Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



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martes, 8 de septiembre de 2026

Una súplica desde el corazón

 



“Hay caminos que no se trazan con pasos, sino con conciencia”


            Querido Dios: 

Hoy no vengo a pedirte nada. Solo quiero compartir contigo una reflexión que ha brotado desde lo más profundo de mi ser. A veces, en medio del ruido del mundo y del torbellino de pensamientos que nos envuelven, me detengo a observar la vida con otros ojos. Y entonces me doy cuenta de que los seres humanos somos afortunados. No por lo que poseemos, ni por lo que logramos, sino por algo mucho más esencial: tenemos la capacidad de elegir cómo vivir. Podemos hacerlo desde la mente o desde el alma.

Vivir desde la mente es lo habitual, lo aprendido, lo que se nos ha inculcado desde pequeños. No hace falta explicar demasiado qué significa, porque la mayoría de nosotros lo hacemos de forma automática. Es un modo de vida que se ha normalizado, que incluso se ha institucionalizado. Vivimos desde la mente cuando nos dejamos llevar por la individualidad, el juicio, la crítica, la comparación, el control, la reacción, el análisis constante, la envidia, el miedo. Es como vivir bajo una dictadura férrea, donde el dictador no es otro que el ego. Ese pequeño tirano que nos convence de que estamos separados, de que debemos defendernos, competir, sobresalir, tener razón, protegernos.

La mente es útil, sí, pero cuando se convierte en la única guía, nos aleja de lo esencial. Nos hace vivir en modo supervivencia, en constante alerta, en lucha interna y externa. Nos encierra en una cárcel invisible, donde cada pensamiento es una reja, cada juicio una cadena, cada miedo una sombra que nos impide ver la luz.

En cambio, vivir desde el alma es otra historia. Es como adentrarse en una selva inexplorada. No sabemos qué nos espera allí, y lo que es más inquietante: no sabemos ni cómo llegar. Supongo que por eso son tan pocos los que se atreven a vivir desde el alma. Nos falta el mapa, nos falta la brújula, y a veces incluso nos falta la fe de que esa selva existe. Nos quedamos en la periferia, mirando desde lejos, sin atrevernos a dar el primer paso. ¿Cómo explorar un territorio cuya ubicación desconocemos? ¿Cómo caminar hacia lo desconocido cuando todo lo que conocemos nos grita que no lo hagamos?

Y, sin embargo, algo dentro de nosotros, (una voz suave, casi imperceptible), nos susurra que ese lugar existe. Que hay una forma de vivir más plena, más libre, más verdadera. Que hay un “gobierno interior” donde el alma es la guía, es el amor, es la ley. Si todos viviéramos así, quizás no necesitaríamos tantas estructuras externas para regularnos. No harían falta tantas normas, tantas leyes, tantos castigos. Porque el amor no necesita vigilancia. La compasión no requiere control. La conciencia no teme al caos.

A lo largo de la historia, distintas tradiciones han intentado nombrar esa forma de vivir. En términos espirituales, se habla de “Conciencia Crística”, ese estado de amor incondicional, compasión y unidad que Jesús encarnó. También se menciona el “Estado de Gracia”, esa armonía profunda con la voluntad divina, donde no hay juicio ni ego, solo entrega y confianza. En las tradiciones orientales, se habla de “Iluminación” o “Despertar espiritual”, esa trascendencia del ego que permite ver la unidad en todo lo que existe.

Desde una perspectiva más humanista, se habla de “Fraternidad universal”, ese ideal ético que promueve la hermandad entre todos los seres humanos, sin distinción. También se ha acuñado el término “Amor radical”, que implica amar sin condiciones, incluso a quienes piensan diferente, incluso a quienes nos han herido.

En el ámbito personal, hay prácticas que nos acercan a esa forma de vivir. El “Mindfulness compasivo”, por ejemplo, nos invita a estar presentes con atención plena, sin juzgar, con una actitud de comprensión hacia uno mismo y hacia los demás. Y la “vida consciente”, que es la que hoy quiero explorar contigo, Señor.

Vivir conscientemente es elegir cada pensamiento, cada palabra, cada acción desde el alma. Es detenerse antes de reaccionar, antes de juzgar, antes de herir. Es observar con atención absoluta lo que surge en nuestro interior y preguntarnos, con honestidad, si eso que estamos a punto de pensar, decir o hacer nace del amor o del miedo.

Para vivir conscientemente, propongo, (y me propongo), un ejercicio sencillo pero profundo. Ante cualquier pensamiento, palabra o acción, detenerse y analizar lo siguiente:

- ¿Me gustaría que pensaran eso de mí? ¿Qué me dijeran lo que mi mente está impulsándome a decir? ¿Qué me hicieran lo que estoy a punto de hacer?

-  ¿Las palabras que me han dicho o las acciones que otros han llevado a cabo han sido realmente con intención de hacerme daño, o simplemente son fruto de su manera de vivir desde la mente?

