Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
miércoles, 18 de marzo de 2026
lunes, 16 de febrero de 2026
Elección de pensamientos
Todo nuestro mundo, toda nuestra
vida, todo lo que experimentamos está hecho de pensamientos.
Tenemos pensamientos buenos y
pensamientos malos. Nuestra mente mantiene un diálogo permanente: unas veces lo
cuestiona todo, lo juzga todo, te culpa a ti y a tu entorno, te atemoriza; y
otras veces te alaba, ve la bondad en los demás, expresa compasión y ternura.
Por lo tanto, nuestra mente —y, en consecuencia, nuestra vida— está llena de
claroscuros. Nada es completamente luminoso ni totalmente oscuro.
Si aceptamos que somos lo que
pensamos y que vivimos la vida que pensamos, está claro que poseemos una
herramienta poderosísima para ser felices, para sentir alegría, para mostrar
ternura y para ser compasivos. Solo hay que permitir que los pensamientos
buenos tengan espacio.
Si aceptamos también que cada
uno es responsable de sus propios pensamientos, y que ninguna otra persona
puede obligarte a pensar de una manera determinada, entonces, si uno no elige
los pensamientos que lo conducen a la felicidad, no puede culpar al vecino: su
dolor o su desdicha son únicamente su responsabilidad.
PERLAS PARA EL ALMA –
Alfonso Vallejo
sábado, 14 de febrero de 2026
Todo está bien
Podemos
decir que el hombre feliz es el que ha comprendido que nada es bueno ni malo, y
que la bondad o la maldad está en la mente que lo percibe.
LUCIO ANNEO SÉNECA
viernes, 26 de diciembre de 2025
Enseñanza universal
Todo el
mundo anda buscando la felicidad, a veces llamada dicha, y, sin embargo, muchos
de los que la buscan con tanto ahínco continúan pasando de largo ante la llave
de esa felicidad.
La llave
simple de la dicha perfecta y el poder inherente que la mantiene constante es
el “autocontrol” y la “autocorrección”. Pero esto es facilísimo de lograr una
vez que se aprende la verdad de uno mismo es la presencia YO SOY y la
inteligencia que controla y ordena todas las cosas.
Alrededor
de cada individuo hay todo un mundo de pensamientos creados por él mismo.
Dentro de este mundo mental está la semilla, la Presencia Divina, el «YO SOY»,
que es la única Presencia que actúa en el Universo y la cual dirige toda
energía. Esta energía puede ser intensificada más allá de todos los límites por
medio de la actividad consciente del individuo.
La
Presencia Divina Interior puede ser comparada con la semilla de un durazno. El
mundo de pensamientos que la envuelve semeja la pulpa. La pulpa representa no
sólo el mundo mental creado por el individuo, sino la sustancia electrónica
universal, siempre en espera de ser activada por la determinación consciente
del individuo, para ser precipitada a su uso visible en la forma que a él le
convenga o desee.
El
camino seguro hacia la comprensión y uso de este poder consciente nos viene
por medio del autocontrol. ¿Qué quiero yo decir con esa palabra “autocontrol”?:
1)
El reconocimiento de la Inteligencia «YO SOY» como
única Presencia activa.
2)
Que sabiendo esto, sabemos también que no existen
límites o limitaciones para el poder de su uso.
3)
Que los humanos, habiendo recibido libre
albedrío, libre selección y libre actuación lo que crean en su mundo circundante
es todo aquello en que fijan su atención.
SAINT GERMAIN
jueves, 18 de diciembre de 2025
miércoles, 3 de diciembre de 2025
¿Qué es lo importante?
¿Qué es
lo importante? Elevar el ánimo por encima de las cosas fortuitas, recordar que
esta es una vida humana: si somos felices, saber que no será por mucho tiempo;
si desdichados, saber que en realidad no lo somos, a menos que lo creamos así.
LUCIO
ANNEO SÉNECA
viernes, 7 de noviembre de 2025
El arte de vivir con Dios
“Difícilmente parece práctico pensar
en Dios”, expresó cierto visitante.
