Lo
que te sucede estaba dispuesto desde la eternidad: la trama de las causas ya ha
tejido desde siempre tu condición y ese suceso concreto.
MARCO
AURELIO
Lo
que te sucede estaba dispuesto desde la eternidad: la trama de las causas ya ha
tejido desde siempre tu condición y ese suceso concreto.
MARCO
AURELIO
Cuando
se den cuenta de que todo forma parte de un gran plan, aprenderán a rendirse y
a no tener miedo.
Esta profunda verdad
encierra una sabiduría que puede transformar nuestra perspectiva sobre la vida
y cómo enfrentamos sus desafíos.
Nuestra vida es, sin
duda, una lucha constante, un viaje lleno de altibajos y desafíos. A lo largo
de este camino, nos encontramos con momentos en los que creemos haber ganado
batallas importantes, mientras que en otras ocasiones sentimos el peso de la
derrota sobre nuestros hombros.
Cuando la victoria nos
sonríe, celebramos nuestros logros con alegría desbordante. Nos sentimos
felices y exultantes, como si pudiéramos conquistar el mundo entero. Estos
momentos de triunfo nos llenan de energía y optimismo, impulsándonos a seguir
adelante con renovado vigor.
Sin embargo, cuando la
derrota toca a nuestra puerta, la experiencia es radicalmente diferente. Nos
vemos arrastrados por una pesada losa de emociones negativas: tristeza, pesar y
sufrimiento. Estas sensaciones parecen adherirse a nosotros, dificultando
nuestro avance y nublando nuestra perspectiva del futuro.
Es curioso, y a la vez
paradójico, observar cómo gestionamos estos dos extremos emocionales. Las
alegrías derivadas de nuestras victorias, por lo general, cuentan con un tiempo
de celebración relativamente breve. Disfrutamos del momento, pero rápidamente
volvemos a nuestra rutina diaria, enfocándonos en los próximos desafíos que nos
esperan.
En contraste, tendemos
a otorgar un tiempo excesivo al sufrimiento que acompaña a nuestras derrotas.
Nos sumergimos en un mar de lamentaciones, repleto de "y si
hubiera..." o "debería haber...", prolongando innecesariamente
nuestro malestar. Esta tendencia a rumiar sobre nuestros fracasos no solo es
poco productiva, sino que también puede ser perjudicial para nuestro bienestar
emocional y mental a largo plazo.
La clave para una vida
más equilibrada y satisfactoria podría residir en aprender a moderar estas
respuestas emocionales. Celebrar nuestros éxitos con entusiasmo, pero sin
perder de vista nuestros objetivos a largo plazo, y afrontar nuestras derrotas
con una actitud reflexiva y constructiva, buscando las lecciones que podemos
extraer de ellas para crecer y mejorar.
En última instancia,
tanto las victorias como las derrotas no solo son parte integral de nuestra
experiencia humana, sino que se encuentran englobadas en un gran plan, diseñado
con minuciosidad para cada uno de los humanos que poblamos el planeta.
En el corazón de esta
idea yace el concepto de un Plan Divino, un diseño cósmico que abarca cada
aspecto de nuestra existencia. Este plan, es vasto y complejo, extendiéndose
más allá de nuestra comprensión inmediata. Incluye nuestro pasado eterno,
nuestra vida actual y nuestro futuro eterno, tejiendo una narrativa intrincada
que da sentido a cada experiencia que enfrentamos.
Para verdaderamente
abrazar esta idea, debemos primero reconocer nuestra posición dentro de este
gran diseño. No somos meros espectadores, sino participantes activos en un
viaje de crecimiento y transformación. Cada desafío, cada alegría y cada
momento aparentemente insignificante tiene un propósito en nuestro desarrollo
personal y espiritual.
La rendición, en este
contexto, no es una señal de debilidad o derrota. Por el contrario, es un acto
de profunda sabiduría y coraje. Rendirse significa soltar el control ilusorio
que creemos tener sobre nuestras vidas y confiar en un Poder Superior que tiene
una visión más amplia y completa de nuestro camino.
A
través de esa rendición vamos a conseguir:
Primero, paz interior,
porque al rendirnos, liberamos la carga de tratar de controlar cada aspecto de
nuestras vidas, lo que resulta en una profunda sensación de paz.
Segundo; alinearnos
con el Propósito Divino, ya que la rendición nos permite fluir con el Plan Divino
en lugar de luchar contra él, facilitando nuestro crecimiento y evolución.
