El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 27 de noviembre de 2019

Tolerancia no. Mejor respeto.


           El parque Green es el espacio más apreciado por los residentes de Mascotalandia, que es una pequeña población en el Condado del Juego, al oeste del país de la Ilusión.
     En dicha población habitan todo tipo de muñecos de peluche. Paseando por Mascotalandia uno se puede encontrar un pequeño conejito protagonista de una serie de dibujos animados, un terrorífico espinosaurio salido de alguna película de dinosaurios, el mamut de la Era de Hielo o al mismísimo Mario Bros y todos suelen ir a pasear por el parque los días soleados.



          Casi todos los habituales del parque se sientan a descansar, al final de su paseo, en los bancos situados bajo unos enormes árboles que cobijan con su sombra a los usuarios de los bancos y que están estratégicamente colocados bordeando el estanque que se encuentra en el centro del parque.
        Es muy agradable para ellos porque, además de descansar y de realizar la última conversación del día con los amigos, se deleitan escuchando los conciertos que las ranas, que viven en el estanque, interpretan cada tarde al caer el sol.
         Hoy es un día como cualquier otro. Está muy avanzada la tarde y los bancos del estanque están todos ocupados por los peluches, que se encuentran descansando, preparados para escuchar el concierto de las ranas. Sin embargo, está a punto de ponerse el sol y aun no se escucha ni una sola rana. Los peluches se miran extrañados y murmuran entre ellos:
¾      ¡Qué extraño! El sol está a punto de ponerse y las ranas aún no han comenzado su concierto, ¿qué estará pasando?
          Los peluches se asomaban a la orilla del estanque para ver si podían enterarse de algo, (eran un poco cotillas), ya que en los últimos cinco años nunca había ocurrido nada semejante, decía Tigger el peluche de más edad de Mascotalandia, un tigre que aparece en los cuentos de Winnie the Pooh.
          Al final cayó la noche. El reflejo de la luna iluminaba el estanque, pero de las ranas no había ni rastro, por lo que los peluches fueron desfilando hacia sus casas murmurando y haciéndose cábalas sobre lo que podría haber sucedido.
          La noche en el parque era total y absolutamente silenciosa. Por primera vez en la historia del parque las ranas no habían deleitado a los paseantes con su concierto vespertino.
          En la comunidad de las ranas del parque Green se había trastocado completamente la vida. Rodolfo y Alejandro, dos ranas jóvenes habían comenzado, a pesar de ser machos, a frecuentarse con demasiada asiduidad, se paseaban cogidos de las ancas, a cualquier hora, sin importarles si había alguien delante o no, se rozaban con descaro y se miraban con cara de arrobamiento. Se comportaban como dos enamorados y, todo eso, ¡a pesar de ser varones los dos!
          Eran la comidilla del momento y desde luego no eran, en absoluto, un buen ejemplo para los renacuajos.
          Ante tan dramática situación se habían reunido, en horas de la mañana, las fuerzas vivas de la comunidad junto al consejo de ancianos, que solo lo hacía ante situaciones de extrema gravedad por la avanzada edad de sus miembros, para determinar cuáles eran las acciones a tomar.
          Judá, el líder espiritual de la comunidad tomó la palabra:
¾      Es inconcebible que tengamos que estar sufriendo una situación de este tipo.
          En nuestra comunidad, esta clase de relaciones no solo son un ejemplo pernicioso para nuestros pequeños, sino que es ofensiva para todos, por ser antinatural, ya que se trata de una relación anormal en la que están inmersos dos individuos de mente enferma.
          A continuación, Rita, la alcaldesa, pidió turno de palabra:

¾      Es inconcebible, es antinatural y un deleznable espectáculo el que estos dos jóvenes están protagonizando, además, a plena luz del día y delante de todos.
      Pero no hemos de olvidar que son hijos de Adela y Raquel, dos miembros destacados de nuestra comunidad y que están sufriendo esta situación hasta el extremos de no salir de sus casas para no ser señalados por las ancas.
       El gobernador Tito, como máximo responsable político de la comunidad expresó con voz solemne:
¾      Les sugiero que comiencen a dar opciones para que podamos debatir y elegir la que sea más adecuada para el bien de la comunidad.
¾      Lo que tenemos que hacer es expulsarlos del estanque –dijo con voz temblorosa, por la edad, don Alfredo, que con casi cuarenta años era, el presidente del consejo de ancianos.
¾      El líder espiritual volvió a tomar la palabra- Es posible que con rezos, novenas y confesiones pueda liberarles del demonio que les ha poseído y vuelvan a la normalidad.
¾      Esto no se cura con rezos –dijo el médico de familia- necesitan una operación urgente, aquí tiene que intervenir la ciencia.
¾      Encerrémosles porque lo que hacen es un signo de que han perdido la cabeza –dijo el responsable del manicomio- así podríamos inaugurar el centro que nunca ha tenido ningún ingresado. 
         Así fueron dando cada uno su opinión sobre las opciones que consideraban más acertadas. Después de escuchar todas las opciones, comenzó el debate de cada una de ellas, aunque no parecía que llegaban a ningún acuerdo, y ya era noche cerrada.

