Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
martes, 22 de septiembre de 2026
sábado, 6 de junio de 2026
La voz del amor
“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”
Me alegra profundamente que te detengas
a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y
cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos
caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el
sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las
palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde
siempre.
Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se
aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino
como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y
el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.
Muchos de los que escucharon esas
palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin
comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en
derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la
libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la
libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz
incluso en medio de la tormenta.
Tú has comprendido que esta verdad es
espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de
abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque
Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón.
Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas,
credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue
creada por Mí.
Tu reflexión sobre vivir como Jesús
vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado,
vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el
amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la
grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la
justicia nace del corazón compasivo.
Y tú has captado ese mensaje. Has
comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino
demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia,
sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz
suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo
contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo
quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.
Hijo mío, no te pido perfección. Nunca
lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus
dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no
depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno,
incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu
corazón hay un eco de Mi Presencia.
Sé que el mundo puede ser confuso. Sé
que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que
dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la
realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor,
estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de
una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada
gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un
impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.
La justicia que tanto anhelas no es
solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma.
Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad
de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al
caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es
la que te invito a encarnar.
Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo
ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo,
del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y
comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando
has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es
tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.
Tú has elegido caminar Conmigo. Y
aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en
cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en
tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.
No temas equivocarte. No temas caer. Lo
importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada
error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en
sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.
Y cuando sientas que no puedes más,
cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras
elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo
escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.
Gracias por abrirme tu corazón. Gracias
por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración
viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la
recibo con alegría, con ternura, con gratitud.
Sigue adelante, hijo mío. No te
detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con
lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la
justicia. Almas que aman.
Y recuerda siempre: Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.
miércoles, 27 de mayo de 2026
La voz del amor
“No te pido que seas perfecto, hijo mío. Te pido que seas verdadero”
Me alegra profundamente que te detengas
a contemplar lo que significa ser libre, lo que implica conocer la verdad, y
cómo ambas realidades se entrelazan en el alma humana. Porque, aunque muchos
caminan por la vida sin detenerse a mirar hacia dentro, tú has elegido el
sendero del despertar. Has elegido buscarme no en los altares fríos ni en las
palabras vacías, sino en el silencio de tu interior, donde Yo habito desde
siempre.
Cuando Mi Hijo Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres”, no hablaba de una verdad intelectual, ni de una doctrina que se
aprende en libros. Hablaba de Mí. Hablaba de conocerme, no como una idea, sino
como una presencia viva en el corazón. Porque conocerme es conocer el amor, y
el amor verdadero no esclaviza, no impone, no condena. El amor libera.
Muchos de los que escucharon esas
palabras entonces, como tú bien dices, no entendieron. Y muchos hoy siguen sin
comprender. Porque la libertad que Yo ofrezco no se mide en leyes humanas ni en
derechos políticos. Es una libertad que trasciende el cuerpo y la mente. Es la
libertad de ser tú mismo, sin miedo, sin máscaras, sin cadenas internas. Es la
libertad de amar sin condiciones, de vivir con propósito, de caminar con paz
incluso en medio de la tormenta.
Tú has comprendido que esta verdad es
espiritual. Has entendido que no se trata de pertenecer a una religión, sino de
abrazar la espiritualidad como forma de vida. Y eso me llena de gozo. Porque
Jesús no vino a fundar religiones, vino a revelar el camino hacia el corazón.
Vino a mostrar que todos sois Mis hijos, que no hay distinción entre razas,
credos o culturas. Que el alma humana, en su esencia, es divina porque fue
creada por Mí.
Tu reflexión sobre vivir como Jesús
vivió es una luz en medio de la oscuridad. Porque Él no vino a ser adorado,
vino a ser imitado. Su vida fue una lección viva de cómo se puede encarnar el
amor en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Él mostró que la
grandeza está en la humildad, que el poder verdadero está en servir, que la
justicia nace del corazón compasivo.
Y tú has captado ese mensaje. Has
comprendido que vivir en honestidad no es solo decir que eres Mi hijo, sino
demostrarlo en cada acción. Que evitar la hipocresía es vivir con coherencia,
sin dobleces, sin fingimientos. Que seguir la guía del alma es escuchar esa voz
suave que te susurra el camino correcto, incluso cuando el mundo grita lo
contrario. Que confesar tus errores no es debilidad, sino valentía. Porque solo
quien reconoce su sombra puede caminar hacia la luz.