Y, por último,
liberación del miedo al comprender que somos parte de un plan mayor, disminuye
nuestros temores sobre el futuro y las incertidumbres de la vida.
El miedo, a menudo,
surge de la sensación de falta de control y la incertidumbre sobre el futuro.
Sin embargo, cuando reconocemos que somos parte de un Plan Divino, nuestros
temores comienzan a disiparse, por la transformación del miedo en confianza.
Aprender a no tener
miedo es un proceso que implica:
Cultivar la Fe:
Desarrollar una confianza inquebrantable en el plan divino, incluso cuando no
podemos ver el panorama completo.
Practicar la Gratitud:
Reconocer las bendiciones en nuestra vida, incluso en medio de las
dificultades, nos ayuda a mantener una perspectiva positiva.
Y abrazar la
Incertidumbre: Ver los desafíos como oportunidades de crecimiento en lugar de
amenazas.
El
proceso de rendición y liberación del miedo no ocurre de la noche a la mañana.
Es un viaje continuo que requiere trabajo, práctica y paciencia. Pueden existir
tantas maneras de realizar este viaje como personas viajando. Sin embargo, si
se pueden mencionar algunos pasos que podrían ser coincidentes en todas las
personas:
-
Meditación y Reflexión: Dedicar tiempo
a la introspección para comprender nuestros miedos y resistencias.
-
Oración y Conexión Espiritual: Buscar
orientación y fortaleza a través de la comunicación con lo divino.
-
Actos de Fe: Tomar pequeñas acciones
diarias que demuestren nuestra confianza en el Plan Divino.
A medida que avanzamos
en nuestro camino de rendición y superación del miedo, comenzamos a
experimentar una profunda transformación en nuestra forma de vivir.
Esa
transformación se manifiesta de varias maneras: Resiliencia, porque enfrentamos
los desafíos con una fortaleza renovada, sabiendo que cada experiencia tiene un
propósito. Con serenidad, manteniendo la calma incluso en medio de las
tormentas de la vida, confiando en el Plan Mayor. Con propósito, viviendo con
un sentido más profundo de significado, entendiendo que nuestras acciones se
alinean con un Diseño Divino.
Por
lo tanto, comprender que somos parte de un gran Plan Divino es el primer paso
hacia una vida de rendición y libertad del miedo. Este entendimiento nos
permite soltar el control, confiar en un poder superior y abrazar cada momento
de nuestra existencia con gratitud y propósito. A medida que avanzamos en este
camino, descubrimos que la verdadera fuerza no radica en controlar cada aspecto
de nuestras vidas, sino en rendirnos con confianza al flujo de la vida,
sabiendo que somos guiados por una sabiduría infinita que trasciende nuestra
comprensión limitada.
En última instancia,
esta perspectiva nos lleva a una existencia más plena y significativa, donde
cada desafío se convierte en una oportunidad para crecer, y cada momento de
alegría es una confirmación de la belleza del plan divino del que formamos
parte. Al rendirnos y liberar nuestros miedos, no solo encontramos paz
interior, sino que también nos convertimos en instrumentos más efectivos para
el bien en el mundo, alineados con el propósito mayor para el cual fuimos
creados.
Al amanecer repítete: me voy a encontrar con un entrometido, con un desagradecido, con un soberbio, con un falso, con un envidioso, con un insociable: esas cosas les suceden por su desconocimiento de los bienes y los males.
Yo, que he comprendido la naturaleza del bien, que es bella, y la naturaleza del mal, que es fea, y la naturaleza de aquel que yerra, que es mi semejante, no por participar de una sangre y una semilla, sino de un intelecto que es parte de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues nadie me hará caer en vergüenza, ni tampoco puedo encolerizarme con un semejante y odiarlo; hemos nacido para una tarea en común, como los pies, como las manos, como los párpados, como las filas de dientes superiores e inferiores.
Por ello, actuar
unos en contra de otros es contrario a la naturaleza; y obrar en contra de la
naturaleza es también indignarse y mostrar aversión.
Marco Aurelio
Nunca he comprendido,
del todo, la euforia que envuelve la Nochevieja. A pesar de haber participado
en algunas de esas celebraciones, aunque la verdad es que no han sido muchas.
Podría contar todas las veces con los dedos de las manos, y aún me sobrarían
algunos.
Me he sumergido en la
historia buscando el origen de una festividad tan arraigada en nuestras
culturas. Mi investigación me llevó a la antigua Mesopotamia, donde se estima
que la primera celebración de fin de año tuvo lugar alrededor del año 2000
a.C., coincidiendo con la primavera y las nuevas cosechas. Los mesopotámicos
celebraban el Akitu, un festival que duraba doce días y marcaba el inicio de un
nuevo ciclo agrícola.
