El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 27 de noviembre de 2022

Sanación espiritual (Promoción navideña)

 


PROMOCIÓN NAVIDEÑA

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¡Feliz Navidad!

 

jueves, 24 de noviembre de 2022

¡Si!, ¡si!, ¡ya sé que la vida es ilusión!, pero....

 


          Si, ya sé que la vida es ilusión, que es un sueño, que es una escuela para aprender o una especie de mercadillo para pagar deudas. Si, ya sé que la auténtica y verdadera vida es la que está al otro lado de la vida, donde todo es paz y amor, pero……

Cuando mi hijo se enferma yo sufro, a sabiendas de que el sufrimiento no le va a sanar, pero sufro. Y cuando el sueldo no me llega a final de mes y tengo que mendigar para dar de comer a mis hijos, además de sufrir me muero de vergüenza, a sabiendas de que esa vergüenza no va a convertirse en dinero, pero siento vergüenza, que le voy a hacer. Y cuando cometen conmigo una injusticia, me indigno, sabedor de que la indignación no va a reparar la mentira, pero me indigno a pesar de todo. Y cuando cierran la empresa y me quedo sin trabajo me deprimo, a sabiendas de que la depresión no va a devolverme el trabajo, pero la depresión me puede. Y cuando veo como envejecen mis familiares queridos y no pueden valerse por sí mismos, me entra una pena infinita, y si, ya sé que es la ley de la vida, pero me da pena. Puedo contar mil historias más, pero ¿para qué?, coloca aquí la tuya.

Sé que la vida es ilusión, que es sueño, que es fantasía, pero vivir esa ilusión, vivir ese sueño, vivir esa fantasía me emociona y me hace llorar, y me alegra y me hace reír, y me apena, y siento tristeza, y siento decepción, y siento euforia, y me deprimo, y sufro, sufro mucho.

Sigo las instrucciones de los maestros: oro, medito, acepto y lo dejo todo en manos de Dios. Él sabe mejor que yo como fue el contrato que firmé. Y sé que no sirve de nada, pero sigo sufriendo, sigo riendo y llorando.

Señor. ¡Hágase tu voluntad!

Una meditación sencilla

 


Una meditación sencilla:

Siéntate, con los pies bien apoyados en el piso.

Si no tienes problemas de espalda no te apoyes es el respaldo de la silla.

Las manos en Dhyani-Mudra: Descansan en el regazo adoptando la forma de cuencos. La mano derecha encima de la izquierda mientras se unen la punta de los pulgares.



Cierra los ojos y coloca la punta de la lengua tocando el paladar.

Respira por la nariz, tanto para inhalar como para exhalar. Y haz una respiración abdominal. (El abdomen se infla cuando inhalas y se desinfla cuando exhalas). Respira lenta y suavemente, sin forzar.

Durante 5 minutos por la mañana y otros cinco por la tarde, mantén la atención en la respiración.

Y vete repitiendo en tu interior: Yo Soy el alma, Yo Soy paz, Yo Soy la resurrección y la vida.

martes, 22 de noviembre de 2022

Hágase Tu Voluntad

 


           La Voluntad de Dios, entre otros atributos, es el bien, es la libertad, es la salud, es que se acaben los velos existentes entre Dios y el hombre, la Voluntad de Dios es luz, es felicidad, es paz, es pureza, es equilibrio, es bondad.

          Dejar que se haga la Voluntad de Dios es dejar que la vida fluya, es aceptar los acontecimientos que la vida nos depara, es vivir nuestra propia divinidad. 

        Es todo lo contrario de lo que vivimos los seres humanos, que empecinados, insistimos una vez y otra en que la vida sea como nosotros pensamos que debe ser, insistimos en que las personas sean como nosotros creemos que deben ser, olvidando su libertad, y culpabilizamos a Dios, de manera permanente, porque nuestros deseos no se cumplen tal como planeamos, sin ser conscientes de que las cosas son como tienen que ser y no como nosotros deseamos que sean. 

