Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



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lunes, 16 de febrero de 2026

Elección de pensamientos

 


Todo nuestro mundo, toda nuestra vida, todo lo que experimentamos está hecho de pensamientos. 

Tenemos pensamientos buenos y pensamientos malos. Nuestra mente mantiene un diálogo permanente: unas veces lo cuestiona todo, lo juzga todo, te culpa a ti y a tu entorno, te atemoriza; y otras veces te alaba, ve la bondad en los demás, expresa compasión y ternura. Por lo tanto, nuestra mente —y, en consecuencia, nuestra vida— está llena de claroscuros. Nada es completamente luminoso ni totalmente oscuro.

Si aceptamos que somos lo que pensamos y que vivimos la vida que pensamos, está claro que poseemos una herramienta poderosísima para ser felices, para sentir alegría, para mostrar ternura y para ser compasivos. Solo hay que permitir que los pensamientos buenos tengan espacio.

Si aceptamos también que cada uno es responsable de sus propios pensamientos, y que ninguna otra persona puede obligarte a pensar de una manera determinada, entonces, si uno no elige los pensamientos que lo conducen a la felicidad, no puede culpar al vecino: su dolor o su desdicha son únicamente su responsabilidad.

PERLAS PARA EL ALMA – Alfonso Vallejo


sábado, 14 de febrero de 2026

Todo está bien

 


Podemos decir que el hombre feliz es el que ha comprendido que nada es bueno ni malo, y que la bondad o la maldad está en la mente que lo percibe.

LUCIO ANNEO SÉNECA

viernes, 26 de diciembre de 2025

Enseñanza universal



Todo el mundo anda buscando la felicidad, a veces llamada dicha, y, sin embargo, muchos de los que la buscan con tanto ahínco continúan pa­sando de largo ante la llave de esa felicidad.

La llave simple de la dicha perfecta y el poder inherente que la mantiene constante es el “autocontrol” y la “autocorrección”. Pero esto es facilísimo de lograr una vez que se aprende la verdad de uno mismo es la presencia YO SOY y la inteligencia que controla y ordena todas las cosas.

Alrededor de cada individuo hay todo un mundo de pensamientos creados por él mismo. Dentro de este mundo mental está la semilla, la Presencia Divina, el «YO SOY», que es la única Presencia que actúa en el Universo y la cual dirige toda energía. Esta energía puede ser intensificada más allá de todos los límites por medio de la actividad conscien­te del individuo.

La Presencia Divina Interior puede ser comparada con la semilla de un durazno. El mundo de pensamientos que la envuelve semeja la pulpa. La pulpa representa no sólo el mundo mental creado por el individuo, sino la sustancia electrónica universal, siempre en espera de ser activada por la determinación consciente del individuo, para ser precipitada a su uso visible en la forma que a él le convenga o desee.

El camino seguro hacia la comprensión y uso de este po­der consciente nos viene por medio del autocontrol. ¿Qué quiero yo decir con esa palabra “autocontrol”?:

1)    El reconocimiento de la Inteligencia «YO SOY» como única Presencia activa.

2)    Que sabiendo esto, sabemos también que no existen límites o limitaciones para el poder de su uso.

3)    Que los humanos, habiendo recibido libre albedrío, libre selección y libre actuación lo que crean en su mundo circundante es todo aquello en que fijan su atención.

SAINT GERMAIN


miércoles, 3 de diciembre de 2025

¿Cuál es tu misión?

 


¿Qué es lo importante?



¿Qué es lo importante? Elevar el ánimo por encima de las cosas fortuitas, recordar que esta es una vida humana: si somos felices, saber que no será por mucho tiempo; si desdichados, saber que en realidad no lo somos, a menos que lo creamos así.

LUCIO ANNEO SÉNECA


viernes, 7 de noviembre de 2025

El arte de vivir con Dios

 


          “Difícilmente parece práctico pensar en Dios”, expresó cierto visitante.