El Maestro respondió:
“El mundo concuerda con usted, ¡y es
el mundo acaso un sitio feliz? La verdadera felicidad elude al hombre que
abandona a Dios, pues Él es la Felicidad Misma. Sus devotos en la tierra viven
en el cielo de paz interior. Pero, quienes se olvidan del Señor, pasan sus días
en un infierno de inseguridad y decepción, creado por ellos mismos. ¡El “hacerse
amigo” del Señor significa ser realmente práctico!”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
sábado, 18 de octubre de 2025
Felicidad y virtud
La
verdadera felicidad reside en la virtud.
¿Qué te
aconsejará esta virtud? Que no estimes bueno o malo lo que no acontece ni por
virtud ni por malicia; en segundo lugar, que seas inconmovible incluso contra
el mal que procede del bien; de modo que, en cuanto es lícito, te hagas un
dios.
¿Qué te promete esta empresa? Privilegios
grandes e iguales a los divinos: no serás obligado a nada, no necesitarás nada;
serás libre, seguro, indemne; nada intentarás en vano, nada te impedirá; todo
marchará conforme a tu deseo; nada adverso te sucederá, nada contrario a tu
opinión o a tu voluntad.
Pues qué, ¿basta la virtud para vivir feliz?
Siendo perfecta y divina, ¿por qué no ha de bastar? Incluso es más que
suficiente. ¿Pues qué puede faltar al que está exento de todo deseo?
¿Qué
necesita del exterior el que ha recogido todas sus cosas en sí mismo? Pero el
que tiende a la virtud, aun cuando haya avanzado mucho, necesita, sin embargo,
algún favor de la fortuna, mientras aún lucha entre los afanes humanos,
mientras desata aquel nudo y todo lazo mortal. ¿Qué diferencia hay entonces?
Que unos están atados, otros amarrados, otros incluso agarrotados: el que ha
llegado a una región superior y se ha elevado a más altura, arrastra una cadena
floja, todavía no libre, pero ya casi libre.
LUCIO ANNEO SÉNECA
viernes, 12 de septiembre de 2025
sábado, 9 de agosto de 2025
El dinero no da la felicidad… pero
El
dinero no da la felicidad… pero sí la tranquilidad que la facilita
Uno de los mayores generadores de
estrés en la vida moderna es la incertidumbre económica. ¿Llegaré a fin de mes?
¿Podré pagar el alquiler? ¿Qué pasa si se rompe el coche o si tengo una
emergencia médica? Estas preguntas, cuando se convierten en parte del día a
día, erosionan la salud mental, las relaciones y la capacidad de disfrutar el
presente. En cambio, cuando el dinero deja de ser una preocupación constante,
se abre espacio para respirar, para pensar con claridad, para vivir con menos
miedo.
Tener estabilidad financiera no
significa vivir en la opulencia, sino saber que lo básico está cubierto. Que
puedes ir al supermercado sin calcular cada céntimo. Que, si tu hijo necesita
gafas nuevas, puedes comprarlas sin tener que sacrificar otra necesidad. Esa
paz, esa seguridad, es una forma de libertad. Y la libertad, en muchos
sentidos, es una de las condiciones necesarias para la felicidad.
Más allá de lo esencial, el dinero
también permite disfrutar de los pequeños lujos de la vida. No hablo de
mansiones ni yates, sino de cosas sencillas que pueden marcar la diferencia:
salir a cenar sin mirar el precio del menú, regalarle algo bonito a alguien que
quieres, viajar a ese lugar que siempre soñaste conocer. Estos caprichos no son
la fuente de la felicidad, pero sí pueden ser catalizadores de momentos
felices.
Hay quienes dicen que el dinero
corrompe, que nos vuelve superficiales, que nos aleja de lo verdaderamente
importante. Y sí, puede hacerlo si se convierte en un fin en sí mismo. Pero cuando
se usa como herramienta para enriquecer experiencias, para compartir, para
explorar, para aprender, entonces se transforma en un aliado poderoso del
bienestar.