       Culpabilizamos a Dios por nuestro sufrimiento, levantando los ojos al cielo y preguntando ¿por qué a mí?, sin ser conscientes de que somos los únicos creadores de nuestra propia vida. Dios nos permite ser, Dios respeta nuestra libertad, la libertad que Él mismo nos ha dado. 

       En lugar de aliarnos con Dios para sentir y vivir los atributos de su Voluntad, le vemos como a ese Ser que está presto a castigarnos y que parece que colabora poco con nosotros. ¡Qué lejos estamos de la Verdad!, y que fácil sería vivir una vida llena de amor y felicidad, mucho más fácil de lo que la mayoría de las personas creen. Lo hace difícil el no saber o no aceptar, que la misma Vida es Dios en acción y que su Voluntad ya impregna la Vida. Solo hay que vivirla y no sufrirla.

          La otra parte de la frase es: “Así en la Tierra como en el Cielo”. ¿Dónde radica la diferencia entre la Tierra y lo que la oración llama Cielo? El Cielo no es un lugar, el Cielo es ese estado de conciencia en el que nos encontramos cuando no tenemos materia, cuando no tenemos cuerpo, mientras que la Tierra es lo que estamos viviendo, una existencia dentro de un cuerpo.

          Cuando pedimos que se haga la Voluntad de Dios tanto en la Tierra como en el Cielo, ¿quiere decir que son distintas voluntades? No, es la misma Voluntad, lo que existe en la vida terrenal, es lo mismo que existe al otro lado de la vida. Y si los que están al otro lado de la vida de la materia viven una vida de paz, de amor, de alegría, de felicidad, ¿qué es lo que impide que a este lado no sea lo mismo? Solo el pensamiento.

 

¿Otro tiempo?, ¿una dimensión paralela?

 



Capítulo XV. Parte 1. Novela "Ocurrió en Lima"

Antay se despertó con una musiquita que comenzó muy suave y que fue aumentado de volumen, aunque, sin llegar a ser estridente.

Le costó un tiempo descubrir que la musiquita procedía de su celular, y no entendió la razón, porque no era consciente de haber puesto la alarma, en la noche cuando se acostó, ya que nunca lo hacía, a pesar de que a las 7:30 había quedado con Diana para poder llegar a las 8 a la oficina, junto con Pablo y Patricia, que les estarían esperando, para que, los tres, entregaran su curriculum y mantuvieran la reunión con el señor Ramírez.

Sacó la mano del edredón, aun con los ojos cerrados, para mirar el celular. Cuando lo tuvo en su mano y, abrió los ojos, pudo comprobar que marcaba las 4:30am. ¿Por qué tan temprano?

Una ligera claridad se filtraba a través de las cortinas pero…., entraba desde el lado contrario. ¿Cómo podía ser que la claridad entrara por la derecha cuando la ventana estaba en el lado izquierdo? “¿Me habré acostado al revés?”, pensó Antay. Se incorporó y no entendió nada. Estaba acostado de manera correcta. Entonces fue consciente de que la habitación era, por lo menos, el triple de grande de lo que es su habitación. Y la cama, también, era enorme. No estaba ni en su habitación ni, por supuesto, en su cama. Pero, ¿dónde estaba? Y, además, no estaba solo. Había una mujer acostada a su lado, y esa mujer era… ¡Indhira!

La mente de Antay trabajaba a marchas forzadas. “Anoche después de la pizza acompañé a Indhira a su casa y quedamos en que la llamaría un día de la siguiente semana, sin determinar cuándo. Fue un encuentro agradable en el que los dos, de manera más o menos clara, insinuamos que nos gustábamos y que iba a ser muy fácil para ambos llegar un poco más lejos, pero no pasó nada más. La dejé en el portal de su casa y yo volví a la mía y, estoy seguro de haberme acostado en mi cama. ¿Estaré soñando?”

-    Cariño, como no te des prisa, vais a perder el avión, -fue lo primero que dijo Indhira nada más abrir los ojos y ver a Antay sentado en la cama sin hacer ademán de levantarse y vestirse.

-    ¿Qué avión?, -preguntó Antay confundido, no entendiendo nada.

-  Amor, en media hora pasa a buscarte Pablo. Vais a Miami, ¿no te acuerdas?, ¿seguro que estás despierto?

-    Sí, estoy despierto, -balbuceó Antay.

-  Pues mientras te vistes te preparo un café. Te he dejado el terno, la camisa y la corbata preparados en el closet. No tardes en bajar.

“¿Adónde tengo que bajar?”, pensó Antay. Mientras tanto Indhira había salido de la cama. Estaba preciosa con un pantaloncito corto y una camiseta de tirantes que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel.

La vio ponerse una bata que le llegaba a medio muslo y desapareció corriendo por una de las puertas que se veían en la habitación. “Debe de ser donde está la escalera para bajar a ese lugar donde tengo que ir”, seguía Antay con sus elucubraciones.

sábado, 19 de noviembre de 2022

¿Ha sido vivida la vida?

 


Capítulo XIV. Parte 7. Novela "Ocurrió en Lima"

-    Tienes toda la razón. ¿Sabes?, hice otra regresión con Ángel.

-    No, y ¿cómo fue?, -se interesó Indhira.

Antay le relató a Indhira la progresión en la que se vio sentado en el jardín de una residencia de lujo, para adultos mayores, esperando la muerte, después de una vida material, exitosa en cuanto a la cuestión laboral y económica, se refiere, pero triste y solitaria y, por encima de todo, llena de demonios dirigidos por pensamientos de miedo ocupando, un día tras otro, su espacio mental lo que le empujó a vivir en soledad, solo por el miedo a comprometerse para evitar el posible sufrimiento a que se vería abocado si algún día esa relación llegaba a su fin.

A Indhira se le heló la sangre en las venas. “¿Le estaba contando Antay que su vida iba a terminar en solitario? ¿Quería eso decir que la vida ya ha sido vivida y que lo único que hacemos en la materia es recordar esa vivencia, como si despertáramos de un sueño e intentáramos recordarlo? Si fuera así, la que va a sufrir soy yo, porque me estoy enamorando de él”.

-    No pudo menos que interrumpir a Antay- ¿Quieres decir que tu vida va a ser así?, ¿me estás diciendo que la vida ya ha sido vivida?, ¿cómo pudiste vivir esa situación?

-    No. Mi vida no sabemos cómo va a ser, dependerá de mis decisiones, como la tuya y la de todos, porque la vida no ha sido vivida. Me dijo Ángel que lo que viví fue una recreación de cómo sería mi vida de seguir por el mismo camino. En función de las decisiones que vamos tomando va cambiando la recreación de cómo sería, por completo, la vida. Tomamos una decisión y, de inmediato, cambia la recreación de esa vida.

>> Pero creo que antes tienes que saber algo. Ángel no es solamente el nombre de la persona que conocemos, es también la definición de lo que es, es su identidad. Es un ángel que ha aparecido en mi vida para ayudarme, según dijo, a cumplir un deseo que, parece ser, está muy arraigado en mí, pero que soy incapaz de materializar.

>> Por eso aparecía cuando más lo necesitaba y desaparecía como si se evaporara.

-    Indhira no pudo contenerse- ¡O sea, que organizó todo para que nos conociéramos!

-    Parece ser que sí, así fue. Por eso tu computadora solo falló para que me llamaras. Ese mismo día decidí anunciarme como técnico y la señora Claudia encontró mi número para solucionar el problema de la empresa de tu papá y, ya ves, lo que siguió.

-    Esto es de locos. Si lo veo en una película no me lo creo. ¿Será que tenemos que estar juntos?, -Indhira no cabía en sí de gozo, aunque trató de no dar excesivas muestras de ello.

-    No necesariamente. Será lo que nosotros decidamos, -dijo Antay pensativo con la mirada perdida.

>> Déjame que te cuente como fueron las regresiones. El hecho de que Ángel sea un ángel, hizo posible el poder vivir una progresión. Yo me acosté en el sofá, él me puso sus manos en la cabeza y mi vida apareció ante mí como una película. Fue diferente a la regresión que hice contigo porque en aquella todo eran sensaciones y en esta fueron imágenes.