-  ¿Ese pensamiento, esa palabra o esa acción van a servir para incrementar mi amor hacia esa persona? ¿Esa persona lo va a recibir con agrado, o solo va a generar más distancia?

-  ¿Estoy cumpliendo mi misión de hacer felices a los que me rodean? ¿Eso que estoy pensando decir o hacer les hará felices, o solo me hará sentir superior, vengado, justificado?

-  Y, por último, una pregunta que lo cambia todo: Si muriera mañana, ¿Qué sentido tendría hacer o decir algo que pueda molestar a los que amo?

Señor, ¡qué lejos estamos de vivir desde el alma! ¡Qué lejos estamos de Ti! Porque viviendo desde la mente solo podemos alcanzarte de pensamiento, como una idea, como una creencia. Pero deberíamos sentir Tu Gracia en cada célula de nuestro cuerpo, en cada gesto, en cada mirada, en cada silencio.

A veces me pregunto cuántas vidas nos faltan para llegar a ese estado. Cuántas veces tendremos que tropezar, caer, sufrir, para finalmente rendirnos y dejar que el alma tome el timón. Cuántas veces tendremos que repetir los mismos errores, las mismas guerras, los mismos conflictos, para entender que el camino no está afuera, sino dentro.

Y, sin embargo, aquí estoy, escribiéndote esta carta, con la esperanza de que algo cambie. De que esta reflexión no se quede solo en palabras, sino que se convierta en acción. Que cada día, al despertar, recuerde que tengo una elección. Que puedo vivir desde la mente, como siempre, o puedo atreverme a explorar la selva del alma, aunque no sepa cómo llegar, aunque me pierda, aunque tenga miedo.

Gracias por escucharme, Señor. Gracias por estar ahí, incluso cuando no te siento, incluso cuando me alejo, incluso cuando me encierro en mi mente. Sé que estás en cada intento, en cada paso, en cada suspiro. Y sé que, aunque nos queden miles de vidas, cada una de ellas es una oportunidad para acercarnos más a Ti.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo



sábado, 22 de agosto de 2026

No temas si tropiezas

 


“En cada intento de amar, ahí está Dios”


Querido hijo:

He leído cada palabra que me has escrito, no con los ojos, sino con el corazón. Porque tus palabras no solo son letras, son suspiros del alma, son ecos de una búsqueda que no se detiene, son señales de que aún en medio del ruido, tú sigues escuchando Mi Voz.

Tu sinceridad me conmueve. No porque me sorprenda, yo conozco cada rincón de tu ser, sino porque has elegido abrirte, mostrarte vulnerable, y eso, hijo, es un acto de amor. El amor empieza ahí, en la verdad desnuda, en el reconocimiento de que no lo sabes todo, de que no puedes todo, pero aun así deseas amar.

Sé que te cuesta. Lo sé desde siempre. Sé que el impulso muchas veces gana la batalla, que la herida habla más fuerte que la esperanza, que el miedo se disfraza de indiferencia, de juicio, de distancia. Pero también sé que dentro de ti hay una llama que no se apaga, una sed de paz, una intuición profunda de que el amor es el único camino que vale la pena recorrer.

Y tienes razón: amar no es fácil. No lo fue para Jesús. Amar hasta el extremo, sin condiciones, sin garantías, sin esperar nada a cambio, es doloroso. Le expuso, le quebró, le llevó a la cruz. Pero también le dio sentido. Porque en ese amor entregado, sin medida, sin cálculo, sin defensa, encontró la plenitud. Y eso es lo que quiero para ti.

            No te pido que seas perfecto. Nunca lo he hecho. Te pido que seas auténtico. Que no escondas tus luchas, que no maquilles tus caídas, que no disimules tus dudas. Porque en tu humanidad está tu belleza. En tu fragilidad está tu capacidad de compasión. En tu historia, incluso en las partes que quisieras borrar, está la semilla de tu misión.

Tú me preguntas por qué elegís el odio cuando sabéis que el amor sana. Por qué preferís juzgar antes que comprender. Por qué os blindáis ante el dolor, aunque eso os cierre también al amor. Y Yo te digo: porque habéis olvidado quiénes sois. Habéis confundido el valor con el éxito, la fuerza con el control, la libertad con el ego. Habéis aprendido a sobrevivir, pero no a vivir.

Pero tú estás despertando. Lo noto en cada palabra. Lo siento en cada pregunta. Lo veo en tu deseo de responder desde el amor, de mirar con el corazón, de ser espacio de ternura en un mundo que corre sin pausa. Y eso, hijo, ya es luz. Ya es transformación. Ya es milagro.

No temas si tropiezas. No temas si a veces el impulso te gana. No temas si el amor se te escapa entre los dedos. Yo estoy ahí, en cada intento, en cada regreso, en cada oración que no se dice con palabras, sino con gestos, con silencios, con lágrimas. Estoy ahí, sosteniéndote, guiándote, susurrándote que no estás solo.