          El Maestro respondió:

       “El mundo concuerda con usted, ¡y es el mundo acaso un sitio feliz? La verdadera felicidad elude al hombre que abandona a Dios, pues Él es la Felicidad Misma. Sus devotos en la tierra viven en el cielo de paz interior. Pero, quienes se olvidan del Señor, pasan sus días en un infierno de inseguridad y decepción, creado por ellos mismos. ¡El “hacerse amigo” del Señor significa ser realmente práctico!”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


sábado, 18 de octubre de 2025

Felicidad y virtud

 


La verdadera felicidad reside en la virtud.

¿Qué te aconsejará esta virtud? Que no estimes bueno o malo lo que no acontece ni por virtud ni por malicia; en segundo lugar, que seas inconmovible incluso contra el mal que procede del bien; de modo que, en cuanto es lícito, te hagas un dios.

 ¿Qué te promete esta empresa? Privilegios grandes e iguales a los divinos: no serás obligado a nada, no necesitarás nada; serás libre, seguro, indemne; nada intentarás en vano, nada te impedirá; todo marchará conforme a tu deseo; nada adverso te sucederá, nada contrario a tu opinión o a tu voluntad.

 Pues qué, ¿basta la virtud para vivir feliz? Siendo perfecta y divina, ¿por qué no ha de bastar? Incluso es más que suficiente. ¿Pues qué puede faltar al que está exento de todo deseo?

¿Qué necesita del exterior el que ha recogido todas sus cosas en sí mismo? Pero el que tiende a la virtud, aun cuando haya avanzado mucho, necesita, sin embargo, algún favor de la fortuna, mientras aún lucha entre los afanes humanos, mientras desata aquel nudo y todo lazo mortal. ¿Qué diferencia hay entonces? Que unos están atados, otros amarrados, otros incluso agarrotados: el que ha llegado a una región superior y se ha elevado a más altura, arrastra una cadena floja, todavía no libre, pero ya casi libre.

LUCIO ANNEO SÉNECA


sábado, 9 de agosto de 2025

El dinero no da la felicidad… pero

 


El dinero no da la felicidad… pero sí la tranquilidad que la facilita

         Hay una frase que se repite como un mantra entre quienes han aprendido a vivir con poco: “El dinero no da la felicidad”. Y estoy muy de acuerdo con ella. La felicidad, esa sensación profunda de plenitud, de paz interior, de conexión con uno mismo y con los demás, no se compra. No hay billete que garantice una sonrisa sincera, ni cuenta bancaria que asegure una vida con propósito. Sin embargo, negar el papel que juega el dinero en el camino hacia esa felicidad sería ingenuo. Porque, aunque no la da directamente, sí allana el terreno, despeja obstáculos y ofrece algo que es fundamental para el bienestar: tranquilidad.

Uno de los mayores generadores de estrés en la vida moderna es la incertidumbre económica. ¿Llegaré a fin de mes? ¿Podré pagar el alquiler? ¿Qué pasa si se rompe el coche o si tengo una emergencia médica? Estas preguntas, cuando se convierten en parte del día a día, erosionan la salud mental, las relaciones y la capacidad de disfrutar el presente. En cambio, cuando el dinero deja de ser una preocupación constante, se abre espacio para respirar, para pensar con claridad, para vivir con menos miedo.

Tener estabilidad financiera no significa vivir en la opulencia, sino saber que lo básico está cubierto. Que puedes ir al supermercado sin calcular cada céntimo. Que, si tu hijo necesita gafas nuevas, puedes comprarlas sin tener que sacrificar otra necesidad. Esa paz, esa seguridad, es una forma de libertad. Y la libertad, en muchos sentidos, es una de las condiciones necesarias para la felicidad.

Más allá de lo esencial, el dinero también permite disfrutar de los pequeños lujos de la vida. No hablo de mansiones ni yates, sino de cosas sencillas que pueden marcar la diferencia: salir a cenar sin mirar el precio del menú, regalarle algo bonito a alguien que quieres, viajar a ese lugar que siempre soñaste conocer. Estos caprichos no son la fuente de la felicidad, pero sí pueden ser catalizadores de momentos felices.

Hay quienes dicen que el dinero corrompe, que nos vuelve superficiales, que nos aleja de lo verdaderamente importante. Y sí, puede hacerlo si se convierte en un fin en sí mismo. Pero cuando se usa como herramienta para enriquecer experiencias, para compartir, para explorar, para aprender, entonces se transforma en un aliado poderoso del bienestar.