Avanzando en el
tiempo, llegamos a la antigua Roma. En el año 46 a.C., el emperador Julio César
instauró el calendario juliano, fijando el 1 de enero como el primer día del
año en honor a Jano, el dios de los comienzos y los umbrales. Las festividades
incluían sacrificios y brindis con vino, buscando la protección de Jano.
Hoy en día, no
celebramos el comienzo de un ciclo agrícola ni pedimos la protección de un
dios. Nos limitamos a despedir un año y a dar la bienvenida al siguiente, con
la esperanza de que sea mejor y de que se cumplan los deseos que hemos
acumulado a lo largo de los años. Y me pregunto, ¿alguna vez se han cumplido
todos esos deseos? ¿Por qué habrían de cumplirse este año? ¿Será porque 2025
marca un cuarto de siglo? ¿O quizás porque la suma de sus cifras da como
resultado el número 9, que en numerología simboliza el final de un ciclo y la
preparación para un nuevo comienzo?
No,
amigos. Lamento ser el portador de malas noticias, pero me temo que vuestros
deseos no se van a cumplir por arte de magia. A menos que... a menos que
trabajéis arduamente para que se hagan realidad, porque ellos no se
materializarán por sí solos.
La vida no funciona de
esa manera. No basta con pedirlo y esperar. Recordad el dicho: “A Dios rogando
y con el mazo dando”.
Además, hay una
condición esencial de la que sois totalmente responsables, aunque puede que no
seáis conscientes de ello en este momento: la materialización de ese deseo debe
estar prevista en vuestro Plan de Vida. Este plan fue organizado por vuestra alma
antes de encarnar en ese cuerpo que se va de fiesta en Nochevieja con la
esperanza de un milagro navideño.
En fin, espero si habéis
ido de fiesta que hayáis disfrutado y, a pesar de todo, espero que se cumplan
todos vuestros deseos, (aunque sería bueno que trabajarais en ellos).
Feliz año nuevo.
Viernes 3 de enero 2025
Nunca se es demasiado
viejo para marcarte un nuevo objetivo o para tener un nuevo sueño.
(Clive
Staples Lewis, escritor y teólogo)
Durante
los últimos 33 años, me he mirado al espejo
todas
las mañanas y me he preguntado:
“Si
hoy fuese el último día de mi vida,
¿querría
hacer lo que voy a hacer hoy?”.
Si
la respuesta era “no” durante varios días seguidos, entonces sabía que tenía
que cambiar algo.
(Steve
Jobs, empresario).
Sé
el cambio que quieres ver en el mundo.
(Mahatma
Gandhi, político, filósofo y abogado).
Han transcurrido
trescientos cincuenta y nueve días desde la última vez que el Babau se asomó a
las páginas de su diario. A pesar de haber sido un año intenso, colmado de
experiencias suficientes para llenar innumerables páginas, parece que la
desgana y la desubicación se han apoderado de él, como él mismo afirma.
Por ello, he decidido
tomar su lugar y convertirme en su amanuense. Pero no estoy aquí para
simplemente transcribir sus palabras o recopilar su vida, sino para ser la mano
ejecutora de sus avatares y plasmar en el papel cada fragmento de su
existencia.
No parecía que hubiera
cambiado mucho en su pensamiento y estado emocional desde la última vez que
escribió. Hace un año, él mismo definía su estado como un vacío existencial,
una falta de sentido, propósito e ilusión por la vida. Y sí, doy fe: sigue
igual. Sin embargo, en estos primeros compases del año, que marca el cuarto de
siglo, parece, en los tres días que llevamos del nuevo año, que algo empieza a
cambiar en él. Todo fue debido a una serie de pensamientos que aparecieron en
el momento de tomar las uvas con las campanadas que marcaban el tránsito entre
el año que finaliza y el nuevo. En realidad, no fue un pensamiento, fueron doce
pensamientos.
El Babau tenía la
costumbre de pedir un deseo con cada una de las uvas que iba comiendo al compás
de las campanadas, pero este año, en lugar de ir pidiendo deseos de manera
atropellada mientras engullía las uvas, con la primera campanada apareció en su
mente un pensamiento: Pedir un deseo es la tontería más grande del mundo. Es
bueno tener un deseo, pero en lugar de pedirlo y dejarlo ahí, colgado en la
nada, que es la mejor manera de que el deseo no se materialice, lo que se ha de
hacer es trabajar para hacerlo realidad. Como decía Einstein: “No podemos pretender
que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo”.