>> Después de la progresión me vi en tres vidas diferentes. En las tres aparecías tú. Parece ser que hemos coincido en bastantes vidas. En una era un hombre tullido, que trabajaba de zapatero, casado con alguien que parecías ser tú. Nos amábamos con locura y teníamos dos hijos. Éramos muy pobres, pero inmensamente felices.

>> En otra vida me vi como una monja en un convento, era muy joven y un poco díscola, que recibía reprimendas diarias, con mucho amor, de la madre superiora, que resultaste ser tú.

>> Y en la última visión era un pescador que trabajaba con mi padre. Estaba felizmente casado, con alguien que no eras tú, porque tu papel en esa vida era el de ser mi madre.

-    Por lo que veo he sido una constante en tu vida,- comentó Indhira.

-    Di mejor que ha sido una constante, de uno en la vida del otro. Según Ángel hemos coincidido en muchas vidas y, alégrate, no tenemos temas pendientes.

-    Y ¿cuáles han sido tus conclusiones después de una experiencia tan apasionante?, -quiso saber Indhira.

-    Que el amor ha sido el ingrediente que hizo que en las vidas que pude visualizar fuera una persona feliz y en la única de las vidas recordadas que el ingrediente es el miedo, la vida actual, no parece que vaya a tener un final feliz si sigo por el mismo camino.

>> De hecho, tanto la progresión como las regresiones, solo fueron para que fuera consciente de la fuerza que tienen tanto el amor como el miedo, el uno para la felicidad y el otro para el sufrimiento.

En ese momento tuvieron que interrumpir su conversación porque los compañeros de Antay, que habían finalizado su cena, se acercaron para despedirse. Antay hizo las presentaciones y cuando les comentó que Indhira era la hija del que podría ser su nuevo jefe parece que se impresionaron y se comportaron más delicadamente.

-    Y ¿Qué deseo es ese que eres incapaz de materializar y que necesita de la ayuda de un ángel?, -la curiosidad estaba matando a Indhira y tuvo que hacer la pregunta.

-    Deseo tener una familia.

Los dos se quedaron pensativos, rompiendo Antay el silencio con un comentario.

-    ¿Sabes?, a veces, en los momentos en los que dejo volar mi pensamiento, pienso en que estaría bien poder ver a través de un agujero como sería mi vida dentro de 5 o 10 años. Así podríamos saber, de antemano, si las decisiones tomadas son acertadas o no.

-    Si, -afirmó Indhira riendo- sería una gran cosa. Aunque aún así, seguro que nos equivocaríamos más de una vez.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Recordar que somos para no sufrir

 


 

Jueves 18 de noviembre 2022

 

Escuché hace unos días una de esas verdades, con la que estoy, totalmente, de acuerdo, pero que me hizo reflexionar: “La primera razón del sufrimiento es el olvido de lo que, realmente, somos”.

Mi creencia siempre ha sido que venimos a la vida, de la materia, para recordar que somos seres divinos y para aprender a amar, de la manera que, estoy seguro, ya sabemos: amar como cuando no estamos aprisionados en el cuerpo.

Lo que nunca se me había ocurrido pensar es que una vez sabemos que somos seres divinos se acaba el sufrimiento.

La teoría dice que la razón por la que se tendría que acabar el sufrimiento es porque cualquier suceso que ocurra no afecta, o no debería de afectar a la persona, porque sabe de su divinidad y tiene plena conciencia de su eternidad, y de que todo lo que pueda ocurrirla solo es la espoleta que la va a llevar a otro nivel de conocimiento.

Tengo que confesar que yo estoy, plenamente, convencido de que soy un alma eterna e inmortal, que durante un instante de mi eternidad me he encarnado en la materia. Y, sin embargo, a pesar de esta creencia, sigo sufriendo. Es cierto que, muchísimo, menos que hace unos años. Pero aun sufro, con menos intensidad y con una corta duración en el tiempo, pero sufrimiento, a fin de cuentas.

Reflexionando sobre esto, he llegado a otra conclusión: No solo es necesario saber que soy un ser divino, es imprescindible integrar ese conocimiento en cada célula, para actuar, de manera automática, desde mi divinidad.