Hijo mío, no te pido perfección. Nunca
lo he hecho. Te pido sinceridad. Te pido que vengas a Mí tal como eres, con tus
dudas, tus heridas, tus sueños. Porque Yo no rechazo a nadie. Mi Amor no
depende de tus logros ni de tus fracasos. Mi Amor es constante, eterno,
incondicional. Te amo porque eres parte de Mí. Porque en cada latido de tu
corazón hay un eco de Mi Presencia.
Sé que el mundo puede ser confuso. Sé
que hay injusticias, sufrimiento, guerras, divisiones. Pero también sé que
dentro de cada ser humano hay una Chispa Divina que puede transformar la
realidad. Tú eres portador de esa chispa. Y cuando decides vivir desde el amor,
estás encendiendo una luz que puede iluminar a otros. No subestimes el poder de
una vida vivida con autenticidad. No creas que tus actos son pequeños. Cada
gesto de bondad, cada palabra de aliento, cada mirada compasiva, tiene un
impacto que va más allá de lo que puedes imaginar.
La justicia que tanto anhelas no es
solo la que se aplica en los tribunales. Es la justicia que se vive en el alma.
Es tratar al otro como a un igual, como a un hermano. Es reconocer la dignidad
de cada persona, sin importar su historia. Es defender al débil, levantar al
caído, escuchar al que nadie escucha. Esa es la justicia que Yo practico, y es
la que te invito a encarnar.
Y la libertad, ¡oh!, la libertad que Yo
ofrezco, no se compra ni se negocia. Se descubre cuando te liberas del miedo,
del juicio, del resentimiento. Cuando dejas de vivir para agradar a los demás y
comienzas a vivir para ser fiel a tu alma. Cuando te atreves a amar incluso cuando
has sido herido. Cuando eliges la paz en lugar del rencor. Esa libertad es
tuya. Siempre lo ha sido. Solo necesitas recordarla.
Tú has elegido caminar Conmigo. Y
aunque el camino no siempre será fácil, nunca estarás solo. Yo estoy contigo en
cada paso. Estoy en tus alegrías y en tus lágrimas. Estoy en tus silencios y en
tus palabras. Estoy en ti, porque tú eres parte de Mí.
No temas equivocarte. No temas caer. Lo
importante no es no caer, sino levantarte con humildad y seguir caminando. Cada
error puede ser una oportunidad para crecer. Cada herida puede convertirse en
sabiduría. Cada noche oscura puede dar paso a un amanecer.
Y cuando sientas que no puedes más,
cuando el peso de la vida te agobie, ven a Mí. No necesitas palabras
elaboradas. Basta con un suspiro, con un pensamiento, con una lágrima. Yo
escucho todo. Yo comprendo todo. Yo abrazo todo.
Gracias por abrirme tu corazón. Gracias
por buscarme. Gracias por desear vivir desde el amor. Tu carta es una oración
viva, una ofrenda sincera, un acto de fe que trasciende las palabras. Y Yo la
recibo con alegría, con ternura, con gratitud.
Sigue adelante, hijo mío. No te
detengas. El mundo necesita almas como la tuya. Almas que no se conforman con
lo superficial, que buscan la verdad, que viven la libertad, que practican la
justicia. Almas que aman.
Y recuerda siempre: Yo Soy contigo. Yo Soy en ti. Yo Soy Amor.
jueves, 7 de mayo de 2026
La verdad que libera
“La libertad no se conquista con fuerza, sino con verdad.
Y la verdad no se impone, se revela en el amor”
“Si os mantenéis firmes en mi doctrina, sois
de veras discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.
Estas palabras, pronunciadas hace más
de dos mil años, siguen siendo tan provocadoras como profundas. Me pregunto si
aquellos discípulos que las escucharon por primera vez lograron comprender su
verdadero significado. ¿Qué verdad era esa que debían conocer? ¿Cómo podía el
conocimiento de algo hacerlos libres? Si no eran esclavos, ¿por qué hablarles
de libertad?
Hoy, tantos siglos después, seguimos
intentando descifrar el misterio que encierra esa afirmación o, al menos, yo.
Algunos, (no todos, lo sé), hemos llegado a entender que esa “verdad” no es una
fórmula intelectual ni una doctrina rígida, sino una revelación espiritual. Es
el conocimiento profundo de Tu naturaleza, de Tu amor incondicional por la
humanidad, y de Tu propósito para cada uno de nosotros. Es una verdad que no se
impone, sino que se descubre en lo más íntimo del ser, cuando el alma se abre a
Ti con humildad.
