Todo
individuo que haya expresado una aparente pérdida económica debe,
inmediatamente, usar la maravillosa afirmación de Jesús: “YO SOY LA
RESURRECCIÓN Y LA VIDA”…, (de mi negocio, mi comprensión o lo que seas
pertinente).
SAINT GERMAIN
Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Todo
individuo que haya expresado una aparente pérdida económica debe,
inmediatamente, usar la maravillosa afirmación de Jesús: “YO SOY LA
RESURRECCIÓN Y LA VIDA”…, (de mi negocio, mi comprensión o lo que seas
pertinente).
SAINT GERMAIN
Quiero
imprimir en las mentes de los estudiantes que es tonto dejarse afectar y
perturbar por actividades, reales o imaginarias, de la conciencia exterior; ya
que una vez que sepan “YO SOY la única Presencia Todopoderosa
actuando en mi Mente, mi Cuerpo y mi Mundo”, ya no podrán ser afectados
ni perturbados por ninguna asociación del mundo exterior.
Deben saber que están enteramente
inmunes de las molestias y perturbaciones de la mente de otros, no importa lo
que traten de hacernos.
Cuando el individuo se da cuenta de
que su propio pensamiento y sentimiento le puede producir todo lo que él
necesite, se sentirá libre del deseo de las riquezas y todo lo que el mundo
exterior puede ofrecerle.
SAINT GERMAIN
Todo el
mundo anda buscando la felicidad, a veces llamada dicha, y, sin embargo, muchos
de los que la buscan con tanto ahínco continúan pasando de largo ante la llave
de esa felicidad.
La llave
simple de la dicha perfecta y el poder inherente que la mantiene constante es
el “autocontrol” y la “autocorrección”. Pero esto es facilísimo de lograr una
vez que se aprende la verdad de uno mismo es la presencia YO SOY y la
inteligencia que controla y ordena todas las cosas.
Alrededor
de cada individuo hay todo un mundo de pensamientos creados por él mismo.
Dentro de este mundo mental está la semilla, la Presencia Divina, el «YO SOY»,
que es la única Presencia que actúa en el Universo y la cual dirige toda
energía. Esta energía puede ser intensificada más allá de todos los límites por
medio de la actividad consciente del individuo.
La
Presencia Divina Interior puede ser comparada con la semilla de un durazno. El
mundo de pensamientos que la envuelve semeja la pulpa. La pulpa representa no
sólo el mundo mental creado por el individuo, sino la sustancia electrónica
universal, siempre en espera de ser activada por la determinación consciente
del individuo, para ser precipitada a su uso visible en la forma que a él le
convenga o desee.
El
camino seguro hacia la comprensión y uso de este poder consciente nos viene
por medio del autocontrol. ¿Qué quiero yo decir con esa palabra “autocontrol”?:
1)
El reconocimiento de la Inteligencia «YO SOY» como
única Presencia activa.
2)
Que sabiendo esto, sabemos también que no existen
límites o limitaciones para el poder de su uso.
3)
Que los humanos, habiendo recibido libre
albedrío, libre selección y libre actuación lo que crean en su mundo circundante
es todo aquello en que fijan su atención.
SAINT GERMAIN
Lo que declaras en fe, se
manifiesta en verdad
Para lograr hacer cosas poco
comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente:
“YO
SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido
producidos anteriormente”.
Considera
que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente
en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu
reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente
manifestado.
Creer
es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre
la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se
convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la
manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO
SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de
Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta
verdad.
SAINT GERMAIN
El hecho de que la musculatura se
desarrolla con el ejercicio, te debe hacer comprender que el mismo esfuerzo por
el poder interno, naturalmente tiene que producir muchos mayores resultados.
Por ejemplo, los hombres creen que
tienen que hacer ejercicios físicos para desarrollar los músculos.
Pues yo he hecho muchas veces que mis
estudiantes desarrollen un bello y simétrico cuerpo con músculos poderosos sin
haber hecho un solo ejercicio físico.
En todo desarrollo, tanto del exterior
como del interior, la primera parte del ejercicio es mental. Debemos saber que
no hay sino un solo poder y energía y que viene de la presencia “Yo Soy” en
cada uno.
Por consiguiente, el ejercicio de tus
facultades interiores es llamado mental; pero yo te digo que es Dios en acción
porque tu no puedes formar un solo pensamiento sin la inteligencia y la energía
de Dios en acción. Ahora verás, pues, cuán fácil y posible es producir un
cuerpo físico, fuerte y simétrico, sin hacer ejercicios físicos para lograrlo.
SAINT GERMAIN
El “YO SOY” es el poder de reconocer la
Perfección en cada uno y en todas partes.
Cuando
piensas en la expresión “YO SOY”,
significa que tú ya sabes que tienes a Dios en Acción expresando en tu vida. No
permitas que las falsas apreciaciones y expresiones continúen gobernándote y
limitándote.
Rememora
constantemente: “YO SOY”, por
consiguiente, soy Dios en Acción; “YO
SOY” Vida, Opulencia, Verdad, manifestados ya.
SAINT
GERMAIN
Querido Dios
¿Qué diferencia hay
cuando Tú te defines como “Yo Soy el que Soy”, y nosotros, los humanos, nos
definimos como “Yo Soy Pepito”? Ambas afirmaciones parecen similares en su
estructura, pero imagino que la diferencia radica en la esencia, el contexto y,
sobre todo, en la trascendencia del Ser. Mientras que Tú representas el
absoluto, la fuente inmutable de todo lo que existe, nosotros, los humanos,
somos reflejos fragmentados de esa divinidad, envueltos en una experiencia
terrenal que nos limita y condiciona.