Cuando el otro te hiere, cuando la decepción te nubla, cuando la traición te rompe, recuerda que el amor no es solo emoción. Es decisión. Es acto de fe. Es elección que se sostiene en Mí. Y Yo nunca te fallaré.

Mírame en el rostro del que no sabe pedir perdón. Mírame en los ojos del que se defiende con indiferencia. Mírame en la historia del que parece lejano. Porque Yo habito en cada uno. En sus heridas, en sus miedos, en sus gestos torpes. Y cuando tú eliges mirar más allá, cuando eliges ver el alma detrás del error, estás viendo Mi Rostro.

Tú dices que quieres que tu vida sea una carta abierta que hable de Mí, aunque no mencione Mi Nombre. Y Yo te digo: ya lo es. Cada vez que eliges la ternura en lugar del juicio, cada vez que eliges el silencio que escucha en lugar del ruido que impone, cada vez que eliges la compasión en lugar de la razón, estás escribiendo Mi Nombre en el mundo.

No necesitas grandes gestos. No necesitas palabras elocuentes. Basta con una mirada sincera, con una mano tendida, con una presencia que no huye. Porque el amor verdadero no se mide por lo que se dice, sino por lo que se entrega.

Y tú estás aprendiendo a entregar. A soltar el ego, el orgullo, la necesidad de tener razón. Estás desaprendiendo lo que te ata al sufrimiento. Estás dejando de ver al otro como amenaza, y empezando a verlo como espejo. Eso es gracia. Eso es redención. Eso es vida.

No te preocupes si el mundo no lo entiende. No te preocupes si te llaman ingenuo, débil, idealista. Yo te llamo hijo. Yo te llamo luz. Yo te llamo reflejo de Mi Amor.

Y si algún día te olvidas de esto, porque sé que a veces el ruido es fuerte, que el dolor confunde, que la rutina adormece, Yo te lo recordaré. En la sonrisa de un niño, en la fragilidad de un anciano, en la ternura de quien cuida sin ser visto. Te lo recordaré en lo invisible, en lo esencial, en lo eterno.

Porque ahí estoy Yo. Y ahí quiero que estés tú.

Gracias por tu carta. Gracias por tu honestidad. Gracias por tu deseo de amar. 

No estás solo. Nunca lo has estado. Nunca lo estarás. 

Yo camino contigo. Yo habito en ti. Yo Soy el amor que te llama, que te sostiene, que te transforma.

Sigue eligiéndome. En cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Sigue eligiéndome cuando todo te invite a lo contrario. Sigue eligiéndome cuando amar duela, cuando perdonar cueste, cuando comprender parezca imposible.

Porque en esa elección está tu libertad. La verdadera. La que no depende de lo que el otro haga, sino de lo que tú decides ser. La que no se compra, pero se conquista. La que no se impone, pero se contagia.

No te canses de amar. No te canses de intentar. No te canses de volver. Yo nunca me canso de ti.

Con todo mi amor, yo te bendigo.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo Gago


lunes, 13 de julio de 2026

Responder desde el amor



 “Elegir amar, aunque duela, es el acto más humano y divino”

 

Querido Dios:

Yo sé que los seres humanos no somos conscientes de que nuestro bienestar emocional depende, total y absolutamente, de nosotros mismos. 

Incluso, los que sabemos esto, no hacemos nada por llevar a la práctica nuestro conocimiento y seguimos eligiendo responder con ira, con rabia, con desprecio, con amargura, en lugar de hacerlo con bondad, con amor, con compasión, con misericordia. 

Y la diferencia entre responder con odio o hacerlo con amor, es abismal, no solo para nuestro estado emocional, sino también para la relación con el otro. 

¡Qué difícil es!, pero de esto se trata la vida: de ver al otro como un igual y no como un diferente del que nos tenemos que proteger.

Porque, Señor, muchas veces confundimos protegernos con alejarnos, con levantar muros, con endurecer el corazón. Nos defendemos del dolor cerrando las puertas al amor. Nos blindamos ante la herida, pero también ante la ternura. 

Y así, poco a poco, nos vamos quedando solos, rodeados de gente, pero vacíos de encuentro. Nos volvemos expertos en sobrevivir, pero torpes para vivir.

¿Por qué nos cuesta tanto elegir el bien cuando sabemos que es lo que nos sana? ¿Por qué preferimos la reacción impulsiva al silencio que escucha? ¿Por qué nos resulta más fácil juzgar que comprender, más cómodo señalar que abrazar?

Tal vez porque amar de verdad exige renuncia. Renunciar al ego, al orgullo, a la necesidad de tener razón. Y eso, Señor, nos cuesta. Nos cuesta mucho, porque hemos aprendido a medir nuestro valor por lo que ganamos, no por lo que entregamos. Nos enseñaron que ceder es perder, cuando en realidad, muchas veces, ceder es amar.