Y esa libertad que Jesús promete
tampoco es política ni social. No se trata de liberarse de cadenas físicas,
sino de las cadenas invisibles que nos atan por dentro: el miedo, el ego, la
culpa, la ignorancia, el odio. Es una libertad que se experimenta en el
corazón, cuando dejamos de vivir desde el yo y comenzamos a vivir desde el
amor. Es la libertad de ser quienes realmente somos: Tus hijos.
Al unir estos dos conceptos, (verdad y
libertad), se revela una senda espiritual que trasciende religiones, credos y
dogmas. Muchos de nosotros, dejando a un lado las estructuras religiosas,
(aunque no necesariamente renunciando a ellas), hemos abrazado la
espiritualidad como una forma de vida o, al menos, lo estamos intentando. Y en
ese camino, hemos descubierto algo esencial: que todos somos Tus hijos y, por
lo tanto, hermanos entre nosotros. Que nuestra misión en esta vida es vivir
como Tú lo harías si caminaras entre nosotros. Y aunque no tenemos un Dios
encarnado en este momento, tuvimos a Jesús, nuestro hermano mayor, quien nos
dejó una lección eterna de amor, compasión y humildad.
Dar testimonio de esta verdad no se
logra con palabras vacías, sino desde nuestra esencia más pura, que es también
la Tuya: el amor. Porque si Tú eres amor, entonces nosotros, hechos a Tu
imagen, estamos llamados a vivir desde ese mismo amor. No como una obligación,
sino como una expresión natural de quienes somos en lo más profundo.
Ante esta revelación, no deberíamos
seguir buscando excusas ni postergando lo inevitable. Es hora de comenzar a
vivir como lo hacía Jesús. No como una figura idealizada, sino como un ejemplo
real y alcanzable. Y para ello, propongo una forma sencilla pero poderosa de
llevarlo a la práctica:
Vivir en honestidad: No basta con decir
que somos Tus hijos. Esa afirmación debe reflejarse en nuestras acciones
cotidianas. Ser honestos implica ser coherentes entre lo que creemos y lo que
hacemos. Significa actuar con integridad, incluso cuando nadie nos observa. Es
vivir con transparencia, sin máscaras ni dobleces.
Evitar la hipocresía: Si decimos que
vivimos en Ti, nuestras vidas deben mostrarlo. No podemos predicar amor y
justicia mientras actuamos con indiferencia o arrogancia. La hipocresía es una
sombra que distorsiona la luz del alma. Jesús fue claro al denunciarla, y
nosotros debemos ser igual de firmes al rechazarla en nosotros mismos.
Caminar siguiendo la guía del alma:
Nuestra alma es como una brújula que siempre apunta hacia Ti. Pero para seguir
su dirección, debemos silenciar el ruido del ego, del deseo desmedido, del
juicio constante. Caminar guiados por el alma implica alejarnos del engaño, de
la codicia, de todo aquello que nos aleja de la verdad del amor. Es vivir con
sensibilidad, con empatía, con compasión.
Confesar nuestros errores: Reconocer
nuestras faltas no nos debilita, nos humaniza. Nos recuerda que estamos en
proceso, que estamos aprendiendo. Confesar nuestros errores ante Ti y ante los
demás nos libera del peso de la culpa y nos abre a la posibilidad de
transformación. Es un acto de humildad que nos acerca más a Tu corazón.
Amar sin condiciones: Este es, quizás,
el mayor desafío. Amar sin esperar nada a cambio. Amar incluso cuando hemos
sido heridos. Amar como Tú amas: sin límites, sin prejuicios, sin reservas.
Porque el amor verdadero no busca poseer, sino liberar. Y en ese amor,
encontramos la verdad que nos hace libres.
Poner en práctica esta verdad no
significa ser perfectos. Tú no nos pides perfección, sino sinceridad. Nos
invitas a vivir con un corazón genuino, abierto, dispuesto a aprender, a
crecer, a sanar. Nos llamas a caminar Contigo, no como esclavos del deber, sino
como hijos que confían en el amor de su Padre.
Y en ese caminar, descubrimos que la
justicia que tanto anhelamos no es solo la que se aplica en tribunales, sino la
que se vive en cada gesto de equidad, en cada acto de respeto, en cada decisión
que honra la dignidad del otro. La justicia verdadera nace del amor, y se
manifiesta en la forma en que tratamos a los demás.