Curiosamente, muchas personas que
tienen mucho dinero no son más felices que quienes tienen poco. Esto se debe,
en parte, a que la felicidad no depende solo de lo que tienes, sino de cómo lo
valoras. La abundancia puede generar insatisfacción si se convierte en una
carrera interminable por tener más. También puede aislar, generar desconfianza,
o crear una falsa sensación de control.
Por eso, el mantra “el dinero no da la
felicidad” sigue siendo válido. Nos recuerda que la felicidad no está en el
saldo de la cuenta, sino en la calidad de nuestras relaciones, en el sentido
que damos a nuestras acciones, en la capacidad de disfrutar el momento
presente. Pero también nos invita a reflexionar sobre cómo el dinero, bien
gestionado y bien entendido, puede ser un medio para alcanzar esa felicidad.
La clave está en cambiar la
perspectiva: ver el dinero como una herramienta, no como un objetivo. Cuando lo
usamos para construir una vida más plena, más libre, más conectada, entonces sí
contribuye a la felicidad. Pero cuando lo convertimos en el centro de nuestra
existencia, en el único indicador de éxito, entonces nos aleja de lo que
realmente importa.
Es como tener un coche potente: puede
llevarte más rápido a donde quieres ir, pero si no sabes a dónde vas, de poco
sirve. El dinero puede acelerar el viaje hacia la felicidad, pero no puede
definir el destino.
Otro aspecto fundamental es el uso del
dinero para ayudar a otros. Cuando tienes suficiente, puedes compartir. Puedes
apoyar causas que te importan, ayudar a amigos en apuros, contribuir al
bienestar de tu comunidad. Y ese acto de dar, de contribuir, es una fuente
profunda de satisfacción. Nos conecta con los demás, nos da sentido, nos
recuerda que no estamos solos.
La generosidad, cuando nace de la
abundancia, es una forma poderosa de transformar el dinero en felicidad. Porque
al final, lo que más nos llena no es lo que acumulamos, sino lo que damos.
La felicidad no es un estado
permanente, ni una meta que se alcanza y se mantiene sin esfuerzo. Es un
cultivo diario, una práctica constante. Requiere atención, cuidado, reflexión.
Y en ese proceso, el dinero puede ser como el agua que riega el jardín: no es
la flor, pero sin él, muchas veces cuesta que florezca.
Por eso, aunque estoy de acuerdo con el
mantra de los pobres, también reconozco que el dinero facilita mucho el camino.
No lo garantiza, no lo sustituye, pero sí lo suaviza. Nos da margen, nos da
opciones, nos da tiempo. Y el tiempo, bien usado, es uno de los ingredientes
más valiosos de la felicidad.
sábado, 2 de agosto de 2025
La esencia de las cosas
El soberano bien no aumenta ni
disminuye; la felicidad no crece ni mengua; subsiste siempre en la misma
proporción; haga lo que quiera la fortuna: si el sabio alcanza una vejez
prolongada, o acaba sin llegar a la vejez, la medida de su buenaventura, es la
misma para él, sea cual fuere la diferencia de edad.
Cuando
describes un círculo, grande o pequeño, el espacio varía, pero no la forma: igualmente,
lo que es recto y justo no se mide por el tamaño, la cantidad o la duración. Las
dimensiones varían sin que cambie la esencia de las cosas.
LUCIO ANNEO SÉNECA
jueves, 31 de julio de 2025
La felicidad no es el destino
Querido hijo:
La felicidad que
ansías no es algo que pueda adquirirse o conquistarse en el mundo exterior. No
reside en objetos, títulos, ni relaciones perfectas. Lo que describes -esa
constante búsqueda hacia lo inalcanzable- es una trampa que la humanidad ha
creado para sí misma al confundir los placeres momentáneos con una felicidad
más duradera y profunda.
Déjame decirte algo
importante: la felicidad que buscas no es una meta, ni un destino. Es un
estado, una experiencia que se encuentra únicamente en el momento presente. En
cada respiración, en cada acto de gratitud, en la capacidad de amar y de
aceptar la imperfección de la vida, puedes descubrir destellos de esa felicidad
que tanto ansías. Paradójicamente, cuanto más la busques fuera de ti, más
distante parecerá. Pero si decides hacer una pausa y mirar hacia adentro, puede
que la encuentres.