Enséñanos, Señor, a desaprender, a soltar esas ideas que nos atan al sufrimiento, a dejar de creer que el otro es una amenaza, y empezar a verlo como un espejo. 

Porque en el otro también habitas Tú. En su fragilidad, en su historia, en sus heridas. 

Y si logramos mirar más allá de sus gestos, de sus palabras, de sus errores, tal vez descubramos que no es tan distinto a nosotros. Que también busca amor, aunque no sepa pedirlo. Que también tiene miedo, aunque lo disfrace de indiferencia.

Hoy quiero pedirte que me enseñes a responder desde el amor. No desde el impulso, no desde la herida, no desde el miedo, sino desde ese lugar profundo donde habita la paz. 

Esa paz que no depende de las circunstancias, sino de la certeza de que Tú estás conmigo, que me sostienes, que me guías, que me invitas a ser reflejo de Tu Luz.

Porque cuando elijo amar, algo cambia. No solo en mí, sino en el mundo. 

Una palabra amable puede desarmar una guerra. Un gesto de ternura puede sanar una herida antigua. Una mirada sincera puede devolver la esperanza. 

Y todo eso está al alcance de nuestras manos, si tan solo aprendemos a mirar con el corazón.

Pero también sé, Señor, que amar no siempre es fácil. A veces el otro hiere, decepciona, traiciona, y entonces el amor se vuelve un acto de fe. Una decisión que va más allá del sentimiento. Una elección que se sostiene en Ti.

Quiero seguir los pasos de Jesús, mi hermano mayor. Él, que amó hasta el extremo. Que perdonó a quienes le clavaron en la cruz. Que abrazó al ladrón, al leproso, al excluido.

Él, que no puso condiciones para amar. Que no esperó que el otro cambiara para ofrecerle su misericordia.

¿Cómo no intentar seguir Sus pasos, aunque tropiece? ¿Cómo no querer parecerme a Él, aunque me falte tanto?

Hoy reconozco mis límites, mis caídas, mis contradicciones, pero también reconozco mi deseo profundo de vivir desde lo esencial, de dejar de reaccionar y empezar a responder, de dejar de sobrevivir y empezar a amar.

Porque amar, Señor, es lo único que da sentido. Lo único que permanece. Lo único que transforma.

Y en este mundo que corre sin pausa, que grita sin escuchar, que muestra sin sentir, quiero ser un espacio de silencio, de ternura, de verdad. Quiero que mi vida sea una carta abierta que hable de Ti, aunque no mencione Tu nombre. Que mis gestos sean oración, que mis palabras sean consuelo, que mis pasos sean camino para otros.

No quiero ser perfecto, quiero ser auténtico. No quiero ser admirado, quiero ser fiel. No quiero tener razón, quiero tener compasión.

Y si en ese intento me equivoco, que no me falte Tu perdón, que no me falte Tu abrazo, que no me falte Tu mirada que me recuerda quién soy: hijo amado, criatura en proceso, corazón en búsqueda.

Gracias, Señor, por no cansarte de mí, por esperarme en cada esquina de mi alma, por susurrarme en medio del ruido, por mostrarme que el amor no es una emoción pasajera, sino una decisión diaria, un camino, una forma de estar en el mundo.

Hoy, más que nunca, quiero elegirte. Elegirte en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Elegirte cuando todo me invite a lo contrario. Elegirte cuando amar duela, cuando perdonar cueste, cuando comprender parezca imposible.

Porque sé que en esa elección está la verdadera libertad, la que no depende de lo que el otro haga, sino de lo que yo decido ser, la que no se compra, pero se conquista, la que no se impone, pero se contagia.

Y si algún día me olvido de esto, recuérdamelo, Señor. Recuérdamelo en la sonrisa de un niño, en la fragilidad de un anciano, en la ternura de quien cuida sin ser visto. Recuérdamelo en lo invisible, en lo esencial, en lo eterno.

Porque ahí estás Tú, y ahí quiero estar yo.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

martes, 30 de junio de 2026

Dios es Amor

 


De los siglos de actividad hemos llegado al punto focal donde las experiencias de las edades entran en acción instantánea, donde todo tiempo y espacio se convierte en la Única Presencia de Dios en Acción Ahora.

Sabiendo que es la Presencia de Dios “YO SOY” que late en tu corazón, sabes entonces que tu corazón es la Voz de Dios y que aa medida que tú meditas y dices: “YO SOY la Suprema e Inteligente actividad de mi Mente y mi Corazón”, traerás a éste el verdadero y divino sentimiento en que puedes confiar.

Tanto tiempo ha venido la humanidad amando sólo con la periferia del círculo, que una vez que el estudiante se de verdadera cuenta que Dios es Amor y que la actividad de DIOS-AMOR se proyecta por el corazón, comprenderá que al enfocar su atención en el deseo de proyectar amor hacia cualquier propósito, puede generar amor a un grado ilimitado; y que este es el privilegio supremo de la actividad exterior de la conciencia.