Con la segunda
campanada, otro pensamiento apareció en su mente: Estás donde tienes que estar,
haciendo lo que tienes que hacer. Y este pensamiento le trajo una calma
inesperada. Comprendió que cada paso, cada decisión, había sido necesaria para
llegar a este momento. No había errores, solo lecciones. Cada desafío
enfrentado, cada lágrima derramada, todo formaba parte de un plan mayor que aún
no podía comprender del todo.
La tercera campanada
resonó y otro pensamiento se deslizó en su mente: El cambio comienza desde
dentro. Si quería ver un cambio en su vida, primero debía cambiar su
perspectiva. La manera en que veía el mundo era un reflejo de su estado
interior.
Con la cuarta
campanada, vino la realización de que el tiempo es su aliado, no su enemigo.
Cada día era una oportunidad para crecer, para aprender y para acercarse más a
sus objetivos. No tenía sentido apresurarse o desesperarse, porque cada cosa
tenía su momento perfecto para florecer.
La quinta campanada le
recordó que las conexiones humanas son fundamentales. Sus relaciones con los
demás eran un espejo de su relación consigo mismo. Debía nutrir sus vínculos,
ser más compasivo y abierto a las experiencias compartidas.
Al sonar la sexta
campanada, comprendió que la gratitud transforma la vida. Agradecer por lo que
tenía, por las personas a su alrededor y por las experiencias vividas, le daba
una nueva perspectiva. La gratitud le llenaba de energía positiva y renovaba su
esperanza.
Con la séptima
campanada, se dio cuenta de que el perdón libera. Perdonarse a sí mismo por sus
errores y perdonar a los demás le daba una sensación de libertad que nunca
había experimentado. El rencor solo envenenaba su alma.
La octava campanada
trajo consigo el pensamiento de que la pasión es el motor de la vida. Encontrar
aquello que le apasionaba y dedicarle tiempo y esfuerzo era esencial para
sentir que su vida tenía propósito y significado, a pesar de los años.
Al llegar la novena
campanada, entendió que la autenticidad es poderosa. Ser fiel a sí mismo, sin
máscaras ni pretensiones, le permitía vivir de manera más plena y en armonía
con sus verdaderos deseos y valores.
Con la décima
campanada, le llegó la convicción de que cada fracaso es una oportunidad. Los
tropiezos y caídas eran parte del camino hacia el éxito. Cada error era una
lección valiosa que le acercaba más a sus objetivos.
La undécima campanada
le trajo la claridad de que la paciencia es una virtud. No todo llegaría en el
momento que él deseara, pero confiar en el proceso y mantener la calma era
fundamental para no desfallecer.
Y finalmente, con la duodécima campanada, comprendió que él era el arquitecto de su propio destino. Cada pensamiento, cada acción, moldeaba su futuro. Tenía el poder de cambiar su vida, de construir un camino lleno de sentido y propósito. Solo necesitaba creer en sí mismo y dar cada paso con determinación.
Conversaciones con el Maestro
No sé muy bien si estoy viviendo,
o solo me estoy moviendo por la vida
-
Kunturi, hoy te siento, especialmente,
triste.
-
Tienes razón Maestro.
>>
Estoy muy triste. ¡Que terrible es el pensamiento! Le he dejado volar, a su antojo,
y ha impregnado en mi conciencia la sensación de que no tengo vida, de que no sé
muy bien si estoy viviendo o simplemente me estoy moviendo a lo largo de los
días, como una hoja arrastrada por el viento.
>> Hoy he
sentido que mi existencia, es como un río que fluye sin cesar, y me siento como
un corcho flotando, sin control, en mitad de la corriente, dejándome llevar,
sin luchar contra las turbulencias.
>> Me siento
embargado por una implacable compañera: la rutina. Que me envuelve con su
monótono abrazo. Cada día es igual y, para colmo, esta rutina no es la que yo
había imaginado para esta etapa de mi vida. ¿Es esto vivir? ¿O es, simplemente
existir, como el engranaje en una máquina que sigue girando sin cuestionar su
propósito? ¿Estoy siguiendo un guión preestablecido?
>>
Nunca he sabido cual es la razón de mi vida, aunque como
un iluso, en muchas etapas de mi vida he creído, (al final todo es, solo, una
creencia), que era como una especie de guía espiritual para enseñar el camino
que lleva a Dios. Pero no. Al final ha resultado que solo soy un pobre soñador
al que la vida está despertando a base de cachetadas.
