobierna el mundo;
que tienes un límite de tiempo fijado, que, si no utilizas para apaciguarte, se
marchará, y tú también te marcharás, y no habrá una segunda vez.
Marco
Aurelio
En la fábrica de
botellas de plástico, la maquinaria trabajaba sin cesar, día y noche,
produciendo una botella cada segundo. Las nuevas botellas, al salir del molde,
se encontraban desconcertadas. Habían pasado de ser parte de un todo, una masa
uniforme de plástico en la que se sentían plenas y poderosas, a una existencia
independiente, sin preparación alguna, destinadas a ser el continente de
distintos líquidos: agua, vino, refrescos, leche y más.
Dentro de cada una,
las preguntas se repetían: ¿Estaré preparada? ¿Podré cumplir mi trabajo con
dignidad? ¿Se sentirán mis dueños satisfechos con mi labor?
Lo que las botellas
desconocían era que sus dueños jamás se cuestionarían tales cosas. Para ellos,
la botella era casi invisible, un simple recipiente cuyo valor residía
únicamente en su contenido.
Mientras el dueño
consumía el líquido y, sin pensarlo dos veces, arrojaba la botella a una bolsa
junto a otras botellas vacías, esta seguía con sus devaneos mentales.
¿Y ahora qué? se
preguntaban todas, llenas de incertidumbre. Estaban desconcertadas hasta que
una pequeña botella, que solo había contenido agua, habló con voz tranquila:
—Ahora volvemos a
casa.
—¿A casa? ¿Qué casa?
—preguntaron sorprendidas las botellas que la escuchaban.
—Volvemos a nuestra
casa, a la masa de plástico de la que todas salimos. Volveremos a ser botellas
una y otra vez, hasta que un día, quizás, un dueño descubra nuestra belleza y
nos utilice para guardar arena, piedrecitas o flores.
Muchas personas se
parecen a las botellas. Pasan la vida tratando de agradar a quienes tienen
delante, preguntándose qué pensarán de ellas. Y, en muchas ocasiones, a esas
personas les importa un pimiento. Igual que a los dueños de las botellas.
Mejor les iría
haciendo bien su trabajo y tratando a los demás como les gustaría ser tratados.
Capítulo XVII. Parte 2. Novela "Ocurrió en Lima"
No
tuvimos tiempo de planificar mucho porque mi suegro hizo su entrada en el
despacho, con cara de satisfacción, para interesarse por la nueva adquisición
de Miami.
-
Antay, gracias, estás haciendo realidad
mis sueños. Contarme todo, contarme como fue.
Pablo
le puso al corriente de todos los pormenores, haciendo hincapié en la nueva
capacidad operativa de la empresa. Mi suegro estaba más que satisfecho y, más
cuando le dijimos que ya teníamos personal haciendo trabajo de campo en
Santiago de Chile y en Buenos Aires, para ver si se podía realizar la misma
operación que en Miami.
Antes
de despedirse nos pidió que le permitiéramos hacer una visita por todos los
departamentos para saludar a los conocidos y, nos pidió que le acompañáramos,
con lo cual el plan que estábamos planificando con Pablo se podía llevar a
cabo, sin levantar ninguna sospecha, ya que estábamos acompañando al dueño de
la empresa.
Con la
visita de mi suegro y nuestra tournée por las oficinas llegó la hora del
almuerzo. Pablo se fue porque tenía una reunión con unos clientes y yo,
aprovechando que me había quedado solo llamé a casa para decirle a Indhira que
no iría a almorzar, que lo haría con Diana, porque me parecía un buen momento
para hacerlo, sin perder más tiempo.
-
Me acerqué a la mesa de Diana- Te
invito a almorzar.
-
Pero no podemos estar mucho tiempo
fuera, por si llama alguien.
-
¿No hay nadie que pueda ocupar tu lugar
mientras almorzamos?, porque seguro que tardaremos más de una hora.
-
Si, le puedo decir a Roxana que venga a
mi lugar mientras estamos fuera.
-
¿Quién es?, ¿la conozco?, -no me sonaba
su nombre, en absoluto, y en la visita guiada que hice con Pablo no recordaba a
ninguna Roxana.
-
Supongo que no la conoces. Lleva un mes
en la empresa. Entró en recursos humanos, pero nunca ha estado allí porque
está apoyando al asistente de Pablo que ya sabes que lleva una temporada con
problemas por la enfermedad de su mamá.
-
¿Nos podemos fiar de ella?, -si era tan
nueva en la empresa tenía mis dudas.
