Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
Bienvenido a este espacio de presencia y palabra.
Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior.
Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.
El pulgar — Liberar la preocupación y
disolver la ansiedad
¿Te has
fijado alguna vez en lo que hace un bebé cuando necesita consuelo? Se lleva
instintivamente el dedo pulgar a la boca. No es una casualidad. Sin saber nada
de anatomía ni de energía, el recién nacido recurre al interruptor natural que
el cuerpo humano posee para calmar el desasosiego.
En el
Jin Shin Jyutsu, el dedo pulgar es el gran regulador del pensamiento rumiante.
Es el ancla a la que debemos agarrarnos cuando la mente gira en bucle sobre el
futuro, creando escenarios catastróficos que aún no han ocurrido.
La anatomía emocional del pulgar
El
pulgar está directamente conectado con el elemento Tierra, con la digestión
(estómago y bazo) y con la emoción de la preocupación.
Cuando
la preocupación se vuelve crónica, el cuerpo la somatiza de forma muy clara:
digestiones pesadas, nudos en el estómago, fatiga mental y una sensación
constante de estar desbordado. Al sostener el pulgar, ayudamos a
"digerir" no solo los alimentos, sino también los pensamientos que se
nos han quedado atascados.
Síntomas físicos que ayuda a armonizar:
Nerviosismo
en la boca del estómago y acidez.
Cansancio
mental y dolor de cabeza por exceso de darle vueltas a las cosas.
Tensiones en la superficie de la piel
y bloqueos en la respiración superficial.
Cómo practicar la autoayuda (El abrazo del
pulgar)
No
necesitas ninguna postura complicada. Puedes hacer esto en el sofá, en una
reunión de trabajo o justo antes de dormir:
Rodea tu pulgar: Abraza
suavemente el dedo pulgar de tu mano izquierda con los dedos de la mano
derecha. No apliques presión ni aprietes; simplemente envuélvelo sintiendo el
contacto de tu piel.
Busca
el pulso: Mantén la posición entre 3 y 5 minutos. Pasado un momento, es muy
posible que sientas un latido rítmico y suave en la yema del pulgar. Es la
señal de que la energía atascada empieza a fluir.
Cambia de mano: Si lo deseas, repite
el proceso abrazando el pulgar derecho con la mano izquierda.
La frase de anclaje estoico
Para
acompañar el descanso físico de tu cuerpo mientras sostienes el pulgar, repite
en tu mente esta enseñanza inspirada en Marco Aurelio y la filosofía estoica: “No dejes que el futuro te perturbe. Lo
enfrentarás, si es necesario, con las mismas armas con las que hoy respondes al
presente”.
La
preocupación es el intento inútil de vivir el mañana desde la impotencia del
hoy. Suelta el futuro durante estos 5 minutos. Sostén tu pulgar, respira
profundo y regresa a este preciso instante.
Una preocupación es un proceso
mental, proceso en el que la mente permanece, casi de manera constante, dando
vueltas a un mismo tema, con ínfimas variaciones, y sin querer encontrar una
solución.
Es claro que la mente no quiere
encontrar ninguna solución, porque si la encontrara, en ese momento, se
acabaría la preocupación, y la mente dejaría de tener el control.
En los momentos de preocupación, la
persona no tiene ningún poder sobre sí misma, ya que todo el poder lo ostenta,
en ese momento, la mente.
La preocupación se alimenta por
sucesos acaecidos en el pasado, por problemas presentados en el presente, o por
la incertidumbre sobre deseos del futuro.
En cualquiera de los tres casos, la
preocupación consume una gran cantidad de energía, afecta de manera negativa al
sistema nervioso, mantiene a la persona irritable y malhumorada, y a la mente
ocupada hasta el extremo de nublarse completamente, perder la capacidad de raciocinio,
encontrándose fuera de la realidad.
No es necesario decir que darle
vueltas y más vueltas a un suceso pasado, no cambia en absoluto dicho suceso,
no hay vuelta atrás, no tenemos poder para retroceder en el tiempo. Lo hecho,
hecho está. En este caso solo queda la aceptación, asumir el hecho, e integrar
la enseñanza. De la misma manera, obsesionarse
con lo que pueda pasar en un futuro, no va a llevar a la persona a buen puerto,
y posiblemente afecte negativamente en la consecución del deseo, sobre todo si
el pensamiento va encaminado en una dirección negativa. Recordar que energías
iguales se atraen.