- Hijo mío, no eres iluso ni soñador. Más pareces un buscador. Siempre haciendo preguntas, siempre buscando respuestas. Pero a menudo, la claridad se escapa entre tus dedos, como el agua que se desliza por las rendijas de una roca.
>> Deja de
preguntarte si esto que vives es la vida y vive. En la intensidad de los
momentos está revelada la verdad. Cuando te sumerges en una risa compartida,
cuando sientes el calor de un abrazo sincero, cuando contemplas un atardecer
que tiñe el cielo de colores imposibles, ahí está la vida. No en las tareas
mecánicas, sino en los destellos de emoción y conexión.
>> Es tu
decisión saborear cada bocado de vida, abrazar con pasión, aprender con avidez,
amar con valentía. Es en esas elecciones donde vas a encontrar las respuestas a
tus preguntas. Es en los pequeños detalles: una sonrisa, una melodía, una
mirada cómplice, donde está la vida. Y en esos momentos, cuando el corazón late
con fuerza y la mente se aquieta, es cuando sabes que estás vivo.
>> Deja de
preguntarte para que has nacido y vive. Deja de preguntarte cuando es tu misión
en la vida y vive. Deja de pedir milagros y hazlos tú.
Puede parecer
que estamos solos con nuestras circunstancias, o que nuestro destino depende de
una decisión a la que no tenemos alcance, o que las cosas que hacemos cada vez
salen de mal en peor.
A pesar de
nuestros ruegos, las situaciones no cambian. No parece haber una salida.
Pero no es así.
Cada acontecimiento, por nimio que nos parezca esta perfectamente organizado y
planificado, por nosotros, antes de llegar a la vida.
A veces,
enfrentamos situaciones desafiantes o dolorosas, pero solo son parte de nuestro viaje hacia el amor
incondicional. El aprendizaje y el crecimiento personal a menudo ocurren en
medio de las dificultades. Es como si estuviéramos escalando una montaña en un
videojuego y cada paso tiene un propósito: completar el nivel.
Es justamente
esa desastrosa situación la que habíamos previsto para conseguir avanzar en
nuestro peregrinaje hacia el amor incondicional. Algo que no es material y que,
una vez conseguido, hará que cambie, por completo, la situación.
En cuanto al
tiempo que va a durar la adversidad que nos envuelve, no es solo una cuestión
de cronología. El aprendizaje y la evolución espiritual no están atados a un
reloj. A veces, el camino puede sentirse solitario y desértico, pero no estamos
solos, porque Dios está con nosotros en todos los jugares y durante todo el
tiempo.
La fe y la
esperanza de que eso es lo que necesitamos en este momento, nos sostienen
incluso cuando todo parece oscuro.
Recuerda,
por tanto, que nuestras circunstancias, decisiones y destino están
entrelazados. Aunque no siempre entendamos, completamente, el propósito detrás
de cada situación, podemos confiar en que hay un propósito mayor en juego. Así
que sigamos avanzando, aprendiendo y buscando ese amor incondicional que
transformará nuestra realidad.
Tu sanación espiritual y tu sanación corporal, es un largo camino.
Está en la buena disposición que puedas tener para cumplir tu Contrato Divino. Está en lo feliz que puedas hacerte a ti mismo y, también está, en lo poco o mucho que puedas hacer para mejorar tu mundo y para mejorar el mundo de las personas que te rodean.
¿Por qué las terapias
"no tradicionales" y, en muchas ocasiones, las tradicionales,
resultan efectivas en algunas personas y en otras no? Antes de abordar esta
cuestión, es esencial tener una comprensión clara de los conceptos de
enfermedad y sanación, así como de las causas que las generan
Al explorar cualquier
manual sobre enfermedades y sus causas, encontraremos la definición de
enfermedad como un proceso y una etapa que experimentan los organismos vivos
cuando sufren una afección que perturba su bienestar, alterando su estado
normal de salud. Además, se señala que esta situación puede ser desencadenada
por diversos factores, tanto internos como externos al cuerpo, que incluyen
contaminación ambiental, exposición a productos tóxicos, consumo de drogas,
accidentes, infecciones por hongos, virus, bacterias, entre otros. También se
reconoce que un descuido en el cuidado del cuerpo, como una alimentación
deficiente, el consumo de sustancias nocivas, el sedentarismo e incluso
pensamientos negativos, pueden contribuir a la enfermedad.