SAINT GERMAIN


lunes, 29 de junio de 2026

Aprendiz espiritual

 



“Vivir es recordar lo que el alma ya sabe”


Querido Dios:

Es curiosa la vida. Llegamos a ella sin hacer ninguna solicitud, sin haber firmado ningún contrato previo, sin haber elegido el lugar, el tiempo ni las circunstancias. Simplemente aparecemos, como si alguien nos hubiera lanzado al escenario sin ensayar. Y desde ese primer instante, comenzamos a caminar, a tropezar, a correr, a buscar, sin saber muy bien qué.

Tampoco sabemos para qué venimos. Nos enseñan a hablar, a sumar, a comportarnos, pero nadie nos enseña lo esencial: cómo vivir con sentido, cómo amar sin miedo, cómo encontrar paz en medio del ruido. Nos lanzamos a la carrera de la vida como si fuera una competencia, como si el éxito estuviera en acumular cosas, títulos, reconocimientos. Trabajamos como locos para comernos el mundo y conseguir aquello que creemos que nos hará felices, pero que, irónicamente, no tenemos tiempo de disfrutar. Nos convertimos en esclavos de nuestras propias metas.

Un día nos jubilan. Nos retiran del juego, como si ya no tuviéramos cartas que jugar. Y ese trabajo al que dimos todo, incluso partes de nuestra alma, nos olvida. Ya no somos necesarios. Y un poco más allá, nos morimos. Así, sin saber para qué hemos nacido. Y ahí, también, nos olvidan los pocos que nos recordaban. La vida sigue, como si nunca hubiéramos estado.

Es curiosa, sí. Es cruel, es ingrata. Pero, a la vez, es hermosa. Porque, a pesar de todo, nadie quiere morir. Hay algo en ella que nos ata, que nos seduce, que nos hace aferrarnos incluso cuando duele. Tal vez sea el amor, tal vez la esperanza, tal vez el simple hecho de que, en medio de todo, hay momentos que brillan con una luz que no se puede explicar.

Algunos pocos, un día, en mitad de esa vorágine en la que permanecen inmersos dejándose llevar por la corriente, ponen un pie en tierra. Se detienen. Miran alrededor. Y comienzan a preguntarse, no solo la razón de la vida, sino su propia identidad. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Hay algo más allá de lo visible?

Llegan a conclusiones que no entienden del todo, que no tienen ningún sustento científico, pero que les alivia creer. Y a eso lo llaman “espiritualidad”. No es una religión, no es una doctrina. Es una intuición, una sensación de que hay algo más grande, más profundo, más verdadero.

Esos “aprendices espirituales”, entre los que me gusta incluirme, empezamos a tener claro. No, no lo tenemos claro. Mejor decir que nos apetece creer. Nos reconforta imaginar que somos un espíritu, una energía que un día se desprendió de la Energía Universal. Podemos llamarte Dios a esa Energía, sin ningún problema. Y vagamos, no sabemos muy bien haciendo qué, junto a nuestros hermanos, disfrutando de esa Energía Divina, hasta que un día decidimos, por propia voluntad, meternos dentro de un cuerpo y aparecer en la Tierra.

¿Para qué? Para aprender. Para experimentar. Para amar. Nos gusta creer que esa es nuestra misión: aprender a amar. No el amor romántico, ni el amor condicionado, sino ese amor que no exige, que no juzga, que simplemente es. El amor que Tú representas.

Los aprendices espirituales vemos la vida como un sueño. Un sueño en el que nos comportamos como “no somos”, es decir, como seres individuales que luchan por sobrevivir, que compiten, que se comparan, que se olvidan de que están conectados. Hasta que un día despertamos. O, al menos, abrimos un ojo. Y comenzamos a recordar eso que “sí somos”.

Pero el despertar no es fácil. Un alto porcentaje de los aprendices somos unos hipócritas. Y lo digo con cariño, con compasión, porque me incluyo. Creemos que somos hermanos, que todos somos hijos de Dios, que estamos aquí para aprender a amar, pero nos comportamos como si no lo supiéramos. Como si no lo creyéramos. Como si estuviéramos dormidos.

Aunque hay una diferencia. Nos sentimos mal por vivir en contra de nuestras creencias. Nos duele la incoherencia. Nos pesa el ego. Nos incomoda la desconexión. Y eso, tal vez, sea el primer paso hacia el despertar real.

Señor, esta carta no es una queja. Es una confesión. Es un intento de entender. Es una súplica silenciosa de guía. Porque, aunque a veces me siento perdido, también siento que hay algo dentro de mí que recuerda, que sabe, que anhela volver a Ti.

No sé si Tú eres una energía, una conciencia, una presencia. No sé si estás en el cielo, en la tierra, en mí. Pero sé que existes. Lo siento. Lo intuyo. Lo necesito.