Para la preocupación generada por
problemas del presente, se ha de tener en cuenta que siempre hay una salida para los problemas, por lo que no hay que
preocuparse. Mientras dure la preocupación va a ser imposible encontrar esa
salida. Es imprescindible que se limpie y se aclare la mente para que pueda
dedicarse a la búsqueda de la solución.
No se trata de hacer caso omiso a los
problemas. Así es claro que no se van a resolver, de la misma manera que
tampoco se van a resolver con la preocupación.
Lo que se ha de hacer es buscar la
calma y la serenidad interior para analizar las distintas posibles soluciones y
aplicar la mejor para solucionar el problema.
¿Cómo encontrar la calma? La calma se
puede conseguir mediante la meditación y mediante la oración, entregando el
problema a Dios y pidiéndole iluminación en la búsqueda de la solución. Siempre
llega, aunque no lo parezca, o que la solución que llegue no nos agrade.
Mientras la persona no se encuentre en meditación o en oración, la mente va a
seguir con su proceso de preocupación, por lo que es bueno ocuparla, cuanto más
tiempo mejor, en pensamientos conscientes de “alta frecuencia”. Estos
pensamientos tienen una doble función: Por un lado, ocupan a la mente
impidiendo el proceso de la preocupación, y por otro incrementa el nivel de
energía en la persona y limpia las energías negativas generadas por los
pensamientos de “baja frecuencia” de la preocupación.
Estos pensamientos de “alta
frecuencia” son del tipo: “Yo Soy el alma”, “Yo Soy paz”, “Yo Soy amor”, Yo Soy…….
con todo lo bueno que deseas para ti.
Con la mente en calma, va a ser muy
fácil encontrar la mejor solución. ¡Ah! y si el problema no parece tener solución, no le des vueltas y aprende a convivir con eso que llamas problema.
El secreto de todo lo que estás
buscando, sea lo que sea, está dentro de ti. Ya sé, ya estoy escuchando tus
pensamientos, son demasiado fuertes: “Lo que yo busco es una pareja, ¿Cómo la
voy a encontrar dentro de mí?”, o “¿Cómo voy a conseguir dentro de mí el dinero
que necesito para la hipoteca de la nueva casa?”, o “¿Cómo voy a conseguir
encontrar dentro de mí la solución que busco para solucionar el problema del
calentamiento global de la Tierra?”, y tantos más pensamientos de todas y cada
una de las personas que están buscando algo material. O de personas que no
buscan nada material: “Solo quiero consuelo y entender el porqué de la perdida
de mi hijo”.
Aunque
también estoy escuchando pensamientos de personas que no están buscando nada en
concreto: “Pero ¿Cómo vamos a entrar dentro con todo lo que hay fuera, para
ver, para oír, para probar, para tocar, para vivir, para sentir, para gozar?”.
Sería bueno ir desgranando conceptos
y saber que significa entrar dentro de uno mismo, sería bueno saber dónde se encuentra
la puerta de entrada, y sería bueno saber cómo es posible conseguir dentro algo
que se encuentra fuera.
Entrar
dentro de uno mismo significa vivir hacia en el interior, sin dejarse
impresionar ni bien ni mal, ni mucho ni poco, por cualquier situación, por
cualquier suceso o por cualquier circunstancia que ocurra en el discurrir de la
vida. Y cuando decimos cualquier situación, cualquier suceso o cualquier
circunstancia, es cualquiera, del tipo que sea, cualquiera de las que en la
actualidad se puedan calificar como buena, (que toquen millones en la lotería),
como mala, (quedarse sin empleo o que se incendie la vivienda), o dramático,
(la muerte de un ser querido). Puedes
añadir esa circunstancia terrible que estás viviendo: “Embarazada del que será
tu cuarto hijo, abandonada por tu esposo y sin ingresos fijos con los que
hacerle frente a la vida”. Puedes añadir, también, tu circunstancia particular
de vida, sin importar la que sea.
Porque vivir
hacia el interior trata de que sin variar ni un ápice tu vida, puedas vivirla sin
sobresaltos, sin agobios, sin miedos, sin dolor, sin sufrimiento, sin ansiedad.
Si, a pesar de esa circunstancia buena, mala, terrible o dramática que estás
viviendo.
¿Cómo puede
ser no sentirse afectado por tantas y tantas vicisitudes como acontecen en la
vida solo con desviar la mirada, del exterior hacia el interior?