Por lo tanto, si yo sé y creo que soy un ser divino y sigo sufriendo, está claro que no he integrado ese recuerdo en mí.

Eso es terrible, pero más terrible es que no sé, muy bien, como hacerlo.

Podría ser que tengo arraigada otra creencia: Que el sufrimiento es necesario para iniciar un cambio. Y con las dos creencias instaladas en mis células va a ser difícil erradicar, completamente, el sufrimiento y, tendré que conformarme y alegrarme porque sea poco duradero en el tiempo.  

En fin, seguiré con mis reflexiones y mis intentos para cambiar mis creencias, en cada una de las células de mí cuerpo, pero si esto lo llega a leer alguien que sabe o cree saber la respuesta, le estaré, eternamente, agradecido si me da alguna idea.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Miedo

 



Capítulo XIV. Parte 6. Novela "Ocurrió en Lima"

Antay, que se puso en pie, esperando su llegada, pensó que iba a tener que agarrarse a la mesa para no caerse por el estado de nervios que se apoderó de él nada más verla entrar en el local.

-    Se dieron un beso de bienvenida y mientras se sentaban Indhira inició la conversación- Te veo muy bien, te sienta bien el nuevo trabajo.

-    A Antay le costaba trabajo articular palabra, se había quedado como la primera vez que se encontró frente a ella. Después de unos segundos, que a él le parecieron siglos pudo decir, -Gracias. Sí que me sienta bien, pero tú no has cambiado de trabajo y sigues tan estupenda.

-    Seguro que son tus ojos, -y fijándose que desde la mesa de la entrada solo hacían que mirarlos siguió- aunque tendríamos que preguntar a tus compañeros que no nos quitan ojo. 

-    Han estado esta tarde en mi casa. Van a entrevistarse con el director de recursos humanos, y si no hay nada en contra serán los integrantes del nuevo equipo de informática.

-    Pues entonces les iré conociendo poco a poco.

-    Antay pensó que ya era momento de iniciar una nueva conversación que parecía necesaria- Indhira, tengo que pedirte disculpas por mi grotesca despedida del sábado.

-    No tienes que pedir disculpas, nunca sabemos cuáles son las razones de los demás por las que llegan a tomar determinadas decisiones. Si que fue un poco extraña, sobre todo después del día tan agradable que pasamos, pero seguro que tenías tus razones. No me sentí ofendida, solo extrañada.

-    Sí que tenía mis razones, -lo mejor sería contar la realidad de mis emociones- estaba aterrado.

-    Indhira puso cara de no entender- ¿Por qué estabas aterrado?

-    Porque me gustas Indhira. Cuando te vi la primera vez me quedé tan impresionado que no me salían las palabras, ¿supongo que fuiste consciente?, -Indhira hizo un gesto afirmativo con la cabeza, pero sin intentar decir nada, lo que permitió que Antay pudiera seguir con su discurso.

>> Desde ese día hasta el sábado que hicimos la regresión, tenía emociones encontradas, una que no quería hacer la regresión porque me daba miedo, ya que era algo desconocido para mí y no sabía que me podía encontrar. Siempre me ha gustado saber cómo es el terreno que piso, me gusta no perder el control.

-    Supongo que eres consciente de que es imposible tenerlo todo controlado, -interrumpió Indhira.

-    Lo soy y he podido comprobarlo en mí mismo. He tenido un mes de locura y, en este tiempo, no he controlado nada, he sido como una hoja movida por el viento.

>> Déjame seguir, -dijo Antay haciendo una señal con la mano, viendo que Indhira tenía intención de seguir con el tema del control- y la otra emoción era la ilusión que me hacía volver a verte.

>> La regresión fue algo increíble y el resto del día, de lo mejor que recuerdo en los últimos años.

>> Tuve la impresión de que tu día, también, fue bastante bueno, -Indhira volvió a afirmar con la cabeza, sin intentar interrumpir a Antay, que siguió-.  Eso me llevo a pensar que si te pedía una segunda cita ibas a aceptar y, después, una tercera y una cuarta. Podía ser muy fácil para mí enamorarme de ti y, ahí, empezó el problema. ¿Qué pasaba si me enamoraba de ti y yo te era indiferente? o ¿qué pasaba si iniciábamos una relación y un día decides terminarla? No lo resistiría. Ante eso, para no sufrir porque se acabe una relación algún día, lo mejor es no iniciarla.