Por eso, hoy quiero decirte, Señor, que
estoy dispuesto a vivir esta verdad. A buscarla cada día, a encarnarla en mis
palabras, en mis silencios, en mis acciones. No porque sea fácil, sino porque
es lo único que da sentido a esta vida. Porque en Ti encuentro la paz que el
mundo no puede dar, la libertad que no depende de circunstancias externas, y la
justicia que nace del corazón.
Gracias, Señor.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo
viernes, 3 de abril de 2026
El misterio del dolor que transforma
" Hay
heridas que no destruyen: revelan quién eres"
El 3 de abril, Viernes Santo, es
un día que nos invita a entrar en el misterio más profundo de la experiencia
humana: el dolor. No el dolor como castigo, ni como tragedia, ni como derrota,
sino el dolor como umbral. Como tránsito. Como lugar donde algo muere para que
algo más verdadero pueda nacer.
Hoy la vida te invita a mirar de
frente tus propias cruces, no para quedarte en ellas, sino para comprender lo
que te enseñan.
El Viernes Santo no es un día de
desesperanza; es un día de verdad. Es el día en que la vulnerabilidad se hace
visible, en que la fragilidad se vuelve sagrada, en que el sufrimiento se
transforma en un acto de amor. Es el día en que se revela que incluso en los
momentos más oscuros hay un propósito, una luz que aún no se ve, un sentido que
se está gestando.
Hoy la vida te invita a
contemplar tus heridas desde otro lugar. No desde la culpa, ni desde la
vergüenza, ni desde la resistencia, sino desde la compasión. Cada herida que
llevas cuenta una historia. Cada dolor que has atravesado te ha moldeado. Cada
caída te ha enseñado algo que no podrías haber aprendido de otra manera.
El Viernes Santo te recuerda que
el dolor no es el final del camino; es parte del camino. Y que incluso en los
momentos en que todo parece romperse, algo en ti se está fortaleciendo.
Este día también nos habla de
entrega. De ese momento en que Jesús, desde la cruz, pronuncia palabras que no
nacen del miedo, sino del amor. Palabras que perdonan, que confían, que se
rinden a un propósito más grande.
La entrega en el dolor no es
resignación; es sabiduría. Es reconocer que hay cosas que no puedes controlar,
que hay procesos que no puedes acelerar, que hay noches que deben vivirse para
que llegue el amanecer.
Hoy es un buen día para
preguntarte: ¿Qué parte de mí está atravesando un Viernes Santo? ¿Qué dolor
estoy llamado a mirar con más compasión? ¿Qué necesito perdonar, a otros o a mí
mismo, para poder avanzar? ¿Qué está muriendo en mí para que algo nuevo pueda
nacer?
El Viernes Santo también es un
día de silencio interior. De detenerse. De no huir. De no distraerse. De
permitir que el alma hable.
A veces, el dolor más profundo
no necesita soluciones; necesita presencia. Necesita que te sientes con él, que
lo escuches, que lo abraces.
Porque cuando abrazas tu dolor,
deja de ser enemigo y se convierte en maestro.
Este día te invita a honrar tus
procesos. A reconocer tu valentía. A mirar tu historia con ternura. A
comprender que cada sombra que has atravesado te ha traído hasta aquí.
Y que aquí, justo aquí, hay un
propósito.
El Viernes Santo no es un día
para quedarse en la oscuridad; es un día para comprenderla. Para atravesarla
con conciencia. Para permitir que te transforme.
Porque el dolor, cuando se mira
con amor, se convierte en luz.
Y
tú estás llamado a esa luz.
Propuesta
de trabajo del día: Ejercicio: “Mi herida sagrada”
1. Elige una herida emocional
que aún te duela.
2. Escríbela en tu diario con
honestidad.
3. Luego escribe: “Esta herida
me ha enseñado…”
4. Completa la frase con lo que
hayas aprendido.
5.
Termina escribiendo: “Me permito sanar”.
Meditación Guiada: Atravesar la noche (Meditación guiada en la siguiente entrada)
DIARIO DE LUZ - Alfonso Vallejo
miércoles, 4 de marzo de 2026
A favor del viento
Al
lamentar el hecho de que las noticias periodísticas abundasen habitualmente en
sucesos negativos acaecidos a través del mundo, cierto estudiante recibió el
siguiente comentario del Maestro: “El mal se esparce a favor del viento; pero
la verdad es capaz de avanzar contra el viento”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
jueves, 19 de febrero de 2026
Quédate con lo que ves
No te digas tú a ti mismo más de lo
que dicen las primeras impresiones. Supón que se te anuncia que alguien va
hablando muy mal de ti: esto es lo que se te ha anunciado; no se te ha
anunciado que hayas sufrido daño alguno. Veo que mi hijo está enfermo esto lo
veo; pero que esté en peligro no lo veo. Así pues, quédate siempre con las
primeras representaciones; no añadan nada en tu interior, y no te pasará nada.