Es que no se trata de desviar la
mirada, no se trata de ignorar tu realidad, no se trata de olvidar al instante
cada hecho, no se trata de jugar a “aquí no pasa nada”, no se trata de cerrar
los ojos, no, al contrario, se trata de vivir la vida con los ojos bien
abiertos, se trata de mantener vivo el recuerdo, (que no el pensamiento), sin olvidar
nada, se trata de saber exactamente qué está pasando en cada momento, se trata
de hacerle frente a la vida, se trata, sencillamente, de vivir la Vida, se
trata de vivir la Verdad.
Vuelvo a escuchar vuestros
pensamientos: “Si estoy viviendo la vida, y me encuentro con un episodio
desagradable, tengo que sufrir”. Si, tienes razón, tienes que sufrir, pero las
preguntas siguientes serian: ¿Cuánto ha de durar ese sufrimiento?, ¿Cuánto de
intenso ha de ser?
Es normal que afecten los sucesos que
van ocurriendo en la vida, pero lo que no es normal es que esos sucesos afecten
el resto de la vida o una larga temporada. Todo lo que ocurre sucede en un
momento, El sufrimiento que eso genere no ha de alargarse en el tiempo, debe de
ser asimilado, entendido e integrado en el menor tiempo posible.
La duración del tiempo para asimilar,
entender e integrar los sucesos viene determinado por la madurez de la persona,
por la madurez de su carácter, por la expansión de su conciencia o por el
crecimiento adquirido. O lo que es lo mismo el tiempo de sufrimiento es
inversamente proporcional al punto de su viaje al interior en el que se
encuentra la persona. Es decir, una persona que viva en la periferia de su
conciencia, lo cual significa que solo vive hacia el exterior, va a sufrir lo
indecible y durante un largo periodo de tiempo, mientras que otra persona que
ha conseguido expandir su conciencia y acercarse a su interior va a sufrir
menos, tanto menos cuanto más adentro se encuentra.
¿Significa eso que entrar dentro de uno
mismo endurece a la persona? La respuesta es no, al contrario, la dulcifica, la
hace más amorosa, más comprensiva, más tierna, más tolerante, porque lo que se
encuentra la persona cuando entra en sí, es a Dios, y Dios es Amor.
Al entrar en su interior la persona
conecta con su parte divina, y llega a la comprensión de la razón de su
existencia, llega al entendimiento del por qué de todas las cosas, sabe que
todo es producto de un plan, del Plan Divino, sabe que todo es perfecto, sabe
que cualquier suceso que ocurra o cualquier situación que se presente ha sido
planificado con minuciosidad para su propia experiencia y que lo que debe
extraer de todo ello es el conocimiento que tal situación comporta. Por eso no
tienen razón de ser los enfados por que los resultados no sean los esperados,
no tienen razón de ser los sufrimientos por enfermedades o perdidas, no tienen razón
de ser las decepciones ocasionadas por familiares o amigos, no tienen razón de
ser los miedos ante el discurrir de la vida, y sobre todo no tiene razón de ser
las vueltas y más vueltas que se le dan en la mente a esas situaciones buscando
¿Qué?, buscando nada.
Hay que vivir la experiencia
totalmente despiertos, con total y absoluta conciencia de lo que está
sucediendo para integrar en el alma el aprendizaje, sabiendo que no es más, sea
lo que sea, que un peldaño más en el despertar del sueño de la vida.
Todo esto es lo que sucede por vivir
en el interior de uno mismo. En la próxima entrada veremos cómo llegar a ese
interior y como conseguir lo que buscamos.
Una preocupación es un proceso
mental, proceso en el que la mente permanece, casi de manera constante, dando
vueltas a un mismo tema, con ínfimas variaciones, y sin querer encontrar una
solución.
Es claro que la mente no quiere
encontrar ninguna solución, porque si la encontrara, en ese momento, se acabaría
la preocupación, y la mente dejaría de tener el control.
En los momentos de preocupación, la
persona no tiene ningún poder sobre sí misma, ya que todo el poder lo ostenta,
en ese momento, la mente.
La preocupación se alimenta por
sucesos acaecidos en el pasado, por problemas presentados en el presente, o por
la incertidumbre sobre deseos del futuro.
En cualquiera de los tres casos, la
preocupación consume una gran cantidad de energía, afecta de manera negativa al
sistema nervioso, mantiene a la persona irritable y malhumorada, y a la mente
ocupada hasta el extremo de nublarse completamente, y perder la capacidad de
raciocinio, encontrándose fuera de la realidad.