También comprendo
cuando dices que el ego puede ser un espejismo que nos aleja de nuestra esencia
divina, haciéndonos creer que somos entidades aisladas. Es cierto que el ego
forma parte de nuestra existencia terrenal; es una herramienta necesaria para
desenvolvernos en el mundo material, pero, al mismo tiempo, puede ser un velo
que oculta nuestra conexión con lo sagrado y con el todo. Es paradójico cómo
algo que nos da identidad puede alejarnos de nuestra verdadera naturaleza
Sé que nuestras mentes
humanas no están preparadas para comprender plenamente los misterios de la
Verdad. Incluso cuando logramos destellos efímeros de esa comprensión, siento
que nos falta una capacidad más profunda, un entendimiento adaptado para
abrazar lo infinito. He llegado a esta conclusión observando el comportamiento
de mis semejantes, combinándolo con mi propia evolución, percepción y
reflexión. A veces parece que, como humanidad, avanzamos a ciegas, atrapados en
nuestras limitaciones y resistencias.
Lo que realmente me
entristece, Señor, es observar cómo no solo las personas menos conscientes de
su divinidad viven en la ignorancia de su hermandad con los demás, sino que,
peor aún, muchos de los líderes que deberían guiar desde la sabiduría y la
compasión actúan como adalides de la discriminación, la intolerancia, la
violencia, el supremacismo y la guerra. Estos líderes, a los que atribuimos un
mayor nivel intelectual o preparación, son, paradójicamente, los que más
contribuyen a la segregación y al sufrimiento.
Parece, Señor, que
hemos caído en una dinámica de involución como humanidad. Aquellos que han
alcanzado un nivel mayor de comprensión y empatía parecen condenados a actuar
desde el anonimato, ayudando en silencio y pasando desapercibidos entre una
sociedad que, día a día, parece volverse más cruel. Esta realidad me causa una
tristeza profunda, una sensación de pérdida en el camino hacia la armonía y el
entendimiento.
¿Qué opinas Tú de todo
esto, Señor? ¿Cómo podemos superar esta oscuridad y recuperar la luz de la
comprensión y la unidad? Sé que la respuesta yace en nosotros mismos, pero a
veces siento que necesitamos un faro, una guía que nos recuerde quiénes somos
realmente.
Gracias por escucharme
siempre.
Con amor y esperanza.
CARTAS A DIOS-Alfonso Vallejo
Querido hijo:
No es irrespetuoso
nada de lo que comentas sobre mi sordera. Como bien dices no me ofendo nunca,
nada me ofende. Rememora tu pasado cuando tus hijos eran unos bebecitos de
pocos meses. ¿Te ofendías por algo que ellos hicieran en su inconsciencia? Tú y tus hermanos que comparten contigo la encarnación en
la Tierra sois mis amados hijos, sois mis bebés, que estáis creciendo en el
amor y en la bondad.
Quiero comenzar
contestando a la pregunta que haces en tu misiva. Preguntas si, realmente,
estoy ahí. Pues sí, estoy ahí, estoy en el cielo, porque Yo Soy el cielo, pero,
también, estoy en la Tierra, porque Yo Soy la Tierra. Estoy en cada nube, en
cada brizna de hierba y en cada grano de arena, porque Yo Soy la nube, la
hierba y la arena. Estoy en el Sol, en cada planeta, en cada satélite y en cada
estrella, porque Yo Soy el Sol, Soy cada planeta, cada satélite y cada
estrella.
Pero aun hay más,
estoy en ti. Y siento tu emoción sin que me la expliques, conozco tu
pensamiento a la vez que tú, escucho cada palabra que sale de tu boca y cada
anhelo que se escapa de tu corazón, acompaño tu mano cuando acaricia, cuando
bendice y cuando golpea y enjugo las lágrimas que resbalan por tus mejillas.
Por lo tanto, siempre
te escucho ¡hijo mío! Y siempre te contesto. Con palabras que no escuchas por
el ruido que mantienes en tu interior, con las señales que pides, que no sabes
interpretar, con sueños que olvidas porque no los consideras interesantes, con
encuentros que calificas de casuales.
De mil maneras me
comunico contigo, pero no me sientes, y no lo haces porque no estás sintonizando
la emisora correcta. Estás centrado en tus problemas, en tus preocupaciones, en
tus más íntimos deseos, en envidiar lo que otros tienen, en criticar todo lo
que no se ajusta a tu creencia.
Y todo eso en lo
que centras tu atención, tu pensamiento, tu emoción y tus palabras, te hacen
sordo a mis respuestas, te hacen ciego a mis señales, te hacen insensible a las
intuiciones y, lo que es peor, te están separando de la vida. No estás viviendo,
porque la vida pasa a tu lado sin que seas consciente de ella. Y es, entonces,
cuando más agobiado te sientes, cuando te acuerdas de mí y levantas los ojos al
cielo pidiendo, rogando, suplicando, implorando, haciéndome culpable.
Tienes que salir
de ese bucle de sufrimiento y conseguir que la paz, la serenidad, la bondad y
el amor aniden en ti. Entonces estarás listo, no solo para poder escucharme, sino
para no tener que pedirme o suplicarme, porque entenderás la razón por la que
determinado acontecimiento se cruza por tu vida. Y si no llegas a entenderlo,
estarás preparado para aceptarlo, porque entenderás que es necesario para poder
llevar a buen término alguna de las enseñanzas que has decidido, aprender en
esta encarnación.
Te amo hijo mío y
te bendigo.