Curiosamente, muchas personas que tienen mucho dinero no son más felices que quienes tienen poco. Esto se debe, en parte, a que la felicidad no depende solo de lo que tienes, sino de cómo lo valoras. La abundancia puede generar insatisfacción si se convierte en una carrera interminable por tener más. También puede aislar, generar desconfianza, o crear una falsa sensación de control.

Por eso, el mantra “el dinero no da la felicidad” sigue siendo válido. Nos recuerda que la felicidad no está en el saldo de la cuenta, sino en la calidad de nuestras relaciones, en el sentido que damos a nuestras acciones, en la capacidad de disfrutar el momento presente. Pero también nos invita a reflexionar sobre cómo el dinero, bien gestionado y bien entendido, puede ser un medio para alcanzar esa felicidad.

La clave está en cambiar la perspectiva: ver el dinero como una herramienta, no como un objetivo. Cuando lo usamos para construir una vida más plena, más libre, más conectada, entonces sí contribuye a la felicidad. Pero cuando lo convertimos en el centro de nuestra existencia, en el único indicador de éxito, entonces nos aleja de lo que realmente importa.

Es como tener un coche potente: puede llevarte más rápido a donde quieres ir, pero si no sabes a dónde vas, de poco sirve. El dinero puede acelerar el viaje hacia la felicidad, pero no puede definir el destino.

Otro aspecto fundamental es el uso del dinero para ayudar a otros. Cuando tienes suficiente, puedes compartir. Puedes apoyar causas que te importan, ayudar a amigos en apuros, contribuir al bienestar de tu comunidad. Y ese acto de dar, de contribuir, es una fuente profunda de satisfacción. Nos conecta con los demás, nos da sentido, nos recuerda que no estamos solos.

La generosidad, cuando nace de la abundancia, es una forma poderosa de transformar el dinero en felicidad. Porque al final, lo que más nos llena no es lo que acumulamos, sino lo que damos.

La felicidad no es un estado permanente, ni una meta que se alcanza y se mantiene sin esfuerzo. Es un cultivo diario, una práctica constante. Requiere atención, cuidado, reflexión. Y en ese proceso, el dinero puede ser como el agua que riega el jardín: no es la flor, pero sin él, muchas veces cuesta que florezca.

Por eso, aunque estoy de acuerdo con el mantra de los pobres, también reconozco que el dinero facilita mucho el camino. No lo garantiza, no lo sustituye, pero sí lo suaviza. Nos da margen, nos da opciones, nos da tiempo. Y el tiempo, bien usado, es uno de los ingredientes más valiosos de la felicidad.


sábado, 2 de agosto de 2025

La esencia de las cosas

 


          El soberano bien no aumenta ni disminuye; la felicidad no crece ni mengua; subsiste siempre en la misma proporción; haga lo que quiera la fortuna: si el sabio alcanza una vejez prolongada, o acaba sin llegar a la vejez, la medida de su buenaventura, es la misma para él, sea cual fuere la diferencia de edad.

Cuando describes un círculo, grande o pequeño, el espacio varía, pero no la forma: igualmente, lo que es recto y justo no se mide por el tamaño, la cantidad o la duración. Las dimensiones varían sin que cambie la esencia de las cosas.

LUCIO ANNEO SÉNECA


jueves, 31 de julio de 2025

La felicidad no es el destino

 

 


Querido hijo:

 Tu carta refleja una cuestión profundamente humana y universal, una que ha resonado en los corazones de los seres humanos a lo largo de los siglos. Quiero acompañarte en tu reflexión y compartir contigo una perspectiva que quizá arroje algo de luz en tu camino.

La felicidad que ansías no es algo que pueda adquirirse o conquistarse en el mundo exterior. No reside en objetos, títulos, ni relaciones perfectas. Lo que describes -esa constante búsqueda hacia lo inalcanzable- es una trampa que la humanidad ha creado para sí misma al confundir los placeres momentáneos con una felicidad más duradera y profunda.