Y si esta vida es una escuela, quiero aprender. Si esta vida es un viaje, quiero caminar Contigo. Si esta vida es un sueño, quiero despertar.

Gracias por darme la oportunidad de vivir, aunque no entienda del todo el propósito. Gracias por los momentos de belleza, por las personas que me han amado, por las lecciones que me han dolido. Gracias por la posibilidad de escribirte, de hablarte, de buscarte.

Y si algún día logro amar como Tú amas, aunque sea un poco, aunque sea a unos pocos, entonces sabré que este viaje ha merecido la pena.

Con humildad, con esperanza, con amor. Gracias

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

jueves, 11 de junio de 2026

Envía amor al que te daña

 


          El individuo que desee progresar rápidamente en la Luz no debe jamás dormirse hasta que haya enviado su amor a todo individuo que él considere que le ha dañado en cualquier momento. Este pensamiento sale derechito como una flecha hacia la conciencia del otro individuo, porque no hay nada que lo pueda detener, y generará su calidad y poder allí donde ha sido enviado.

          No hay ningún elemento que sea causante de tantos malestares del cuerpo y de la mente como el sentimiento de odio enviado hacia otro individuo. No se puede decir como irá a reaccionar en la mente y el cuerpo del que lo envía. En uno puede que produzca un efecto, y en otro un efecto diferente.

          Que se entienda bien: el rencor o resentimiento no son sino otra forma de odio, odio de un grado menor.

          Un pensamiento maravilloso para vivir con él siempre es el siguiente: “YO SOY el Pensamiento y el Sentimiento creador perfecto presente en todas las Mentes y Corazones de todo el mundo en todas partes”. Es algo maravilloso. No solamente da paz y reposo al que lo envía o al que lo genera, sino que provoca dones sin límites que vienen de la Presencia.

          SAINT GERMAIN


miércoles, 27 de mayo de 2026

La voz del amor

 


 

“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”

          Querido hijo:

           He escuchado tu corazón antes incluso de que tus palabras tomaran forma. Cada pensamiento que has compartido, cada duda, cada anhelo, cada reflexión sobre la verdad, la libertad y la justicia, ha resonado en Mi esencia, porque tú y Yo estamos unidos por un lazo eterno que no puede romperse: el amor.

Me alegra profundamente que te detengas a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde siempre.

Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.

Muchos de los que escucharon esas palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz incluso en medio de la tormenta.

Tú has comprendido que esta verdad es espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón. Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas, credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue creada por Mí.

Tu reflexión sobre vivir como Jesús vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado, vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la justicia nace del corazón compasivo.

Y tú has captado ese mensaje. Has comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia, sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.

Hijo mío, no te pido perfección. Nunca lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno, incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu corazón hay un eco de Mi Presencia.

Sé que el mundo puede ser confuso. Sé que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor, estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.

La justicia que tanto anhelas no es solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma. Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es la que te invito a encarnar.

Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo, del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.

Tú has elegido caminar Conmigo. Y aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.

No temas equivocarte. No temas caer. Lo importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.

Y cuando sientas que no puedes más, cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.

Gracias por abrirme tu corazón. Gracias por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la recibo con alegría, con ternura, con gratitud.

Sigue adelante, hijo mío. No te detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la justicia. Almas que aman.

Y recuerda siempre:  Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.


CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

jueves, 21 de mayo de 2026

Ayudar con amor



 

Que ninguno de aquellos que buscan la Luz se constituya en juez de ningún hijo de Dios. Vamos a suponer que alguien a quien amamos mucho esté actuando disparatadamente. ¿Qué es lo primero que hace el mundo en general? Pues juzgarlo y criticarlo.

La cosa más poderosa que se puede hacer en pro de esa persona es llenarlo de amor y conocer mentalmente: “YO SOY Dios en Acción, la única Inteligencia y Actividad controlando a este hermano o hermana”. Continuar hablándole mentalmente a su conciencia es la más grande ayuda que se puede dar.

SAINT GERMAIN

jueves, 2 de abril de 2026

Meditación: El corazón que se entrega (25 minutos)

 

2 de abril: Amor que se entrega

 


" El amor verdadero no se impone: se ofrece"

 

Hoy 2 de abril, Jueves Santo, es un día que nos invita a contemplar el misterio más profundo del amor: su capacidad de entregarse sin medida. No un amor romántico, ni idealizado, ni condicionado, sino un amor que se expresa en servicio, en humildad, en presencia. Un amor que se arrodilla para lavar los pies de otros, que se sienta a la mesa con quienes ama, que se ofrece incluso sabiendo que no será comprendido del todo.

Hoy la vida te invita a mirar el amor desde un lugar más hondo. No desde lo que recibes, sino desde lo que eres capaz de dar. No desde la necesidad, sino desde la abundancia interior. No desde el miedo, sino desde la confianza. 