Ataúlfo, que asistía a su primera reunión como integrante del consejo de ancianos al haber ingresado hace escasamente dos meses por haber llegado a la edad de veinticinco años, pidió tímidamente la palabra:
¾      Realmente –preguntó- ¿qué es lo que todos estamos buscando?

¾      Casi todos dijeron al unísono- La felicidad, lo que todos buscamos es la felicidad.

¾      Y ¿qué es lo que desean para sus hijos e, incluso, para todos los integrantes de la comunidad? -siguió preguntando Ataúlfo.

¾      Pues que consigan la felicidad -volvieron a contestar todos al unísono.

¾      Pues ahora tenemos dos miembros de esta comunidad que son felices y ustedes pretenden que dejen de serlo -dijo Ataúlfo comenzando a mostrar sus intenciones.

¾      Judá, el líder espiritual se puso rojo de cólera- No pueden conseguir la felicidad a costa de que todos los demás seamos infelices.

¾      Yo no soy infeliz porque ellos se amen, ¿quién de ustedes es infeliz por eso, aparte de nuestro líder espiritual? –preguntó Ataúlfo.

¾      Judá, el líder espiritual estaba pasando del rojo de la cólera al amarillo de la rabia- No tienen que contestar a esa pregunta. Los temas espirituales los dirijo yo y digo que es indignante, porque tienen el mismo sexo y no pueden tener hijos. Toda unión ha de ser para tener hijos.

 ¾      ¿Quién lo dice? –preguntó Ataúlfo?

 ¾      Es lo que se ha hecho siempre. Lo dice la Rana Superior –dijo el líder espiritual, levantando la voz, cada vez más enojado.

 ¾      La Rana Superior quiere que seamos felices y que nos amemos los unos a los otros. No dice nada de hijos. Y si es por lo que se ha hecho siempre, ya es momento de cambiar –le rebatió Ataúlfo.
      ¿Cómo puede ser que usted que predica el amor esté queriendo castigar a los que se aman?
       No son un mal ejemplo para los renacuajos, al contrario, son ejemplo de amor, de lealtad, de respeto.
      O cree usted que es mejor ejemplo el de los miembros de una pareja que se gritan de manera permanente o que se engañan, solo porque son macho y hembra.
      El amor es el amor y no entiende de sexos.
       Les propongo lo siguiente: Dejemos en paz a Rodolfo y a Alejandro, que sigan con su amor. Y nosotros respetemos su opción. Entre otras cosas porque no son viciosos ni pervertidos. Es genético, es una condición. Si queremos expulsar expulsemos también a todos sus antepasados vivos que son los responsables de su genética.
       Por lo que respecta a que no pueden tener hijos, hay otras ranas que también han decidido no tener hijos y no se hace nada, ni nos rasgamos las vestiduras.
       Por el ejemplo que puedan dar a los renacuajos no hemos de preocuparnos, que lo vean como algo normal, ¡enseñémosles a que vean la normalidad en cualquier tipo de unión! Lo importante es amar.
       Y con respecto nosotros, a las ranas adultas, solo tenemos que empezar a verlo como algo normal. Pensemos que son nuestros propios hijos.
       Les propongo una votación con tres opciones. 1) Expulsarles de la comunidad, 2) aceptarles, respetarles y enseñar a todos a que lo vean como algo normal o 3) si ustedes no son capaces de tomar una decisión hagamos un referéndum.

¾      ¿Está diciendo usted que les debemos tolerar en nuestra comunidad? – preguntó Judá, el líder espiritual.

¾      Un “no” rotundo -matizó Ataúlfo- estoy diciendo que les respetemos. No pido tolerancia, pido respeto.

¿Votamos? Quiero que sepan que si gana la expulsión haré campaña a favor del respeto, puerta por puerta, con cada uno de los miembros de esta comunidad.

Propongo que la votación sea secreta y que sean necesario dos tercios de los votos para considerar ganadora cualquier opción.

Estaban presentes en la reunión los ocho miembros que componían las fuerzas vivas de la comunidad más veintidós miembros del consejo de ancianos. En total treinta ranas que tenían en sus ancas el futuro de dos vidas.

¾          Si, si, de acuerdo votemos -era la voz mayoritaria de los asistentes.

El resultado de la votación fueron veintiséis votos a favor para que se queden, para respetar su amor y enseñar al resto de la comunidad que es algo normal. Un voto en contra y tres favorables para realizar un referéndum.

¾      Judá, el líder religioso, tomó la palabra- El voto negativo fue mío, pero acepto la decisión mayoritaria. Lo que no puedo es seguir siendo su líder espiritual. Creo que soy un poco antiguo. Propongo que Ataúlfo sea nuestro nuevo líder espiritual.

¾      Acepto encantado, -dijo Ataúlfo- A partir de ahora nuestro lema será “El respeto por encima de todo. El amor siempre”.