Déjame decirte algo importante: la felicidad que buscas no es una meta, ni un destino. Es un estado, una experiencia que se encuentra únicamente en el momento presente. En cada respiración, en cada acto de gratitud, en la capacidad de amar y de aceptar la imperfección de la vida, puedes descubrir destellos de esa felicidad que tanto ansías. Paradójicamente, cuanto más la busques fuera de ti, más distante parecerá. Pero si decides hacer una pausa y mirar hacia adentro, puede que la encuentres.

¿Sabes por qué tantas personas se sienten frustradas y vacías, incluso cuando obtienen aquello que pensaban que les haría felices? Es porque han condicionado su felicidad a algo externo, algo cambiante e impredecible. Pero la verdadera felicidad no depende de esas cosas. Reside en tu propia capacidad para aceptar, para encontrar belleza en la impermanencia, para vivir con propósito y en armonía con lo que te rodea.

Ahora bien, no estoy diciendo que no disfrutes de los logros o las experiencias externas. Al contrario, cada momento de alegría es un regalo y una oportunidad para conectar con lo que eres en esencia. Sin embargo, la clave está en no permitir que tu sentido de plenitud dependa únicamente de ellos.

Si observas a la naturaleza, verás que las flores no buscan ser más grandes que las otras, ni los ríos se preocupan por fluir más rápido. Cada elemento cumple con su propósito siendo exactamente lo que es. Tú también tienes un propósito único en este vasto universo, y encontrarlo no requiere una búsqueda frenética, sino un despertar de la conciencia hacia aquello que ya está presente en ti.

Piensa en aquellos momentos en los que sentiste felicidad genuina. Tal vez no fueron los días de grandes celebraciones, sino instantes simples: el calor del sol en tu piel, una sonrisa compartida con un ser querido, la satisfacción de ayudar a alguien sin esperar nada a cambio. Estos momentos son recordatorios de que la felicidad está más cerca de lo que crees.

Si deseas encontrar un camino hacia esa felicidad, comienza cultivando la gratitud. Agradece cada día, cada experiencia, incluso aquellas que parecen desafiantes, porque son oportunidades para crecer y comprender más profundamente. Practica la bondad, no solo hacia los demás, sino también hacia ti mismo. Aprende a soltar aquello que no puedes controlar y a abrazar la incertidumbre como parte del misterio de la vida.

Por supuesto que el sufrimiento también forma parte de la experiencia humana. Pero no pienses que es algo de lo que debas huir, porque incluso en el dolor hay lecciones importantes. Es a través del sufrimiento que puedes desarrollar compasión, empatía y fortaleza. No te digo esto para justificar el dolor, sino para recordarte que, incluso en los momentos más oscuros, hay una chispa de aprendizaje y transformación.

Finalmente, permíteme compartirte un secreto: tú ya eres suficiente tal y como eres. No necesitas ser más, hacer más, o tener más para encontrar la paz que buscas. La verdadera felicidad está en reconocer tu propia valía y en vivir en alineación con aquello que sientes como verdadero y auténtico.

Querido hijo, tu búsqueda no es en vano. Cada paso que das, cada pregunta que planteas, te acerca más a esa verdad que llevas dentro. No tengas prisa, no te compares con otros. Camina a tu ritmo, con confianza y con amor.

Siempre estoy contigo.

CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo


miércoles, 30 de julio de 2025

Yo, también, quiero ser feliz

 


Querido Dios:

       Cuando era pequeño, anhelaba, como todos los niños, que me regalaran algún juguete nuevo. Aquellos momentos de expectativa, ilusión y recompensa me brindaban una profunda alegría, una sensación interna que con el tiempo aprendí a llamar felicidad. Supongo que escuché esa palabra de los adultos, quienes la repetían en diversas ocasiones, asociándola a cosas grandes y pequeñas. Al hacerlo, descubrí que lo que más deseaba en la vida era alcanzar esa tan ansiada felicidad.

Es curioso pensar que no soy el único que busca este propósito. En realidad, creo que todos los seres humanos, sin excepción, estamos imbuidos en esta misma búsqueda. La felicidad parece ser algo universal, un hilo que conecta nuestras vidas y nuestras acciones. Sin embargo, aunque todos compartimos este anhelo, muy pocos logran encontrarla de manera genuina; quienes la consiguen parecen ser una rara excepción, casi como si hubieran hallado un tesoro escondido que los demás no sabemos siquiera dónde buscar.

Esto me lleva a preguntarme: ¿Será que no la encontramos porque no sabemos exactamente qué es lo que estamos buscando? Puede que sea así, porque, honestamente, ¿sabemos verdaderamente qué es la felicidad? Parece que la respuesta no es clara. Nos aferramos a ideas y conceptos transmitidos de generación en generación, como si la felicidad tuviera una fórmula definida y universal. Buscamos lo que conocemos, lo que nos han enseñado, lo que observamos que los demás también persiguen. Vamos tras lo que la sociedad exalta como el ideal: el éxito, la riqueza, el prestigio. Buscamos aquello por lo que tanto lucharon nuestros mayores, creyendo que en esos logros encontraremos el verdadero gozo.

Sin embargo, lo que encontramos cuando seguimos este camino es, paradójicamente, sufrimiento. La felicidad no parece hallarse en nada de lo que nos han señalado como deseable. Si así fuera, muchos la habrían alcanzado. Pero no, la felicidad parece ser esquiva, y esta búsqueda termina siendo, para la mayoría, un esfuerzo infructuoso.

¿Por qué ocurre esto? Tal vez porque hemos confundido la felicidad con el placer, con la euforia momentánea que nos proporciona un logro, una compra, una experiencia. Pensamos que, al acumular más bienes, más reconocimiento o más momentos placenteros, estamos acercándonos a la felicidad. Pero cada vez que logramos algo nuevo, la sensación de satisfacción se desvanece rápidamente, y volvemos a empezar, como si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable de deseo y frustración.

Esperamos encontrar la felicidad cuando logramos la pareja perfecta, el empleo soñado, los hijos ideales... y, no obstante, la experiencia nos demuestra que estas cosas no son suficientes. Todo lo que esperamos alcanzar es efímero, incompleto. Las relaciones pueden ser complicadas, los trabajos pueden ser demandantes, y los hijos, aunque los amemos profundamente, tienen sus propios retos. Así, seguimos buscando y esperando, siempre en vano.

¿Cómo es posible que seamos tantos los que buscamos la felicidad, y tan pocos los que se encuentren con ella? Más aún, ¿por qué parece haber más personas angustiadas que felices? ¿No será que estamos buscando en los lugares equivocados? ¿No será que, quizá, hemos entendido mal qué significa realmente ser felices?

Hay algo más que quiero reflexionar contigo, querido Dios. En medio de toda esta búsqueda, he comenzado a preguntarme si la felicidad es algo que debe ser buscado en absoluto. Tal vez no sea un objetivo que debamos perseguir con tanta intensidad, sino algo que deberíamos aprender a reconocer en el presente, en lo que ya tenemos, en lo que somos. Pero esto no es fácil. Nuestra cultura nos enseña que siempre debemos querer más, que siempre hay algo mejor, que nunca somos suficientes tal como somos.

A veces me pregunto si la felicidad se encuentra en los pequeños momentos, esos que solemos dar por sentados. El calor del sol en un día frío, la risa de un niño jugando, el sabor de una comida preparada con amor. Tal vez estos instantes contienen más felicidad de la que imaginamos, pero estamos demasiado ocupados persiguiendo algo más grande como para notarlo. Tal vez la felicidad no sea algo monumental, sino un hilo dorado que se teje en los detalles más humildes de la vida.

Y, aun así, ¿qué pasa con el sufrimiento? Porque si algo parece ser universal además de la felicidad, es el dolor, la pérdida, la frustración, la soledad, el miedo. Estos sentimientos nos visitan a todos en algún momento, y en ocasiones parecen eclipsar cualquier posibilidad de felicidad. ¿Cómo reconciliamos el sufrimiento con la idea de una vida feliz?

Pienso que tal vez la felicidad no sea la ausencia de sufrimiento, sino la capacidad de encontrar significado incluso en los momentos difíciles. Tal vez se trate de aprender, de crecer, de transformar lo que duele en algo que nos fortalece. Pero también sé que esto es más fácil decirlo que hacerlo. En esos momentos de oscuridad, la felicidad parece una luz demasiado distante, demasiado tenue para alcanzarla.