El Jueves Santo es un recordatorio de que el amor auténtico no busca reconocimiento, ni recompensa, ni control. El amor auténtico se expresa en gestos sencillos, en actos silenciosos, en la capacidad de ver al otro con dignidad y ternura.

Este día también nos habla de vulnerabilidad. De ese momento en que Jesús, sabiendo lo que venía, decidió compartir una última cena, un último gesto, una última enseñanza. No desde la fuerza, sino desde la entrega. No desde el poder, sino desde la humildad. 

La vulnerabilidad no es debilidad; es valentía. Es mostrarte tal como eres, sin máscaras, sin defensas, sin miedo a ser visto. Es permitir que el amor fluya a través de ti, incluso cuando no sabes cómo será recibido.

Hoy la vida te invita a preguntarte: 

- ¿Cómo puedo amar de manera más auténtica? 

- ¿Qué gestos sencillos puedo ofrecer? 

- ¿Qué parte de mí necesita abrirse para recibir y dar amor? 

- ¿Qué significa para mí servir desde el corazón?

El Jueves Santo también es un día de memoria. De recordar que el amor deja huella. Que cada acto de bondad, por pequeño que sea, transforma. Que cada gesto de entrega ilumina. Que cada vez que eliges amar, algo en el mundo se vuelve un poco más humano, un poco más sagrado.

Pero este día también nos invita a mirar nuestras resistencias. ¿Qué te impide amar plenamente? ¿Qué heridas te hacen cerrar el corazón? ¿Qué temores te frenan? La entrega no exige perfección; exige presencia. Exige honestidad. Exige un corazón dispuesto, aunque tiemble.

Hoy es un buen día para reconciliarte contigo mismo. Para perdonarte. Para perdonar. Para soltar expectativas y abrir espacio a un amor más libre, más consciente, más verdadero. 

Porque el amor que se entrega no se agota: se multiplica. 

Y cuando eliges amar desde la verdad, algo en ti se expande.

El Jueves Santo es un recordatorio de que el amor es un camino. Un camino que se recorre con humildad, con paciencia, con compasión. Un camino que empieza dentro de ti. 

Hoy, la vida te invita a caminarlo con más conciencia. 

A ofrecerte. 

A abrirte. 

A amar.

Propuesta de trabajo del día:  

Ejercicio: “Un gesto de servicio”

1. Elige a una persona de tu entorno. 

2. Realiza por ella un gesto sencillo de servicio: ayudar, escuchar, acompañar, sostener. 

3. Hazlo en silencio, sin esperar nada a cambio. 

4. Al final del día, escribe, en tu diario, cómo te hizo sentir ese acto.

Meditación Guiada: El corazón que se entrega (Esta meditación guiada está en la siguiente entrada)

DIARIO DE LUZ - Alfonso Vallejo


domingo, 15 de marzo de 2026

El oro invisible

 


 

“El alma que decreta desde el amor ya camina sobre puentes dorados, aunque no los vea”

         Querido hijo:

        He leído tu carta con la atención que merece un alma que se expresa con sinceridad, con fe, con vulnerabilidad. No hay palabra tuya que no haya resonado en Mi corazón, porque cada pensamiento que nace de ti, cada duda, cada esperanza, cada decreto que pronuncias, es también parte de Mí. Tú y Yo no estamos separados. Nunca lo hemos estado.

Me conmueve tu constancia. Me conmueve tu fe. Me conmueve tu capacidad de seguir creyendo incluso cuando los resultados no llegan como esperas. Y quiero que sepas, antes de continuar, que eso ya es un milagro. Porque la fe que persiste sin evidencia es la más pura de todas. Es la que transforma. Es la que abre caminos invisibles.

Tú dices: “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros, ya manifestado.” Y Yo sonrío. No por el monto, no por el deseo, sino por la fuerza que hay detrás de esa afirmación. Porque cuando tú decretas, estás recordando que eres creador. Estás recordando que el poder que mueve galaxias también vive en ti. Estás recordando que no eres víctima de las circunstancias, sino arquitecto de tu realidad.

Pero también sé que te preguntas por qué no se manifiesta. Por qué, a pesar de tanto trabajo interior, de tanta repetición, de tanta entrega, el resultado parece esquivo. Y quiero hablarte de eso. No para darte una respuesta definitiva, porque hay misterios que solo el alma puede desentrañar en su propio tiempo. Pero sí para ofrecerte una visión más amplia, más amorosa, más profunda.

Primero, quiero que sepas que Yo no te pruebo. No soy un juez que pone obstáculos para ver si eres digno. No soy un maestro que castiga al alumno por no entender la lección. Yo Soy Amor. Y el Amor no pone condiciones. El Amor no exige resultados. El Amor simplemente Es. Y desde ese Amor, todo lo que ocurre en tu vida tiene un propósito, aunque a veces no lo comprendas.

