El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




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miércoles, 19 de octubre de 2022

Te estamos esperando



Sábado 15 de octubre 2022

 Ya sé que estaba relatando la razón de mi viaje a Perú, pero me he levantado con uno de esos pensamientos clásicos, con los que se puede definir a un babau, y no quería dejar pasar la oportunidad de recogerlo.

Es un pensamiento que ya he tenido en otras ocasiones: Me preguntaba sobre la realidad de la vida y las cosas que la envuelven. En concreto, pensaba si todas las personas veremos lo mismo. Cuando yo veo un color, rojo, azul, negro, cualquier color, ¿todas las personas verán lo mismo que yo?, ¿con el mismo brillo?, ¿la misma tonalidad?, lo que yo llamo azul, ¿será azul para todos?

Cuando tengo estos pensamientos sigo con ellos, no hago nada para que desaparezcan. Me gusta esta filosofía barata. En fin, cosas de babau.

No creo que esto me pase, solamente, a mi. Seguro que hay otros babaus que piensan cosas parecidas, ¿o no?

  Mejor vuelvo al primer día de la primavera en el hemisferio norte del año 2010.

Pero ese día 22 de marzo sí que pasó algo. Se formó en mi mente una imagen y apareció un pensamiento asociado a ella. Me pareció que la imagen representaba a un indio de medio cuerpo. Pero no era uno de esos indios conocidos por las películas del Oeste, de las tribus apaches, sioux, cheroquis o cheyenes. No, era diferente. Entonces no supe ubicarlo. Hoy sé que no era un indio de alguna película, era un inca. Y asociado a la imagen un pensamiento: “te estamos esperando”.

Con la imagen y el pensamiento hice lo de siempre. Pensar que mi mente ya estaba jugándome, de nuevo, una broma pesada y, centré toda mi atención en la respiración y en las sensaciones de mi cuerpo, pero sin resultado. El inca seguía ahí.

Al final dejé la meditación. Siempre lo hago cuando no soy capaz de detener el pensamiento. ¡Mañana será otro día!, pensé.

Sin embargo, el inca apareció al día siguiente, con el mismo formato y el mismo pensamiento. Y al otro y al otro. Fueron cuatro días seguidos con la misma historia. Por lo que decidí descansar unos días de la meditación.