Sin embargo, ningún
manual menciona, como posible causa de la enfermedad, la programación del alma
antes de la encarnación. Cada evento en nuestra vida, incluyendo la enfermedad,
ha sido meticulosamente planificado por el alma, con el acompañamiento y
consejo de otros seres de luz. La programación de estos eventos, que incluye la
enfermedad, tiene un propósito que escapa al entendimiento de la mente
racional, al igual que la totalidad de nuestro Contrato o Plan de Vida.
Por lo tanto, es
crucial comprender que mientras no se logre el propósito para el cual surgió la
enfermedad, esta persistirá, incluso si se aplican innumerables terapias por
parte de los sanadores más reconocidos del mundo. La verdadera sanación, por
ende, solo ocurrirá cuando la persona esté verdaderamente preparada para ello.
La vida se trata, en gran medida,
de las pequeñas decisiones que
tomamos a diario.
Alfonso Vallejo
En
múltiples ocasiones se compara a la vida en la Tierra con una gran
representación teatral. Cada uno de nosotros somos los personajes principales
de nuestra vida. Somos, sin lugar a dudas, los protagonistas de esta magna obra
que es la vida o, mejor, nuestra vida.
En
esa representación, cada uno de los actores intervinientes, ya sean los
protagonistas principales o personajes secundarios en la obra de la vida de
cada persona, solo están representando un papel. Un papel que cada alma antes
de encarnar en la Tierra, ha consensuado y aceptado con
la guía de seres de luz. Es un acuerdo sagrado, es el contrato divino que delineará
nuestra experiencia humana.
Dicho
contrato contiene lecciones de vida que son cruciales para nuestra evolución
espiritual. Aparecen las personas con las que nos hemos comprometido encontrarnos
para realizar un trabajo determinado y las situaciones que hemos acordado
experimentar. Situaciones como superar miedos, aprender a amar
incondicionalmente o, incluso, enseñar a otros a través de nuestras
experiencias.
Pero,
como, también, sabemos, en el momento de tomar posesión de un cuerpo, se borra,
completamente, el recuerdo de ese contrato, así como de nuestro lugar de procedencia
o de nuestra ocupación en ese lugar.
Nunca
mejor dicho, estamos en pañales, de cuerpo y de mente.
Y es en la vida, en
ese vasto escenario de nuestra existencia, donde, primero gateando y un poco más
adelante dando traspiés y balbuceando, comenzamos a tomar nuestras pequeñas
decisiones.
Puede ser que no
seamos conscientes, pero en cada minuto de nuestra vida estamos decidiendo,
porque la vida se desenvuelve a través de una sucesión interminable de
elecciones, algunas, creemos que son trascendentales y otras, aparentemente,
insignificantes.
(Continuará)
Conversando con
el Maestro
(Pidan y se les
dará)
-
Maestro, en la Biblia, en el capítulo 7,
versículos 7 y 8 del evangelio según Mateo, podemos leer: “Pidan y se les dará;
busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe;
el que busca, encuentra y al que llama, se le abre”.
>> Leyendo estos versículos de la Biblia me
surge, de inmediato, la pregunta: ¿Seguro? Porque llevo años pidiendo, buscando
y llamando, y nada. Nadie me da, a nadie encuentro y las puertas permanecen
cerradas.
>>
Y pienso, ¿será que se refiere a la vida del alma y no a la vida física? Pero
yo mismo me contesto: No. No puede ser. Jesús lo explicó en la tierra, por lo
tanto, tiene que ser para todos los que tenemos un cuerpo. Entonces, ¿habrá
alguna condición especial, para hacer la petición, que no nos explicó Jesús?
-
No hijo. Jesús utilizaba mucho las
parábolas para explicar cualquier concepto y no debemos tomar esas palabras de
forma literal. Lo que quieren decir es que tengamos confianza en la relación
con Dios, quien, como un padre amoroso, sabe lo que es mejor para nosotros, sus
hijos.
>> La promesa es que Dios
escucha y responde, pero sus respuestas pueden no ser siempre lo que esperamos
o pedimos, porque Él tiene una perspectiva más amplia y sabe lo que realmente
necesitamos.
>> Tenemos que
interpretar que lo que hace Jesús es animar a las personas a acercarse a Dios,
con fe y confianza, sabiendo que Él es bueno y amoroso, y que responderá de
acuerdo con su sabiduría y amor por nosotros.