>> Esa fue mi razón. Mi tonta razón. Hoy han podido más las sensaciones que tengo hacia ti que el miedo, -Indhira iba a decir algo, pero Antay volvió a hacer una seña con la mano para que esperara- Déjame decirte algo más, para que entiendas como se mueven mis emociones. Cuando tu papá me ofreció el trabajo, el día que tú me viste en la empresa, estuve un día entero enfermo de miedo. Estuve a punto de declinar la oferta porque tenía miedo de no cumplir las expectativas.

-    Antay, me alegro de que hoy hayas vencido al miedo. Yo también quedé impresionada por ti y llevas quince días en mi mente. ¿Tú sabes lo que te puedes perder en la vida por el miedo?

-    Sí, soy consciente. Sé que puedo perder la vida, no la vida física, pero si tener una vida emocional anodina. ¿Te crees que me gusta tener miedo?, no me gusta y trato de combatirlo. De momento llevo dos victorias. Una aceptar el trabajo, del que estoy encantado y, la otra victoria, estar aquí contigo.

-    Aunque es el mismo miedo, -dijo Indhira- uno es de corto recorrido y el otro de larga duración.

>> Me explico, el miedo a aceptar el trabajo se tenía que ir en un día y lo conseguiste mientras que el miedo a iniciar una relación para no sufrir porque se acabe algún día tiene mucho más recorrido.

>> Pero imagínate que la relación dura diez años. Tendrías 10 años de felicidad y unos días o, pueden ser meses, de sufrimiento. Pero si no vences al miedo, es posible que no sufras ni un solo día, pero te privarás de 10 años de felicidad. Es tu elección.

Todo es conciencia

 


Miércoles 16 de noviembre 2022

 

Esta mañana he disfrutado de otra ducha tonta. Una ducha de esas en las que más parece que me ducho con ideas que con agua.

Hoy iba sobre la conciencia. Y podría resumir la ducha en tres palabras “todo es conciencia”

Todo es conciencia. Todo es para cada persona, tal como lo piensa y lo siente. Todo está en su conciencia.

La conciencia es el factor común de todas las experiencias. Puedo sentir que yo solo “estoy”, que sólo “estoy, simplemente, presente”, que no está pasando realmente nada, que todo es producto de mi conciencia.

Puedo observar que todo empieza y acaba en mi conciencia que ahora mismo está presente. Los coches que pasan, la Tierra girando alrededor del Sol, una guerra al otro lado del mundo, mis pensamientos. Todo se desarrolla en mi conciencia, en este instante, ahora.

    Pero mi conciencia no siempre está presente. Si yo me desmayo o me duermo, para mi no existen ni los coches pasando, ni la tierra girando, ni las guerras, ni el pensamiento. Es como si me hubiera muerto. Para mí no existe nada de eso, mejor dicho, para mí no existe nada. Y si no existe para mí, ¿seguirán pasando los coches? ¿seguirá girando la Tierra? ¿seguirán las guerras?

Lo sé, son preguntas de babau y la respuesta es clara. Si, todo sigue pasando. Pero, quiero ir un poco más allá. Aunque siga pasando todo eso, a mí ¿qué más me da si no me entero?

Pero…, ¿cómo se yo, realmente, que todo eso sigue pasando?, ¿por lo que me cuentan? Y ¿cómo sé que lo que me cuentan es lo que está pasando realmente?, ¿cómo sé que mi conciencia y mi percepción son similares a las de otra persona? Si fuera así, todos seriamos prácticamente iguales, tendríamos los mismos coches, votaríamos al mismo partido, etc., etc., y no pasa. Y si eso no pasa, ¿por qué ha de pasar que dos personas, con distintos estados de conciencia, sean conscientes, al cien por cien, de la misma percepción?