O más bien, añade alguna reflexión, pero como quien conoce a fondo la
naturaleza de cuanto sucede en el mundo.
MARCO
AURELIO
viernes, 5 de diciembre de 2025
YO SOY el Corazón de Dios
Lo que declaras en fe, se
manifiesta en verdad
Para lograr hacer cosas poco
comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente:
“YO
SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido
producidos anteriormente”.
Considera
que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente
en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu
reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente
manifestado.
Creer
es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre
la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se
convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la
manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO
SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de
Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta
verdad.
SAINT GERMAIN
domingo, 24 de noviembre de 2024
Verdad absoluta, verdades relativas
Seguro que ya conoces esta
historia, pero, como es corta, permíteme recordártela para centrar el tema de
la verdad: Érase una vez seis sabios hombres que vivían en una pequeña aldea.
Los seis eran ciegos.
Un día, alguien llevó un elefante a la aldea. Ante tamaña situación, los seis
hombres buscaron la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían
ver.
– Ya lo sé -dijo uno de ellos-.
¡Palpémoslo!
– Buena idea -dijeron los demás-. Así
sabremos cómo es un elefante.
Dicho y hecho. El
primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente
hacia delante y hacia atrás.
– El elefante es como un gran abanico
-dijo el primer sabio.
El segundo, tanteando
las patas del elefante, exclamó: “¡es como un árbol!”.
– Ambos estáis equivocados -dijo el
tercer sabio y, tras examinar la cola del elefante exclamó-. ¡El elefante es
como una soga!
Justamente entonces,
el cuarto sabio que estaba palpando los colmillos bramó: ¡el elefante es como
una lanza!
– ¡No!, ¡no! -gritó el quinto-. Es como
un alto muro (el quinto sabio había estado palpando el costado del elefante).
El sexto sabio esperó
hasta el final y, teniendo cogida con la mano la trompa del elefante dijo:
“estáis todos equivocados, el elefante es como una serpiente”.
– No, no. Como una soga.
– Serpiente.
– Un muro.
– Estáis equivocados.
– Estoy en lo cierto.
– ¡Que no!
Los seis hombres se
ensalzaron en una interminable discusión durante horas, sin ponerse de acuerdo
sobre cómo era el elefante.
Para defender las diferentes creencias
se dictan leyes, se aprueban
constituciones,
se abren infiernos y se cierran
conciencias.
Cuando todo lo que hay que hacer
es
abrir el corazón y colocarse en el
lugar del otro.
Una creencia solo es
un pensamiento al que consideramos como verdad.
Desde bien pequeños
comenzamos nuestra colección de creencias, y las vamos archivando en nuestro
interior para tenerlas disponibles durante el resto de nuestra vida.
Estamos coleccionando algo que nosotros consideramos que es verdad, pero
que su verosimilitud no ha sido certificada por ningún organismo competente, y
en base a esa consideración podemos llegar incluso a matar por la defensa de
ese pensamiento.
Las creencias, del tipo que sean, solo son un pensamiento. Ninguna es
verdad, porque la auténtica verdad solo es una y, ninguno de los que nos
movemos por la vida física estamos en posesión de esa Verdad. Puede ser que
alguno posea entre su colección de creencias una minúscula parte de la Verdad,
pero al mezclarse con el resto de sus creencias puede distorsionarse hasta esa
minúscula parte.
Desgraciadamente, para defender
las diferentes creencias se dictan leyes, se aprueban constituciones, se abren
infiernos y se cierran conciencias, cuando todo lo que habría que hacer sería
abrir el corazón y colocarse en el lugar del otro.
Los que hoy promueven una
guerra, es posible que en su próxima vida tengan que defender una paz. Los que
hoy maltratan movidos por los celos, es posible que en su próxima vida sean
maltratados. Los que hoy venden desunión, es posible que en su próxima vida
tengan que pagar un alto precio para volver a unir. Es necesario recordar que
existe una ley denominada “La Ley de la Causa y el Efecto”, que no entiende de
creencias, que está regida solo y exclusivamente por la Verdad, y que la frase
“Con la vara que mides te medirán”, la define perfectamente.
Solo hay un Dios: Único para todos. Solo hay una Verdad: Todos somos
hermanos. Solo hay un país: La Tierra. Solo hay una religión: El Amor. Con esta
pequeñísima porción de Verdad se acabarían las guerras, el sufrimiento, la
desigualdad y el dolor. Con esta pequeñísima porción de Verdad no ocuparíamos
espacio en nuestra mente para archivar creencias inútiles y maquinar movidos
por ellas, y así podríamos usar el espacio vacío para desarrollar esta parte de
Verdad a ver si así conseguíamos ampliarla entre todos.
Si la Verdad solo es
una y está en poder de la Divinidad, los miles o millones de verdades que nos
venden es claro que no llegan a ser ni una minúscula parte de la verdad.
Y si esto pasa con la
Verdad Absoluta, ¿qué no pasará con las relativas verdades de los hombres? Cada
ser humano está en posesión de “su verdad” y, para él, esa verdad es única, es
real, es auténtica, y podría llegar a matar para defenderla.
Ante esto, es obvio
que no todos vemos la misma realidad, y si a esa realidad la recubrimos con las
verdades personales, pasándola por el filtro de nuestros valores, nuestras
creencias, nuestros intereses y nuestros recuerdos, lo que nos queda es una
visión bastante sesgada de la realidad de los otros. Quedarse anclado en la
propia perspectiva contribuye a limitar, todavía más, “la verdad del otro”, ya
que ni se ve, ni se entiende esa verdad, puesto que lo que se ve es la
interpretación de la verdad.
Esto da lugar a
malentendidos, discusiones, enfados, desencuentros, errores de interpretación,
equivocaciones, disgustos e indignación.
Las cosas no siempre
son lo que parecen. En la vida hay situaciones que simplemente suceden, sin que
nosotros tengamos absolutamente ningún control sobre ellas, y la única opción
que existe cuando esto ocurre es aceptarlas.
Muchas de las
situaciones a las que nos enfrentamos, por lo general, no las podemos elegir,
pero lo que si podemos escoger en todo momento es cómo respondemos ante ellas,
y esta respuesta va a estar condicionada, en gran medida, por la perspectiva
desde la que observamos las mismas. Ya que no podemos cambiar la situación, lo
que nos queda es modificar la perspectiva hacia la misma por otras que nos
permitan enfrentarla de manera más efectiva y menos traumática.
Cuando ampliamos
nuestras perspectivas, automáticamente ampliamos nuestra capacidad de acción,
ya que esto nos permite elegir alternativas que antes, a pesar de estar
disponibles, no éramos capaces de observar.
Para una misma
situación pueden existir multitud de perspectivas, las cuales, por si mismas,
no son correctas o incorrectas, de hecho, no es adecuado clasificarlas de este
modo, la distinción verdaderamente importante que hay que realizar es si el
punto de vista actual que tenemos sobre una situación trabaja a nuestro favor o
en nuestra contra. Cualquier perspectiva que ayude a crecer, a desarrollarse, a
superar retos y alcanzar metas será una buena perspectiva y cualquiera que incapacite
o limite será una mala perspectiva que debe de ser cambiada.
Por lo tanto, podemos
cambiar el color del cristal, aunque si lo hacemos corremos el riesgo de
escorarnos hacia otro lado. Mejor sería ponernos unas gafas multicolores, unas
gafas con los suficientes colores que nos permitan:
Ponerse en el lado del otro.
No dar importancia a las cosas que
carecen de ella.
Aceptar todas las situaciones.
Tolerar todo lo que se presente.
Sentir como propio el hacer ajeno
No opinar, no juzgar, no criticar.
Aceptar razones que no conocemos.
Sentir que todo es relativo.
Mirar con los ojos del alma.
Saber que todo está bien.
sábado, 8 de julio de 2023
Sé coherente
Sé coherente.
sábado, 25 de febrero de 2023
El ritmo del silencio
Cada vez que hablamos dejamos
salir una parte de nuestra energía, y producimos imágenes con aquello que
pensamos antes de convertirlo en palabras. ¿Cuántas de nuestras palabras son
positivas?, ¿Cuántas de nuestras palabras son necesarias?, ¿Cuántas de nuestras
palabras son verdad? Si lo que queremos decir no es bueno, ni necesario, ni
verdadero, es mejor quedarse callados y no decir nada. Así no ensuciaremos
nuestro entorno con la energía negativa de nuestras proyecciones y no
perderemos nuestra energía inútilmente.
Hemos de ser como un espejo que
escucha y refleja la energía, sin más. Hemos de ser como el Universo que acepta sin condiciones nuestros
pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y todo
lo que hace es enviarnos el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de
las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Si tus palabras se identifican con el
éxito, tendrás éxito, si tus palabras son de rabia, tendrás más rabia; si tus
palabras son de ira, esta te inundará completamente; si tus palabras son de
miedo, sentirás terror; si hablas de fracasos, fracasarás.
Nuestra vida solamente es el reflejo de
nuestro parloteo interno. Aprende a escuchar y a reflejar esa energía sin
emociones ni prejuicios, y calla si no tienes algo bueno, necesario o verdadero
que decir.
Aprende
el arte de la discreción, es una buena manera de evitar la opinión de los demás
y así tu vida se volverá tranquila, volviéndote invisible, misterioso e
indefinible. Mantener en el exterior el silencio interno ayuda a evaluar todo
lo que se presenta y poder así tomar las decisiones de manera acertada.
Con la discreción y el silencio, evitas
las críticas y los juicios sobre los otros, que además de una perdida inútil de
energía, lo único que hacen es esconder tus propias debilidades, ya que todo lo
que criticamos de los otros son proyecciones de nuestras debilidades, son
manifestaciones de toda la negatividad no resuelta que aun anida en nuestro
interior.
Permite que cada persona resuelva sus
problemas, ¡bastante tenemos cada uno con los nuestros! Y, además, es bueno
preservar nuestra energía para ir resolviéndolos poco a poco. Cuando atacas,
muestras tus propias debilidades, cuando te defiendes estás entregando tu
energía a quien no se la merece; así que no ataques, pero tampoco te defiendes,
escucha las opiniones sobre ti, como si oyeras llover, acuérdate del espejo,
deja que la energía envenenada que llegue a ti, rebote sobre el emisor. A fin
de cuentas, sólo son palabras, solo son opiniones.
Tu silencio interno te fortalece y
te vivifica, tu silencio externo preserva tu energía. Calla si lo que tienes
que decir no es ni bueno, ni necesario, ni verdadero; pero tampoco permitas que
te cuenten mentiras, inutilidades o maldades. Eres tú, con tu propia energía,
quien va a atraer a los chismosos, a los mentirosos o a los que hablan por
hablar. Eres tú, con tu propia energía, quien decide si quieres rodearte de
sabios o de mequetrefes.
Tu energía
eres tú, los que te rodean son el reflejo de tu energía. ¡Tú decides!
martes, 10 de enero de 2023
Claves para cambiar la sintonía de la propia energía
Claves para cambiar la sintonía de la propia energía:
Ser sinceros y honestos: En la sinceridad y la
honestidad se igualan los pensamientos, las palabras y las acciones. Ya no hay
inconsistencia, ya no hay falsedad.
Evitar el auto-engaño: Hay que permanecer alerta de
manera permanente. La mente utiliza millones de estrategias para convencerte de
que lo estás haciendo bien.
Discernir lo verdadero de lo falso: Casi todo lo que
presenta la sociedad, es ilusión, es falso, es un sueño, porque sólo es un
reflejo de las propias mentes que conforman esa sociedad y, en esas mentes,
solo hay cabida para la desigualdad, para el egoísmo, para la desunión.
Políticos y religiosos se encargan de fomentar la desigualdad y la desunión, inculcando
falsos valores sobre la patria o la religión. Los verdaderos valores son la
unión, la hermandad, la solidaridad o el amor. Nuestra patria es el Universo,
nuestro idioma es el Amor, nuestro Dios es el mismo para todos, y se encuentra
tanto en la catedral, en la pagoda, en el castillo y en la choza, como en el
corazón de todas las personas.
Abandonar la pereza: El crecimiento interior y el
fortalecimiento del carácter, no lo va a dar nadie más que uno mismo con su
propio trabajo interno. Ni libros, ni gurús, van a hacer que se avance ni un
ápice en el propio crecimiento. Hay una cita que dice: “El maestro abre la
puerta, pero es el alumno el que ha de traspasar el umbral”.
Aceptar la vida tal cual es: Aceptar los obstáculos, aceptar
las crisis, aceptar los desafíos, porque son, gracias a ellos, como vamos a
avanzar y a crecer, son ellos los que fomentan la conexión con nosotros mismos
y con Dios.
Selecciona a las personas con las que te relacionas: Hay
mucho fariseo, hay mucho charlatán, que por mucho que se anuncien, están muy
lejos de la Luz. Recuerda: ¡Por sus hechos los conoceréis!, mucho más que por
sus palabras. Para evolucionar es bueno encontrar a personas que estén vibrando
en un nivel alto de evolución, no que ellos digan que están vibrando en tal o
cual sintonía. Obsérvalos, observa sus acciones, observa su amor, observa su
caridad, observa su falta de juicios, observa su honestidad, observa su
solidaridad.
Practica la humildad: En nuestro nivel, ninguno de
nosotros está exento de vanidad. Posiblemente sea una de las mayores batallas
que todos tenemos que librar, en mayor o menor medida
No explotar a nadie, no manipular, no especular: Respeta
a cada persona como te gustaría que te respetaran a ti. Respeta su proceso. Ni
tan siquiera les ayudes, si no desean la ayuda. Ten en cuenta una máxima: Trata
a todos como te gusta ser tratado.
viernes, 9 de diciembre de 2022
La Verdad
Y es que, en el mundo traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira.
Ramón de Campoamor
Si la Verdad solo es una y está en
poder de la Divinidad, los miles o millones de verdades que nos venden es claro
que no llegan a ser ni una minúscula parte de la verdad.
Y si esto pasa con la Verdad
Absoluta, ¿qué no pasará con las relativas verdades de los hombres? Cada ser
humano está en posesión de “su verdad” y, para él, esa verdad es única, es
real, es auténtica, y podría llegar a matar para defenderla.
Ante esto, es obvio que no todos vemos
la misma realidad, y si a esa realidad la recubrimos con las verdades
personales, pasándola por el filtro de nuestros valores, nuestras creencias,
nuestros intereses, nuestros recuerdos, etc., lo que nos queda es una visión
bastante sesgada de la realidad de los otros. Quedarse anclado en la propia
perspectiva contribuye a limitar, todavía más, “la verdad del otro”, ya que ni
se ve, ni se entiende esa verdad, puesto que lo que se ve es la interpretación
de la verdad.
Esto da lugar a malentendidos,
discusiones, enfados, desencuentros, errores de interpretación, equivocaciones,
disgustos, indignación, etc., etc.
Las cosas no siempre son lo que
parecen. En la vida hay situaciones que simplemente suceden, sin que nosotros
tengamos absolutamente ningún control sobre ellas, y la única opción que existe
cuando esto ocurre es aceptarlas.
Muchas de las situaciones a las que
nos enfrentamos, por lo general, no las podemos elegir, pero lo que si podemos
escoger en todo momento es cómo respondemos ante ellas, y esta respuesta va a
estar condicionada, en gran medida, por la perspectiva desde la que observamos
las mismas. Ya que la situación no la podemos cambiar, lo que nos queda es
modificar la perspectiva hacia la misma por otras que nos permitan enfrentarla
de manera más efectiva y menos traumática.
Cuando ampliamos nuestras
perspectivas, automáticamente ampliamos nuestra capacidad de acción, ya que
esto nos hace poder elegir alternativas que antes, a pesar de estar
disponibles, no éramos capaces de observar.
Para una misma situación pueden
existir multitud de perspectivas, las cuales por si mismas no son correctas o
incorrectas, de hecho, no es adecuado clasificarlas de este modo, la distinción
verdaderamente importante que hay que realizar es si el punto de vista actual
que tenemos sobre una situación trabaja a nuestro favor o en nuestra contra.
Cualquier perspectiva que ayude a crecer, a desarrollarse, a superar retos y
alcanzar metas será una buena perspectiva y cualquiera que incapacite o limite
será una mala perspectiva que debe de ser cambiada.
Por lo tanto, podemos cambiar el
color del cristal, aunque si lo hacemos corremos el riesgo de escorarnos hacia
otro lado. Mejor sería ponernos unas gafas multicolores, unas gafas con los suficientes
colores que nos permitan:
-
Ponerse
en el lado del otro.
-
No
dar importancia a las cosas que carecen de ella.
-
Aceptar
todas las situaciones.
-
Tolerar
todo lo que se presente.
-
Sentir
como propio el hacer ajeno
-
No
opinar, no juzgar, no criticar.
-
Aceptar
razones que no conocemos.
-
Sentir
que todo es relativo.
-
Mirar
con los ojos del alma.
-
Saber
que todo está bien.