-
Entonces, según lo que me dices, para
conseguir algo, seguir las instrucciones de la Ley de la Atracción, orar, pedir
a los ángeles, rogar a Dios o escuchar músicas con una frecuencia determinada,
por ejemplo, son una perdida absoluta de tiempo ya que, si ese algo no es bueno
para nosotros, no va a llegar de ninguna de las maneras. ¿Me equivoco?
-
Te equivocas en parte, porque todo no
es, absolutamente, blanco o, absolutamente, negro. Entre el blanco y el negro
hay muchos matices, que traídos a la vida física le pueden dar una tonalidad
diferente, en función del Plan de Vida de la persona.
>>
Lo que es bueno para nosotros ya está recogido en nuestro contrato o Plan de
Vida.
- Me estás diciendo que nunca nadie va a
recibir cosa alguna que no esté contemplada en su Plan de Vida, ¿es correcto?
-
Es correcto.
-
Pues yo diría que el versículo está
incompleto. Debería decir: “Pidan y se les dará si está contemplado en su Plan
de Vida”.
>>
Y, ¿dónde
queda eso de que energías iguales se atraen?,¿para qué sirve llegar a sentir la
emoción de que tienes mucho dinero, (con lo difícil que es llegar a sentirlo, cuando
la triste realidad es que no te llega para comer más allá del día 15 del mes),
si luego no va a llegar ese dinero porque en tu Plan de Vida está pactado que
vas a ser un pobre de por vida?
-
Esas dos preguntas tuyas tienen
requieren varias explicaciones:
>> En primer lugar, es
cierto que energías iguales se atraen, y así es como va a llegar todo,
absolutamente todo, a tu vida.
>> Pero tienes
que tener en cuenta algunos conceptos. Sigamos con el ejemplo del dinero. Durante
tiempo, probablemente mucho, has estado y, aun estás, compartiendo tu vida con
la carencia. En tu subconsciente se encuentra esa energía de carencia y, has de
tener en cuenta que el subconsciente es el 90% del total de tu mente, siendo
solo el 10% la capacidad de tu mente consciente. Por lo tanto, en tus
condiciones normales, están atrayendo carencia en un 90% y solo abundancia,
(suponiendo que consigas generar esa energía), en un 10%.
>> Es mucho el
tiempo que tienes que estar generando energía de abundancia para conseguir
eliminar la energía de carencia que se encuentra en tu subconsciente, con el
hándicap de que tampoco tienes la completa seguridad de que la energía de
abundancia que generas no está teñida de la carencia con la que convives desde siempre.
>> Y, en segundo
lugar, cuando llegas a la vida, el alma trae consigo la energía que necesitas
para atraer lo que necesitas para el cumplimiento de tu Plan de Vida. Energía
que se activará cuando sea el momento.
-
¿Cómo sé cuando es momento de atraer
algo diferente?
- Lo sabe tu alma. Todo funciona como un
videojuego. Cuando finalizas un aprendizaje se activa la energía que necesitas
para acceder al siguiente nivel. Y si en el siguiente nivel necesitas dinero,
él llegará a ti
>>
Pero, ten en cuenta que no conoces tu Plan de Vida. Lo que es bueno para ti es
lo que en dicho Plan se encuentra recogido. Si para que se cumpla el Plan, que
es lo que tú has elegido antes de venir a la vida, tienes que ser pobre, serás
pobre, por mucho que tu mente quiera mucho dinero.
-
¿Para qué vamos a pedir, entonces, si
ya tenemos un Plan de Vida?
-
Lo vas a entender fácil:
>>
Ernesto es pobre y se regodea en su pobreza, pensando como va a comer durante
todo el mes. Es seguro que va a comer, de alguna manera. No lo hará en un
restaurante de cinco tenedores, pero no le va a faltar un mendrugo de pan. Pero
él sufre cada minuto de su vida, está lleno de ansiedad, de estrés y de
tristeza.
>>
Matilde es la esposa de Ernesto, por lo que sus condiciones económicas son las
mismas. Sin embargo, ella habla cada día con Dios ofreciéndole su miserable
vida, agradeciendo el mendrugo que tienen para comer cada día y esperando que
un día esa vida cambie. La energía que ella está generando con sus oraciones,
su ofrecimiento y su agradecimiento hacen que su estado emocional sea diferente
al de su esposo. No podemos decir que sea feliz, pero, al menos, no tiene la
ansiedad, el estrés y la tristeza que tiene su esposo.
>>
¿Qué actitud es la más conveniente?
-
La de la esposa, sin ninguna duda.