Por eso, querido Dios, te escribo esta carta. Porque en medio de todas estas reflexiones, no puedo evitar buscar respuestas más allá de mí mismo. Me pregunto si tú, que eres testigo de todas las vidas y todas las luchas, tienes alguna guía que ofrecer. ¿Es la felicidad realmente alcanzable, o es un espejismo que nos impulsa a seguir adelante? ¿Cómo podemos aprender a vivir plenamente, a aceptar lo bueno y lo malo, sin perder la esperanza ni el sentido de propósito?

Con cariño y esperanza. 

CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo


jueves, 12 de junio de 2025

Felicidad

 


La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada. 

 Lucio Anneo Séneca 

jueves, 1 de mayo de 2025

Cambio de pensamiento

 


Cada persona piensa, habla y actúa de manera diferente al resto del mundo. Es natural creer que lo que uno piensa, dice y hace es lo correcto. Pero, si partimos de esta premisa, ¿significa esto que todas aquellas personas cuyos pensamientos, palabras o acciones difieren de los míos están equivocadas?

Si aceptáramos esta lógica, llegaríamos a la conclusión de que todos los seres humanos que habitan la Tierra llevan una vida equivocada, pues ninguno coincide plenamente con los demás. Pero la verdad es que cada individuo actúa en función de su propio pensamiento y percepción, moldeados por su experiencia, su entorno y su forma de interpretar la realidad.

Por lo tanto, culpas, errores o reacciones ante cualquier circunstancia no son más que el producto de nuestra propia mente. Lo que consideramos una desgracia no es responsabilidad del prójimo ni de su manera de pensar diferente. Atribuirle la culpa a otro es, en esencia, el resultado de nuestra interpretación subjetiva de los acontecimientos.

El verdadero poder reside en el pensamiento. Si logro modificar mi forma de pensar, cambiará mi manera de percibir el mundo. Y este cambio de pensamiento debe ser profundo, hasta alcanzar una perspectiva que me permita aceptar con alegría cualquier circunstancia que la vida me presente.

Este, sin duda, es el secreto de la felicidad: aprender a transformar nuestra visión del mundo para encontrar paz, aceptación y gozo en cualquier situación. La felicidad no depende de las circunstancias externas, sino de la actitud con la que elegimos enfrentarlas. 


viernes, 25 de abril de 2025

Vivir el presente

 


         “Cuando aprendan a ser felices en el presente, habrán descubierto el verdadero sendero hacia Dios”, dijo el Maestro a un grupo de discípulos.

         “Son muy pocos, entonces, los hombres que viven en el presente”, observó un discípulo.

         “Ciertamente”, respondió Paramahansaji. “La mayoría vive centrada en los pensamientos del pasado o del futuro”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


domingo, 23 de junio de 2024

Pensamientos

 


Todo nuestro mundo, toda nuestra vida y todo lo que experimentamos están hechos de pensamientos. Tenemos pensamientos buenos, pensamientos malos y pensamientos neutros.

Nuestra mente está en un diálogo permanente, a veces, cuestionándolo todo, juzgándolo todo, culpabilizándonos a nosotros mismos y a nuestro entorno, atemorizándonos; otras veces, alabándonos, viendo la bondad en los demás y expresando compasión y ternura. Por lo tanto, nuestra mente, y por extensión nuestra vida, está llena de claroscuros; nada es puramente luminoso ni completamente oscuro.

Si aceptamos que somos lo que pensamos y que nuestra vida está moldeada por nuestros pensamientos, entonces tenemos una herramienta poderosísima para ser felices, estar alegres, demostrar ternura y ser compasivos. Solo necesitamos permitir los pensamientos positivos.

Además, si reconocemos que somos los únicos responsables de nuestros pensamientos y que nadie más nos obliga a pensar de cierta manera, no deberíamos culpar al vecino por nuestro dolor o desdicha. Solo nosotros somos responsables de nuestro sufrimiento.

 


sábado, 18 de mayo de 2024

Bases para la sanación

 


Tu sanación espiritual y tu sanación corporal, es un largo camino.

Está en la buena disposición que puedas tener para cumplir tu Contrato Divino. Está en lo feliz que puedas hacerte a ti mismo y, también está, en lo poco o mucho que puedas hacer para mejorar tu mundo y para mejorar el mundo de las personas que te rodean.