El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 23 de noviembre de 2023

Conectar con el corazón y elegir

 


Querido hijo:

Tienes toda la razón cuando dices que la mente humana no está capacitada para entender todas las respuestas, sobre todo aquellas que no tienen relación con la materia, que están fuera del espacio conocido o que no pueden ser medidas con un reloj de tiempo porque su medida siempre es “ahora”.

Sé de tu afán por saber y conocer que hay al otro lado de la vida, pero…, contesta una pregunta, ¿para qué te serviría ese saber? ¿Tú crees que conocer las actividades que realiza el alma cuando se encuentra en el espacio “entre vidas”, sería de utilidad para tu trabajo en la materia?, ¿te ayudaría a tener más paciencia?, ¿cambiarían en algo tus terapias?, ¿cambiarías la receta de los garbanzos?

Yo voy a contestar, por ti, esas preguntas: No te serviría para mejorar en las actividades que realizas en la materia. Entonces, si no lo vas a entender y no te va a ser útil, ¿para que insistir? Olvida el tema y enfócate en lo que, además de conocido, es imprescindible para tu crecimiento y tu desarrollo espiritual.

Has podido comprobar que es muy fácil contactar conmigo cuando estás en meditación.

Percibir mis señales es muy sencillo, sólo tenéis que permanecer en silencio, sólo tenéis que atravesar el espacio que existe entre vuestro pensamiento y vuestra sensación, sólo tenéis que aparcar el pensamiento y centrar la atención en el corazón. Ahí vivo Yo en nosotros. Y para llegar no vale escuchar discursos llenos de amor, ni asistir a misas donde se hable de Mi. El ser humano ha de encontrarme en solitario. Sin embargo, así como no vais a salir en la búsqueda de un tesoro si no se sabe que existe, habéis de tener el pleno convencimiento de que Yo habito en nuestro interior para establecer contacto.

La vida es una escuela en donde cada persona elige las materias a estudiar. Yo os he dejado elegir libremente las asignaturas. Pero al final de la “carrera” hay una tesis obligada: “Encontrarse conmigo”. Para la realización de la tesis no está establecido que haya que estudiar una vida o miles de vidas, se me puede encontrar en un instante, o se puede tardar una eternidad. No me busquéis en el cielo, ni en las iglesias. Buscarme en vuestro interior, porque mientras no me encontréis en vosotros, permaneceréis en la vida repitiendo curso una y otra vez.  

Sois libres, tenéis capacidad de elección, pero pocos son los que eligen lo bueno. Casi todos elegís sufrir, elegís el miedo, enfadaros con vuestros hermanos, elegís la ansiedad, la tristeza, la enfermedad, el dolor, la soledad.  Con lo fácil que es cambiar el punto de mira, recorrer el camino que os separa de vuestro corazón y elegir la felicidad, elegir la alegría, elegir el Amor.

Permíteme hablarte un poco más del poder de elección que os he dado.

Continuará.......

(Del libro Cartas a Dios de Alfonso Vallejo)

martes, 21 de noviembre de 2023

Cerrando puertas

 


          Un ciclo es un espacio de vida, sin duración definida en el tiempo, en el que la persona desarrolla ciertas actividades, rodeada de un determinado grupo de personas. Así mismo, dentro de cada ciclo pueden establecerse una especie de miniciclos que son situaciones que se repiten y, se repiten y, se repiten hasta el aburrimiento en la vida de la persona, casi como si de un mal sueño se tratara. Estos miniciclos sólo son lecciones no aprendidas, y podemos tener claro que se van a repetir una y otra vez, sin ningún tipo de misericordia.                           

          El mayor de los ciclos, es el tiempo que comprende una vida, y de la misma manera que no permanecemos eternamente en la vida de la materia, no hemos de intentar permanecer tampoco en ninguno de los ciclos o etapas que comprende la vida. Intentar permanecer más tiempo del necesario hace que empiecen a no funcionar las cosas, hace que perdamos la alegría y la ilusión.

          No tenemos normalmente mucha conciencia de la finalización de las etapas, salvo casos excepcionales, en los que se siente que el ciclo en el que nos encontramos ha finalizado. Tenemos, por tanto, que permanecer atentos a las señales, que pueden ser de diferentes tipos, en función del tipo de etapa finalizada. Dichas señales, como pueden ser aburrimiento, desgaste excesivo en relación con personas, trabajo o cualquier otra actividad, son los síntomas de que debemos cerrar una puerta y encararnos hacia la siguiente.