- Que tu petición diaria sea: Gracias
Señor por los beneficios de este día. Te ofrezco mi vida. Hágase tu voluntad.
Cuando
la incertidumbre, la impotencia, la sensación de soledad, la tristeza, la
ansiedad, la angustia o la depresión se apoderen de ti, llenando de oscuridad
tu vida, dándote la sensación de vivir en la etapa más oscura de tu existencia,
entra dentro de ti, deja de lamentarte y cambia la pregunta de ¿por qué a mí?
por esta otra ¿para qué a mí?
En
la vida, todos los acontecimientos, todas las situaciones, todo lo que parecen
problemas, lo que parece buena o mala suerte, los hechos, los sucesos, los
accidentes o las casualidades, ya están, desde antes de llegar a la vida,
perfectamente organizados, planificados y programados.
Todo
en la vida está engarzado, para todo existe una sagrada razón, todo tiene un “por
qué” y un “para qué”.
Trabaja
para cambiar eso que no te gusta, pero antes tienes que aceptarlo. Acepta y honra
tu vida y cada instante de ella, porque eso que no te gusta es una pieza muy
importante en el devenir de tu existencia para conectar con tu divinidad.
La
vida, como un río sin fin, fluye con misterio y propósito. Aunque no siempre
entendamos las razones detrás de los eventos que nos rodean, a veces es en la
incertidumbre donde encontramos la belleza y el significado más profundo.
Cada hoja que cae,
cada risa compartida, cada lágrima derramada, todos forman parte de un tejido
cósmico. Para todo existe una sagrada razón.
Todos los seres humanos estamos conectados y cualquier acción, por ínfima que parezca, tiene un enorme impacto.
No
te juzgues por las cosechas que recojas,
sino
por las semillas que plantes.
Robert
Louis Stevenson
Soy de los que creen
que todo está perfectamente calculado y planificado. Que nada sucede por
casualidad en nuestra vida. Que no existe la suerte ni existen los accidentes. Y
que todos, en nuestra actual existencia, estamos recogiendo lo que sembramos en
vidas anteriores y, a la vez, estamos sembrando lo que recogeremos en las
próximas.
Todo
es debido a la Ley de la Causa y el Efecto o Ley del Karma, cuyo enunciado dice
que es una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se genera a
partir de los actos de las personas. Según esta ley, cada causa genera un
efecto, a cada acción le corresponde una reacción.
Teniendo
en cuenta que todo es energía, cada pensamiento, cada palabra y cada acción
generan energía, y a esa energía de acción le va a corresponder otra energía
proporcional que es la reacción.
También
sé que lo único importante es nuestra vida actual, ya que todo lo que tengamos
que aprender, enseñar, pagar o recibir, lo hemos de hacer en esta vida, con
este cuerpo y con las circunstancias que nos hemos dado.
Todo lo demás no es
importante, ni poco ni mucho. Todo el trabajo es aquí y ahora.
Sin
embargo, a pesar de saber todo eso, a veces, cuando me toca vivir situaciones desagradables,
(últimamente parecen demasiadas), el pensamiento me lleva a pensar en qué habré
hecho mal para recibir algo tan nefasto.
La
reflexión me lleva, de inmediato, a Jesús de Nazaret. Nadie duda de que fue un
hombre bueno y ya sabemos cual fue su final. No parece que el Hijo de Dios tuviera Karma pendiente. Solo estaba cumpliendo el Plan de Vida organizado para Él.
Por lo tanto, es
posible que, por Karma pendiente de una vida anterior, llegue a nuestra vida
algo no deseado, pero, también, puede ser que solo sea debido a la planificación
de la vida, a una situación organizada por el alma para algún aprendizaje,
desconocido para el “pequeño yo”.
Sea lo que sea, si seguimos
las enseñanzas que predican las principales corrientes filosóficas o las grandes
religiones, como las de Abdu’l-Bahá, líder religioso del bahaísmo: “Sed padres amorosos para el huérfano, un
refugio para los desamparados, un tesoro para los pobres y una curación para
los enfermos. Sed los auxiliadores de toda víctima de la opresión, los
protectores de los desfavorecidos. Pensad en todo momento en prestar algún
servicio a todo miembro de la raza humana”. Estaremos mucho más cerca de
finalizar nuestro aprendizaje en la Tierra.
Aprender a respetar a
la familia, a los amigos, a los enemigos, a los desconocidos, aprender a
compartir con quien no tenga, aprender a ayudar a quien lo necesite, en
definitiva, aprender a amar a todos, sin distinción, y nada más importa.