-
Nos podemos fiar por completo. Es muy
buena en su trabajo. La llamo que suba y nos vamos.
A los
10 minutos apareció Roxana y Diana le informó de los aspectos más importantes a
tener en cuenta.
-
Señor Llica, -preguntó Roxana cuando
estábamos a punto de subir al ascensor- si hay alguna llamada importante ¿le
llamo al celular?
-
Solo si es de vida o muerte Roxana. Lo
dejo a tu elección, lo que hagas estará bien.
Capitulo XVII. Parte 1. Novela "Ocurrió en Lima"
Ahora, sin memoria, cada día, para mí,
era nuevo. Había pasado, con nota, el viaje y la reunión en Miami, así como el
encuentro con Indhira y con los niños. Pero hoy me esperaba otra prueba de
fuego. Mi primer día en la empresa. Y no era precisamente el último asistente
que pudiera preguntar, a cualquiera que pasara por mi lado, como se hacía
alguna cosa, donde estaba la fotocopiadora o como se llamaba la persona que
ocupaba uno u otro despacho. Era el presidente.
Nada más llegar subí directo a mi
despacho. No quería encontrarme con nadie a quien se supondría que tendría que
saludar de determinada forma y no conocer nada de la persona. Quería
encontrarme con Pablo, lo antes posible.
En una sala frente a mi despacho estaba
Diana. La encontré desmejorada. Incluso más que el primer día que la conocí
recién separada de su pareja.
-
Aunque, en la actualidad, no sabía cómo
era nuestro trato, me acerqué a ella. La abracé dándole un beso, como saludo, a
la vez que le preguntaba- ¿cómo estás?
-
Hola Antay, estoy bien, como siempre.
¿Qué tal vuestro viaje? -Me dio gusto saber que el trato parece ser el mismo
que conocía.
-
Muy bien. Tu hiciste un gran trabajo
porque el hotel no podía estar mejor y, además, muy cerca de las oficinas. ¿No
te ha contado Pablo? -la pregunta ya la hice con toda intención porque era una
manera de saber cómo iba su relación.
-
No me ha contado mucho. Ya sabes que
habla poco y, últimamente, aun habla menos. -sus ojos brillaron hasta el punto
que pensé que no podría aguantar las lágrimas. Pero si, pudo aguantarlas.
-
Creo que tenemos que hablar. -esperaba
no haber metido la pata, porque, aunque pareciera que nuestra relación seguía
por los derroteros de confianza de antaño, no sabía si esta relación había
variado.
-
Si, me irá bien. -fantástico, pensé. La
relación sigue como recordaba.
-
¿Ha venido Pablo? -era muy importante
para mí empezar el día con su presencia a mi lado.
-
Si, está esperándote en tu despacho.
-fue un alivio escuchar su respuesta.
-
Gracias Diana.
En
efecto, Pablo estaba en el despacho que ya conocía cuando estuve en las
entrevistas con mi suegro. ¡Qué cosas tiene la vida!, ahora era mi despacho.
-
¿Cómo te fue en casa? -Se interesó
Pablo, en cuanto aparecí por la puerta, hablándome en voz baja para que Diana
no se enterara de nuestro secreto.
-
Me fue bien. Le conté todo. Me pareció
que tenía que saberlo. Será mi apoyo para las reuniones familiares. Entre ella
y tú espero salir airoso de este momento tan delicado.
Estábamos
planeando, Pablo y yo, hacer una visita por todos los departamentos de la
empresa, haciendo como si pasáramos por allí, para ir viendo a todas las
personas que trabajaban con nosotros. Así, contándome, antes de entrar, quien
era cada uno podía conocerlos, ya que no era un buen plan que Pablo me
acompañara de manera permanente hasta que retornara mi memoria.
Capítulo XIV. Parte 2. Novela "Ocurrió en Lima"
Mientras
sucedía esto en la casa de la familia Moretti, al departamento de Antay fueron
llegando sus antiguos compañeros.
A las 4
de la tarde ya habían llegado todos, incluidos Ferrán, el esposo de Karla que
vino a acompañarla y, también, Diana que había pasado, justo después del
almuerzo, para tomar café con el que sería, además de vecino, su nuevo jefe.
El
departamento no estaba acostumbrado a tantas visitas y, por supuesto, no estaba
preparado. Antay pensó, en algún momento, que hasta las paredes estarían
asombradas ante tantas personas. Nunca habían sido más de tres en la casa. Para
poder sentarse todos, Diana tuvo que pasar a su departamento por cuatro sillas.
Cuando
todos estuvieron instalados, con un café o un té ante ellos y, después de darse
las novedades acaecidas desde que no se veían, Antay explicó, con todo lujo de
detalles, del nuevo departamento que se estaba implementando en la
inmobiliaria. Refirió a sus compañeros como había sido todo el proceso, desde
que le avisaron para solucionar los problemas que tenían con la aplicación de
la empresa, hasta sus tres primeros días de trabajo.
- En el
nuevo departamento seremos 8 personas. Diana será mi asistente y mi segunda en
todos los temas que no sean técnicos. Pablo y Belén seréis los técnicos para
solucionar los problemas informáticos de todas las oficinas, y son 60,
repartidas por todo el país, más la oficina central y las oficinas de Colombia,
por lo que, con frecuencia, tendréis que desplazaros, tanto en Perú como a
Colombia.
>>
Como somos muy buenos y tendremos pocos problemas técnicos, mientras estéis en
la oficina, vuestro trabajo será el mismo que los administrativos informáticos,
Patricia, Esteban, Raúl y Karla, introducir propiedades y darlas de baja.
>>
La semana que viene, dos de vosotros ya tendríais que comenzar a trabajar,
porque el miércoles comenzamos nuestra andadura y me gustaría que, en un mes,
como máximo, estemos a pleno rendimiento.
>>
¿Qué os parece?
- Háblanos
de las condiciones, -dijo Patricia.
- El
horario es de 8am a 5pm, de lunes a viernes, con una hora para almorzar. Si
alguien quiere llevar el almuerzo de casa tenemos una sala de descanso con
microondas, cafetera y máquina expendedora de agua. El horario del sábado es de
8am a 2pm, sin pausa para el almuerzo. Pero si alguno quiere hacer fiesta el
sábado puede hacerlo, siempre que no tengamos una excesiva carga de trabajo,
recuperando las horas de lunes a viernes.
- ¿Dónde
están las oficinas donde trabajaremos?, -ahora era Karla la que preguntaba.
- En San
Isidro en la calle Los Libertadores. Caminando está a 20 minutos de aquí.
- Y ¿qué
sabes del sueldo?, -Pablo, como siempre, tan práctico.
- El sueldo de los administrativos informáticos es el
doble de lo que ganábamos en nuestro antiguo trabajo y el de los técnicos el
triple.
- ¡Wau!,
me apunto, -dijo Pablo.
Se
apuntaron todos.
- ¿Quién
puede comenzar esta semana que entra?, tendríais que ser dos. Dos más la
siguiente semana y los dos restantes la siguiente.
Quedaron
de acuerdo en que Pablo y Patricia podrían comenzar de inmediato. A
continuación, lo harían Diana, Belén y Esteban, quedando para incorporarse la
última semana Karla y Raúl.
- Preparar
el curriculum de inmediato. Tener en cuenta que la última palabra la tiene el
director de recursos humanos. Yo solo os acompaño.
>>
Las entrevistas del lunes no sé a qué hora las realizareis, porque tenemos una
reunión a las 10am y el director de recursos humanos asiste. Yo os espero a las
8am en la puerta de la oficina
>>
¿Alguna duda? ,-concluyó Antay.
- Ninguna
-dijo Belén- No sé si hablo en nombre de todos, pero gracias por acordarte de
nosotros. Siempre fuiste un gran compañero, un gran amigo y un gran encargado.
Y, parece que lo sigues siendo. Esperamos que seas un gran director. Vamos a
dar la vida por ti.
-
Gracias Belén, gracias a todos. Ya
contaba con eso. Y, ahora, a trabajar.
Capítulo XIII. Parte 6. Novela "Ocurrió en Lima"
El
viernes, a las ocho de la mañana, estaba entrando en la oficina “Uno de San
Isidro”. María, la persona responsable de la oficina, ya estaba al corriente de
mi visita porque en la tarde anterior la señora Claudia, la asistente del señor
Moretti, la había informado de mis intenciones de comenzar mi “tournée” en su
oficina.
María
es, una mujer menuda y vivaracha, de unos cincuenta años, que parecía tener en
su cabeza todas las propiedades que habían captado sus agentes.
Me puso
al corriente, de manera clara y detallada, del funcionamiento de la oficina y,
por ende, de todas las oficinas, puesto que todas funcionaban igual salvo los
pequeños matices que podrían tener al ser dirigidas por personas diferentes.
Fue de una ayuda inestimable ya que la operativa de toda la empresa se gestó en
esa oficina en un solo día. Eso sí, un día largo, porque María y yo salíamos de
la oficina a las diez de la noche, después de un pequeño descanso a media
tarde, descanso que María aprovechó para dar instrucciones a su esposo para la
cena de este y de sus dos hijos adolescentes.