          La finalización de cada etapa lleva consigo el inicio de un nuevo ciclo y, para eso, en función del tipo de cambio, no está preparada la sociedad, ni por supuesto nosotros, que somos una parte de esa sociedad. A la sociedad le gusta vernos revolcarnos en la miseria del presente, antes de aceptar cualquier tipo de cambio. Así, mientras nos revolcamos, la sociedad puede sentirse útil culpabilizándonos, compadeciéndonos y dándonos consejos. Sin embargo, si encaramos nuestra vida y realizamos los cambios que demanda nuestro corazón, ya tienen la frase preparada: “Estás loco”.

          No aceptar la finalización del ciclo y cerrar bajo llave la puerta de la etapa anterior, supone un desgaste de energía enorme, que hace que físicamente la persona deje de vivir para empezar a vegetar. Caminar dejando puertas abiertas, “por si acaso”, impide una vida plena.

          La vida es un continuo, y aferrarse a una etapa acabada es tratar de detener la vida, y la vida no se detiene. Aferrarse a una etapa finalizada puede hacer que la propia vida se pudra y huela tan mal como el agua estancada.

          No se puede vivir añorando situaciones del pasado. Hay que soltar las amarras, hay que cerrar los círculos, hay que cerrar las puertas. Es importante deshacerse de recuerdos, cambiar de casa, de ciudad, de país, si la situación lo requiere, hay que romper documentos, romper fotos y regalar libros.

Hay que tener en cuenta que negar los cambios es negar el propio crecimiento interior, porque los cambios externos pueden ser sinónimo de procesos internos de crecimiento.

Recuerda que nada ni nadie es imprescindible, y quien siente eso, solo son apegos. Deja que fluya la vida, suelta, despréndete de lo innecesario, cierra puertas, clausura, oxigénate, vive.

 

lunes, 20 de noviembre de 2023

Big Bang

 


Querido Dios:

Cuando he recibido tu contestación me he vuelto loco de alegría. Pensaba, cuando escribía, que el destino de la carta sería como el de las palabras, difuminarse, lentamente, hasta desaparecer.

Pero no, en la primera meditación llegó tu respuesta, de manera rápida y clara, hasta el extremo de que, por la rapidez, tuve ciertos problemas para poder ir transcribiendo toda la información.

Que me ronde o se deslice la alegría en mí interior, no es muy habitual, ya que mi estado emocional acostumbra a transitar por distintos matices de la tristeza, como pueden ser la melancolía y la nostalgia.

A veces pienso que alguna célula de mi cuerpo debe haber recibido algún input de mi vida al otro lado de la vida y que, de vez en cuando, va dejando salir ráfagas de nostalgia y soplos de melancolía que hacen que, sin tener ningún recuerdo de la vida del alma, sienta la tristeza como si sintiera añoranza de esa vida. Algo inconsciente debe de haber, porque son muchísimas las veces en que me encuentro pensando en la muerte como una liberación de la tristeza y de la monotonía de la vida.

Siempre me he preguntado para que nacemos, aunque tengo claro que voy a dejar esta vida sin saber para que he nacido, pero que seguro lo sabré en cuanto muera. Es una paradoja, vivir toda una vida sin saber para que vivimos. Como decía Stephen Hawking: “Si encontramos la respuesta al porque de nuestra existencia y la del universo, sería el triunfo definitivo de la razón humana, pues entonces conoceríamos la mente de Dios".

Estoy convencido de que todas las preguntas “existenciales” que me llevo haciendo desde que tengo uso de razón espiritual, como son ¿para qué la Creación?, ¿para qué la vida?, ¿de donde venimos?, ¿adonde vamos?, ¿qué he venido a hacer? y, alguna más, quedarán contestadas en el momento de traspasar el umbral del “otro lado” y que, además, aunque ahora estemos ávidos por saber, no será una sorpresa, porque es algo que conocemos desde siempre.

La hipótesis del Big Bang, puede ser una explicación de cómo se formó el universo: Un punto muy pequeño, pero enormemente denso, que, de repente, estalló irradiando una cantidad fabulosa de energía, dando inicio al comienzo del universo, formándose la materia, el espacio y el tiempo.

Pero no hay hipótesis sobre el porqué. Aunque tal como dijo el papa Benedicto XVI, solo es un acto de amor: “La creación es un don de Dios y es consecuencia de un acto de amor. Decir creación significa afirmar que el mundo está orientado a la realización del proyecto de amor del Creador”.

Aunque, si el mundo mismo es Dios, tal como indicas en tu contestación, todo es parte de lo mismo. Es decir, de Ti. Por lo tanto, el ser humano sólo puede ser un chispazo transitorio del todo. Una parte que se ha separado temporalmente y que manifiesta, temporalmente, una conciencia personal, pero que está llamada a unirse y fundirse en el Todo,

Es posible que el ser humano esté diseñado para que esa temporalidad fuera corta, de muy pocas vidas. Y que esa temporalidad fuera el tiempo necesario para experimentar el amor incondicional, y una vez experimentado pueda el alma independiente volver a unirse con la Energía Divina.

Sin embargo, En algún punto del camino, los seres humanos olvidaron, no solo, cual era la razón de la vida, sino también, de donde procedían. Por ello, la razón de la vida que era experimentar el amor, en un tránsito efímero por la materia, se convirtió en un viaje de cientos o miles de vidas con dos objetivos: Saber que nuestra procedencia es Dios y que Dios es nuestro destino al que llegaremos una vez conseguido el segundo objetivo, anidar la energía del amor en nuestro interior.

Reflexionar sobre todo lo que puede haber al otro lado de la materia supone la formulación de infinitas preguntas que dudo mucho de que con nuestra mente estemos capacitados para entender las respuestas.

No te molesto más. Gracias por escucharme.

(Del libro “Cartas a Dios” de Alfonso Vallejo)

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Y Dios contestó

 


Querido hijo:

No es irrespetuoso nada de lo que comentas sobre mi sordera. Como bien dices no me ofendo nunca, nada me ofende. Rememora tu pasado cuando tus hijos eran unos bebecitos de pocos meses. ¿Te ofendías por algo que ellos hicieran en su inconsciencia? Tú y tus hermanos que comparten contigo la encarnación en la Tierra sois mis amados hijos, sois mis bebés, que estáis creciendo en el amor y en la bondad.

Quiero comenzar contestando a la pregunta que haces en tu misiva. Preguntas si, realmente, estoy ahí. Pues sí, estoy ahí, estoy en el cielo, porque Yo Soy el cielo, pero, también, estoy en la Tierra, porque Yo Soy la Tierra. Estoy en cada nube, en cada brizna de hierba y en cada grano de arena, porque Yo Soy la nube, la hierba y la arena. Estoy en el Sol, en cada planeta, en cada satélite y en cada estrella, porque Yo Soy el Sol, Soy cada planeta, cada satélite y cada estrella.

Pero aun hay más, estoy en ti. Y siento tu emoción sin que me la expliques, conozco tu pensamiento a la vez que tú, escucho cada palabra que sale de tu boca y cada anhelo que se escapa de tu corazón, acompaño tu mano cuando acaricia, cuando bendice y cuando golpea y enjugo las lágrimas que resbalan por tus mejillas.

Por lo tanto, siempre te escucho ¡hijo mío! Y siempre te contesto. Con palabras que no escuchas por el ruido que mantienes en tu interior, con las señales que pides, que no sabes interpretar, con sueños que olvidas porque no los consideras interesantes, con encuentros que calificas de casuales.

De mil maneras me comunico contigo, pero no me sientes, y no lo haces porque no estás sintonizando la emisora correcta. Estás centrado en tus problemas, en tus preocupaciones, en tus más íntimos deseos, en envidiar lo que otros tienen, en criticar todo lo que no se ajusta a tu creencia.

Y todo eso en lo que centras tu atención, tu pensamiento, tu emoción y tus palabras, te hacen sordo a mis respuestas, te hacen ciego a mis señales, te hacen insensible a las intuiciones y, lo que es peor, te están separando de la vida. No estás viviendo, porque la vida pasa a tu lado sin que seas consciente de ella. Y es, entonces, cuando más agobiado te sientes, cuando te acuerdas de mí y levantas los ojos al cielo pidiendo, rogando, suplicando, implorando, haciéndome culpable.

Tienes que salir de ese bucle de sufrimiento y conseguir que la paz, la serenidad, la bondad y el amor aniden en ti. Entonces estarás listo, no solo para poder escucharme, sino para no tener que pedirme o suplicarme, porque entenderás la razón por la que determinado acontecimiento se cruza por tu vida. Y si no llegas a entenderlo, estarás preparado para aceptarlo, porque entenderás que es necesario para poder llevar a buen término alguna de las enseñanzas que has decidido, aprender en esta encarnación.

Te amo hijo mío y te bendigo.

martes, 14 de noviembre de 2023

Monólogo dedicado a Dios

 


Querido Dios:

Son infinitas las veces que hablo Contigo o, mejor dicho, son infinitas las veces que hablo solo, siendo Tú el protagonista principal al que dedico mis palabras. Yo le llamo soliloquios, porque, en realidad, hablo conmigo mismo. Es un monologo dedicado a Ti.

A mí, como a todos los que se dirigen a Ti, haciéndote preguntas, pidiendo alguna gracia, realizando ofrendas, prometiéndote algún sacrificio a cambio de algo, encarándose Contigo por algo que la persona no entiende como puede proceder de Ti o, incluso, agradeciendo algo que ha llegado, más o menos, cuando se esperaba, nos gustaría obtener alguna respuesta, en forma de palabra, de señal inequívoca o de sueño consciente. Pero no. Tú callas. Por toda respuesta, silencio y más silencio. No respondes nunca. No das señales ni de escuchar ni de responder. No sé cómo se sentirán los demás, pero yo, como norma, me siento muy solo, a veces, muy decepcionado y, siempre, muy triste.

En ocasiones, te disculpo, explicándome a mí mismo que no debes oír bien, que tienes un problema de audición, ya que, si yo, por la edad, empiezo a tener algunos problemas, Tú, con muchos más años que yo, (eres eterno), debes estar sordo total.

Creo que la primera pregunta que tendríamos que hacer es ¿realmente estás ahí?, porque si no estuvieras es normal que no te enteres de que los seres humanos nos pasamos la vida levantando los ojos al cielo, que se supone que es donde habitas, para hablar Contigo.

Se me ocurre que cuando crees la sexta o séptima raza-raíz pongas a los humanos un ojo adicional en la cresta de la cabeza para que no tengan que hacer tanto esfuerzo mirando al cielo, con peligro de pillar una tremenda tortícolis.

Ahora que he llegado hasta aquí, pienso en si lo escrito no será una falta de respeto por mi parte. Aunque amparado por mis creencias, sé que no te ofendes nunca. Sé que estás ahí y sé que escuchas y que, en ocasiones, nos contestas, aunque no te escuchemos porque los sordos somos nosotros.

Esto solo es un reflejo de mi frustración y soledad. Realmente sí que me gustaría escucharte alguna vez, aunque solo musitaras mi nombre. 

Por hoy no te molesto más. Y ahora, para despedirme, se me plantea un problema añadido, no sé si despedirme con un abrazo, con un hasta pronto, con un sinceramente Tuyo, con una bendición o con un amén.

En fin, lo haré con agradecimiento por escucharme.

sábado, 11 de noviembre de 2023

11/11/23 Un nuevo portal

 


 

De esto que viene a continuación he hecho un copiar y pegar de una página de Internet:

Según la Numerología, el portal energético 11/11/2023 pretende llevar a cabo una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas.

En tanto, en este fenómeno se abrirá la puerta hacia el encuentro de uno mismo con ese yo interior y, a su vez, romper las cadenas de la negatividad y del pánico para salir de la zona de confort.

El número 11 representa la intuición, la iluminación y la espiritualidad. Así como también está vinculado a la creatividad y a la percepción. Al unirse dos 11, se potencian y crean un importante portal espiritual que vale la pena utilizar.

En el tiempo que llevo reencarnado en la Tierra, que es mucho, supongo que son incontables los portales energéticos que se han abierto ante mí y, aquí estoy, sin ser consciente de haber atravesado alguno de los dinteles de esos portales, es decir, sin ser consciente de si he sacado algún provecho por algunos de los grandes beneficios que parece que reciben quienes atraviesan el portal, si es que fuera necesario atravesarlo para gozar las gracias de tan energético día.

Le he preguntado al ChatGPT que calculara cuantos portales se han abierto en el curso de mi vida y me soltado lo siguiente:

Para calcular los portales energéticos que se han abierto desde el 28/06/1950 hasta el día de hoy, se puede usar la siguiente fórmula:

P=i=1∑12j=112k=19502023I(i=j=l=03dl(k))

Donde:

P es el número de portales energéticos.

i es el número del mes.

j es el número del día.

k es el número del año.

dl(k) es el dígito en la posición l del año k.

I(x) es la función indicadora que vale 1 si x es verdadero y 0 si x es falso.

En fin, voy a dejar la ficción para otro momento e intentar ser un poco más realista, aunque no sé si será muy realista hablar de pensamientos y decisiones. Yo creo que sí lo son, porque todo empieza por una decisión y hoy, he tomado algunas.

Me van a disculpar que no las comparta con ustedes, pero he decidido mantenerlas en mí, por esa creencia de no esparcir la energía.

 Hoy en la ducha he tenido algunos pensamientos encadenados derivados de un primer pensamiento sobre el 11/11/23.

¿Saben que el número del día también es 11?, (1+1+1+1+2+0+2+3=11).

Volviendo a la cantidad de portales que se han abierto en mi vida, he llegado a la conclusión, de que para atravesar el portal o, lo que es lo mismo, para recibir las bendiciones de tan magnífico día, (según los numerólogos), hay que estar en el dintel de la puerta, ya que si se está alejado de la puerta será imposible de atravesar. Es como si en el lugar donde te encuentras, hubiera un largo periodo de sequía, por falta de lluvias, y a 10.000 km. de distancia estuvieran sufriendo inundaciones por lluvias torrenciales. De poco serviría para el terreno seco las lluvias torrenciales a 10.000 km.

Con portal abierto o cerrado es recomendable realizar actividades que nos ayuden a trabajar nuestro espíritu, como meditar, cuidar nuestra alimentación, evitar el consumo de drogas y alcohol, desconectarnos de los aparatos electrónicos, conectar con la naturaleza y comunicarnos con el Universo, expresando y agradeciendo nuestros más grandes deseos.

Es una buena manera de cambiar nuestra energía, ya sea 11 del 11 o 25 del 3.

 

domingo, 5 de noviembre de 2023

Viaje a la eternidad

 


Cuando pienso en la muerte mi mente asocia ese pensamiento, de manera inmediata, con un viaje.

Un viaje hacia lo desconocido, hacia un lugar, del que, curiosamente, no guardo ningún recuerdo, a pesar de haber vivido en él desde antes del Eón Haedico, que comienza su cuenta, con la formación de la Tierra, hace más de 4.700 millones de años.

De hecho, la palabra eón, en griego, significa eternidad. Y ese es el tiempo, (una eternidad), que he permanecido en ese lugar que me espera, (a mí y a todos), supongo que, con los brazos abiertos, ya que, con la escasa información de la que disponemos, parece ser un lugar de paz, amor y hermandad.

Es increíble que no tengamos ningún recuerdo con el tiempo que allí hemos permanecido. Que maravilla y que perfección el diseño del cuerpo humano, lograr que tengamos un ordenador potentísimo, (nuestro cerebro) y no guarde memoria de los avatares del alma.

A pesar de ser, desde aquí, desde la vida, un lugar desconocido, parece ser que no se necesita aprender ningún idioma ni hacerse acompañar de traductores, porque todos en él, hablan el mismo idioma, el idioma universal, el idioma del amor.

Cualquier viaje y, sobre todo, si es importante, como este, despierta en mí muchas emociones.

No puedo decir que espere el viaje con ilusión, porque si me atengo a la definición de la palabra: “Esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva”, tengo que reconocer que, a pesar de lo monótona que me parece la vida, no anhelo ni persigo la muerte. Pero es igual, porque, aunque yo no la persiga, está ahí, a tiro de piedra, es la meta obligada para todos los peregrinos de la materia.

No es, por lo tanto, ilusión la palabra que mejor definiría la emoción que me despierta la muerte. La emoción exacta es incertidumbre. Es, sin lugar a dudas, la emoción más intensa que aparece cuando reflexiono sobre la muerte. Es normal, no sé cuando va a suceder, ni como va a ser el proceso, como tampoco sé que me voy a encontrar al otro lado. Trato de imaginar la vida “sin tiempo” y “sin cuerpo”, pero soy incapaz de hacerlo sin mirar el reloj, (tiempo), que permanece amarrado en la muñeca de mi brazo, (cuerpo).

Otras preguntas que me generan incertidumbre son ¿cómo será vivir siempre en presente?, ¿cómo se verá la revisión de la vida?, ¿por cuantas etapas tendré que pasar antes de llegar al final del trayecto?, ¿cuál será mi actividad en ese lugar?

Aunque la incertidumbre puede generar ansiedad, miedo o estrés, no es el caso. Puede más en mi la curiosidad, la posibilidad o no de sorprenderme y, sobre todo, el aprendizaje que estoy haciendo, tratando de saber más de esa nueva etapa en mi camino hacia Dios.

Otras veces, pienso divertido, que voy a ser el protagonista principal. No porque tenga, en ese momento el control de la situación, sino porque todos los reflectores estarán, enfocados en mi persona o, mejor, en el recuerdo de lo que fue mí persona. A mi que me hubiera encantado ser invisible, en esta vida, para pasar desapercibido, voy a ser el punto de mira y durante algunos minutos todos los que me conocen hablarán de mí. Espero que sea cierto que podemos tener conciencia de todo al “otro lado”, porque será muy divertido escuchar los comentarios, aunque si ahora que estoy vivo no me importan, ¡que me van a importar! una vez muerto.

El hilo conductor de la vida

 


La vida es, sin ninguna duda, como un hilo conductor en el que se encuentran engarzados, como las cuentas de un collar, todos los acontecimientos de la vida y, todos movibles. Solo hay dos cuentas fijas, el nacimiento, que es el primer acontecimiento, y la muerte del cuerpo que es la última de las cuentas engarzadas en nuestro hilo de vida.

Por eso, nada es casualidad. Un acontecimiento da paso al siguiente, no importa el tiempo, solo importa que el aprendizaje del acontecimiento se haya dado para dar paso al siguiente. Cuando se cierra una puerta, de manera automática se abre la siguiente puerta.

Espiritualidad/Iluminación (2 de 2)

 


Ser espiritual implica, por tanto, el reconocimiento de que hay una dimensión inmaterial o trascendente en la vida, que va más allá de lo físico y lo material.

Este es un aspecto que tengo claro. Sé que soy un punto de luz dentro del Torrente de Luz que es Dios. Se que soy un alma inmortal viviendo, por un corto espacio de tiempo, una experiencia dentro de un cuerpo. Llegado a este punto, una pregunta revolotea a mi alrededor, ¿estoy viviendo con respecto a ese conocimiento teórico? La respuesta es “no”, porque si viviera de acuerdo a mi propia esencia, es decir, como un alma inmortal, no tendría que estar planteándome, de manera permanente, que es la espiritualidad, que es la iluminación, que es lo que tengo que hacer para llegar a final de mes o porqué mi vecino se comporta de determinada manera, porque todo estaría bien, todo sería perfecto, ya que todo procede del Origen que es Dios.

Entre las frases de Pierre Teilhard de Chardin, que fue un religioso jesuita, paleontólogo y filósofo francés, que vivió entre los siglos XIX y XX, hay una que se repite, a diestro y siniestro, y que resume de una manera clara y sencilla la naturaleza humana: "No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales atravesando una experiencia humana".

Ser espiritual implica, también, buscar un sentido o propósito a la existencia, que nos ayude a enfrentar los desafíos y las dificultades con esperanza y optimismo.

Durante mucho, muchísimo, tiempo he estado buscando un propósito a la vida, algo que me permitiera sentirme satisfecho con mi vida, pero, hasta el presente, no lo he conseguido en su totalidad, porque siempre le encuentro un “pero” a todo lo que hago. ¿Tendría que dedicarme a la sanación?, ¿tendría que enseñar el camino a otros que estén tan perdidos como yo?, ¿tendría que meditar retirado del mundo?, ¿tendría que escribir para compartir mi experiencia con muchas más personas? Ahora tengo la respuesta a esas preguntas, si, si he de hacer todo eso, pero no es suficiente, falta algo.

Y ese algo es integrar todo el conocimiento teórico en cada una de las células de mi cuerpo, para pensar y actuar, de manera automática como el ser espiritual que soy. Resumiéndolo en una sola línea, puede ser tan espiritual cocinar un estofado de lentejas como meditar. La clave está en la actitud y, sobre todo, en la presencia. Si el pensamiento y la acción están presentes en la cocina, cocinando las lentejas, no hay ninguna diferencia con la actitud que se trata de mantener en la meditación: “Siempre presente”. A fin de cuentas, la meditación tendría que ser una manera de vivir, no una actividad a la que dedicar unos minutos al día. Se trata de vivir el presente en los minutos de meditación y en las horas restantes del día.

Si se vive la vida en la materia de acuerdo a esa espiritualidad que ya reside en nuestro interior podremos gritar a los cuatro vientos que estamos viviendo la espiritualidad, porque habremos conectado con nuestra esencia o naturaleza más profunda. Esa que nos hace únicos e irrepetibles.

A partir de aquí, debe ser más fácil desarrollar una actitud de amor, compasión, gratitud y servicio hacia nosotros mismos y hacia los demás, respetando la diversidad y la dignidad de cada ser vivo, que es la base de la iluminación, para cultivar una práctica personal que nos permita expresar y alimentar nuestra espiritualidad, como puede ser la meditación, la oración, el arte, la música, la naturaleza o cualquier otra actividad, como cocinar las lentejas, que nos haga sentir plenos y felices.

Aunque muchas religiones se arrogan la exclusividad de la espiritualidad, esta no es exclusiva de ninguna religión ni doctrina, sino que es una dimensión humana universal que puede manifestarse de diferentes formas.

Ser espiritual no significa renunciar al mundo ni a sus placeres, sino vivirlos con conciencia y responsabilidad. Ser espiritual tampoco significa ser perfecto ni superior a los demás, sino ser auténtico y humilde. Ser espiritual es un camino de crecimiento personal y colectivo, que nos invita a descubrir y compartir lo mejor de nosotros mismos.

Sin embargo, descubrí que con ese conocimiento no era suficiente. Saber que la iluminación es un estado de profunda comprensión, conciencia y paz interior, que lleva a que la persona trascienda el propio ego y experimente una conexión profunda con lo divino o lo universal, no era suficiente. Era imprescindible practicar para llegar a integrar esos términos teóricos en hábitos que movieran mi vida.

Todos los que se dicen espirituales tienen un gran conocimiento teórico de este tema. Yo sabía que no eran suficientes las técnicas aprendidas en el centro de yoga, porque no se trataba de practicar ninguna técnica. Hacía falta algo más, era imprescindible pasar de la teoría a la práctica, porque “más vale un gramo de práctica que una tonelada de teoría”. Había leído, hasta entonces, muchos libros sobre espiritualidad y no soy consciente de haber avanzado mucho, es imprescindible poner en práctica lo aprendido. Necesitaba encontrar un referente del que aprender a conducirme y un modelo a quien imitar.

En mi búsqueda, de un referente, fui descartando a muchos que eran famosos por sus escritos, pero de los que no conocía como era su comportamiento ante la vida, por lo que se fue reduciendo la lista hasta dejar a un solo personaje, que es el paradigma del amor: Jesús de Nazaret: Personaje central del cristianismo, la religión más extendida del mundo y, la mía por nacimiento. Sus enseñanzas se basan en el amor a Dios y al prójimo, la justicia, la misericordia y el perdón.

Fue analizando la vida de Jesús, cuando fui consciente de que alcanzar la iluminación, en esta vida, para no volver a encarnar, era una quimera. Comprendí que son necesarias varias vidas para integrar en cada una de las células del cuerpo la energía del amor. Porque, a fin de cuentas, solo se trata de amar y no amamos mucho, porque no se ama cuando se juzga, cuando se critica, cuando se pierde la paciencia, cuando se teme, cuando se siente culpa, cuando la alegría ajena no causa alegría, cuando se siente rabia, cuando se siente decepción o frustración por no conseguir un deseo, cuando se siente indiferencia que es opuesta a la compasión, a la empatía o la solidaridad.

Así que, mucho me temo que, me volveré a encontrar en otra vida con alguno de ustedes que están, ahora leyendo estas líneas.

(Del libro "Dame tu mano, te mostraré la vida" de Alfonso Vallejo Gago)