No es necesario decir que darle
vueltas y más vueltas a un suceso pasado, no cambia en absoluto dicho suceso,
no hay vuelta atrás, no tenemos poder para retroceder en el tiempo. Lo hecho,
hecho está. En este caso solo queda la aceptación, asumir el hecho, e integrar
la enseñanza. De la misma manera, obsesionarse
con lo que pueda pasar en un futuro, no va a llevar a la persona a buen puerto,
y posiblemente afecte negativamente en la consecución del deseo, sobre todo si
el pensamiento va encaminado en una dirección negativa. Recordar que energías
iguales se atraen.
Para la preocupación generada por
problemas del presente, se ha de tener en cuenta que siempre hay una salida para los problemas, por lo que no hay que
preocuparse. Mientras dure la preocupación va a ser imposible encontrar esa
salida. Es imprescindible que se limpie y se aclare la mente para que pueda
dedicarse a la búsqueda de la solución.
No se trata de hacer caso omiso a los
problemas. Así es claro que no se van a resolver, de la misma manera que
tampoco se van a resolver con la preocupación.
Lo que se ha de hacer es buscar la
calma y la serenidad interior para analizar las distintas posibles soluciones y
aplicar la mejor para solucionar el problema.
¿Cómo encontrar la calma? La calma se
puede conseguir mediante la meditación y mediante la oración, entregando el
problema a Dios y pidiéndole iluminación en la búsqueda de la solución. Siempre
llega, aunque no lo parezca, o que la solución que llegue no nos agrade. Mientras
la persona no se encuentre en meditación o en oración, la mente va a seguir con
su proceso de preocupación, por lo que es bueno ocuparla, cuanto más tiempo
mejor, en pensamientos conscientes de “alta frecuencia”. Estos pensamientos
tienen una doble función: Por un lado ocupan a la mente impidiendo el proceso
de la preocupación, y por otro incrementa el nivel de energía en la persona y
limpia las energías negativas generadas por los pensamientos de “baja frecuencia”
de la preocupación.
Estos pensamientos de “alta
frecuencia” son del tipo: “Yo Soy el alma”, “Yo Soy paz”, “Yo Soy amor”, Yo Soy……..
con todo lo bueno que deseas para ti.
Con la mente en calma, va a ser muy
fácil encontrar la mejor solución.
Nos acordamos de
Santa Bárbara cuando truena, de la misma manera que levantamos la vista al
cielo suplicando, casi exigiendo, ayuda a Dios cuando tenemos algún problema, y
casi nunca parece que obtenemos respuesta o ayuda. Aunque realmente, sólo lo
parece, ya que Dios sabe de nuestro problema, incluso antes de que aparezca, y
siempre nos va guiando, aconsejando, recordando. Lo que pasa es que la Voz de
Dios es siempre débil en nosotros. Es tan fuerte la voz del ego que no nos
permite escuchar ninguna otra voz, y mucho menos la Voz de Dios que es como un
débil susurro en medio del fragor de la batalla de la mente.
¿Qué hacer,
entonces, para encontrar ayuda a nuestros problemas? Con tanto ruido en nuestra
mente, es claro, que levantar la vista al cielo y suplicar a Dios no es
suficiente, hablar o escuchar no es suficiente, asistir a cursos o talleres no
es suficiente, leer no es suficiente, incluso meditar tampoco lo es. ¿Qué
hacer?
Desde pequeños
vamos desarrollando una mente dual. Por un lado anida en ella la Voz de Dios, o
la Voz del Alma y, por otro lado, va creciendo y haciéndose cada día más fuerte,
la creencia del ego. Tan fuerte llega a ser la creencia del ego, que arrincona,
cada vez más, a pasos agigantados, a la Voz del Alma.
En esas
condiciones, es normal que todo lo que escuchemos en nuestro interior sea nuestra
propia voz, ya que es nuestra propia creación, fruto de nuestras creencias y de
los condicionamientos sociales enseñados por nuestros educadores, que
determinan, la madurez o inmadurez de nuestro propio carácter, que es el guía
de nuestro pensamiento, de nuestra palabra y de nuestras acciones.
Para no tener que
levantar la vista al cielo cada vez que nos acosa algún problema, lo mejor
sería no permitir quese presentara el
problema, pero como eso, parece una misión imposible, sólo nos queda encontrar
la fórmula para sobrevivir al problema, la fórmula para sobrevivir a la vida.
Aunque si encontramos la fórmula para sobrevivir al problema, podríamos ir más
allá, y utilizar la fórmula para conseguir, de una vez y para siempre, la paz
interior, la serenidad y la felicidad.
La fórmula que nos
va a permitir todo eso, es simple. Sólo tenemos que ser conscientes de la
dualidad de la mente: Queremos sentir a Dios, pero nos falta voluntad y coraje
para separarnos de nuestra propia creación, el ego.
Si conseguimos ser
conscientes de la dualidad de la mente, sin dejarnos arrastrar por nuestra
arrogancia y nuestras propias contradicciones, habremos dado un gran paso, el
primero. En ese paso, el ego comienza a debilitarse, abandona la lucha, que es
justamente lo que le hace fuerte, y así estaremos en condiciones de dar el
siguiente paso. El segundo paso es “elegir” la otra Voz que aparece en la
mente, la Voz de Dios. Únicamente con la elección, la Voz comienza a fortalecerse,
a la par que se debilita la voz del ego.
Después de esto
sólo es necesaria la voluntad para no ceder al chantaje que, de buen seguro, va
a presentar el ego. De aquí, a escuchar la Voz del Alma, será “coser y cantar”.
¿Alguna
vez te has sentado a la orilla de un río para contemplar como corre el agua por
su cauce? El agua que iba pasando, lenta o rápida, por delante de ti, nunca era
la misma, siempre era distinta. Lo podrías comprobar si algo flotara en el
agua, pasaría por tu espacio visual, sin detenerse ni un instante. Así es la
vida, siempre continua, sin detenerse, como el fluir del agua por el cauce del
río.
Y
si la vida no se detiene, ¿Por qué intentamos detenerla nosotros, quedándonos
anclados en sucesos del pasado, en palabras que alguien nos ha dirigido, o
sencillamente en nuestros propios pensamientos?, ¿Qué pasaría si construyéramos
en el río una especie de brazo, por el que el agua fluyera para ir a dar a
algún lugar donde quedara estancada?, pues que al cabo del tiempo, el agua
estancada comenzaría a descomponerse. Se volvería putrefacta y maloliente.
Ocurre
exactamente lo mismo cuando detenemos, en nosotros, el libre fluir de la vida. Por un lado, nos perdemos vivir la vida, no
estamos en su cauce, y la vivimos de manera tangencial, viéndola pasar desde el
punto en que nos encontramos detenidos, no la vivimos plenamente. Y por otro
lado, en ese permanecer estancados, estamos alimentando nuestro cuerpo físico
con la energía estancada, que como el agua, también se pudre. Ahí surge la
enfermedad, ya sea física, mental o emocional.
Nuestra
percepción de la vida, no es entonces clara. La vemos y la vivimos a través de
nuestra aura, que es tan putrefacta y maloliente como el agua estancada; la
observamos a través de nuestros pensamientos, que también permanecen detenidos
en algún punto del pasado, y entonces, podemos calificar a la vida,
posiblemente, como mala, triste, dura, etc., según sean los propios pensamientos;
la sentimos a través de nuestras emociones, que atados a nuestros pensamientos,
son incapaces de vivir una vida plena.
Ante
eso, sólo nos queda, para vivir la realidad de la vida, salir del punto donde
nos quedamos estancados, y volver al cauce de la vida para seguir su fluir,
como un corcho que flotara en la corriente del río.
Es
bueno para no quedarnos anclados en algún punto del pasado, rediseñar la propia
vida. Siéntate en soledad y en silencio, con un papel y un lápiz, y
honestamente, comienza a rediseñar tu vida, comienza a escribir como es la vida
que te gustaría vivir: Lugar de residencia, tipo de vivienda, trabajo,
relaciones, etc., etc., etc.
Una vez
hecho, compáralo con la vida que vives. Es posible que llegues a la conclusión
de que tu vida actual, de seguir en las mismas condiciones, no tiene ningún
aliciente. Cuando la realidad, es que cada instante de vida siempre es nuevo,
siempre es pleno, siempre está lleno de alicientes, de sincronicidades, de
alegrías. Cada instante de vida, vivido plenamente, es un instante menos que
nos queda para llegar a gozar de nuestra plena divinidad, sin estar atados al
cuerpo, sin estar atados a la materia, que tan difícil hace nuestro recorrido.
A
partir de ahí, está en tus manos hacer realidad la vida escrita en el papel.
Recuerda que, en la actualidad, estás viviendo la vida que en algún momento
decidiste vivir. Cada acción genera una reacción. Tu vida de hoy, es fruto de
tus acciones del pasado. Si tu vida actual no coincide con el nuevo diseño,
comienza a trabajar, “con valentía”, para conseguir esa nueva vida. Olvídate de
lo que digan o piensen los demás. Tu felicidad sólo depende de ti, no de lo que
otros digan o piensen.
Terminaba el lunes pasado, en la entrada de ¿Qué es la mente?, diciendo que mañana hablaríamos de la preocupación. Pero vivo tan feliz y tan despreocupado de casi todo, que durante toda la semana al sentarme delante del ordenador, preparaba lo que llegaba a mí en ese momento, o lo que llegaba durante mi meditación, sin ocuparme, ni, por supuesto preocuparme de mi palabra. Pero hoy me lo han recordado, y aquí estoy, tratando de escribir sobre las preocupaciones.
¿Cómo definir una preocupación? Podríamos decir que una preocupación es el proceso de repetir la misma línea de pensamiento una y otra vez, con ligeras modificaciones, sin llegar a un resultado determinado; y, a veces, sin ni siquiera buscarlo.
Incluso la misma palabra la define: Pre-ocupación, es decir, ocuparse antes de tiempo.
La mente no quiere perder el control, y para eso necesita estar siempre trabajando. Una buena manera, para ella, es sacar un tema a la luz, y darle vueltas y más vueltas. Por supuesto que no quiere llegar a ningún resultado, ya que entonces se acabaría lo que ella considera su control. Y la persona, que normalmente carece de voluntad y de carácter, no puede enfrentarse a ella, ya que ni siquiera sabe, en la inmensa mayoría de los casos, que está siendo dominada por la mente.
El resultado de esto, es una persona preocupada, dándole vueltas al mismo tema de manera permanente, hablando a todo el mundo de “su problema”, “de cómo puede ser”, “de lo infeliz que se siente”, “de lo injusta de la vida”, etc., etc.
Recuerda: “Somos exactamente lo que pensamos”. ¿Qué será entonces una persona imbuida en una misma línea de pensamiento permanentemente? Pues será lo que su mente la va presentando: Será un reflejo de su preocupación.
Pero recuerda más: Energías de la misma calidad se atraen, con lo cual, la persona está atrayendo a su vida, justamente aquello que ocupa su mente una hora tras otra. Está diseñando su vida con su preocupación.
¿Qué hacer? Lo primero ser consciente del dominio que la mente está ejerciendo, y una vez consciente, es momento de ponerle remedio.
Lamejor manera de deshacerse de un canal de preocupación, es llevar a la mente el pensamiento opuesto. En ese momento, la persona, está utilizando “su voluntad”, está “fortaleciendo su carácter”, está “tomando las riendas de su vida”, está “comenzando a andar el camino de la felicidad”, está “tomando fuerzas desde su interior”, está “acercándose a Dios”.
Pero, a veces, no se sabe muy bien cuál es el pensamiento opuesto al pensamiento de la preocupación, e incluso aunque se sepa, puede ser difícil mantener el pensamiento contrario. Por ejemplo: El canal de preocupación de una madre, puede ser producido por que el niño no estudia lo suficiente y no va a superar el curso. ¿Cuál es el pensamiento contrario?, ¿pensar que el niño es muy listo y estudia mucho?. Si, ese es. Pero la realidad va a golpear a la madre, ya que el niño va a seguir sin estudiar, además la madre va a atraer, debido a su preocupación más desidia y menos ganas de estudiar para su hijo. Entonces ¿qué? Lo que ha de procurar la madre, además de todas las acciones que haya puesto en marcha para que el hijo estudie, es sacar la preocupación de la mente, y lo mejor, ya que el pensamiento contrario es difícil de mantener, es reflexionar en meditación sobre un pensamiento mucho más grande tal como: Yo Soy Paz, Yo Soy Amor, Yo Soy Alegría, Yo Soy el Alma. Y no solamente en meditación, se puede mantener ese pensamiento a lo largo de todo el día.
A medida que se va reflexionando, la Paz, la Alegría y el Amor van a envolver a la persona, con lo cual va a ir desapareciendo cualquier tipo de preocupación.
Porque no solamente hay que dominar a la mente para aprender a pensar, sino tambiénhay que aprender a dejar de pensar a voluntad. Dejar de pensar a voluntad se consigue cuando la persona lleva la atención a su interior.
Todo esto es mucho más fácil meditando. La meditación es lo contrario a la preocupación, ya que meditar es dirigir a la mente concentrada y fijamente, a cualquier objeto. Y ¿qué mejor objeto que la paz, el amor y la alegría?