María
no solo tenía las propiedades de sus agentes en la cabeza, también me dio la
impresión de manejar, además de la oficina, su casa con una diligencia digna de
encomio. En ese momento supe que iba a ser una magnifica y estrecha
colaboradora.
De los
siete terminales con que contaba la oficina convinimos, María y yo, que podía
retirar cuatro, con la promesa, por mi parte, de comenzar el miércoles, de la
próxima semana, a introducir y dar de baja las propiedades que generaran los
agentes de la oficina.
Establecimos
como sería la comunicación con el departamento de informática y nos emplazamos
para un nuevo encuentro 10 días después con el objetivo de realizar un
seguimiento de la gestión.
Con el
ingente trabajo que tenía por delante no pude permanecer en casa, sin ir a
trabajar el sábado, a pesar de ser un día feriado.
Cuando
llegué, a primera hora de la mañana, instalé las cuatro computadoras retiradas
de la agencia “Uno de San Isidro”.
Instalé
la mía, la que utilizaría mi asistente y las otras dos para Pablo y Belén, los
dos técnicos. Dejándolas operativas para todas las aplicaciones y dejando
escritas, en la tapa, sus claves de acceso. Solo tendrían que encenderlas y
comenzar a trabajar.
Acababa
de sentarme en mi despacho, para preparar el plan de acción de la próxima
semana, cuando una voz desde la entrada hizo que pegara un bote que casi toco
en el techo, con el corazón saliéndose por mi boca.
- Buenos
días, Antay, ¿qué hace trabajando en feriado?, a este ritmo, de los dos meses,
le va a sobrar mes y medio para estar a pleno rendimiento, -era el señor
Moretti asomado a la puerta de mi despacho.
- Buenos
días señor. Me ha dado un susto de muerte. No esperaba a nadie, -dije una vez
recuperado del susto.
- Disculpe,
no era mi intención asustarle. ¿Qué tal le fue con María?, -se interesó el
señor Moretti.
- Muy
bien. Es una mujer, además, de muy eficiente, encantadora, -le expliqué como se
había desarrollado la reunión de trabajo y le hice un resumen de nuestros
planes- Ya hemos establecido el método de trabajo y hemos quedado en reunirnos
en 10 días para hacer seguimiento. Introduciremos las variaciones que
consideremos necesarias para implantarlas en toda la empresa. Me traje cuatro
computadoras, que ya he dejado instaladas.
- Estupendo.
Creo que vamos a tener que poner a la venta las computadoras que sobren, que me
imagino que serán unas cuantas, ¿Qué le parece?
- Si ya
había pensado en comentarle. Una vez recogidas todas, limpiaremos la
información, podemos dejar unas cuantas de reserva y el resto podremos
venderlas. Por cierto, le comenté al señor Ramírez la posibilidad de adelantar
la contratación de parte del personal ya que el próximo miércoles, quedé con
María que, empezaríamos a trabajar nosotros desde aquí. Lo ideal sería que
comenzaran, lo antes posible, la persona que sea mi asistente y, al menos, uno
de los técnicos. Me dijo que no había ningún problema.
- Por
supuesto que no lo hay. Tiene toda la confianza.
- Gracias.
Espero no defraudarle.
- Póngase
de acuerdo con el señor Ramírez. Tiene instrucciones para facilitarle el
trabajo. Y si no quiere más, me retiro y le dejo trabajar.
- No
señor, nada más.
- Hasta
el lunes. Acuérdese que a las 10 tenemos comité de dirección.
- Hasta
el lunes señor.
Una vez
solo, seguí con mi trabajo de organización de visitas para la siguiente semana
y, yo mismo, por mail, informé al señor Arana, director de operaciones, al jefe
de operaciones de Lima Centro y a los responsables de las oficinas que pensaba
visitar.
Hice un
receso para almorzar en casa, teniendo en cuenta la cercanía de la oficina a mi
domicilio y, volví en la tarde para adelantar el trabajo de la siguiente
semana. Quería visitar las 30 oficinas de Lima y Callao en dos semanas y, en
tres semanas más las oficinas de provincias, con lo que a principios de
noviembre estaríamos funcionando a pleno rendimiento. Para el viaje a Bogotá
tendría que hablar con el señor Moretti.
Cuando
llegué a casa, en la noche, estaba más que satisfecho por el trabajo realizado
y con una cierta ansiedad esperando la reunión del domingo con mis ex
compañeros y la reunión del lunes para mi presentación en las oficinas.