¿Sabes por qué tantas
personas se sienten frustradas y vacías, incluso cuando obtienen aquello que
pensaban que les haría felices? Es porque han condicionado su felicidad a algo
externo, algo cambiante e impredecible. Pero la verdadera felicidad no depende
de esas cosas. Reside en tu propia capacidad para aceptar, para encontrar
belleza en la impermanencia, para vivir con propósito y en armonía con lo que
te rodea.
Ahora bien, no estoy
diciendo que no disfrutes de los logros o las experiencias externas. Al
contrario, cada momento de alegría es un regalo y una oportunidad para conectar
con lo que eres en esencia. Sin embargo, la clave está en no permitir que tu
sentido de plenitud dependa únicamente de ellos.
Si observas a la
naturaleza, verás que las flores no buscan ser más grandes que las otras, ni
los ríos se preocupan por fluir más rápido. Cada elemento cumple con su
propósito siendo exactamente lo que es. Tú también tienes un propósito único en
este vasto universo, y encontrarlo no requiere una búsqueda frenética, sino un
despertar de la conciencia hacia aquello que ya está presente en ti.
Piensa en aquellos
momentos en los que sentiste felicidad genuina. Tal vez no fueron los días de
grandes celebraciones, sino instantes simples: el calor del sol en tu piel, una
sonrisa compartida con un ser querido, la satisfacción de ayudar a alguien sin
esperar nada a cambio. Estos momentos son recordatorios de que la felicidad
está más cerca de lo que crees.
Si deseas encontrar un
camino hacia esa felicidad, comienza cultivando la gratitud. Agradece cada día,
cada experiencia, incluso aquellas que parecen desafiantes, porque son
oportunidades para crecer y comprender más profundamente. Practica la bondad,
no solo hacia los demás, sino también hacia ti mismo. Aprende a soltar aquello
que no puedes controlar y a abrazar la incertidumbre como parte del misterio de
la vida.
Por supuesto que el
sufrimiento también forma parte de la experiencia humana. Pero no pienses que
es algo de lo que debas huir, porque incluso en el dolor hay lecciones
importantes. Es a través del sufrimiento que puedes desarrollar compasión,
empatía y fortaleza. No te digo esto para justificar el dolor, sino para
recordarte que, incluso en los momentos más oscuros, hay una chispa de
aprendizaje y transformación.
Finalmente, permíteme
compartirte un secreto: tú ya eres suficiente tal y como eres. No necesitas ser
más, hacer más, o tener más para encontrar la paz que buscas. La verdadera
felicidad está en reconocer tu propia valía y en vivir en alineación con
aquello que sientes como verdadero y auténtico.
Querido hijo, tu
búsqueda no es en vano. Cada paso que das, cada pregunta que planteas, te
acerca más a esa verdad que llevas dentro. No tengas prisa, no te compares con
otros. Camina a tu ritmo, con confianza y con amor.
Siempre estoy contigo.
CARTAS
A DIOS – Alfonso Vallejo
miércoles, 30 de julio de 2025
Yo, también, quiero ser feliz
Querido Dios:
Es curioso pensar que
no soy el único que busca este propósito. En realidad, creo que todos los seres
humanos, sin excepción, estamos imbuidos en esta misma búsqueda. La felicidad
parece ser algo universal, un hilo que conecta nuestras vidas y nuestras
acciones. Sin embargo, aunque todos compartimos este anhelo, muy pocos logran
encontrarla de manera genuina; quienes la consiguen parecen ser una rara
excepción, casi como si hubieran hallado un tesoro escondido que los demás no
sabemos siquiera dónde buscar.
Esto me lleva a preguntarme:
¿Será que no la encontramos porque no sabemos exactamente qué es lo que estamos
buscando? Puede que sea así, porque, honestamente, ¿sabemos verdaderamente qué
es la felicidad? Parece que la respuesta no es clara. Nos aferramos a ideas y
conceptos transmitidos de generación en generación, como si la felicidad
tuviera una fórmula definida y universal. Buscamos lo que conocemos, lo que nos
han enseñado, lo que observamos que los demás también persiguen. Vamos tras lo
que la sociedad exalta como el ideal: el éxito, la riqueza, el prestigio.
Buscamos aquello por lo que tanto lucharon nuestros mayores, creyendo que en
esos logros encontraremos el verdadero gozo.
Sin embargo, lo que
encontramos cuando seguimos este camino es, paradójicamente, sufrimiento. La
felicidad no parece hallarse en nada de lo que nos han señalado como deseable.
Si así fuera, muchos la habrían alcanzado. Pero no, la felicidad parece ser
esquiva, y esta búsqueda termina siendo, para la mayoría, un esfuerzo
infructuoso.
¿Por qué ocurre esto?
Tal vez porque hemos confundido la felicidad con el placer, con la euforia
momentánea que nos proporciona un logro, una compra, una experiencia. Pensamos
que, al acumular más bienes, más reconocimiento o más momentos placenteros,
estamos acercándonos a la felicidad. Pero cada vez que logramos algo nuevo, la
sensación de satisfacción se desvanece rápidamente, y volvemos a empezar, como
si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable de deseo y frustración.
Esperamos encontrar la
felicidad cuando logramos la pareja perfecta, el empleo soñado, los hijos
ideales... y, no obstante, la experiencia nos demuestra que estas cosas no son
suficientes. Todo lo que esperamos alcanzar es efímero, incompleto. Las
relaciones pueden ser complicadas, los trabajos pueden ser demandantes, y los
hijos, aunque los amemos profundamente, tienen sus propios retos. Así, seguimos
buscando y esperando, siempre en vano.
¿Cómo es posible que
seamos tantos los que buscamos la felicidad, y tan pocos los que se encuentren
con ella? Más aún, ¿por qué parece haber más personas angustiadas que felices?
¿No será que estamos buscando en los lugares equivocados? ¿No será que, quizá,
hemos entendido mal qué significa realmente ser felices?
Hay algo más que
quiero reflexionar contigo, querido Dios. En medio de toda esta búsqueda, he
comenzado a preguntarme si la felicidad es algo que debe ser buscado en
absoluto. Tal vez no sea un objetivo que debamos perseguir con tanta
intensidad, sino algo que deberíamos aprender a reconocer en el presente, en lo
que ya tenemos, en lo que somos. Pero esto no es fácil. Nuestra cultura nos
enseña que siempre debemos querer más, que siempre hay algo mejor, que nunca
somos suficientes tal como somos.
A veces me pregunto si
la felicidad se encuentra en los pequeños momentos, esos que solemos dar por
sentados. El calor del sol en un día frío, la risa de un niño jugando, el sabor
de una comida preparada con amor. Tal vez estos instantes contienen más
felicidad de la que imaginamos, pero estamos demasiado ocupados persiguiendo
algo más grande como para notarlo. Tal vez la felicidad no sea algo monumental,
sino un hilo dorado que se teje en los detalles más humildes de la vida.
Y, aun así, ¿qué pasa
con el sufrimiento? Porque si algo parece ser universal además de la felicidad,
es el dolor, la pérdida, la frustración, la soledad, el miedo. Estos
sentimientos nos visitan a todos en algún momento, y en ocasiones parecen
eclipsar cualquier posibilidad de felicidad. ¿Cómo reconciliamos el sufrimiento
con la idea de una vida feliz?
Pienso que tal vez la
felicidad no sea la ausencia de sufrimiento, sino la capacidad de encontrar
significado incluso en los momentos difíciles. Tal vez se trate de aprender, de
crecer, de transformar lo que duele en algo que nos fortalece. Pero también sé
que esto es más fácil decirlo que hacerlo. En esos momentos de oscuridad, la
felicidad parece una luz demasiado distante, demasiado tenue para alcanzarla.
Por eso, querido Dios,
te escribo esta carta. Porque en medio de todas estas reflexiones, no puedo
evitar buscar respuestas más allá de mí mismo. Me pregunto si tú, que eres
testigo de todas las vidas y todas las luchas, tienes alguna guía que ofrecer.