Pero mi conciencia tampoco está presente en otros momentos, en los que no me he desmayado, y ni tan siquiera duermo. Mi conciencia no está presente cuando me dejo llevar por la ira, por la indignación, por la rabia, por el odio, por el miedo, por el rencor, por el enojo, por la irritación, por el resentimiento, por la envidia, por un deseo incumplido, etc., etc., etc. En esos momentos, no soy más que un animal siguiendo mis instintos, en esos momentos dejo de ser persona, en esos momentos dejo de ser consciente, sencillamente, dejo de vivir como ser humano consciente. Se me ha escapado un espacio de vida y, lo malo de esto es que, tendré que repetir ese espacio en otra vida o en otro momento en el que tendré que pagar esa inconsciencia. Lo digo por el karma que puedo generar con la otra persona que ha sido el blanco de mi ira.

Pero mi conciencia, es más. Es mi aspecto físico, es mi sufrimiento, son mis penas y mis alegrías, son todas mis emociones, todo eso también es conciencia, también lo son mis pensamientos. ¿Qué pasaría si apartara la conciencia de todo eso?, ¿qué pasaría si mi conciencia estuviera siempre centrada en mi respiración, por ejemplo? Yo creo que lo que pasaría en que no tendría conciencia de mi aspecto físico, pasaría que no tendría sufrimiento, ni penas, ni alegrías, ni emociones, porque sólo habría respiración, que es donde tengo centrada mi conciencia.

Y si no tengo, por ejemplo, conciencia de mi cuerpo físico, ¿qué pasaría? Pues pasaría que no le daría poder a ninguna sensación de mi cuerpo: No habría cansancio, no habría dolor.

En los aspectos emocionales, ya está claro que todo depende solamente de nuestro pensamiento, de nuestra conciencia, pero ¿cómo afecta la conciencia físicamente? ¿Podríamos llegar más allá, como, por ejemplo, influir en el aspecto de nuestro propio cuerpo? Las células del cuerpo están muriendo y naciendo de manera permanente, y las que van naciendo, lo van haciendo con la información de la célula madre: aspecto, enfermedad, etc. Pero la información de la célula madre no es más que nuestra propia conciencia, ¿qué pasaría si apartamos la conciencia de nuestro propio aspecto?, ¿nacerían las nuevas células con la misma información que cuando fueron creadas, es decir, sanas, con la información de la Conciencia Divina, o con la información actual de la conciencia social?

          ¿Solo seré un babau o me estaré volviendo loco?

miércoles, 16 de noviembre de 2022

La gloria del silencio

 


          Las sirenas eran unas ninfas marinas que, en la mitología, atraían con sus cantos, dulces e insinuantes, a los marinos hacia los escollos de la costa, donde, tras hacerles naufragar, los devoraban, no dejando de ellos más que los huesos amontonados.       

Advertido por la diosa Circe de lo peligroso que era el canto de las sirenas, Ulises ordeno taponar con cera los oídos de sus remeros y se hizo atar al mástil del navío. Si por el hechizo musical pedía que lo liberasen, debían apretar aun más fuerte sus ataduras. Gracias a esta estratagema Ulises fue el único ser humano que oyó el canto y sobrevivió a las sirenas, que devoraban a los incautos que se dejaban seducir.

Empleamos esta expresión para advertir del peligro de dejarse seducir o llevar a la perdición por falsas promesas o incitaciones ilusorias. Pero tendríamos que utilizar muchísimo más esta expresión, porque todos y cada uno de nosotros convivimos con una sirena, que sabe entonar todo tipo de melodías, que nos incita con sus falsas promesas, que nos seduce con su dulce música y nos arrastra en pos de sueños que se convierten en humo al acercarnos a ellos.

Nuestra sirena particular no es una dulce e insinuante ninfa, es nuestra mente, que, por todo lo que maquina y promete, más parece una bruja terrorífica y tenebrosa. Todos tendríamos que tener, como Ulises, un mástil al que poder atarnos y unos remeros que nos ataran para no seguir los dictados de la mente perversa, que cuando nos atrapa en sus redes deja amontonados no nuestros huesos, ya les gustaría a muchos que así fuera, sino que amontona sobre nuestra vida nuestras más lúgubres emociones.