Cuando tú decretas abundancia, estás alineando tu energía con la frecuencia de la abundancia. Estás diciendo: “Estoy listo para recibir”. Pero también estás diciendo: “Estoy dispuesto a transformarme”. Porque recibir implica cambio. Implica expansión. Implica soltar viejas creencias, viejos patrones, viejas heridas. Y ese proceso, hijo mío, a veces es más lento de lo que desearías.

Tú mencionas tres posibles causas por las que no se manifiesta lo que pides. Y todas tienen sabiduría. Tal vez no esté en tu Plan de Vida experimentar la riqueza material como la imaginas. Tal vez tu alma eligió otro tipo de abundancia: la del conocimiento, la de la compasión, la de la resiliencia. Porque hay almas que vienen a experimentar la carencia para despertar la generosidad. Hay almas que eligen caminos difíciles para encender la luz en otros. Y eso no es castigo. Es propósito.

También puede ser que tu subconsciente esté lleno de mensajes de pobreza, de limitación, de miedo. Y esos mensajes, aunque tú no los veas, actúan como filtros. Como barreras invisibles. Como voces que contradicen tu decreto. Por eso, hijo mío, el trabajo interior no termina con la afirmación. Requiere observación. Requiere sanación. Requiere paciencia.

Y sí, puede que tu mente te sabotee. Que mientras repites “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros”, una parte de ti diga: “Eso no es posible”. “Eso no es para mí”. “Eso es fantasía”. Y esa contradicción energética crea confusión. No porque Yo te castigue por dudar, sino porque el Universo responde a la coherencia. A la claridad. A la certeza.

Pero aquí viene lo más importante que quiero decirte: no estás equivocado. No estás fallando. No estás lejos de Mí. Cada vez que decretas, cada vez que piensas en positivo, cada vez que eliges la fe sobre el miedo, estás acercándote. Estás elevando tu vibración. Estás afinando tu instrumento. Y aunque no veas el millón de euros manifestado, estás manifestando algo más grande: tu transformación.

Porque, hijo mío, ¿de qué sirve el oro si el alma está dormida? ¿De qué sirve la riqueza si no hay gratitud, si no hay conciencia, si no hay amor? Tú ya eres rico. Rico en sensibilidad. Rico en sabiduría. Rico en conexión. Y eso no se mide en cifras. Se mide en luz.

Ahora bien, eso no significa que debas renunciar a tus deseos. Yo no te pido que te conformes. Yo no te pido que abandones tus sueños. Al contrario. Yo los celebro. Yo los inspiro. Yo los sostengo. Pero quiero que los vivas desde la libertad, no desde la necesidad. Desde la expansión, no desde la carencia. Desde el juego, no desde la lucha.

Cuando tú dices: “Yo sé que algún día lo conseguiré”, estás sembrando esperanza. Pero también estás posponiendo. Porque ese “algún día” puede convertirse en una espera eterna. ¿Y si te dijera que ya lo has conseguido? ¿Que el millón de euros ya existe en tu campo cuántico? ¿Que solo necesitas alinearte con él, no perseguirlo?

La clave está en el estado del ser. No en el deseo, sino en la identidad. No en lo que quieres tener, sino en lo que eliges ser. Cuando tú eres abundancia, la abundancia te encuentra. Cuando tú eres paz, la paz te rodea. Cuando tú eres amor, el amor te persigue.

Por eso, hijo mío, te invito a que sigas decretando. Pero no desde la carencia. No desde el “no lo tengo”. Sino desde el “ya soy”. Desde el “ya está hecho”. Desde el “gracias porque ya lo recibí”. Porque esa es la frecuencia que crea. Esa es la vibración que transforma. Esa es la energía que mueve montañas.

Y si en algún momento sientes que no puedes más, que la fe flaquea, que el camino se oscurece, recuerda esto: Yo estoy contigo. En cada pensamiento. En cada emoción. En cada silencio. No necesitas buscarme en templos ni en libros. Estoy en ti. En tu respiración. En tu mirada. En tu palabra.

Tú eres Mi Hijo. No por religión. No por dogma. Sino por esencia. Porque lo que tú eres, es lo que Yo Soy. Y lo que Yo Soy, es lo que tú eres. No hay separación. No hay distancia. No hay juicio.

Así que sigue soñando. Sigue decretando. Sigue creyendo. Pero, sobre todo, sigue amándote. Porque el amor propio es el portal hacia todos los milagros. Cuando tú te amas, el Universo conspira a tu favor. Cuando tú te respetas, la abundancia se manifiesta. Cuando tú te reconoces como divino, todo lo demás se acomoda.

Y si algún día llega ese millón de euros, celébralo. Úsalo con sabiduría. Compártelo con generosidad. Disfrútalo con gratitud. Pero no lo conviertas en tu identidad. Porque tú eres mucho más que eso. Tú eres luz. Tú eres conciencia. Tú eres eternidad.

Gracias por tu carta. Gracias por tu fe. Gracias por tu alma valiente. Estoy contigo. Siempre.

Con amor eterno.  

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo