Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



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martes, 29 de septiembre de 2026

Todo lo que tuvo un principio ha de tener fin

 


Las Siete Maravillas del Mundo, (y tal vez cosas aún más admirables que levante la ambición de tiempos venideros), se verán un día arrasadas.

Así que no hay cosa perpetua, y pocas que duren mucho. Unas son frágiles de un modo, y otras de otro; el final de unas y otras varía, pero todo lo que tuvo principio ha de tener fin.

LUCIO ANNEO SÉNACA


jueves, 24 de septiembre de 2026

Morir mañana

 


Si alguno de los dioses te hubiese dicho que ibas a morir mañana, o pasado mañana a más tardas, no te preocuparía en exceso que fuera pasado mañana en vez de mañana mismo, a no ser que fueses en extremo mezquino y cobarde; pues, ¿Qué diferencia hay? Del mismo modo, no debería parecerte demasiado importante morir dentro de muchísimos años en lugar de mañana.

MARCO AURELIO

lunes, 14 de septiembre de 2026

Despreciar a la muerte

 


“¿Qué es, pues, lo que debemos aprender?”. Aquello que es excelente defensa contra toda clase de ataques y de enemigos: a despreciar la muerte.

LUCIO ANNEO SÉNACA


sábado, 22 de agosto de 2026

La muerte no es mala, pero lo parece

 


La muerte se encuentra entre aquellas cosas que en verdad no son malas, pero que tienen toda la apariencia de serlo.

La naturaleza ha grabado en el fondo de nuestro corazón amor a nosotros mismos y deseo de conservación: tememos la destrucción, porque parece que nos arrebata un bien muy grande y que nos priva de las comodidades a que estamos acostumbrados.

Lo que nos inspira más horror a la muerte es que conocemos los parajes que habitamos, pero nada pueden decirnos de aquellos adonde hemos de ir, y con facilidad concebimos aversión por lo desconocido. De manera que, aunque la muerte sea indiferente por sí misma, no pertenece a aquellas cosas que puedan despreciarse.

LUCIO ANNEO SÉNACA


martes, 30 de junio de 2026

Despreciar a la muerte

 


Un remedio sencillo, pero eficaz, para despreciar la muerte es recordar con frecuencia a aquellos que vivieron con mucho apego a la vida.

¿Qué ventaja lograron sobre los que tuvieron una muerte temprana? La ventaja es que ellos llevaron a muchos a la tumba y que es también donde acabaron ellos.

MARCO AURELIO

sábado, 26 de julio de 2025

Nacimiento y muerte

 


¿Hay algo en el mundo que esté al abrigo de cambio?, la tierra, el cielo, toda la inmensa maquinaria del universo no están exentos de cambios, aun siendo la obra de Dios mismo.

No, el mundo no conservará siempre su orden actual; día vendrá que lo desvíe de su curso. Todos los seres tienen periodos marcados: deben nacer, crecer y perecer. Esos astros que veis moverse por encima de nosotros, esa tierra en que estamos confusamente esparcidos y nos parece tan sólida, todo ello está minado sordamente y ha de tener un fin.

No hay nada que no tenga su vez, su decrepitud, su término; aunque en épocas diferentes, el fin le espera a todo lo que existe. Todo lo que es acabará por no ser, pero el mundo no perecerás por eso: se disolverá. La disolución, para nosotros, es la destrucción.

En efecto, nosotros no consideramos, sino lo que está muy cerca de nosotros: nuestra alma, bastardeada, y que no sabe desprenderse del cuerpo, no ve más allá; pero soportaríamos con muchas más firmeza la idea de nuestro fin y la de nuestros prójimos, si estuviéramos persuadidos de que la naturaleza no es más que una sucesión de nacimiento y, muerte; de que los cuerpos compuestos se disuelven; de que los cuerpos compuestos se reconstituyen, y de que es en este círculo infinito donde se ejerce el poder del Dios moderador del universo.

LUCIO ANNEO SÉNECA


miércoles, 11 de junio de 2025

La muerte es un alivio

 


Querido Dios:

         Vivimos inmersos en una vorágine de estrés y ansiedad que parece no dar tregua. Cada día enfrentamos retos que muchas veces parecen demasiado grandes para superarlos. Las responsabilidades y las demandas de la vida moderna nos empujan a un ritmo implacable, dejándonos a menudo con la sensación de que estamos atrapados en un ciclo interminable de preocupaciones y lucha. Esto me lleva a cuestionarme constantemente: ¿Cuál es el propósito detrás de todo este esfuerzo? Si la vida se extinguiera mañana, ¿Qué sentido tendrían las luchas que hoy llenan mi mente y mi alma?

Hay días en los que, sinceramente, pienso en la muerte como un bálsamo para el alma cansada. La idea de que, al cerrar los ojos para siempre, desaparecen las preocupaciones, el sufrimiento, las injusticias e incluso el tiempo, me resulta tentador. Contemplo la muerte como una liberación, un descanso eterno donde las luchas cesan y el alma encuentra una paz absoluta. Es como si imaginar ese estado me ofreciera un alivio momentáneo en medio del caos.

Sin embargo, en mi corazón sé que mirar la vida desde esta perspectiva puede llevarme por un camino peligroso. La vida, aunque complicada y a veces dolorosa, es un regalo invaluable, un lienzo donde se dibujan momentos de felicidad, de amor, de belleza y de aprendizaje. Reconozco que es fácil perderse en el ruido y la confusión del día a día, olvidándose de las pequeñas maravillas que nos rodean: una sonrisa que ilumina el día, el aroma único de una flor en primavera, la caricia cálida del sol sobre la piel, o incluso una conversación profunda que toca el alma y renueva la esperanza.

Me pregunto constantemente si estoy viviendo de manera adecuada. ¿Estoy aprovechando realmente cada día como la oportunidad que es para buscar la paz, la plenitud y la conexión con quienes amo? ¿Estoy permitiéndome ver el mundo con ojos llenos de gratitud y no solo con un filtro de preocupaciones? ¿Estoy haciendo lo suficiente por valorar este don precioso que me has dado? Me cuestiono si estoy encontrando un equilibrio auténtico entre aceptar que la mortalidad es parte intrínseca de mi existencia y disfrutar profundamente cada instante que tengo el privilegio de vivir, por fugaz que sea.

Te escribo con humildad y esperanza, buscando claridad y fortaleza en medio de mis dudas. Sé que no soy el único que se enfrenta a estos pensamientos, y a veces eso mismo me reconforta: el saber que, en nuestra vulnerabilidad, todos los seres humanos compartimos una conexión común. Pero incluso así, hay momentos en los que la incertidumbre pesa demasiado y necesito algo más que palabras de consuelo. Necesito sentir tu presencia, tu guía, tu sabiduría para entender cómo afrontar los altibajos de este mundo sin perder la perspectiva y la fe.

¿Cómo puedo vivir plenamente mientras soy consciente de lo efímera que es esta existencia? ¿Cómo puedo aceptar la inevitabilidad de la muerte sin que me robe el entusiasmo por vivir? ¿Cómo hallo la serenidad para enfrentar los desafíos y, a la vez, la valentía para soñar, para amar, para entregarme al momento presente sin reservas?

Por favor, ilumina mi corazón y mi mente. Ayúdame a encontrar propósito y significado en cada pequeño detalle, en cada amanecer que despierta nuevas posibilidades, en cada sonrisa que refleja la bondad de tu creación. Ayúdame a ver la luz incluso en los días más oscuros, a sentir esperanza cuando todo parece perdido, y a encontrar paz incluso en medio de las tormentas. Porque sé que, aunque a veces parece llena de sombras, esta vida también está llena de luz, de amor y de oportunidades para crecer y florecer.

Gracias por escucharme, por estar siempre presente, incluso cuando yo me olvido de ello. Gracias por el regalo de la vida, con todas sus dificultades y todas sus maravillas. Gracias por los momentos de silencio en los que puedo sentirte más cerca, por los instantes de belleza que me recuerdan que tu amor está en todas partes.

           Con cariño, fe y esperanza,

Tu hijo que te busca, que te necesita, que confía en ti.

 

CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo

lunes, 13 de enero de 2025

Hoy es tu cumpleaños y no estás

 


          Hoy es tu cumpleaños, pero no podemos celebrarlo. Ya no estás, te fuiste de mi lado hace casi tres meses, exactamente dos meses y veintidós días. Un cáncer se encargó de separarnos.

          Aunque un loco vestido de blanco, al que acudí para aliviar mi dolor, me dijo que no habías muerto, que estabas más viva que antes, que solo había muerto tu cuerpo, pero tú, la que piensas y la que amas, estás viva, sin dolor, sin edad, sin hambre, sin sueño, sin sufrimiento, viviendo la alegría y el Amor de manera permanente.

No le abofeteé porque no tenía fuerzas y, supongo que envalentonado porque le seguía escuchando, aun dijo más: dijo que podías verme a cada instante, dijo que cada noche nos volvíamos a reunir y que hablábamos y que me decías que dejara de sufrir, que ahora eras feliz plenamente y que me amabas con mucha más intensidad que cuando estabas conmigo, dijo que veías mis emociones y hasta mis pensamientos

Como esa parte en la que me decía que ahora eres plenamente feliz y que me amas con más intensidad, me gustó, le presté un poco más de atención, mientras pensaba: “si ve mis emociones y mi pensamiento podrá ver cuanto la amaba y cuanto la añoro”.

Ese pensamiento lo expresé en voz alta y el sanador me dijo: todo es energía. Ella lo es ahora aun más y los pensamientos y las emociones que también lo son, no tienen ningún secreto para los que están al otro lado.

La verdad, desde ese momento, ya no me parecía tan loco, y le observaba mientras hablaba. Es un hombre mayor y desprendía bondad, su aspecto era sereno, hablaba bajito como si tú estuvieras dormida y tuviera miedo despertarte, parecía emanar respeto por cada poro de su piel, respeto hacia ti, respeto hacia mí, respeto hacia todo.

Posiblemente tenía razón, aunque me costaba creerle, porque nunca nadie me había dicho tales cosas. Yo creía en la resurrección de los muertos, al final de los tiempos, como me habían enseñado en la iglesia desde que tengo uso de razón. Así que, si esto que dice es verdad, no podrá resucitar nadie, porque nadie está muerto.

Y aun dijo algo más: Personalmente creo que es ahora cuando estamos muertos y, si me apuras, podríamos decir que estamos en el infierno, porque esto que tú estás pasando, ¿no es un infierno?

-   Está claro que la amabas -sentenció- Por lo tanto, si la amabas con tanta intensidad seguro que deseas lo mejor para ella.

-      La amaba y la amo -respondí- y por supuesto que siempre deseé lo mejor para ella.

-       Pues que mejor -respondió- que estar al lado de Dios.

Sali de su consulta mucho más aliviado, relajado, en paz. Con una meditación bajo el brazo para realizar cada día,

-  Para que la hagas, me dijo, cada día, así podrás entrar en tu interior y reencontrarte con ella en tu silencio.

Concerté una nueva cita para la semana siguiente. Tenia ganas de volver para saber más de la vida y, también, de la muerte.

Seguiré pensando en ti, aunque creo que más serenamente. Te amo.

 

 


viernes, 10 de enero de 2025

Manual de vida

 


        Desde que somos pequeños, nos enseñan a comportarnos en la mesa, a cómo comportarnos en las visitas, nos enseñan a sumar, a restar, a dividir, a multiplicar y un sinfín de cosas más que parecen cruciales para enfrentar los desafíos que la vida nos presenta a medida que crecemos. Nos instruyen en los fundamentos matemáticos y sociales, pero pocas veces nos enseñan a ser verdaderamente humanos.

     No nos enseñan a ser niños, a ser adolescentes, a ser adultos, a ser padres o hijos, a ser jefes o subordinados. Tampoco nadie nos prepara para manejar nuestras emociones, entender lo que es el amor, vivir plenamente o comprender el sentido profundo de nuestra existencia. Y ahora, con más claridad que nunca, me doy cuenta de que tampoco nadie nos enseña a morir.

        La vida es un viaje lleno de aprendizajes constantes y desafíos que afrontamos sin un manual de instrucciones. Cada etapa de nuestra existencia nos presenta nuevas lecciones y retos, y aprendemos sobre la marcha, construyendo nuestro propio camino a través de la experiencia. En esta travesía, nos damos cuenta de que lo verdaderamente importante no es seguir un guion preestablecido, sino encontrar nuestra propia verdad y significado en cada paso que damos.

        En algún momento de mi vida, no puedo decir cuándo ni cómo, reflexionando profundamente sobre estos temas, llegué a comprender que, aunque no hay certezas absolutas ni respuestas fáciles, lo que realmente importa es la forma en que enfrentamos cada momento, con valentía, amor y autenticidad. Porque al final del día, la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda, y nuestro propósito radica en abrazar ambas con sabiduría y compasión.

        Y así, en esta búsqueda constante de sentido y propósito, aprendemos que no se trata de tener todas las respuestas, sino de vivir cada instante con plena consciencia y corazón abierto. Tal vez, el mayor aprendizaje de todos sea reconocer que la belleza de la vida reside en su imperfección y en la capacidad de encontrar significado en cada experiencia, por pequeña que esta sea. Es en estos momentos de reflexión y crecimiento interior donde realmente hallamos el valor de nuestras vidas, y así, construimos un legado de amor y sabiduría que trasciende el tiempo y el espacio.

miércoles, 27 de marzo de 2024

El arte de vivir



La felicidad, el bien vivir y el bien morir, son un arte que hay que aprender y, como no nos lo enseñan desde la cuna, hemos de aprenderlo ahora.

Desde la cuna, nuestros padres, nuestros educadores, las religiones, y la misma sociedad nos han enseñado aquello que ellos han aprendido y que consideran imprescindible para poder desarrollarnos en sociedad, e incluso lo necesario, para triunfar en esta, nuestra sociedad, tan competitiva. Nos han enseñado que la única manera de tener éxito es generando y manteniendo un esfuerzo constante, es realizando un trabajo excesivo, es renunciando a nuestro propio placer, porque eso es egoísmo. Nos han enseñado que sólo se puede aprender son sufrimiento, que la letra con sangre entra, que antes de hacer hemos de pensar en “que pensara la gente”. Es mentira, ¡nos han engañado!

          El aprendizaje es una diversión, el éxito no se persigue, el verdadero éxito llega cuando dejamos de ofrecer resistencia, cuando no nos agarramos a la vida, porque agarrarse a la vida persiguiendo el éxito, es perder el éxito y la vida. Hay que romper las compuertas y limpiar el cauce de escollos para dejar que la vida fluya, sin paralizarse en el tío vivo de los propios pensamientos, hay que detener el carrusel de la mente y bajar.

          Dejar que la vida fluya, es aceptar. Fluir, aceptar, no quiere decir cruzarse de brazos con resignación, no, quiere decir que hemos de elegir la paz en lugar del miedo, quiere decir elegir la alegría en lugar de la tristeza, quiere decir elegir la acción en lugar de las dudas, quiere decir que lo importante es la felicidad y no el pensamiento de los que nos rodean, quiere decir que hemos de elegir el amor ante cualquier otra circunstancia, quiere decir “si”, “si a la vida”.

          Un buen trabajo sería empezar a aceptarnos a nosotros mismos y empezar a presentarnos ante los demás tal como somos, sin máscaras.

Para eso te propongo algo nuevo, algo que seguramente no has hecho nunca: Colócate delante de un espejo y observa la expresión de tu cara. Toma conciencia de tu expresión, no juzgues si es un rostro serio, si es lánguido, si parece enfadado……… sólo observa.

Empieza a decir cosas hermosas a ese rostro que se refleja en el espejo: “Guapo, guapa”, “Te quiero”, “Que ojos tan bonitos”, sonríe y empieza a ver como es tu rostro cuando sonríes. No juzgues nada, no busques el por qué de nada, sólo quiérete, solo acéptate, y podrás observar como tu rostro se relaja y cambia. Haz este ejercicio durante cinco minutos cada día antes de tu meditación y que sea, luego, ese rostro el que sacas de casa para presentarte ante el mundo.

          A partir de tu propia aceptación, será más fácil aceptar la vida. Poco a poco, vete desterrando el “no”, empieza a utilizar el “si” con esa sonrisa que practicas en el espejo, empieza a aceptar los cambios de la vida sin oponerte, empieza a decidir sin darle vueltas y más vueltas que solo sirven para envenenar tu mente, empieza a vivir. 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Popurrí (Alma, ego, vida, muerte, felicidad, etc.)

 


Tenía una idea, pero no puede expresarla en un solo día. Fueron 3 los días que tardé en expresar la idea y al final, la idea se desvirtuó y salió este popurrí.

Una creencia es una actitud mental que consiste en aceptar una idea o una teoría, considerándola verdadera, sin tener el conocimiento o las evidencias de que sea o pueda ser cierto.

Los seres humanos tenemos en nuestro baúl de almacenaje mental una gran cantidad de actitudes mentales de este tipo. Con ellas intentamos complacer nuestras necesidades, a través de algún tipo de explicación más o menos verosímil.

Las creencias pueden cambiar y evolucionar, pueden desaparecer y generarse nuevas creencias. Hay que tener en cuenta que solo son un pensamiento y, ya conocemos la volatilidad del pensamiento.

He hecho un repaso de mis creencias, (son un montón), para reflexionar sobre ellas, para actualizar las que están desactualizadas, para modificar las que han ido evolucionando con el tiempo y para borrar de un plumazo aquellas que son inservibles y, completamente inútiles.

Y voy a comenzar con la que tenía que ser la última: La muerte. El pensamiento de que las creencias sobre la muerte tendrían que aparecer en último lugar solo es porque llega a nosotros como desenlace de la vida. Es como la bajada del telón en una obra de teatro.

A fin de cuentas, la vida es como una obra de teatro.

Se abre o se levanta el telón en el nacimiento. Alguien podría pensar, creencia), que el neonato llega a la vida sin participación alguna por su parte. Tremendo error, (otra creencia), el bebé llega a la vida en el momento preciso, (día y hora), en el que él establece, en el lugar que él ha decidido, con la forma física necesaria para llevar a cabo el trabajo organizado por él y con los padres consensuados, que suelen ser almas que están encarnando con ese bebé en el 99% de sus vidas, en diferentes papeles.

Cuando llegamos a la vida lo hacemos con el libreto, marcado a fuego, en el alma, en el que aparece reflejado el trabajo, escrupulosamente, planeado, para llevar a buen puerto, cada una de las actividades con las que se va encontrando el actor en cada una de las diferentes escenas que completan los diferentes actos de la obra de su vida.

El alma conoce el guion de la vida, pero quien tiene que controlar y gobernar la vida, que es el ego, no solo tiene un total desconocimiento del guion, sino que ni tan siquiera conoce que tal guion exista.

El ego es una especie de identidad personal que construimos a partir de nuestras enseñanzas, creencias, experiencias, deseos y necesidades. El ego es esa parte de nosotros que dice “yo soy”, “yo quiero”, “yo pienso”.

El ego es como un caballo salvaje que campa a sus anchas por nuestra propia vida eligiendo los acontecimientos para involucrar a su dueño sin tener en cuenta el plan de vida del alma, porque lo desconoce. Ni que decir tiene que el plan establecido por el alma, no se va a cumplir en su totalidad y, suerte tendrá si que cumple, al menos, en una parte.  

Y al finalizar la obra, tan contradictoria, de su vida, se cierra el telón, es decir, aparece la muerte. En ese momento finaliza el plan que había establecido el alma para la vida que acaba de finalizar. Habrá que esperar a otra oportunidad, (una nueva vida), para retomar el trabajo. 

El ser humano, durante todo el tiempo de vida, de esa vida, de la que desconoce que tiene un plan establecido, en el que aparece un trabajo a realizar y un conocimiento que adquirir, lucha con todas sus fuerzas para conseguir algo que casi nunca consigue: la felicidad.

Es triste. El ser humano no solo no consigue completar el plan establecido por el alma, sino que, ni tan siquiera consigue llevar a buen puerto el plan terrenal que el ego se ha marcado como objetivo.

Lo que el ego no sabe es que tiene al alcance de la mano la consecución de cualquier objetivo emocional que se proponga, siempre y cuando sea capaz de reconocer y aceptar sus propias limitaciones, necesidades y deseos, siempre y cuando sea capaz de trascender su propia ilusión y de conectarse con su verdadera esencia, que es conciencia sin forma, paz y amor.

Y para que eso ocurra, el ego solo tiene que activar una nueva función en su mente: Aceptar.

La aceptación es una actitud que consiste en reconocer y asumir una situación, un pensamiento, una emoción o un aspecto de uno mismo o del mundo, sin intentar cambiarlo o evitarlo. La aceptación puede ayudarnos a afrontar mejor los problemas, a aprender de nuestras experiencias y a encontrar una mayor paz interior. La aceptación no significa resignarse o conformarse con lo que nos ocurre, sino asumir la realidad y buscar soluciones o alternativas.

Esa actitud de aceptar que nos ayuda a encontrar paz interior es la antesala de la felicidad. Así el objetivo principal del ego estará cumplido.  


miércoles, 31 de enero de 2024

Memento mori

 


La muerte es algo que no debemos temer porque,

mientras somos, la muerte no es,

y cuando la muerte es, nosotros no somos.

(Antonio Machado)

 

          Los seres humanos nos encontramos inmersos en una desenfrenada carrera hacia una meta desconocida. ¿La nada?, ¿la muerte?, ¿Dios?

          Pero no solo es desconocida la meta, tampoco sabemos quién nos ha puesto en carrera, ni sabemos para que corremos. No sabemos nada, solo que tenemos que seguir corriendo, porque estamos subidos en una cinta sin fin que es la vida, que no se detiene ni un instante

          Aunque, en realidad, la meta de la vida no es tan desconocida. Porque no sabremos porque corremos, pero si sabemos que la carrera se acaba cuando, por alguna causa, existe una incapacidad total para que se realicen los procesos biológicos, que son los que animan la vida del cuerpo. Y ese es el final de la carrera.  

          Parece fácil deducir, por lo tanto, que la meta del ser humano es la muerte, pero, ¿después?, ¿después hay nada o existe una vida diferente?

          Somos muchos, ya, los que creemos que la muerte no es el final, sino una transición hacia otro estado o dimensión. Como decía Mahatma Gandhi: “Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel”.

          Pero, si al final de la vida física del cuerpo existe otra vida, (que podríamos llamar la vida del alma), entonces si que sería bueno saber para que corremos, para que vivimos, porque estar en la vida sin una razón, no solo parece una burla, parece ridículo.

          Si nos asomamos a la ventana de la vida, solo para observar el mundo, podremos comprobar que la vida es mucho más que ridícula. Es inhumana, despiadada, sanguinaria, salvaje, violenta, atroz, sin una pizca de piedad, de compasión, de misericordia, de humanidad.

          No puede ser esta sociedad sin entrañas la razón de la vida, ni sus líderes políticos, religiosos o de opinión, un referente o modelo a seguir. La razón de la vida no puede ser morir o matar, no puede ser robar, no puede ser mentir. La razón de la vida tiene que ir en consonancia con la vida del alma, esa que nos espera al otro lado de la muerte.

Y según lo que narran los que han estado, algún ratito, es ese otro lado, por experiencias cercanas a la muerte, todo lo que se vive en ese otro estado o dimensión es amor.

Por lo tanto, vamos a pensar y a creer que la razón de la vida es aprender a amar y pongamos manos a la obra, porque cuantos más seamos amando, podremos influir en el mundo más que los ambiciosos líderes que nos manipulan a su antojo, escondidos tras la máscara de los votos.


domingo, 5 de noviembre de 2023

Viaje a la eternidad

 


Cuando pienso en la muerte mi mente asocia ese pensamiento, de manera inmediata, con un viaje.

Un viaje hacia lo desconocido, hacia un lugar, del que, curiosamente, no guardo ningún recuerdo, a pesar de haber vivido en él desde antes del Eón Haedico, que comienza su cuenta, con la formación de la Tierra, hace más de 4.700 millones de años.

De hecho, la palabra eón, en griego, significa eternidad. Y ese es el tiempo, (una eternidad), que he permanecido en ese lugar que me espera, (a mí y a todos), supongo que, con los brazos abiertos, ya que, con la escasa información de la que disponemos, parece ser un lugar de paz, amor y hermandad.

Es increíble que no tengamos ningún recuerdo con el tiempo que allí hemos permanecido. Que maravilla y que perfección el diseño del cuerpo humano, lograr que tengamos un ordenador potentísimo, (nuestro cerebro) y no guarde memoria de los avatares del alma.

A pesar de ser, desde aquí, desde la vida, un lugar desconocido, parece ser que no se necesita aprender ningún idioma ni hacerse acompañar de traductores, porque todos en él, hablan el mismo idioma, el idioma universal, el idioma del amor.

Cualquier viaje y, sobre todo, si es importante, como este, despierta en mí muchas emociones.

No puedo decir que espere el viaje con ilusión, porque si me atengo a la definición de la palabra: “Esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva”, tengo que reconocer que, a pesar de lo monótona que me parece la vida, no anhelo ni persigo la muerte. Pero es igual, porque, aunque yo no la persiga, está ahí, a tiro de piedra, es la meta obligada para todos los peregrinos de la materia.

No es, por lo tanto, ilusión la palabra que mejor definiría la emoción que me despierta la muerte. La emoción exacta es incertidumbre. Es, sin lugar a dudas, la emoción más intensa que aparece cuando reflexiono sobre la muerte. Es normal, no sé cuando va a suceder, ni como va a ser el proceso, como tampoco sé que me voy a encontrar al otro lado. Trato de imaginar la vida “sin tiempo” y “sin cuerpo”, pero soy incapaz de hacerlo sin mirar el reloj, (tiempo), que permanece amarrado en la muñeca de mi brazo, (cuerpo).

Otras preguntas que me generan incertidumbre son ¿cómo será vivir siempre en presente?, ¿cómo se verá la revisión de la vida?, ¿por cuantas etapas tendré que pasar antes de llegar al final del trayecto?, ¿cuál será mi actividad en ese lugar?

Aunque la incertidumbre puede generar ansiedad, miedo o estrés, no es el caso. Puede más en mi la curiosidad, la posibilidad o no de sorprenderme y, sobre todo, el aprendizaje que estoy haciendo, tratando de saber más de esa nueva etapa en mi camino hacia Dios.

Otras veces, pienso divertido, que voy a ser el protagonista principal. No porque tenga, en ese momento el control de la situación, sino porque todos los reflectores estarán, enfocados en mi persona o, mejor, en el recuerdo de lo que fue mí persona. A mi que me hubiera encantado ser invisible, en esta vida, para pasar desapercibido, voy a ser el punto de mira y durante algunos minutos todos los que me conocen hablarán de mí. Espero que sea cierto que podemos tener conciencia de todo al “otro lado”, porque será muy divertido escuchar los comentarios, aunque si ahora que estoy vivo no me importan, ¡que me van a importar! una vez muerto.

viernes, 30 de junio de 2023

Eterna juventud

 



Miércoles 28 de junio 2023

 

“Por favor no toques mis arrugas.

Me costó mucho tiempo conseguirlas”

Anna Magnani

         

Hoy es mi cumpleaños. Un 28 de junio, a las 11 de la noche, hora peninsular española, asomé la cabeza a esta vida. No sé si es la primera vez que visito este hermoso planeta o ya lo había visitado en anteriores ocasiones, aunque creo que tampoco es muy importante saber si esta es la primera o la “equisesima” vida.

Hace algunos años, muy pocos, habría dado, con gusto, la mitad de la vida que me quedaba por vivir, por saber algo de mis vidas anteriores. Hoy ya me da igual. A fin de cuentas, si ha habido otras vidas, no tengo conciencia de ellas. Solo tengo conciencia del peregrinaje que estoy realizando en esta y, puedo asegurar que está siendo más duro de lo que nunca me hubiera imaginado. Y como todo el trabajo que tengo que hacer he de hacerlo en esta vida y con este cuerpo, ¿para qué ocuparme de otras vidas?, bastante tengo con ocuparme de esta.

Mi despertar de esta mañana ha estado acompañado de un pensamiento digno de este diario, de babau completo.

Yo tengo claro, porque es una de mis creencias más arraigadas, de que todo es un pensamiento, supongo que como muchos de los que os asomáis a esta ventana.

Este ha sido mi pensamiento: Desde que nacemos, celebramos, año tras año, nuestro nacimiento. Es decir, celebramos envejecer y, según las enseñanzas de la Ley de la Atracción, está claro que estamos llamando a nuestra vida a la vejez, a la enfermedad y a la muerte.

¿Qué pasaría si al llegar a un determinado número de años de vida, nuestra celebración no fuera por cumplir años, sino por descumplirlos?, ¿viviríamos más?, ¿viviríamos mejor?, ¿erradicaríamos la muerte?

Si el cuerpo responde a las órdenes que recibe, ¿Qué pasaría si las órdenes fueran para rejuvenecer y no para envejecer?

Por lo tanto, si no queremos que el cuerpo envejezca y muera, solo tenemos que cambiar la actitud. Digámosle al cuerpo que va a vivir para siempre y así será.

Si trabajamos la Ley de la Atracción para que nos llegue más dinero, una buena salud, una pareja perfecta o unos hijos maravillosos, ¿por qué no atraer la eterna juventud?

miércoles, 26 de octubre de 2022

En la muerte, todos iguales

         


          Imagina que te proponen una vida sin enfermedad, sin dolor, sin hambre, sin sed, sin cansancio, sin tener que trabajar, sin hipotecas, sin necesidades de ningún tipo, incluido de dinero, sin sufrimiento, con una inmensa sensación de felicidad y amor permanente, pudiendo conversar con tus antepasados y con tus contemporáneos, con la posibilidad de desplazarte únicamente con el pensamiento, y un sinfín de facilidades más. ¿No firmarías de inmediato?

Claro que a todo esto habría que añadir que sin cuerpo. No sé si con esta nueva condición seguirías firmando.

Efectivamente, ese estado tan fantástico es el estado de vida fuera del cuerpo, es ese estado al que, muy posiblemente, temen llegar casi todos los seres humanos, porque es el estado al que llegamos después de la muerte del cuerpo.

¿Por qué el miedo?, ¿no son suficientes los motivos del primer párrafo para desear ese estado?

Es, perfectamente, comprensible el miedo en los seguidores de casi todas las religiones, ya que auguran a sus socios las mayores desgracias después de la muerte, si no han seguido los preceptos que ellos enseñan, pero no deberían de sentir miedo el resto de mortales. Además, la vida en el cuerpo es nada más que un ratito comparado con el tiempo, eterno, que pasamos al otro lado.

Nosotros no somos estos cuerpos que parecemos, los cuerpos son sólo trajes que usamos por un tiempo y luego desechamos. Somos almas inmortales. La perfección de Dios es también en nosotros, pues vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en Él. Pero somos inconscientes de nuestra Naturaleza Divina, y así seguiremos hasta que no despertemos a ella y, eso, normalmente, no va a pasar hasta que dejemos el cuerpo.

Cuando dejamos el cuerpo, todos somos iguales, los políticos, los ladrones, los asesinos, los embaucadores, el santo y el demonio, todos, porque todos vivimos en el Padre, y todos sentimos el mismo amor, la misma alegría y la misma felicidad, con independencia de lo que hayamos hecho en nuestro ratito de vida en el cuerpo.

Ya volveremos otros ratitos, a la vida del cuerpo, para ir arreglando lo que estropeamos con anterioridad, ya que el mal que hicimos con anterioridad debe ser equilibrado con el bien. Este proceso de siembra y cosecha se llama Karma. Es la ley del reajuste, que el ser humano pone en funcionamiento con cada uno de sus pensamientos, con cada palabra y con cada acción.

Hay algo que casi nadie discute, aunque, para muchos, no sea más que una palabra no integrada en su vida, somos un alma, y todas las almas somos iguales. A pesar de las diferencias de nacimiento, diferencias de raza, credo, sexo o color, de bondad o maldad, todos los seres formamos una fraternidad indivisible. Todos nosotros, altos o bajos, sabios o ignorantes, lo somos durante ese ratito que dura la vida en la materia.

Nacemos y morimos una y otra vez, con el único objetivo de aprender a vivir desde nuestra divinidad. Las distintas vidas solo son un aprendizaje, en las que vamos pasando en cada una de ellas por el parvulario, la primaria, la secundaria y la universidad, en donde por medio del trabajo y el aprendizaje, lentamente vamos desarrollando nuestras facultades. No es posible vivir la Naturaleza Divina, en nosotros, con las experiencias de una sola vida. Por eso reencarnamos una y otra vez. Entramos en la vida, nacemos, crecemos, actuamos, terminamos nuestro trabajo y retornamos. Nuestro retorno es muerte. Y en nuestro retorno, todos, volvemos a las mismas condiciones.

Si fuéramos conscientes de esto, el mundo sería otra cosa, sería más equitativo, sería un mundo en el que todos tendríamos las mismas oportunidades de acceso a las riquezas del planeta, a la educación, a la sanidad. Un mundo en el que todos sentiríamos alegría por ver la felicidad de otro ser humano, un mundo en el que sentiríamos a nuestro prójimo como nuestro hermano.

Sería un mundo lleno de Amor.

 

domingo, 10 de junio de 2018

Relatos cortos - Hoy es tu cumpleaños y no estás


            Hoy es tu cumpleaños, pero no podemos celebrarlo. Ya no estás, te fuiste de mi lado hace casi tres meses, exactamente dos meses y veintidós días. Un cáncer se encargó de separarnos.

            Aunque un loco vestido de blanco, al que acudí para aliviar mi dolor, me dijo que no habías muerto, que estabas más viva que antes, que solo había muerto tu cuerpo, pero tú, la que piensas y la que amas, estás viva, sin dolor, sin edad, sin hambre, sin sueño, sin sufrimiento, viviendo la alegría y el Amor de manera permanente.



No le abofeteé porque no tenía fuerzas y, supongo que envalentonado porque le seguía escuchando, aun dijo más: dijo que podías verme a cada instante, dijo que cada noche nos volvíamos a reunir y que hablábamos y que me decías que dejara de sufrir, que ahora eras feliz plenamente y que me amabas con mucha más intensidad que cuando estabas conmigo, dijo que veías mis emociones y hasta mis pensamientos.

Como esa parte en la que me decía que ahora eres plenamente feliz y que me amas con más intensidad me gustó, le presté un poco más de atención, mientras pensaba: “si ve mis emociones y mis pensamientos podrá ver cuanto la amaba y cuanto la añoro”.

Ese pensamiento lo expresé en voz alta y el sanador me dijo: todo es energía. Ella lo es ahora aun más y los pensamientos y las emociones que también lo son, no tienen ningún secreto para los que están al otro lado.

La verdad, desde ese momento, ya no me parecía tan loco, y le observaba mientras hablaba. Es un hombre mayor y desprendía bondad, su aspecto era sereno, hablaba bajito como si tú estuvieras dormida y tuviera miedo despertarte, parecía emanar respeto por cada poro de su piel, respeto hacia ti, respeto hacia mí, respeto hacia todo.

Posiblemente tenía razón, aunque me costaba creerle, porque nunca nadie me había dicho tales cosas. Yo creía en la resurrección de los muertos, al final de los tiempos, como me habían enseñado en la iglesia desde que tengo uso de razón. Así que, si esto que dice es verdad, no podrá resucitar nadie, porque nadie está muerto.

Y aun dijo algo más: Personalmente creo que es ahora cuando estamos muertos y, si me apuras, podríamos decir que estamos en el infierno, porque esto que tú estás pasando, ¿no es un infierno?

-    Está claro que la amabas -sentenció- Por lo tanto, si la amabas con tanta intensidad seguro que deseas lo mejor para ella.
-      La amaba y la amo -respondí- y por supuesto que siempre deseé lo mejor para ella.
-       Pues que mejor -respondió- que estar al lado de Dios.

Salí de su consulta mucho más aliviado, relajado, en paz. Con una meditación bajo el brazo para realizar cada día,

-    Para que la hagas, me dijo, cada día, así podrás entrar en tu interior y reencontrarte con ella en tu silencio.

Concerté una nueva cita para la semana siguiente. Tenia ganas de volver para saber más de la vida y, también, de la muerte.

Seguiré pensando en ti, aunque creo que más serenamente. Te amo.

lunes, 23 de abril de 2018

"Estar en la Gloria"


         




             ¿Por qué sufres? -preguntó el Maestro.

             Por la muerte de mi esposa -le respondió el discípulo.

            Y ¿crees que tu dolor es una buena herramienta para devolverle la vida? -siguió el Maestro.

  Ya sé que nada va a devolverle la vida -replicó el discípulo, un poco molesto.

            Entonces, ¿por qué sufres? -insistió el Maestro.

            Extraño su presencia, y no quiero olvidarme de ella -respondió el discípulo.

          Te propongo un plan: En lugar de pensar en su muerte y en que ya no está a tu lado, piensa en los infinitos momentos de felicidad que pasasteis juntos. Así no la olvidarás, la recordarás con alegría, incrementarás tu amor por ella y disminuirá tu apego, con lo que dejarás de extrañarla. Y por si eso fuera poco, piensa que donde está ahora es mucho mejor todavía que eso que los hombres definís como “Estar en la Gloria” -sentenció el Maestro.