No es dura la vida. No nos lleva la vida ni al sufrimiento, ni al dolor. No es la vida la culpable de nuestros miedos, ni de nuestros fracasos, no lo es de nuestra rabia, ni de nuestra tristeza. No es la vida la responsable de los infinitos males con los que convive el ser humano. Es nuestra mente, y más concretamente los cantos de sirena de nuestra mente.

La mente no tiene ningún reparo en culpar a los demás de desgracias propias, y de hacernos culpables de las desgracias ajenas. La mente, cual sirena, nos arrastra con su canto, una y otra vez, a recordar lo más tenebroso de nuestro pasado y nos impulsa a dudar sin compasión sobre qué hacer en el futuro, pero es incapaz de mantenerse en silencio para vivir, escuchar y disfrutar el presente.

No existe manera de taponarse la conciencia para no escuchar a la mente, este es nuestro sino, escuchar permanentemente las simplezas de una mente que vaga a la deriva, como las hojas movidas por el viento, amontonando emociones en recovecos resguardados del aire. Y aquí nace nuestro trabajo, dejar salir del corazón nuestra grandeza para dominar con un acto de la voluntad al huracán de la mente, limpiar el amasijo de emociones acumuladas, para conseguir así la gloria del silencio.

martes, 15 de noviembre de 2022

Mi otro "yo"

 

 


Martes 15 de noviembre 2022

     A veces tengo la sensación de que no soy el único inquilino que habita en mi cuerpo físico. Y, a pesar de la sensación, sigo llamándole “mi” cuerpo físico, entre otras razones, porque llevo casi toda la vida creyéndome el dueño absoluto de tan valiosa propiedad, ya que no ha sido hasta los últimos años cuando me he encontrado hablando, de manera, primero, inconsciente con el “usurpador” y, últimamente, “casi consciente”.

Supongo que, mi compañero de cuerpo, también se referirá a “su” cuerpo cuando escribe en su diario o comenta con sus amistades alguna disfunción de su vivienda. Hemos de tener en cuenta que la vivienda ya tiene bastantes años y aparecen grietas y humedades en su estructura, con más frecuencia de la deseada.

Empecé a ser consciente del overbooking de mi cuerpo en esos momentos de éxtasis a los que, suelo llegar, a veces, cuando navegando en la meditación buceo en lo más profundo de mi silencio.

Y es cuando estoy en la zona abisal de mi silencio, impregnado por la luz a pesar de las profundidades, cuando haciendo gala de una paciencia ilimitada y de un amor incondicional, me recrimina por alguna acción, palabra o pensamiento, que haya salido de mí, de manera automática, sin pasar, previamente, por el filtro del amor.

Tengo que reconocer que, en la asignatura del amor en la que estoy matriculado en la presente vida, aún me falta por asimilar una buena parte del programa y me he colocado un filtro para purificar los pensamientos, palabras y acciones que van desfilando desde mi yo hacia el mundo. Sin embargo, a veces, bajo la guardia y dejo inutilizado el filtro, causando desastres, que a mí me parecen apocalípticos.     

Es entonces, mientras trato de reparar el filtro en la meditación, cuando mi compañero de cuerpo me deja visualizar el efecto que mis miserias han ocasionado en mi entorno y se permite, porque yo así se lo he hecho saber, darme los consejos, oportunos, para que tal cosa no vuelva a suceder.

Es un sabio. Sus consejos son tan sencillos y tan fáciles de llevar a la práctica, que no puedo entender como no se me ocurren a mí, en primera instancia.

  Cada vez me pregunto, con más frecuencia, si no será “mi otro yo” que, al habitar en lo más profundo del cuerpo, no está contaminado por esta sociedad sin entrañas. O, podría, también, ser mi alma encarnada que, aprovechando los silencios de nuestra mente, (me refiero a la que utilizamos los dos convivientes del cuerpo), puede hacerse escuchar, (ella habla siempre muy bajito). O como sabemos que Dios habita en nuestro interior, que sea Él mismo el que me honra con Sus clases magistrales. O ¿será la voz de mi conciencia?

En fin, agradezco a quien sea, que me hace ver, de manera inmediata, mis nefastas actuaciones.