¿Es la felicidad realmente alcanzable, o es un espejismo que nos impulsa a seguir
adelante? ¿Cómo podemos aprender a vivir plenamente, a aceptar lo bueno y lo
malo, sin perder la esperanza ni el sentido de propósito?
Con cariño y esperanza.
CARTAS A DIOS –
Alfonso Vallejo
jueves, 12 de junio de 2025
jueves, 1 de mayo de 2025
Cambio de pensamiento
Cada persona piensa,
habla y actúa de manera diferente al resto del mundo. Es natural creer que lo
que uno piensa, dice y hace es lo correcto. Pero, si partimos de esta premisa,
¿significa esto que todas aquellas personas cuyos pensamientos, palabras o
acciones difieren de los míos están equivocadas?
Si aceptáramos esta
lógica, llegaríamos a la conclusión de que todos los seres humanos que habitan
la Tierra llevan una vida equivocada, pues ninguno coincide plenamente con los
demás. Pero la verdad es que cada individuo actúa en función de su propio
pensamiento y percepción, moldeados por su experiencia, su entorno y su forma
de interpretar la realidad.
Por lo tanto, culpas,
errores o reacciones ante cualquier circunstancia no son más que el producto de
nuestra propia mente. Lo que consideramos una desgracia no es responsabilidad
del prójimo ni de su manera de pensar diferente. Atribuirle la culpa a otro es,
en esencia, el resultado de nuestra interpretación subjetiva de los
acontecimientos.
El verdadero poder
reside en el pensamiento. Si logro modificar mi forma de pensar, cambiará mi
manera de percibir el mundo. Y este cambio de pensamiento debe ser profundo,
hasta alcanzar una perspectiva que me permita aceptar con alegría cualquier
circunstancia que la vida me presente.
Este, sin duda, es el
secreto de la felicidad: aprender a transformar nuestra visión del mundo para
encontrar paz, aceptación y gozo en cualquier situación. La felicidad no
depende de las circunstancias externas, sino de la actitud con la que elegimos
enfrentarlas.
viernes, 25 de abril de 2025
Vivir el presente
“Cuando aprendan a ser felices en el
presente, habrán descubierto el verdadero sendero hacia Dios”, dijo el Maestro
a un grupo de discípulos.
“Son muy pocos, entonces, los hombres
que viven en el presente”, observó un discípulo.
“Ciertamente”, respondió Paramahansaji.
“La mayoría vive centrada en los pensamientos del pasado o del futuro”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
domingo, 23 de junio de 2024
Pensamientos
Todo nuestro mundo,
toda nuestra vida y todo lo que experimentamos están hechos de pensamientos.
Tenemos pensamientos buenos, pensamientos malos y pensamientos neutros.
Nuestra mente está en
un diálogo permanente, a veces, cuestionándolo todo, juzgándolo todo,
culpabilizándonos a nosotros mismos y a nuestro entorno, atemorizándonos; otras
veces, alabándonos, viendo la bondad en los demás y expresando compasión y
ternura. Por lo tanto, nuestra mente, y por extensión nuestra vida, está llena
de claroscuros; nada es puramente luminoso ni completamente oscuro.
Si aceptamos que somos
lo que pensamos y que nuestra vida está moldeada por nuestros pensamientos,
entonces tenemos una herramienta poderosísima para ser felices, estar alegres,
demostrar ternura y ser compasivos. Solo necesitamos permitir los pensamientos
positivos.
Además, si reconocemos
que somos los únicos responsables de nuestros pensamientos y que nadie más nos
obliga a pensar de cierta manera, no deberíamos culpar al vecino por nuestro
dolor o desdicha. Solo nosotros somos responsables de nuestro sufrimiento.
viernes, 24 de mayo de 2024
sábado, 18 de mayo de 2024
Bases para la sanación
Tu sanación espiritual y tu sanación corporal, es un largo camino.
Está en la buena disposición que puedas tener para cumplir tu Contrato Divino. Está en lo feliz que puedas hacerte a ti mismo y, también está, en lo poco o mucho que puedas hacer para mejorar tu mundo y para mejorar el mundo de las personas que te rodean.



















